Frente a la brutalidad de nuestra clase política, la vanidosa mezquindad de nuestros activistas, la inopia del ciudadano común, el fértil crecimiento de la delincuencia, la pobreza de nuestra intelectualidad complaciente y acrítica, la lenta agonía del nivel de vida de nuestras ciudades y el aborto de nuestras instituciones se impone la parálisis. Esa parálisis balsámica que conlleva un deseo de desaparecer, de esfumarse; de ser cualquier cosa menos mexicano de tiempo completo.
Porque aparte de emigrar es poco lo que se puede hacer en un país en ruinas, donde los mecanismos de crecimiento ciudadano han sido acotados por el oportunismo o la indiferencia. Poco más que tratar de que el pasmo no nos invada del todo para pensar, escribir y tratar de entender cómo fue que llegamos a esto y cómo es que vamos a salir. Porque es eso o emigrar o, peor aún, resignarse a ver caer los últimos resquicios de lo que algún día fue bueno y bello en nuestro país.
—Roberta Garza