A propósito de la cultura virtual

Entrevista con Joan Fontcuberta

La fotografía nace de una crisis de la representación y provoca otras crisis, entonces el pensamiento de lo fotográfico sigue el vaivén de estas derivas, de estas dislocaciones, de estas rupturas. Empezamos a comprobar cómo se está dando un cambio de tendencia en el panorama fotográfico.

Joan Fontcuberta. Foto © Alex Caballero horalibreconcriterio.blogspot.mx

Joan Fontcuberta. Foto © Alex Caballero horalibreconcriterio.blogspot.mx

Hace algún tiempo Joan Fontcuberta vino a Madrid para dar una conferencia en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense. El tema, el coleccionismo de imágenes como necesidad vital, como nueva forma de relación con “lo fotográfico” que hace caducar, ahora sí a velocidad cegadora, lindes y límites de la esfera artística contemporánea. Las pantallas de ordenador se revelan como nuevos espacios expositivos, el gesto fotográfico (el click) sustituye la contemplación de lo capturado, se imponen nuevas formas de comunicación.

Haciendo gala de una fecunda capacidad discursiva y de su ya conocido don de la ubicuidad (puede estar aquí y allá posiblemente en un mismo momento), el artista barcelonés comparte algunas de sus reflexiones a la luz de la reciente publicación de A través del espejo, su personal selección y edición de autorretratos colgados en Google (“Que no tengo Google”, gritaba el otro día un señor en una biblioteca intentando señalar a la amable bibliotecaria que no podía acceder al catálogo virtual para buscar los ejemplares que quería pedir…).

Sin más, pasen y lean:

1. Sobre el darwinismo tecnológico. De la crisis fotográfica actual

“Cuando me refiero a estos temas que aquí se proponen a mí me gusta hablar en términos de darwinismos tecnológicos y comunicativos. El mundo de la comunicación o de la imagen se ha visto sometido a ciertos procesos evolutivos en los que los medios más resistentes o más capaces de adaptarse a las circunstancias son los que terminan perviviendo. Eso es el resultado de una sucesión de crisis. La crisis es un nivel consustancial a la evolución. La fotografía nace de una crisis de la representación y provoca otras crisis, entonces el pensamiento de lo fotográfico sigue el vaivén de estas derivas, de estas dislocaciones, de estas rupturas. En ese sentido, lo que yo digo es que empezamos a comprobar cómo se está dando un cambio de tendencia en el panorama fotográfico, eso no quiere decir que haya unas practicas fotográficas que vayan a desaparecer. Por ejemplo, la fotografía documental: la fotografía documental está en crisis, ¿esto quiere decir que la relación de la fotografía con la memoria se desvanece por completo? No, lo que quiere decir es que esa relación tan estrecha, seminal y hegemónica que han mantenido hasta ahora empieza a dar cabida a alternativas o a erosionarse, es decir, cada vez más está perdiendo cuota. Lo que está pasando es que las prácticas dominantes fotográficas tienen que ceder cuota a unos usos que hasta ahora hemos considerado periféricos, marginales y que cada vez se están convirtiendo en usos más centrales. Realmente estamos en una etapa apasionante porque vivimos en primera persona unos cambios acelerados, revolucionarios, que nos trasladan a situaciones completamente nuevas y apasionantes.”

El mundo de la comunicación o de la imagen se ha visto sometido a ciertos procesos evolutivos en los que los medios más resistentes o más capaces de adaptarse a las circunstancias son los que terminan perviviendo. Eso es el resultado de una sucesión de crisis. La crisis es un nivel consustancial a la evolución.

2. Sobre la revolución tecnológica. De los nuevos usos fotográficos

“Lo primero que quiero señalar es que ya no podemos hablar de ‘nuevas tecnologías’. La revolución tecnológica o la revolución informática casi termina con el cambio de milenio, en estos momentos lo importante ya no es que en fotografía hayamos sustituido el grano de plata por el píxel, sino cómo ese cambio ha permitido la transmisión y circulación de la imagen a través de las redes, a través de Internet… O sea, hay toda una serie de cambios colaterales que tienen que ver con el hecho de que hoy el soporte sea digital: por un lado ha habido un cambio de naturaleza o de sustancia debido a que el soporte hace posible otro tipo de intervenciones y tiene otro tipo de límites, pero lo interesante es cómo eso está permitiendo que la fotografía se inscriba en unos procesos sociales y de comunicación completamente novedosos. Me refiero, ahora sí, a usos novedosos porque fenómenos como Myspace, Youtube, Facebook, Google… son relativamente jóvenes y ya forman parte de nuestro paisaje cotidiano. Se han incrustado como una herramienta que utilizamos todos los días para buscar la dirección de un restaurante o las teorías de un filósofo griego, es decir, son herramientas de nuestra cotidianidad y hace diez años simplemente no existían. Esas nuevas herramientas vehiculan la fotografía y generan unas relaciones distintas con el medio que son muy interesantes. Un ejemplo muy claro: ha aparecido el Homo Photographicus: hoy todos somos fotógrafos, todos tomamos fotos decentes, fotos que satisfacen nuestras necesidades comunicacionales.”

3. Sobre el gesto fotográfico. De cómo la captura de la imagen sustituye a la contemplación

“Estos cambios que señalo, fruto de la revolución tecnológica, se dan principalmente en dos direcciones: por un lado son cambios estéticos y ontológicos, en relación con la forma fotográfica; por el otro, tal vez los más interesantes, se dan cambios sociológicos y funcionales, aquellos que hacen que la fotografía se desplace hacia usos distintos de los que ha tenido hasta ahora. En esos nuevos territorios hay también respuestas que requieren formas específicas. Para mí una de las cuestiones fundamentales del cambio al que estamos asistiendo es que cada vez dedicamos más tiempo a producir imágenes, a hacer fotografías, pero tenemos menos tiempo para verlas, para mirarlas. O sea, es más importante el gesto de hacer la foto, la teatralidad, la performance, el clímax que implica hacer la foto que el efecto de percepción de esa fotografía o que su contenido, y eso es una ecuación que trastoca el binomio tradicional de la comunicación fotográfica. Por ejemplo, hace poco preparaba un artículo que titulaba algo así como ‘Un bosque de cámaras’ y venía a raíz de una observación: hace unos meses la cantante Lady Gaga vino a Barcelona a un concierto, al día siguiente la foto que publicaban todos los periódicos era una imagen de la cantante y al fondo una masa enfervorizada de fans todos con el brazo en alto con un móvil haciendo fotos. El gesto de sacar la mano y disparar una cámara está sustituyendo a la idílica actitud de los mecheros… Es decir, la fotografía se ritualiza en unos gestos sublimadores que son indicativos de muchas cosas. Por un lado hay una cierta espiritualidad en eso, antes encendíamos mecheros con toda la carga digamos simbólica que ese gesto contenía, en cambio hoy hacer una foto viene a sustituir esa cuota de espiritualidad. Pero, analicémoslo un poco más, muchas veces cuando hoy hacemos fotos nos damos cuenta de que no hay tampoco una voluntad documental, o sea, no usamos tanto la foto para documentar lo que estamos viendo, sino para certificar que nosotros estamos ahí. No se trata de decir “Ésta es Lady Gaga” sino “Yo estaba en el concierto de Lady Gaga”; es la certificación de una vivencia, la certificación de que nosotros formamos parte de una dinámica social, de un momento histórico. Todo esto, para mí, es nuevo y creo que tiene unas repercusiones en la configuración de la imagen, porque si lo importante es el gesto, la forma de esa imagen es contingente: no hemos de preocuparnos por la exposición, la composición, etcétera.”

Muchas veces cuando hoy hacemos fotos nos damos cuenta de que no hay tampoco una voluntad documental, o sea, no usamos tanto la foto para documentar lo que estamos viendo, sino para certificar que nosotros estamos ahí. No se trata de decir “Ésta es Lady Gaga” sino “Yo estaba en el concierto de Lady Gaga”.

4. Sobre los nuevos espacios expositivos. De cómo las pantallas del ordenador son ahora las cavernas expositivas

“Acabo de pasar un rato en el Museo del Prado y estaba pensando que el Prado es como una caverna, como Altamira, donde en vez de haber bisontes hay cuadros de Velázquez y Goya, pero no deja de ser un receptáculo tapizado de imágenes. El Prado, los museos, están siendo sustituidos por unas nuevas cavernas que son los ordenadores, las pantallas, los mundos virtuales que generan, que escupen imágenes a mucha mayor velocidad y con unas características, una idiosincrasia, mucho más diversa, plural y rica. Es decir, un museo tiene un tipo de imágenes canónicas pero muy limitadas a un cierto repertorio, en cambio la pantalla del ordenador es mucho más versátil, nos da esas imágenes y muchas otras de diversas épocas. Ante esto muchos museos se camuflan en otra cosa para sobrevivir, pero la función tradicional, la función histórica del museo como guardián de los cánones de mirada y memoria, está en ascuas. Una de las razones es la aparición de la fotografía, pero hay muchas otras. Se intenta rescatar al museo con acciones como la introducción del archivo en sus salas, pero toda esta moda del archivo yo la veo como una forma de camuflarse en otras cosas, de dar vueltas sobre lo mismo. Idéntica lógica se esconde en el acto de no presentar la obra en sí sino el proceso de la obra, esto es otro artilugio yo diría que tramposo. Hay toda una serie de artilugios tramposos en el arte contemporáneo y es muy interesante detectarlos porque son indicios de una cierta decadencia, de las ruinas del museo, de un cambio de forma, es otra vez darwinismo… Son los últimos estertores de una época, pues hoy en día, a no ser que el museo se convierta en centro de entretenimiento y de espectáculo, la gente encontrará el conocimiento y el disfrute de la cultura a través de modalidades como Internet.”

Joan Fontcuberta es fotógrafo, docente, ensayista, crítico y promotor de arte. Premio David Octavious Hill por la Fotografisches Akademie GDL (Alemania, 1988), Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres (Francia,1994) y Premio Nacional de Fotografía (España, 1998). Además de su prolífica obra fotográfica, ha realizado una importante labor como ensayista, editor y comisario, con iniciativas como la fundación de la revista Photovision (1980), la co-fundación de la Primavera Fotográfica de Barcelona (1982) o la dirección artística del Festival Internacional de Fotografía de Arles (1996). También ha sido profesor en diferentes centros y universidades europeos y norteamericanos y en la actualidad ejerce la docencia en los estudios de Comunicación Audiovisual de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. ®

Publicado originalmente en Dalpine. Creative Commons.

Archivado en Apuntes sobre fotografía, Mayo 2013

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