Arte y estética en la cárcel

Desmantelar el orden

Más que una entrevista, la siguiente es una disertación de Laura Balboa y Ricardo Caballero sobre arte, estética y catarsis en la cárcel. Estos artistas imparten talleres de arte en un par de reclusorios de la Ciudad de México desde hace casi diez años.

“Es tan metafórico como el salir y entrar de uno mismo, al final es lo que realizo cuando firmo mi hora de entrada y de salida”, dice Laura Balboa.. “Asisto a estos lugares porque me interesa conocer y contemplar de cerca la condición humana y al mismo tiempo adquirir lucidez y certeza de la gente que los habita”, añade Ricardo.

El proyecto nació a partir de una iniciativa por parte de una psicóloga del Centro Varonil de Rehabilitación Psicosocial (Cevarepsi) que buscaba integrar a los internos-pacientes a un conjunto de actividades artísticas: teatro, música y pintura. En el programa se solicitaban servidores sociales para impartir los talleres. En aquel tiempo Ricardo Caballero se acercó a esta iniciativa por mera curiosidad, después asistió al centro, conoció el proyecto y sus alcances y desde que tuvo el primer contacto con la población le surgieron intereses reales que persisten hasta la fecha. Desafortunadamente, las demás actividades artísticas fracasaron dada la complejidad de trabajar con pacientes psiquiátricos, más aún bajo esas circunstancias.

Meses después Ricardo se integró al dormitorio de psiquiatría de Tepepan dirigido a población femenil para impartir un segundo taller. En 2009 Laura Balboa se integró como tallerista en este grupo; todo esto sucedió a finales de 2002 y ambos talleres continúan hasta la fecha.

—¿Cuáles fueron los objetivos iniciales? ¿Esos objetivos y propósitos fueron mutando a lo largo del desarrollo docente?

R: Pienso que al principio se buscaba establecer un método de análisis de las obras obtenidas por los internos-pacientes y que en cierta medida éstas serían examinadas por los ojos “científicos” de la institución penitenciaria. Lo anterior no sé si sucede o ha sucedido. Algo evidente era que todo se conducía a partir de horarios rígidos y al interno prácticamente se le obligaba a tomar la actividad. Con el tiempo esto cambió y la actividad se relajó de manera que ahora los internos asisten por voluntad propia y el número es constante. Esto es vital porque existen personas cuyo padecimiento les impide tomar una clase práctica. Por tal motivo se ha buscado medios para poder acceder a esta población más vulnerable y otros sistemas de trabajo.

L: Los propósitos han ido cambiando porque las condiciones siempre son volátiles, precarias e improvisadas. También hay ciertos factores que son constantes en tanto que el entendimiento del entorno está muy ligado a mantener cierta integridad personal, física y emocional.

—¿Han existido transformaciones en el alumnado a partir de esta actividad? Es decir, ¿realmente existen o es sólo una canal catártico?

La actividad creativa abarca y toca muchos aspectos de los internos. Considero ligeramente absurdo ocupar el sitio de un instructor de dibujo y pintura. Pienso es que más importante entender que uno, como artista, debe hacer exploraciones en todos y cada uno de los personajes que conoce. Todos posen inquietudes diferentes y motivos formales e ideológicos que conducen su trabajo.

R: Innegable. La actividad creativa abarca y toca muchos aspectos de los internos. Considero ligeramente absurdo ocupar el sitio de un instructor de dibujo y pintura. Pienso es que más importante entender que uno, como artista, debe hacer exploraciones en todos y cada uno de los personajes que conoce. Todos posen inquietudes diferentes y motivos formales e ideológicos que conducen su trabajo. La actividad artística detona y condiciona muchas conductas paralelas que acompañan la actividad. Los internos, hombres y mujeres, al momento de trabajar hablan mucho de sus vidas, de su situación en la cárcel y de lo que el porvenir les tiene medianamente asegurado. En muchos casos los asistentes no buscan “aprender” a pintar o a dibujar (ellos ya saben hacerlo), buscan un consejo y alguien con quien charlar y compartir sus inquietudes. Persiguen romper con el hastío y la monotonía que significa estar encerrado, en algunos casos, durante décadas.

L: Para hablar de transformaciones habría que separarlas de un pensamiento lineal si es relacionado con el término de rehabilitación. Este concepto para mí no encaja para nada en lo que se hace en el proyecto. Como lo mencioné antes, la labor de enseñanza no consiste en generar algún “progreso” o terapia, sino en construir momentos no lineales de empatía, de mirar el entorno de manera distinta y por lo tanto de configurarlo a través de una visión muy personal, de lo que son ellos desde su identidad, origen y percepción, hacerlo además a través de la creación. Mi labor consiste en observar, subrayar, conducir, traducir y registrar esos momentos. Ahora, hablando de catarsis, la práctica catártica se da fuera y dentro del taller. Es inevitable y es el pan de cada día, se da automáticamente por las condiciones inherentes al encierro. Se da de formas agresivas, violentas, caóticas, afectivas y amorosas también. Muchos de esos gestos son traducidos en la práctica del taller y a través de nosotros alentando la realización de dibujos, gestos, pinturas, textos y objetos, lo que sea más sencillo para cada participante según su estado anímico.

—Qué hay, por ejemplo, de la sensibilidad hacia la percepción de la estética. ¿Hay tal?

R: ¿Qué es la estética, dónde radica y quién la define? Hay que entender que la percepción del entorno y la realidad de una persona que arrastra un padecimiento psiquiátrico posee sus particularidades que merecen especial atención. No sé si hay que redefinir la idea de la estética partir de los alcances y las interpretaciones de la enfermedad mental o bien los fenómenos plásticos que se gestan en el entorno sanitario-penitenciario deban ser “estetizados”. En ambos casos lo contemplo como un acto arbitrario y unidireccional.

”Existe una serie de condiciones, esencialmente educativas, que definen la idea de “arte”, no sólo en el interno sino en todos nosotros. A lo largo del tiempo he conocido una cantidad importante de personas en reclusión que en su labor creativa tienen resultados extraordinarios. Lo extraño es que ellos, o ellas, no pretenden hacer “arte” y por lo tanto (me atrevo a convertirme en la piedra que hará tropezar mi propio pie) lo que hacen no es una obra artística. Algo parecido sucede en los museos y galerías cuando algún artista apila u ordena basura y lo señala como arte. En el segundo caso es más una tomadura de pelo que otra cosa.

”La idea de lo bello y la armonía puede adquirir matices distintos para alguien que percibe la realidad en algunos casos como un insufrible tormento. Siempre que alguien me pregunta por qué decidí dar clases en cárceles psiquiátricas respondo que es como asistir a la academia de artes en una especie de backward aleatorizado. Hay que desmantelar el orden de lo entendido en cada clase y a cada minuto.

L: Mi acercamiento nunca viene del juicio. Es mucho más primario y humano. Sé que están ahí por alguna razón contundente o absurda pero me interesa mucho más encontrar en sus personas los rasgos aleatorios de reconocimiento de sus gustos, pasiones, emociones, capacidad de síntesis, habilidades, conocimiento automatizado y, por supuesto, sensibilidad. Todas y cada una de las asistentes al taller han podido mostrar y trabajar en algo que habla sobre sí mismas y que contiene cualidades estéticas muy particulares; algunas lo valoran en términos de cómo aprendieron a reconocer la estética de lo “bello” o incluso a nivel de oficio, esfuerzo o complejidad, pero también prevalece una tendencia común a sobrevalorar las cosas que resultan más reconocidas por la historia del arte popular o clásico. Intento mostrarles que el valor está en todas las manifestaciones, ya sea abstractas, textuales o “primitivas” porque son resultados genuinos de su ser. Intento orientar su ejercicio creativo para que el resultado sea cada vez más de ellas. Supongo que eso es lo que yo puedo aportar, que puedan practicar de formas consistentes su decir y reconocerlo como suyo. Por otro lado, muchas de ellas por su delicado estado de medicación apenas si pueden ejecutar alguna cosa de forma constante o entablar conversaciones más allá de tres palabras, aunque varias veces al final del día se logra llegar a un buen resultado.

—¿Cuál es el proceso? ¿Cómo es, digamos, la estructura y la “atmósfera” que se vive en una clase?

R: Dista mucho entre las poblaciones a las que va dirigido el taller. Muchas veces los hombres tienen algo metido en la cabeza que elaboran y le otorgan soluciones. En el caso de las mujeres, optan por elegir un tema muy particular, que puede ser desde imágenes de la naturaleza, retratos y figuras femeninas. A los participantes se acercan por voluntad propia se les invita a trabajar en lo que deseen. En muchos casos es raro que se les dé la libertad de opción en cuanto a su trabajo, las confunde un poco. Hay que establecer diálogos para poder entender qué es lo que desea o bien qué le gustaría hacer. No es fácil para nadie enfrentarse a una superficie vacía y que te digan “Haz lo que quieras”. En los tiempos definidos por el taller el ambiente es de relativa cordialidad y desenfado, ya que para ellas —y ellos— es un momento de respiro.

L: El proceso es tan normal cómo en cualquier taller de artes plásticas, consiste en llevar materiales como cartulina, pintura, pinceles, godetes, lápices, crayolas. Lo complicado viene en la dinámica de interacción, las condiciones propias del espacio carcelario en un país como el nuestro, el notable abandono familiar de varias reclusas, entre otras cosas. El entorno siempre muta, por eso se requiere de un esfuerzo especial de atención, una especie de estado de alerta. Asisten quienes lo desean, no se les obliga en lo absoluto. Muchas asisten por curiosidad y permanecen más o menos constantes. La actividad es muy positiva en relación con sus expedientes, les beneficia porque la institución nos han integrado al programa de eventos culturales propios del reclusorio. Trabajamos siempre en colaboración con ellos.

”Lo más difícil para mí ha sido mantener un ambiente de calma y cordialidad, hacerles saber que el trabajo de cada una es igualmente valioso, evitar que todos riamos a rienda suelta cuando alguien hace un chiste o comenta algo gracioso y no involucrar mi salud emocional negativamente a la experiencia de moldearme y ser flexible para estar allí como un gesto de respeto y gratitud a lo que puedo aprender del lugar, su población, sus reglas y de mí misma.

—He leído que la intención de algunos talleres de teatro en reclusorios es la confrontación, o por lo menos ésa es una de la metas, además de que funge como elemento conciliador entre el sujeto infractor y la sociedad de afuera. En el caso de lo gráfico ¿cómo se concibe esta relación?

R: El discurso gráfico es más personal e íntimo. Las reflexiones que se desprenden de cada trabajo obedecen más a inquietudes de cada participante del taller. Existen circunstancias donde la colectividad es notoria cuando se comparten opiniones acerca de un trabajo o la pieza de un compañero o compañera. La individualidad que exige la práctica, en este caso, del dibujo o la pintura es completamente lógica; es un momento de reflexión propio y que se comparte y expone en el instante de la conclusión de la obra. El proceso creativo en su etapa inicial debe ser egoísta, porque así debe ser.

”Mencionar la idea del teatro como pretexto conciliador es curiosa. Por principio, no ubico un proyecto de teatro específico y dirigido para internos-pacientes porque lo anterior exigiría la reestructuración de lo que se entiende por artes escénicas. Por otro lado, he visto algunos proyectos de performance que se ha gestado en los centros penitenciarios, los cuales sólo me han generado vastas dudas y sospechas.

L: Me es difícil hablar de conciliación porque la dinámica es azarosa, caótica y espontánea. Se confrontan con ellas mismas, es más introspectivo. No existe una moral generalizada que pueda persistir en todas. La interpretación de la realidad es muy diferente. Lo que sí noto es que pueden ser empáticas o tiranas a través de la religión o los credos. Hay quienes tienen conciencia de sus afecciones y de la idea de sociedad, del afuera, del adentro, nociones ético-morales personales, y hacen alusión a ello desde su perspectiva, imaginación o alucinaciones. Todas están bajo la administración de algún medicamento y esto hace que su comportamiento sea muy distinto incluso de un día a otro. También depende de sus reacciones y mejoría al tratamiento administrado.

”La abstracción de lo gráfico expone características de personalidad muy singulares y sobre todo de información aprendida aunada a sensibilidades natas en cualquiera de nosotros. Es un buen ejercicio intentar establecer un diálogo sobre los porqués de sus representaciones, que busquen un título o explicación breve sobre lo que hicieron en clase, en color, en forma, en textura. Aunque en apariencia no sea supuestamente “coherente”. Me interesa que se reconozcan a sí mismas valiosas, creativas y expresivas.

—¿Existen patrones temáticos o estéticos en los trabajos de las reclusas? ¿Podríamos hablar de un hilo discursivo?

En el caso de las mujeres que se encuentran en la cárcel los ejes temáticos son claros y en muchos sentidos señalan su propia condición. Siempre me ha sorprendido que las mujeres pinten mujeres. Es muy común que se ilustre a la mujer viviendo el encierro y el sufrimiento ya sea por la separación de lo que entendemos como una idea de libertad o bien por sus hijos y el hogar.

R: Sí. En el caso de las mujeres que se encuentran en la cárcel los ejes temáticos son claros y en muchos sentidos señalan su propia condición. Siempre me ha sorprendido que las mujeres pinten mujeres. Es muy común que se ilustre a la mujer viviendo el encierro y el sufrimiento ya sea por la separación de lo que entendemos como una idea de libertad o bien por sus hijos y el hogar. También hay una predilección muy particular por imágenes de paisajes o la naturaleza. Existe cierta empatía por las cosas que crecen y que merecen atención y cuidados; más que cosas bellas son cosas que ostentan pureza.

L: Creo que mucho del comportamiento que permea sus relaciones es naturalmente maternal. Lo contiene la biología femenina. Creo que el grafismo de cualquier ser humano encierra cierto discurso al menos expresivo, ya sea consciente o subconsciente, manipulado o conducido. En términos de apreciación estética son visibles ciertos patrones muy marcados, en la preferencia por algún material, la repetición de un objeto o situación representada, la elección de colores, el trazo, el formato. Me vienen a la mente algunos trabajos maravillosos. Por ejemplo, M. comenzó por calcar con papel carbón los contornos de imágenes religiosas (que son las que le interesan) porque supone que “no sabe dibujar”, calcar le da autoconfianza. Ubicar esto como una estrategia de trabajo específico para ella ha sido importante. Sólo un área la traza sin calcar: el rostro o rostros de los santos, ángeles o dioses. Es un gesto de reconocimiento de la identidad muy particular. Luego procede a pintar y rellenar con óleo o acrílico los colores que reconoce en la imagen. El resultado es único. C., cuyo trabajo es frenético y abundante, dibuja dentro y fuera de clase, recorta trozos de fotos o ilustraciones de revistas que replica a lápiz en hojas de papel para posteriormente adjuntarle en el mismo espacio la imagen modelo. Las constantes de elección de esas imágenes es excepcional.

—¿Cómo incide esta experiencia en sus propias producciones artísticas? ¿Qué tan independiente es una experiencia de la otra?

R: Esto es vital e importante. Hay que definir fronteras y cercanías en el trabajo que se realiza con este tipo de personas y el contexto en el que se encuentran. A lo largo del tiempo he conocido proyectos artísticos que pretenden involucrar a este tipo de personas y concretamente el concepto de la prisión. Es muy simpático cómo el espectador de estos proyectos, cómodamente situado en los peldaños de los organismos culturales y artísticos, puede hacer una lectura teñida por la sorpresa y el asombro: “¡Oh, estos artistas trabajan y hacen su obra en cárceles junto a gente indeseable. Es increíble!” Patrañas.

”Es muy común ver obras artísticas que responden con meticulosidad a las exigencias impuestas por algo llamado Reclu-Fashion; trabajar con cosas y en circunstancias que tienden a lo espinoso y con cierta dosis de peligro. Más aún: podemos concebir un espacio de exhibición, en un museo de mediana importancia, en donde recreemos las precarias condiciones de las cárceles de México; ya saben, ambientes lóbregos que ilustren la violencia, escenarios colapsados y rotos que refieran miseria y desolación, etcétera.

”Existe en todo esto un correlato ético que habla precisamente de la población con la que se trabaja y con el cual no se juega. Es tonto capitalizar una obra en pos de reconocimiento público y a expensas de una población encarcelada y sometida al anonimato. Supongo que nadie tiene derecho a lo anterior.

”Existe una relación tácita entre el trabajo que realizo como artista y la labor educativa en los centros de detención hospitalaria. Yo aprendo mucho de la gente con la que trabajo y entiendo el desenfado que existe a la hora que en hablan o están creando algo. Es una lección invaluable saber que existen otros modos de interpretación del mundo y que uno tiene el privilegio de contemplarlos de cerca. Sí existe una división entre estar adentro y lo que uno puede extraer y depositarlo en el exterior. En otros espacios de la vida ordinaria regularmente evado el tema y procuro ocultar que trabajo en prisiones para enfermos mentales. La gente no lo cree de entrada y me da pereza el acto del convencimiento.

L: En mi producción me auxilia a ejercer la valoración de mis sensibilidades y así configurar la dinámica de trabajo que necesito. También reconocer que soy vulnerable y que mientras mi producción se mantenga fiel a lo que soy entonces podrá ser apreciada sin mayores complicaciones. Creo que desmitificar la labor del artista incomprendido, iluminado y casi único en el mundo me otorga alivio y me quita cierta tensión creativa. A veces veo en el taller resultados de cosas increíbles que yo no soy capaz de realizar. Es un ejercicio de humildad. Hace mucho no creía en la identidad personal como herramienta de trabajo; he trabajado desde identidades alternas, anónimas y colectivas, ahora estoy en otro proceso donde quiero explorar ese mismo sentido pero regresando al punto que evitaba al principio, es decir, quién soy, cómo me llamo, qué me constituye, quién me rodea, que he dejado de ser hasta ahora. ®

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Publicado en: Arte contemporáneo, Destacados, Julio 2011

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