¿POR QUÉ AL SUR DE LA FRONTERA

se parece tanto a Sex and the City 2?

Una aguda e irónica comparación entre el documental-propaganda de Oliver Stone sobre Hugo Chávez y la segunda película de la exitosa serie estadounidense Sex and the City. Sobra decir que ésta sale ganando, por mucho.

Son distintas y a las vez iguales. Pertenecen a diferentes géneros pero se adscriben a la misma corriente evasiva de “cine narco”, tan cerca como lejos de nuestra realidad local y global. Una baja al sur para dedicarle un corrido melodramático a los Padrinos de la “Gomorra” bolivariana, influida por la sangre de los hermanos Castro, encabezada por la chequera roja rojita de Hugo Rafael y secundada por una Eva al desnudo, recubierta no por una hoja de parra sino de coca(de la buena). Otra sube al norte y viaja al Medio Oriente para reencontrar el oro y el moro perdido en un parque temático de Las Vegas, reconstruido por el dinero de la mafia petrolera en el Emirato de Abu Dabi.

Entre las dos existen no menos de cinco paralelismos. En adelante y a continuación nos abocaremos a deconstruirlos para ustedes.

Bienvenidos al inframundo de la revolución retroprogresista.

See you in hell, bitches!

Enfoque de Queer Eye for the Straight Guy

Sex and the City 2 arranca con una secuencia estereotipada dentro de un matrimonio gay. La escena se quiere rompedora y liberadora, pero en vedad es reaccionaria y homofóbica, porque redunda en clichés y prejuicios de corte caricaturesco, para el regocijo y el conformismo del público puritano. Es decir, el intro refuerza creencias y patrones de pensamiento único en el inconsciente colectivo, de miedo y encasillamiento de la otredad. De nuevo, surge el arquetipo de la “loquita desatada” para provocar la risa demagógica de la dominación masculina. Únicamente, el esquema es redimido por la participación de Liza Minelli, en una parodia musical del tema de Beyonce “All the single ladies”. De resto, las chicas asisten como madrinas al carnaval del cambio de roles e identidades, aunque sin salir de sus cabales heterosexuales. Hasta la MTV Movie Awards 2010 fue más atrevida con los besos calculados de las estrellas en busca de atención mediática.

De igual manera, la cámara de Oliver Stone consiente el ego y la estampa heroica de sus retratados, a quienes glorifica desde la admiración, el respeto, la veneración y el enamoramiento casi de tinte freudiano. Su complejo de Edipo invertido le impide matar o apenas inquietar la imagen idílica proyectada por los supuestos padres fundadores del socialismo del siglo XXI. Según él, todos ellos andan uniformados de rojo rojito en el continente de la resistencia bolivariana, a efecto de plantarle cara al imperialismo yanqui. En realidad, cada uno es diferente y tiene un trato distinto en la manera de negociar con la economía de Estados Unidos. Algunos son fariseos e hipócritas como Hugo Rafael, al seguirle vendiendo petróleo a la primera potencia, más allá de su prédica manumisa y extremista. También los hay cínicos y chabacanos como Lula. Sea como sea, persiste el baile de las máscaras, de Caracas a la Patagonia.

Sólo faltó la intervención de mi comandante interpretando un tema de Barbra Streisand, para coronarlo con una guinda al estilo de Sex and the City 2. Quizás allí radique el gran defecto de Al sur de la frontera, en el hecho de mostrarse excesivamente comedido, mojigato y pudibundo con sus personajes, al punto de lucir siempre solemnes, graves y sentenciosos, en unas falsas poses de notables y estadistas reflexivos. Por favor. No me hagan reír. Cinco minutos de Aló Presidente, con Esteban cantando serenatas y diciendo groserías, son suficientes para desmontar el castillo de naipes de Oliver Stone. Una curiosa impostura falocéntrica, incrustada en interiores y exteriores de lujo, donde impera la sobreactuación y el culto a la personalidad.

Perseverancia de no lugares yermos, ostentosos y carentes de identidad

En plena época de depresión, Sex and the City 2 emprende vuelo en clase VIP para refugiarse en una concha dorada de ostentación y boato afectado. El diseño del oasis jamás peca de tomarse demasiado en serio y cumple con gastarle bromas a la estética pomposa y neobarroca, producto de la riqueza energética de los jeques árabes. El chiste es sucumbir al espejismo de los paraísos artificiales del tercer mundo.

Evo, Stone y Chávez

En el apogeo de nuestra crisis endógena Al sur de la frontera tampoco escapa del régimen de los oasis generados por la ilusión de la inmortalidad del crudo. El Berlusconi de Venezuela viaja cómodamente, como un hermano mayor de Carrie o como un mecenas de Miranda, a bordo de su Camastrón Privado. Cristina deambula por los prados relucientes y frondosos, de viñeta de calendario, de su isla presidencial empotrada en el limbo de una mansión de estancieros de la Pampa, en la tradición de las villas y los castillos de los suburbios de Florida. Con su look, ella tiende a reencarnar la efigie vulnerable y agrietada de Gloria Swanson en Sunset Boulevard mientras le pide a su director no olvidarse de su “close up” cuando desciende por los peldaños de su palacio en franca decadencia. Para colmo, sostiene una copa de vino blanco con la mano alzada. En un momento, el camarógrafo hace el trabajo del realizador y la descompone con un zoom magistral directo a la cara, como un golpe fulminante del monstruonómico Carlos Monzón. Ahí, como diría Godard, el acercamiento del lente es una cuestión de principios. Sus mejillas transpiran el veneno del bótox y encajan a la perfección en el contexto de cirugías plásticas de Sex and the City 2. Por último, en una confesión de partes para relevar las pruebas de la valija, Cristina afirma una pavada de boluda total: “Por primera vez los gobernantes se parecen a sus gobernados”.

Antes y luego, a Evo lo entrevista en su humilde morada de jerarca y Big Brother de la Paz, en una capital mundial de la pobreza obscena, cundida de miseria y ranchos de hojalata. Después, Stone lo invita a jugar futbol y mete la pata de calle, al carecer de las condiciones adecuadas para ello. Ya no es el Evo en forma de las caimaneras del Chapare. Por lo visto, las alturas terminaron por afectarle. Para cerrar, al ex obispo paraguayo Fernando Lugo lo proceden a canonizar y a santificar en un emblemático confesionario, la antigua fortaleza del dictador y genocida Alfredo Stroessner. El pasado adquiere ecos de letanía en presente a través de la voz del polémico y promiscuo padrecito de al menos tres hijos. Al respecto, Oliver Stone muere callado, no resulta imprudente y funge de cómplice. Atrás queda su recuerdo de periodista combativo y riguroso, capaz de sentar en el banquillo a los responsables del desastre del Medio Oriente o al propio Fidel Castro, bombardeándolo de preguntas y de planos desquiciantes. Ahora filma de frente y con sólo dos cámaras, en una ecuación formal de reportaje televisivo de rutina. Para rematar, culmina con los patéticos y aprendidos testimonios de Lula, Correa y Don Raúl en sendos no lugares, desconectados de su entorno.

Paradójicamente, más interacción con la desventura de los olvidados y desheredados de la tierra se observa en Sex and the City 2. Por su lado, los presidentes de Al sur de la frontera brindan la mala impresión de vivir aislados y desligados de su patria común. En un intento por compensar, Oliver Stone acompaña al Teniente Coronel a su humilde vivienda de infancia y juventud. El ensamble arbitrario de la toma y del instante permiten añadirle un capítulo adicional a la memoria universal del lenguaje populista. No obstante, es un regalo maravilloso, inconsciente e inocente del productor de la farsa (¿Oliver, Chávez?), para quien sabe leer entre líneas.

Por encima, la lectura es diáfana y sirve de alegato de defensa de la víctima de la conspiración electrónica de Fox News: ¡Véanlo con sus propios ojos, el hombre viene de abajo y nació en condiciones de adversidad, como su pueblo! Una viñeta típica del discurso de la publicidad proselitista. Por debajo, alcanzamos a atisbar la brutal disociación del Chávez menesteroso de ayer con el Hugo Boss acaudalado de hoy en día, ataviado como un galán de Sex and the City 2. Nuestro Mister Big regresa entonces a su lecho materno para ofrecer un espectáculo revelador (por omisión). Su primera casa se nota abandonada y descuidada, como si la tuviese enterrada en el olvido. Así son la mayoría de las edificaciones y propiedades del Estado venezolano. Ruinas de la modernidad y barracas con techo de zinc. Desiertos morales, metafísicos y concretos sistemáticamente ocultados por la alfombra mágica de la boliburguesía y el materialismo histérico de Sex and the City 2 y Al sur de la frontera, un par de edificaciones de arena a ser disueltas por las tormentas en ciernes.

Parcialidad política y visión etnocentrista

Por si fuera poco, en ambas cintas predomina una óptica maniquea de cara a sus respectivos objetos de estudio en el extranjero. Para Sex and the City 2 existe un doble rasero en blanco y negro. Hay burkas malas y buenas. Las primeras cubren y tiranizan a la mujer en Medio Oriente. Las segundas son imperceptibles y estimulan la independencia del género femenino en Nueva York. De cualquier modo, la película es incapaz de descubrir la conexión entre los velos del machismo internacional. En consecuencia, su percepción antropológica peca de superficial, frívola y ligera. Se conforma con tocar la punta del iceberg y ratificar la teoría binaria de la vieja escuela imperial.

Con Al sur de la frontera ocurre lo propio, desde su título de resonancias westerianas. Aquí el realizador vuelve a adoptar un formato de programa colonial y paternalista para ir al mentado “descubrimiento” de la verdad en las antípodas. Sin embargo, el director fracasa en su empeño al llover sobre mojado de docenas y cientos de reportajes y documentales de similar contenido. Por ende, contemplamos el plagio descarado en un prólogo clonado de La Revolución no será transmitida; un desarrollo calcado de Memorias del saqueo de Pino Solanas, de Cocalero de Alejandro Landes, de Historia del Fondo Internacional de la cadena Infinito y de Las claves de Puente Llaguno de Palacios, y para concluir, un burdo epílogo rayano en los cantos a la propaganda de Lenin y Hitler, manufacturados por Vertov y Leni.

Aparte, las voces refractarias de la oposición son salvajemente censuradas, y, encima, una caterva de intelectuales foráneos nos pretende representar con sus sesudas digresiones, cargadas de falacias ad hominem, mentiras y errores. Uno asevera: “Chávez peleó la elección del 98 con Irene Sáez”. Además de embustero, el tipo es misógino. En suma, la filtración y la mordaza unidimensional incurren en los defectos informativos de la manipuladora “red de medios oficiales” en cuanto silencian y ahogan a la disidencia y a la diversidad.

Si Oliver Stone es responsable y quiere dormir con la conciencia limpia debería regresar, como en Cuba, para rodar la segunda parte de Al sur de la frontera con quienes no figuran en la primera entrega. De lo contrario la historia lo juzgará por arrastrado, oportunista y por contribuir a la innecesaria polarización no sólo del país sino del continente.

Estrategias de ironía y distanciamiento

En descargo de ella, Sex and the City 2 merece reivindicarse por su ingenio para la sátira y el sarcasmo disfrazado. Subrepticiamente, la pieza se burla de sus protagonistas y las descuartiza a placer. En el desenlace, por ejemplo, el encuadre hace un ligero movimiento ascendente de un televisor donde pasan una película clásica a un edificio plagado de brillo para sugerir y subrayar el tono fantasioso y onírico del relato. En definitiva, nos dice el realizador, es una película naïve, pero a todo color, como las de antes.

Análogamente, Al sur de la frontera clausura con una canción de Carmen Miranda para remarcar la importancia de Brasil y para rememorar el periodo de la alianza para el progreso entre Sudamérica y Norteamérica. En el fondo, Oliver Stone lo sabe. Chávez no es el líder de la comarca y vamos de retorno a la etapa de eclosión de “Banana Chiquita”. Por eso Stone incluye el plano donde Hugo se cae de la bicicleta, más allá de ser otra barajita para el álbum de cromos populistas. En el mismo sentido, le pregunta a Cristina: “Cuántos pares de zapatos tiene”, como si ella fuese la reencarnación de Imelda Marcos. Lamentablemente, no puede contener el chorro de baba por sus ídolos de barro del movimiento zurdo y el resultado es inferior al de Sex and the City 2, Los Papeles de Mandinga y La Hojilla.

Cantos a la trivialidad del neoliberalismo del siglo XXI

En síntesis, Al sur de la frontera y Sex and the City 2 comparten las mismas contradicciones y pasiones por los emblemas y estandartes del poder al concentrarse en celebrarlos y erigirlos como estatuas ecuestres, para desviar la atención, relegar al soberano a un papel de relleno y encubrir el triste legado de nuestro prontuario de sangre, sudor y lágrimas. Alabados sean entonces los señores y las señoras del capitalismo del siglo XXI.

Los interesados en conocerlos con autenticidad pueden ver el documental argentino Yo Presidente, una cachetada al modelo ceremonial, diplomático y protocolar encarnado por Al sur de la frontera. Una apología de la resignación, de la derrota y de la claudicación ante la clase dirigente. Por todo ello, es vital impugnarlo, refutarlo y rebatirlo. Bienvenidos a su discusión. ®

Publicado originalmente en www.panfletonegro.com
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Publicado en: Cine, Julio 2010


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  • Fernanda Lopez

    Muy interesante tu artículo, pero tu crítica me pareció muy exagerada. A mí me gustó Sex and the city 2 por el cambio de ambiente que hicieron, con otra mentalidad que aportó algo muy fresco en la película. Y bueno, es entretenida, que más necesita el público?

  • Recuerdo que hace varios años vi en la TV una entrevista a Stone donde hablaba de alguna de sus terribles películas que ha hecho últimamente. El entrevistador le preguntó si veía Sex & the City y el director escupió una diatriba violentísima contra el programa. Incluso dijo que si así eran las mujeres actuales no quería saber nada de ellas. Interesante la relación que hace Monsalve y sobre todo recordando aquella entrevista.

    Saludos.

  • Omar

    quiero del gallo del que fumo el autor.

  • Marcos Fuentes

    Vaya que les movio el tapete esta pelicula; a dos reseñas se hizo acredora; ya ni el NY Times maltrato tanto a Stone (y eso que eran los agraviados); sin embargo me quedo con el documental irlandes, “La Revolución no será Televisada” es mucho mejor, y con imagenes contundentes, y no esta producida por una “pandilla de Comunistas” que nos racionaran el raciocinio. Mejor vean ese documental.

  • Carlos Bolívar

    Una vez mas Monsalve convierte una supuesta “crítica” en un panfleto resentido y lleno de odio, su supuesto “análisis” intenta ser “ingenioso” pero, como buen peluquero, no hace mas que halar por los cabellos sus “comparaciones”. Hermano intenta convertirte en Crítico de Cine alguna vez, por que esto no es mas que una bobada sin sentido. Un abrazo

  • Gracias a ti. Ya está el subtítulo en naranja… Un abrazo.

  • Sergio M.

    Muchas gracias por la publicación y por la atención.

    PD:Sólo faltó por subrayar un título con color naranja: “Perseverancia de no lugares yermos, ostentosos y carentes de identidad”.

    Saludos y abrazos desde Caracas.

    Atentamente, Sergio Monsalve.