ANTANAS MOCKUS:

Un desafío al ethos político

Un político es hoy una figura social más o menos estable, predecible. Por ello, actualmente se cree un disparate pensar que un cambio social profundo pueda realizarse desde la política. No obstante, atendamos un movimiento colombiano surgido desde proyectos ciudadanos que ha revitalizado al ethos político contemporáneo.

Primero fue Antanas Mockus, filósofo y pedagogo que durante sus dos alcaldías en Bogotá reemplazó políticos por académicos en su gabinete e implementó con éxito su llamada “pedagogía ciudadana”. Por otro lado, el urbanista Alberto Peñalosa continuó como alcalde el proyecto social de Mockus y creó una infraestructura urbana de vanguardia. Además, llegó a la alcaldía de Medellín el matemático Sergio Fajardo e invirtió como nadie a la cultura y la educación para contrarrestar la violencia logrando estadísticas favorables.

Antanas Mockus

Académicos de nivel mundial han analizado estos casos con optimismo considerándolos, no sin razón, modelos políticos progresistas. El nivel de transformación del quehacer político que realizaron fue tal que recientemente decidieron unir esfuerzos para alcanzar, con Mockus como candidato, la presidencia, pero fueron derrotados por el candidato oficialista de derecha Manuel Santos. La trayectoria de Antanas Mockus es aquí particularmente relevante, pero antes de analizarla hagamos un paréntesis.

Vemos, pues, que Mockus coincide con quinismo insolente que echa a la borda las convenciones dominantes. Mas también posee un espíritu constructivo, ilustrado. Mockus es el rechazo abierto a la vieja política pero con un proyecto social bajo el brazo.

En su Crítica de la razón cínica Peter Sloterdijk distingue al menos dos cinismos: el impulso quínico (del griego kyon: “can”), protagonizado por el griego Diógenes de Sinope, el “filósofo de la insolencia” que vivía en un tonel, comía y se masturbaba en la plaza pública y tenía al perro como estandarte de vida, y el ahora dominante cinismo de la falsa conciencia ilustrada, que resulta del sentimiento de fracaso de los ideales de la modernidad y se resume con el principio: “Sé que mis acciones perpetúan el estado de las cosas, aun así las hago”.

Pero hay otra clasificación que Sloterdijk no previó: el quinismo ilustrado. Algo así como un Diógenes con ideales de transformación social. Es en esta categoría donde entra Mockus. Basten algunos momentos en su trayectoria, como cuando siendo rector de la conflictiva Universidad Nacional de Colombia, tras los gritos y silbidos de los estudiantes, se bajó los pantalones y mostró su trasero en respuesta.

Recordemos también cuando, mientras sus contrincantes a la alcaldía optaron, digamos, por vías de proselitismo más convencionales, Mockus recorría las calles de Bogotá vestido de superhéroe o improvisando una canción de rap. Además, su boda en un circo arriba de un elefante durante su alcaldía ofrece otra de sus excéntricas postales.

Un acto más: Mockus fracasa en explicar verbalmente a un testarudo funcionario su pedagogía ciudadana para reducir la violencia. Al tipo le hacen falta algunas bofetadas que lo despierten, pero Mockus prefiere reducir el nivel de violencia: agarra un vaso y le lanza al rostro el agua. Su argumento: explicado en un acto.

Vemos, pues, que Mockus coincide con quinismo insolente que echa a la borda las convenciones dominantes. Mas también posee un espíritu constructivo, ilustrado. Mockus es el rechazo abierto a la vieja política pero con un proyecto social bajo el brazo.

Durante su candidatura a la presidencia Mockus bajó su impulso quínico como estrategia para ganar popularidad. Sin embargo, ya Mockus había creado un nuevo ethos político. Pero, lo más importante: deja la posibilidad abierta a que continúen surgiendo nuevas formas de ser político en una época en la que pareciera enraizarse la vieja política que todos detestamos. ®

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Publicado en: Agosto 2010, Política y sociedad


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