Amigos por siempre

Intouchables, de Olivier Nakache y Éric Toledano

“Dios los crea y ellos se juntan” podría ser una frase que describe el encuentro de dos personajes contrastantes: un magnate, imposibilitado para moverse, y un joven y musculoso hombre de color, lleno de simpatía aunque también de agresividad y malos hábitos.

Intouchables-Affiche-France

El tema y las buenas actuaciones han hecho que el último trabajo en colaboración de los directores franceses Olivier Nakache (1973) y Éric Toledano (1971), Intouchables (2011), precedido de un éxito de taquilla abrumador —19 millones de espectadores en Francia— al cabo de diversas tentativas por la comedia ligera, como Tellement proches (2009), Nos jours heureux (2006) y Je préfère qu’on reste amis (2005), llegue con cierto retraso a las pantallas nacionales. La cinta ha sido traducida como Amigos o bien Amigos inseparables, tanto una como otra versión —a cual más alejada del original— no comprende la idea de excluidos, marginados, parias, aquellos que no pertenecen a una clase de personas normales y aceptadas, por varias razones, ser minusválido, de raza africana o cualquier otro criterio que sirva para discriminar (edad avanzada, obesidad, preferencia sexual, ideología política), intouchables son aquellos que no deben tocarse. El tema provoca la conciencia social y hace hincapié en la solidaridad fundamental que debería prevalecer entre los seres humanos. Por desgracia, en Francia —como en otros países desarrollados— tiende a verse a quienes presentan un defecto físico como una afrenta, que es necesario esconder de los ojos del mundo, en el mejor de los casos manteniéndolos en el encierro de una institución especializada. Éste está lejos de ser el caso con Philippe, un millonario que goza de todos los privilegios y pleitesías. Conde, cuya antigua familia es de origen corso, Philippe Pozzo di Borgo quedó parapléjico a raíz de un accidente aéreo en la vida real. En Le second soufle [Bayard Éditions, 2001], su autobiografía, cuenta la historia que cómo volvió a tener deseos de vivir, gracias a la intervención de otro intouchable, un moro, Abdel Yasmin Sellou, gracias al cual volvió a contraer nupcias residiendo en la actualidad en Marruecos y contando con dos hijas.

La cinta ha sido traducida como Amigos o bien Amigos inseparables, tanto una como otra versión —a cual más alejada del original— no comprende la idea de excluidos, marginados, parias, aquellos que no pertenecen a una clase de personas normales y aceptadas, por varias razones, ser minusválido, de raza africana o cualquier otro criterio que sirva para discriminar (edad avanzada, obesidad, preferencia sexual, ideología política), intouchables son aquellos que no deben tocarse.

Basados en su historia verídica, que sólo al final se revelará como tal, en un acierto del guión, por otro lado nada fuera de la costumbre en este tipo de filmes, emotivos y autobiográficos. El color y el ambiente que, con medios relativamente simples y sobrios, tanto en las locaciones interiores, exteriores y el vestuario, consiguen darle concreción a la historia, tienen que ver con la intervención de dos intérpretes excepcionales, François Cluzet (Philippe) y Omar Sy (Driss), quien ya había colaborado con anterioridad con los realizadores, precisamente en la cinta Tellement proches, una trama que también plantea el contacto entre grupos diversos de la sociedad. “Dios los crea y ellos se juntan” podría ser una frase que describe el encuentro de dos personajes contrastantes: un magnate, imposibilitado para moverse, y un joven y musculoso hombre de color, lleno de simpatía aunque también de agresividad y malos hábitos. Para comenzar, durante la entrevista de trabajo, saltándose a varios candidatos, Driss pretende despachar el asunto a toda prisa y que le extiendan una carta de rechazo, para así volverse acreedor a la asistencia social. Un huevo Fabergé le llama la atención y sin más se lo embolsa. Pretende con él hacerse perdonar de su madre (más tarde se sabrá que es más bien la tía que lo crió y trajo de niño de su natal Senegal), quien se mofa del carácter inútil del adorno e incluso lo echa de casa. Si no aporta nada de valor, al menos que no les quite el pan de la boca a sus muchos y verdaderos hijos (se presume de padres diversos). Viven en un suburbio de París con multifamiliares renovados, aunque llenos de gangs y gente peligrosa. El hermano de Driss, apenas un púber, ya anda en malos pasos, bajándose de furgonetas negras de lujo con vidrios polarizados, propiedad seguramente de algún dealer.

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Cuando al día siguiente regresa a la lujosa y antigua mansión, en el centro de la ville, la asistente personal de Philippe, Yvonne (Anne Le Ny), de gran austeridad y corrección, lo hace pasar y le muestra la que será su dépendance, su apartamento privado, una recámara decorada al gusto clásico francés con una salle des bains impresionante, con bañera de porcelana y grifos dorados. Su problema de vivienda queda solucionado por el momento. La diaria faena con un parapléjico no es ligera ni simple, Driss tiene que familiarizarse con varios pormenores, a los que no parece prestar especial atención. La cinta arranca con un flash-forward. Driss conduce a Philippe a toda velocidad a través de las calles de París. Van escuchando música animada y divirtiéndose, no particularmente atentos a las señales del camino. Pronto serán objeto de una persecución por parte de la policía. Ahí comienza el tinte de comedia. El negro explica que lleva a un enfermo muy grave al hospital, de ahí el exceso de velocidad. Philippe por su parte —en la ventanilla— comienza a hacer extremos y babear como presa de un ataque epiléptico. Si no se dan prisa, va a morirse. Los agentes los dejan ir. Ellos se quedan riendo, sobre todo del consumado histrionismo de Philippe.

A la manera de Pygmalion de George Bernard Shaw, el refinado aristócrata, sin proponérselo de manera expresa, comienza a elevar el nivel cultural de su cuidador y cuasi pupilo. Primero mediante la pintura contemporánea y abstracta, más tarde a través de la música clásica y la gastronomía. Driss está admirado ante el precio que un cuadro —aparentemente sencillo— puede adquirir en el mercado. Espoleado por la esperanza de obtener una generosa recompensa, comienza a hacer una serie de experimentos con la pintura. La hija menor de Philippe se burla de él. El africano habrá de enseñarle un par de lecciones y hacer que su padre la corrija con severidad, ya que se siente intocable, en el sentido que tiene en español, es decir por arriba de todos en la casa. Durante estos tratos y otros con la secretaria de Philippe, quien le toma los dictados, y en relación con citas de Apollinaire, tiene que pararse a reflexionar cómo se escriben esos extraños vocablos. La bella Magalie (Audrey Fleurot), de quien sin conocer sus inclinaciones lésbicas se halla prendado Driss. Los pasajes de poesía exornan las cartas de amor que Philippe dirige a una amiga por correspondencia, a quien no ha conocido en persona ni desea —dadas las circunstancias e imposibilidades en que se encuentra— conocer. Driss, quien introduce el tema del erotismo, primero por medio de publicidad de un escort service que llega por correo y que él decide probar por sí mismo, insistirá en que Philippe debe enviarle una foto suya y recibir —a cambio— otra de la misteriosa correspondiente; qué tal si es una sosa aldeana, por el lugar de Francia donde vive.

En el mejor momento del filme se dirigen en un jet privado —así de improviso— a los Alpes, donde Philippe expondrá a Driss a una muestra de sus capacidades inventivas, haciendo que se lance con ayuda de un piloto en un planeador delta y sobrevuele las cumbres. Antes, a bordo del jet, lo hizo beber champaña para relajarse pues tiene miedo a las alturas y le entregó 11 mil euros por el cuadro que Driss había pintado y que Philippe colocó con su ambicioso y despiadado abogado, vengándose de sus intromisiones, recordándole un cierto pasado criminal de Driss y el peligro obvio al que se exponía. En una escena anterior, durante la fiesta de cumpleaños de Philippe, éste hace que la orquesta de cámara que han contratado interprete algunas piezas fuera de programa para llenar ciertos huecos en la educación musical de Driss. En un arranque de alegría, el negro también quiere que oigan la música de él, trae su iPod, equipado con altavoces, y comienza con un despliegue de break dance, con el que todos se animan y se sueltan a bailar. Driss los insta a hacerlo, todo en honor a Philippe, desde luego. Driss, en suma, trae alegría, paz y naturalidad a sus vidas. Arregla al novio de la pequeña heredera que había comenzado a mostrarse desdeñoso. Pone juntos a Yvonne y otro miembro del servicio. Cuando todo parece marchar a las mil maravillas, llega a buscarlo su hermano menor. Lo están persiguiendo, quieren matarlo por algo que hizo y toda la familia peligra. La primera reacción de Driss es creer que exagera. Philippe se entera de todo y decide dejar en libertad al muchacho, no puede estar toda la vida atado a un inválido, para que se ocupe de resolver sus problemas familiares. Es decir, prescinde de sus servicios. Como al inicio, se hace una serie de entrevistas de trabajo, se pone a prueba a diversos candidatos, pero ninguno de ellos es obviamente Driss, ni tiene su joie de vivre. Philippe cae en una profunda depresión y deben llamar a Driss que ahora trabaja en una mensajería. Agarran carretera, deciden ir a la costa, ver siquiera el mar en Bretaña. En el camino van de broma, Philippe se anima. En el cuarto de hotel Driss lo rasura, pues se ha descuidado mucho, hasta le acaricia las orejas, que es su zona erógena, como en una escena patibularia con dos call girls se hizo patente. Sin que nadie se lo pida, Driss hace los arreglos para que Philippe conozca finalmente —una primera tentativa fue en vano, ya que la muchacha llegó algo tarde y Philippe perdió la paciencia— a su misterioso amor epistolar. Antes tiene el cuidado de dejar sobre la mesa el valioso huevo Fabergé, un regalo de aniversario de Philippe por parte de su finada mujer. La dedicación y el cariño que necesita Philippe sólo puede dárselos una compañera devota. Proyecto que sin declararlo deja ver el otro lado, el puramente sugerido o virtual de la relación entre estos dos hombres, el del genuino afecto, la amistad. Amigos para siempre bien podría haber sido otra posibilidad de verter el título original. Una de las comedias ligeras más bien llevadas, sensibles y humanas que me ha tocado la suerte de ver en los últimos tiempos. ®

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Publicado en: Cine, Febrero 2013


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