¡Aquí sí hay refil!

En tierras tapatías

Una vez más, ha comenzado la FIL. A las seis de la mañana del sábado bajé de un camión que venía de la Ciudad de México para pisar tierras tapatías, y si no fuera por las tiendas Oxxo, pienso, éstas sería más bien tierras baldías.

Vargas Llosa, su presencia y su nueva novela.

Vargas Llosa, su presencia y su nueva novela.

Conforme va amaneciendo las cosas cambian, autos y personas ya avanzan por las calles. La vida comienza aquí a las siete de la mañana, ya lo había olvidado.

Llegué al hotel donde dormiré toda la semana, ahí me recibió el librero mexicalense Francisco Franco y el poeta de Sinaloa Juan Esmerio, quien me regaló su libro de cuentos de amores efímeros y buzos que buscan perlas en las almejas: El profesor de la escafandra [Andraval Ediciones, 2013].

La ceremonia de inauguración de la vigesimoséptima edición de la FIL, a las once de la mañana, es sosa e interminable; con un pésimo orador como es el gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval; la entrada tardía del premio Nobel Mario Vargas Llosa —asiduo a esta feria de libros; Raúl Padilla López, presidente de la FIL, de rostro agotado y voz salpicada de flemas; la nueva directora de la FIL después de la era Nubia Macías, Marisol Shulz Manaut, y otras intervenciones lánguidas y largas que tratan de seguir el guión pseudo alegre de “¡la fiesta de los libros!” Valdría más escapar de ese sitio para ir en búsqueda de un lugar donde poder tomar un café.

En el primer día de actividades de la Feria encontré algunos libros que sin ser novedades llamaron mi atención: Border pop: texturas, interferencias y diálogos, del tijuanense Rafa Saavedra, y Monstruos, ánimas y distopías, de Mauricio Ramos. Ambos del Fondo Editorial de Baja California.

“Si alguien exclama: ‘El futuro es mío’, ¿qué le dices? No le diría nada y me haría a un lado para dejarlo pasar. Lo vería como un auténtico pendejo. Temerario y estúpido. Si apenas nos sostenemos en el presente”.

Rafa Saavedra, quien falleció recientemente, reúne en Border pop primeras y segundas versiones de textos publicados en publicaciones como Caviar Izquierda, Literal, Picnic, Quo, Replicante y Tierra Adentro, así como en el suplemento Laberinto del diario Milenio, y Courier International.

En la página 83 se lee lo siguiente: “Si alguien exclama: ‘El futuro es mío’, ¿qué le dices? No le diría nada y me haría a un lado para dejarlo pasar. Lo vería como un auténtico pendejo. Temerario y estúpido. Si apenas nos sostenemos en el presente, proyectar de manera tan categórica algún tipo de dominio sobre el futuro es tan pretencioso como absurdo”, que pertenece al texto “Rubén Bonet y sus jaikús maníacos”.

Monstruos, ánimas y distopías, de Mauricio Ramos, trata de cinefilia y filosofía. En la introducción el autor advierte que no intenta evocar al cine de “alto rendimiento”, sino que “se trata más bien de un inventario ingenuo, tan disipado como irregular”. Así el cine de ultratumba, de monstruos metafóricos y zombies brota para ser filosofado, tal como su portada lo indica con el rostro mítico y pálido de Nosferatu con “dientillos de roedor”.

En el cine se puede “pensar y parodiar la realidad, es fuente de aporías y desconciertos, cumple la función de todo arte sustancial”, dice el egresado de la carrera de Filosofía de la Escuela de Humanidades de la Universidad Autónoma de Baja California.

Paul Medrano.

Paul Medrano.

Entre operativos militares y policíacos poco ordenados para evitar situaciones complicadas llega la tarde a la FIL, con la presencia del presidente de Israel, Shimon Peres. Ya se alistan escritores estupendos como el narrador local Antonio Ortuño y el escritor defeño radicado en Nueva York Naief Yehya, para hablar, cada quien por su lado, sobre sus libros La fila india y Pornocultura, respectivamente.

Me dirijo al stand J-20 del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y la Artes para conocer la novela negra de Paul Medrano [ITCA, 2013], periodista y literato nacido en Tamaulipas pero que vive y trabaja en Guerrero, desde donde entrelaza la violencia y el humor para narrar Deudas de fuego, novela ganadora del segundo Concurso Nacional de Novela Negra 2012.

Entre tantas cosas, memorables y no, sigo pensando que asistir a la Feria cada año vale la pena, pues es un espacio de constante ventilación de ideas, lecturas y opiniones, y también un punto de encuentro con muchos viejos y nuevos amigos. Además, como me lo dijo un compañero periodista tapatío en la sala de prensa: “Aquí el café sí tiene refil”. ®

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Publicado en: Diciembre 2013, FIL


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