¿QUÉ ES IZQUIERDA?

Respuestas empíricas ante la evidencia de sus venas abiertas

El modelo cubano… [#fail]
—Fidel Castro

Las palabras izquierda y derecha son inútiles para expresar conceptos, porque se usan para cosas y personas tan distintas que resultan de una ambigüedad insuperable. Pero dado que hay numerosos individuos y gobiernos que se empeñan en presentarse a sí mismos como de izquierda, al parecer sin importarles esta ambigüedad, sólo tiene sentido hacer definiciones empíricas de esta palabra fetiche, de cómo aparece en la realidad.

Izquierda, como fracaso epistemológico y pensamiento mágico

Chemanía en la FIL

En respuesta al señalamiento del periodista Andrés Oppenheimer de que los indígenas antaño tenían una expectativa de vida de cuarenta años, que gracias a la cultura occidental ha aumentado, David Choquehuanca, canciller de Bolivia, aseguró que sus antepasados aymaras vivían doscientos años o más gracias a su buena alimentación, por la cual sus abuelas actualmente no requieren tratamiento odontológico alguno. El dislate no desentona con el discurso del gobierno izquierdista del presidente Evo Morales, si recordamos sus conocimientos sobre las relaciones causales entre la avicultura moderna y las orientaciones sexuales.

Curiosamente, el principal difusor del marxismo en México, el historietista Rius, seudónimo de Eduardo del Río, es también uno de los pioneros en la promoción del naturismo (curarse con productos no industrializados) y el vegetarianismo (alimentarse sin carne ni productos refinados), con libros como La panza es primero, de 1972, en el que desaconseja la vacunación porque, según él, es falso que los microbios causen enfermedades (¡Qué influenza… ni… qué… ocho cuartos!), tesis que ratificó en No consulte a su médico, de 1975. Mientras tanto la Editorial Posada, que publicaba estos títulos y el cómic Los Agachados, era la misma que difundía superchería de lo dizque paranormal y otras vaciladas en las revistas Duda y Contactos Extraterrestres.

En colecciones como “La Otra Realidad: Serie Esotérica”, en el catálogo de Posada se listó la mayor parte de la obra escrita del delirante jesuita Salvador Freixedo y la de otros conspirómanos como El triángulo maldito de las Bermudas, Los antepasados de la Atlántida, Lecturas populares de teosofía, La clave de la teosofía, ¿Fueron magos los grandes sabios? De la ciencia salomónica a los brujos de hoy, Sea usted su propio astrólogo, Tratado elemental de ciencia oculta, por citar algunos ilustrativos. Al morir Guillermo Mendizábal, fundador y director de Posada, Del Río expresó que, cita La Jornada: “Era de izquierda, siempre apoyó el tipo de literatura de denuncia, de protesta, y estaba pendiente de tocar temas actuales, mexicanos, con mucho sentido de crítica” (“Sea serio”, debería tuitearle @FedericoArreola).

El punto es que izquierda y razón son palabras cuyos significados no se cruzan de manera cabal en los hechos, o sólo eventualmente. Ni siquiera Fidel Castro con su ortodoxa formación marxista-leninista ha superado el pensamiento mágico. ¿Acaso no tiene santeros que lo asisten? El fracaso del marxismo no ha sido la derrota de la Unión Soviética en la Guerra Fría, sino la persistencia de lo religioso y las ideas de lo sobrenatural en sociedades gobernadas y educadas conforme a su fundamento epistemológico materialista. Mientras haya un solo santero en Cuba y un creyente orisha o católico, el gobierno de Castro es falsamente socialista. No merece llamarse así. Su educación ha sido un medio de capacitación laboral, pero no un proceso formativo de sujetos libres de toda enajenación.

El punto es que izquierda y razón son palabras cuyos significados no se cruzan de manera cabal en los hechos, o sólo eventualmente.

Un Estado socialista no es laico, sino el que se constituye oficialmente ateo, como lo hizo el de Albania el siglo pasado. Un gobierno auténticamente revolucionario, sea marxista o liberal jacobino, necesariamente es intolerante con todas las religiones y supercherías, las prohíbe, las persigue y las erradica no sólo con la fuerza sino con educación. Pero a partir de noviembre de 1989 la izquierda habla más de democracia que de revolución. El día de hoy nadie puede legítimamente convocar a cualquier reivindicación por medios no democráticos. La palabra revolución ha sido reemplazada por democracia en todos los discursos y proclamas justicieros.

Sin Unión Soviética en el mundo posbipolar no pocos militantes del marxismo se vincularon pronto a nuevos movimientos sociales como el feminismo, la defensa de los derechos de personas homosexuales y, por supuesto, el ambientalismo.

Luego vendría la oposición al libre comercio bajo la acusación de ser “globalización neoliberal” o “neoliberalismo globalizador”. Desde entonces toda manifestación globalifóbica o altermundista no ha dejado de tener un componente discursivo y sentimental alusivo a la defensa planetaria o de la Tierra, así como al descubrimiento de planes malévolos para su explotación por parte de compañías transnacionales —desde productores de alimentos transgénicos hasta fabricantes de tenis—, la banca internacional y los gobiernos de los países ricos.

Quienes se dicen de izquierda son cada vez menos marxistas en aras de una pretendida modernidad (y una práctica posmodernidad), o “izquierda moderna”. De modo que pueden ser cada vez más cualquier cosa: socialdemócratas, luchadores sociales, oenegemáns, ambientalistas, porros globalifóbicos, artistas comprometidos, twitstars o feministos; pero siempre conscientes y en resistencia. La quiebra del paradigma epistemológico marxista y la resistencia de sus huérfanos posbipolares a adoptar modelos de racionalidad que operen a partir de datos empíricos conduce a la izquierda al utopismo. ¿La realidad es de derecha?, preguntaba el filósofo español Daniel Innerarity en un artículo así titulado. Sí —respondo— en tanto la izquierda deambula entre el utopismo, el conspiracionismo y el pensamiento mágico.

Izquierda, como fracaso cultural y mediocridad gubernamental

Nadie que se dice de izquierda prefiere ir a estudiar (o mandar a estudiar a sus hijos) a universidades de Cuba, Corea del Norte o Nicaragua que a las de Inglaterra o Estados Unidos. Defienden a la educación pública —igual que los líderes sindicales magisteriales—, a la UNAM y la UACM, por ejemplo, pero si tienen oportunidad siempre preferirán las alma mater de los presidentes y ex presidentes neoliberales y de sus ministros en Estados Unidos. Mínimo al CIDE, o la Ibero, que pasa por progre. Las escuelas públicas son buenas, pero no para ellos. El punto es que la izquierda como gobierno no garantiza educación que sea superior o mejor a la de gobiernos de sus adversarios o de signo opuesto. Cuando las preparatorias y la universidad fundadas por el actual presidente legítimo de México, licenciado Andrés Manuel López Obrador, y subvencionadas por el muy izquierdista gobierno del Distrito Federal tengan más y mejores egresados que el Tec de Monterrey, entonces habrá triunfado la izquierda, no cuando él o Ebrard, Padierna o Brugada ganen la elección presidencial.

La izquierda como gobierno no garantiza educación que sea superior o mejor a la de gobiernos de sus adversarios o de signo opuesto.

Siendo así, la izquierda ha perdido rotundamente la batalla cultural. No importa cuántos intelectuales se digan de izquierda y se suban a las tarimas a ensalzar a los caudillos, mientras sus gobiernos no logren mejorar la educación pública hasta hacerla igual o superior a la mejor que imparten los particulares, habrán fracasado. Aumentar matrículas, hacer ingresos por sorteos, autoevaluaciones, otorgar becas e inaugurar planteles es demagogia y fraude si no hay buena calidad; es seguir estacionados en la derrota cultural a costa de ganar elecciones y presupuestos.

Pero ni siquiera en lo cultural, quienes se dicen de izquierda en México, han podido, como gobierno, hacer más y mejores cosas en cuanto a políticas públicas en materia de educación, cultura y ciencia y tecnología. No hay una sola entidad gobernada por ellos que haya logrado presupuestar a educación una cantidad equivalente o superior a 8 por ciento de su producto interno bruto, ni el uno por ciento a cultura, ni otro uno por ciento a ciencia y tecnología, según las propias metas que ellos consideran obligatorio alcanzar. Sus asignaciones en los presupuestos de egresos en los congresos en que tienen mayoría son más o menos equivalentes a las de otros gobiernos estatales y  al federal de la derecha, al que exigen lo que ellos no logran. Tampoco en ellos han establecido la austeridad republicana.

Lula con los integrantes de RBD

Los gobiernos de izquierda tampoco marcan una diferencia significativa en el consumo y prácticas culturales de la mayor parte de la población. Más valen las fotos de Lula Da Silva con RBD que el Zócalo de México convertido en un Siempre en Domingo desde el inicio del obradorismo y Aún hay más con Ebrard. Más vale ForoTV —con  muchos progres a cuadro— que la televisión pública gubernamental en Cuba, en que la programación más importante es la de telenovelas importadas de Colombia y el juego de pelota o beisbol. ¿En qué se diferencia de las televisoras al servicio de La Mafia robadora de elecciones? Posiblemente en que los comerciales son exclusivamente anuncios propagandísticos del régimen.

Izquierda, como fracaso emancipador y justiciero

La izquierda se olvidó de las reivindicaciones laborales. Dio por perdida otra batalla, la de la recuperación del poder adquisitivo y la mejoría del salario de los trabajadores urbanos y rurales. Se dedica, entonces, a las que puede ganar o a las que no le cuestan dinero, como reconocer derechos. El matrimonio entre personas del mismo sexo es una política pública de costo presupuestario muy bajo, en comparación con otras como el Seguro Popular. Es una izquierda que se regocija con la aprobación de leyes de ornato, que duplica, triplica o cuadruplica lo que ya está legislado. Mañana pueden aprobar la Ley de Prohibición del Homicidio y pasado mañana la Ley de Erradicación de la Pobreza. Luego, la de Prevención de la Violencia contra Jóvenes y Atención a Ni-Nis. Pero Ni erradica la pobreza Ni reduce el crimen ni transforma la realidad más que otros gobiernos para hacerla más justa o equitativa.

El punto es que Aguascalientes y Querétaro, sin pizca de perredismo, pueden estar mejor gobernados que Zacatecas y Michoacán, con más y mejor calidad en los servicios públicos, así como los municipios zapatistas no pueden dar cuenta de haber erradicado la pobreza de ellos. Ni siquiera la de haber mejorado la calidad de vida de sus habitantes significativamente más que municipios vecinos, tal como el gobierno sandinista de Daniel Ortega en Nicaragua no lo consiguió ni lo logrará (un millón de nicaragüenses, la cuarta parte del total, miserables, tuvo que irse a vivir a Costa Rica).

También otros supuestamente muy ilustrados han claudicado en esta batalla. Por ejemplo, Leonardo Boff, fundador de la Teología de la Liberación, una síntesis de marxismo y cristianismo que dio lugar a movimientos revolucionarios y guerrilleros en América Latina, mutó hacia el ecologismo, del Cristo guerrillero al Cristo cósmico, con libros que versan sobre La dignidad de la Tierra. Ecología, mundialización, espiritualidad, de 2000 y La voz del arco iris, de 2003. Dice en su sitio en internet: “Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones”. Pasó de los pobres a las ballenas como sujetos de la liberación y ahora pasa de la ecología ambiental y social a la ecología “mental” y a la “integral”, o sea, con “el universo”. Izquierda es también un nombre más de la alienación, sea en sus vertientes esotéricas, conspiromaniacas, mesiánicas o espiritualoides. No redime; enajena.

Izquierda es también un nombre más de la alienación, sea en sus vertientes esotéricas, conspiromaniacas, mesiánicas o espiritualoides. No redime; enajena.

El punto es que otro gran fracaso del socialismo y de quienes se dicen de izquierda es su incapacidad para erradicar la pobreza, reducirla significativamente o moderar la desigualdad. Si la causa de la pobreza, según su mitopoética, son los ricos malvados, bastaría con que un gobierno de gente buena, que no se deje dominar por ellos, trastocara el orden establecido y les quitarles poder para que los pobres dejaran de serlo y paren de sufrir. Pero eso no ha ocurrido: los pobres siguen siendo pobres y no paran de sufrir cuando los buenos, los moral e intelectualmente superiores, gobiernan. Evo Morales puede seguir gobernando Bolivia el resto de su vida y seguirá habiendo pobres luego de que muera, tantos más o menos miserables, pero los habrá. Iztapalapa puede declarar su independencia y nombrar a López Obrador como su Cristo Resucitado en Parusía, y eso no va a convertir a la nueva nación izquierdista en una homóloga de bienestar a Suiza, Corea del Sur o Irlanda. Ni siquiera a la Delegación Benito Juárez.

El gobierno de Hugo Chávez ha sido exitoso en reducir el número de pobres en su país, pero no en reducir la desigualdad (véase Espejismos de la izquierda en América Latina). Pero eso no es lo más reprochable, sino sus resultados negativos para garantizarle seguridad a esos pobres. Según un estudio del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), cita el diario El Nacional de Caracas, en Irak, un país con aproximadamente la misma población que Venezuela, hubo 4 mil 644 muertes de civiles de la violencia en 2009 mientras que en la República Bolivariana fue superior a 16 mil. Desde que el presidente Hugo Chávez llegó al poder en 1999 ha habido cerca de 118 mil 541 homicidios, 43 mil 792 desde 2007. Caracas no tiene rival entre las grandes ciudades de América por su tasa de homicidios, que actualmente es de alrededor de 200 por cada 100 mil habitantes, se compara con las recientes medidas de 22,7 por cada 100 mil personas en Bogotá, la capital de Colombia, y 14 por 100 mil en São Paulo, la mayor ciudad de Brasil. El número de homicidios el año pasado fue más de tres veces mayor que cuando Chávez fue elegido en 1998. Hoy muchos pobres son menos pobres, pero muchos de ellos están siendo asesinados por otros pobres menos pobres. Pobres.

Izquierda, como narrativa melodramática

Puesto que ser de izquierda no tiene que ver con el conocimiento científico y cada vez menos con ideologías, es cada vez más un estado emocional, parecido al del aficionado futbolístico, por lo que no extraña el tono pasional y pasionario de sus comandantes, como el locuaz Hugo Chávez, ni la retórica lacrimógena y victimista del subevangelista “Marcos” de los 500 años de azotamiento y con su “mundo en el que quepan muchos mundos”, ni el sentimentalismo de folletín: “El corazón late a la izquierda”, “Yo te amlo” y “Hazle caso al corazón, vota por López Obrador”. De modo que izquierda es la fe en un conjunto de supuestos que constituyen una mitopoética que dan lugar a una narrativa melodramática. Los supuestos son:

Ser de izquierda no tiene que ver con el conocimiento científico y cada vez menos con ideologías, es cada vez más un estado emocional, parecido al del aficionado futbolístico.

1. La pobreza y todos los problemas sociales, desde el cambio climático a la delincuencia, son el resultado de la maldad de los pocos ricos que tienen el poder. La existencia de ricos es un problema, porque ellos son quienes causan la pobreza. Los ricos no crearon su riqueza, se la robaron a los pobres.

2. La capacidad de un gobierno para garantizar o promover justicia es proporcional a la moralidad de los gobernantes. El desarrollo y la equidad son la consecuencia del predominio de las buenas intenciones sobre las malas.

3. Para que prevalezca el bien sobre el mal es necesario que gobiernen los moralmente superiores, que también son los intelectualmente superiores, que no son otros que los líderes de la izquierda o ellos mismos.

4. Todo gobierno tiene la obligación moral, y debe tener la obligación legal, de garantizar todos los derechos de todos los ciudadanos mediante programas, obras y gasto público, especialmente con subsidios.

5. La manera moral de gobernar no es tanto erradicar la corrupción como mantener un elevado gasto público en subsidios.

6. La persistencia de la pobreza y otros problemas sociales en los países gobernados por gente buena, de izquierda, es el resultado de la maldad de otros pocos ricos fuera de las fronteras, de mafias u oligarquías.

La Sexta Declaración de la Selva Lacandona, por ejemplo, asegura que “el capitalismo hace su riqueza con despojo, o sea con robo, porque les quita a otros lo que ambiciona, por ejemplo tierras y riquezas naturales. O sea que el capitalismo es un sistema donde los robadores están libres y son admirados y puestos como ejemplo”. Es un documento en el que dice 51 veces la palabra “neoliberal” como causa y explicación de todos los males en el mundo.

¿En verdad la pobreza es resultado de la explotación o del despojo, siempre y en todos los casos? ¿No había pobres antes del neoliberalismo y del capitalismo, entre los mayas precolombinos? ¿No hay pobres en Corea del Norte y China? ¿Quién los despojó a ellos o por qué no los han restituido en justicia sus gobiernos socialistas? ¿Cuándo los habitantes de los municipios autónomos zapatistas alcanzarán niveles de vida superiores al promedio de los mexicanos, luego de dieciséis años de que exorcizaron de ellos a los demonios neoliberales? Siempre habrá innombrables, poderes ocultos o en la sombra, grandes capitales, oligarcas o chupacabras o poderes fácticos a quienes culpar para no reconocer su propia responsabilidad e irresponsabilidad sobre sus condiciones presentes y por venir.

Izquierda, como fracaso de moralización y como ethos orientador del consumo y las prácticas culturales

Izquierda no es tanto una opción de moralización de la sociedad, de la función pública o del Estado, como un discurso para apropiarse del estatuto de autoridad moral en el espacio de la opinión pública, porque si medimos la gestión de los gobiernos en relación con la corrupción, los que se dicen de izquierda no están exentos de ella y forma parte de su normalidad, desde el de la esperanzadora honestidad ahumada hasta el brasileño del trabajador Lula.

Izquierda es un nombre más de la soberbia, el de quienes se ostentan públicamente como superiores morales e intelectuales. Es un discurso para ganar elecciones, para justificar decisiones y para eludir su responsabilidad cuando las cosas no salen bien o cometieron errores: siempre habrá la posibilidad —y necesidad— de culpar a la inmoral e ignorante derecha. Izquierda no es tanto la convicción en determinados valores —morales o intelectuales— como un procedimiento para la descalificación de adversarios, a los que basta con señalar como derecha para exculparse y ahorrar argumentos o demostraciones. Vaya, ni en la oposición son el mejor ejemplo de moralidad o civilidad. Ni siquiera los que se dicen de izquierda moderna, como en México, en donde eligen a su dirigencia partidaria con porros de por medio, y se desafilian cuando los procedimientos estatutarios no les dan el triunfo.

En el mejor de los casos, izquierda es un ethos para orientar el consumo, para decidir entre una marca de tenis u otra (¿Nike?, #fuckoff; ¿Converse?, \m/ #rocks), un tipo de vegetal (¿macrobiótico?, #yeah; ¿de WalMart?, #sucks), un estilo de computadora (¿PC-Windows?, aagh, #fail; ¿Mac-Apple?, <3 #rules), un equipo de futbol (¿Real Madrid-América? #fachasdemierda  ¿“Barsa”-Pumas? #REbel), un gadget trendy (o_O), una app (#Obey), un grupo de red social (Yo Apoyo Todos Somos Todo, menos Fecal y No al Maíz Transgénico), una consigna (#InternetNecesario), un look, un outfit (¿pandrofashion, retrofolk o kitsch-radicool?), una —dizque— tribalidad: ¿hipsterismo (we), neojipismo (bro), animalismo (mu) o anarcopunkismo (@)?), o una selección de entretenimiento (¿Telenovela de Televisa?, #WTF!; ¿serie gringa por cable?, dpkm). Chulos de bonitos.

Epílogo


“Según la historia”, dice el presidente legítimo de México @lopezobrador_en su cuenta de Twitter, “un día como hoy [24 de diciembre] hace 2009 años nació Jesús Cristo, el más importante defensor de los pobres. ®

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Publicado en: Destacados, La izquierda latinoamericana, Septiembre 2010

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