AMISTAD, HUMILLACIÓN, DESPRECIO

Tardarás un rato en morir,
Imanol Caneyada

Ganadora del Concurso del Libro Sonorense en 2008, esta novela de feliz título nos hace perder cualquier tipo de prevención, al menos durante su lectura, ante la cuestionada legitimidad de los premios literarios. Tardarás un rato en morir (Instituto Sonorense de Cultura, 2009), del escritor español afincado en México Imanol Caneyada, no es una obra pretenciosa que le apueste a la afectación del lenguaje para impresionar al lector. La propuesta de Caneyada parece ser la de los grandes contadores de historias: embrujar al lector a fuerza de informaciones dosificadas y revelaciones oportunas, con un lenguaje contenido, preciso, y provocarle con ello emociones y sobrecogimientos.

El libro se desarrolla en varios planos narrativos que se alternan de forma no simétrica, en relación de uno a uno, sino que avanzan según su necesidad de mayor o menor información. Eso permite al autor evadir una estructura que, en el caso de su novela, podría haber resultado esquemática y forzada, restándole persuasión a sus distintas historias.

Cuatro son los narradores de Tardarás un rato en morir: dos en primera persona, uno en segunda, de fugaz aparición, y uno más en tercera. Los narradores en primera persona son también los protagonistas del libro: en primer lugar, Juan José Salvatierra, alias “el Cabezón”, cuenta su exilio en Montreal al lado de su amigo y jefe Martín Torrevieja, “el Tinín”, ex gobernador de alguna entidad de México caído en desgracia. El suspenso se consigue ocultando el motivo por el cual “el Cabezón” y “el Tinín” se han fugado a Canadá, dato que se irá revelando conforme avance la novela. Además, se obtiene el interés del lector gracias a la configuración de “el Cabezón”, probablemente el personaje más atractivo del libro: siempre ha sido la mano derecha de “el Tinín”, a quien ha admirado a la vez que envidiado.

Mientras que Martín es guapo y exitoso, “el Cabezón” es casi un fenómeno, reducido siempre a ser la sombra de su amigo, quien lo ha usado sin escrúpulos para sus propósitos. Ahora que Martín ha perdido su poder, “el Cabezón” se cuestiona su fidelidad y el sentido de haber servido tanto tiempo a un tipo de quien no ha recibido amistad, sino humillaciones y desprecio. Esta pareja de personajes tiene reminiscencias de Humberto Peñalosa, “el Mudito”, protagonista de El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso, y Jerónimo de Azcoitía, su patrón, idolatrado, envidiado y odiado a la vez por Peñalosa.

El segundo narrador en primera persona es Aitor Pelletier, joven inspector de la Policía de Montreal e hijastro del dueño de un restaurante de comida mexicana que “el Tinín” y “el Cabezón” suelen frecuentar. Aitor sigue los pasos de un asesino en serie que mata a sus víctimas, mujeres maduras y solitarias, por medio de la furia y los colmillos afilados de un enorme perro. El interés de esta línea narrativa radica, claro está, en el misterio de la identidad del asesino. Cabe resaltar que a pesar de que la novela presenta dos narradores en primera persona, éstos nunca se confunden entre sí, no tanto por los distintos registros de sus voces, sino por lo bien diferenciado de sus historias.

El narrador en tercera persona relata el pasado de “el Cabezón” y “El Tinín”: su amistad de muy jóvenes, los estudios juntos, la ascensión de Martín al poder, hasta llegar a su caída en desgracia y a la huida de los amigos a Montreal.

El narrador en segunda persona aparece una sola vez y da cuenta del abandono del hombre a quien refiere por su mujer. Sólo muy avanzada la obra nos enteraremos del sentido de este plano, que, cuando aparece, sirve para incitar aún más la ya soliviantada curiosidad del lector.

Tardarás un rato en morir tiene la estructura de un rompecabezas, de modo que sea el lector el encargado de ir embonando las distintas piezas para dar sentido a la totalidad narrativa. Es en ese sentido que puede desconcertar el plano narrado por Aitor Pelletier: se crea la expectativa de que al final de la novela alcanzará un nexo argumental con los planos del presente y el pasado de “el Cabezón” y “el Tinín”, lo cual no ocurre.

Sin embargo, este plano puede verse como un contrapunto a la trayectoria vital de “el Cabezón”: mientras que éste pasa de servir al poder representado por “el Tinín” de forma servil y acríticamente, lo cual lo sume en una profunda soledad de la que saldrá sólo cuando el amor irrumpa en su vida, Aitor va perdiendo paulatinamente su relación sentimental en aras de entregarse a su trabajo, y el asesino se vuelve tal como se queda solo, abandonado por quien amaba.

Esta excelente novela en busca de lectores muestra de forma muy elocuente cómo entretenimiento y ambición narrativa no son elementos contradictorios, sino perfectamente compatibles. ®

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Publicado en: Abril 2010, Libros y autores


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  • Isaac LR

    ¿Qué tal, Javier? ¿Te causó ecos esta novela del 2666 ? Saludos.