Aurora Lee y la novela inconclusa de Nabokov

Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, de Eduardo Lago

Eduardo Lago toma de pretexto la obra inconclusa de Nabokov El original de Laura para escribir una novela negra que renueva el género. Una charla con el escritor español.

Siempre supe...

Siempre supe…

Eduardo Lago pasa inadvertido entre el barullo de la gente que un viernes por la tarde come pizza y bebe cerveza de barril en el patio de la casona de Donceles 66, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Ahí se encuentran las oficinas de Jus, la editorial responsable de la distribución de los libros de la recién nacida Ediciones Malpaso, ya con un amplio y atractivo catálogo de títulos en librerías y distribución en Buenos Aires, Barcelona y ahora en México.

Traductor y crítico español, Eduardo Lago reside en Nueva York desde 1987. Entre sus traducciones más destacadas están las de Henry James, Hamlin Garland, William Dean Howells, Charles Brocken Brown y Silvia Plath. Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee (Malpaso Ediciones, 2014) es su tercera novela. Un microcosmos narrativo en torno a El original de Laura (Anagrama 2007), novela inconclusa de Vladimir Nabokov, quien en 1977 pidió a su mujer que la destruyera en caso de no alcanzar a terminarla. Véra Nabokov no respetó su voluntad y a la muerte de ella, en 1991, la decisión recayó en Dmitri, quien finalmente decidió publicar lo que él consideraba “una obra maestra embrionaria”, que consigue sumergir al lector en la gran prosa de Nabokov, pretexto que Eduardo Lago toma para conseguir una intertextualidad entre las dos obras. Añadan a Flaubert, a Balzac…

Apenas cae el sol. Luego de subir por unas oscuras escaleras camino por un pasillo con unas cuantas macetas. A lo lejos veo a Eduardo Lago recargado en el barandal, pensativo, con la vista absorta en las personas que se divierten entre pedazos de pizza y tarros de cerveza. Hablaremos de su última novela acompañados de cervezas Victoria. Antes de comenzar le digo que sólo nos hace falta el dominó para amenizar la charla.

—Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee es una novela rara en el panorama actual de la literatura de habla hispana, aunque también debe decirse que no deja de lado ese humor que tanta falta le hace hoy a los autores —sobre todo a los jóvenes—, con ciertas inclinaciones hacia el Chesterton policíaco y, claro, a Vladimir Nabokov y la novela negra.

—Se puede empezar por muchos sitios y uno de ellos es hacia dónde va en estos momentos la novela negra. Me parece muy interesante, ya que ahora mismo ese género ha conseguido atraer a todo el mundo, se ha convertido en algo que ya estaba, evidentemente; por lo tanto hay ciertos lugares que se encuentran dentro de Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee que sí son deliberadamente buscados. Me ha parecido muy inteligente tu observación respecto a Chesterton, ya que se trata de un autor que combina el humor del que hablamos con cierto tipo de novela negra.

—¡Vamos!, hasta tiene un libro que se llama ¿Cómo escribir relatos detectivescos? que a mí me parece muy bueno: Chesterton ironiza sobre las fórmulas clásicas para escribir relatos, pero a la vez te proporciona sus propias recetas.

—Y esa es la clave. Lo que hay de novela negra en Siempre supe que volvería a verte… es de manera irónica y paródica, pues me burlo un poco del género. En realidad me propuse hacer una reflexión de hacia dónde va la literatura porque lo que a mí me revela el hallazgo de las fichas de Nabokov, publicadas ya por su hijo, es un autor que tiene la voluntad de desaparecer en medio de un contexto donde no se sabe muy bien cómo se puede escribir. ¿Sabes?, me produjo una especie de ataque de ansiedad: ¿qué hago con esto?, ¿qué quería hacer este hombre, Nabokov?, ¿cómo se puede continuar lo que él deja inconcluso? Lo que me llevó a una de las primeras frases de Siempre supe que volvería a verte…: “Esta historia empieza y termina como un libro, como se decía cuando todavía había novelas”.

En realidad me propuse hacer una reflexión de hacia dónde va la literatura porque lo que a mí me revela el hallazgo de las fichas de Nabokov, publicadas ya por su hijo, es un autor que tiene la voluntad de desaparecer en medio de un contexto donde no se sabe muy bien cómo se puede escribir.

—Sin llegar al fatídico pronóstico del fin de la novela…

—Estamos en un momento postapocalíptico donde bien a bien no se sabe qué va a pasar con la literatura; ahora mismo, si uno escribe novelas, cómo es que las escribes.

—En esta novela también apuestas por una crítica feroz a la industria editorial… Y hay nombres de autores de best–sellers que, aunque no son reales, son perfectamente reconocibles. Y también hay autores como Conrad, Chandler, Flaubert, Balzac, etcétera. Una conclusión, al terminar la lectura de la novela, es que las obsesiones temáticas de los autores se reciclan, que nada nuevo hay bajo el sol, lo cual, más que ser un lugar común o una frase trillada, nos demuestra las limitaciones que tiene la literatura en cuanto a sus distintas maneras de expresarse.

—Ahora mismo nos encontramos en un momento de la historia de la literatura y de la novela en donde realmente no se sabe con certeza hacia dónde va a ir todo. Mira, el otro día escuché un comentario de un joven que me entrevistó: “Tú has escrito una novela que la gente va a tardar mucho tiempo en entender de qué va, y además necesitará de un aparato crítico que aún no existe”.

—¿Y qué le dijiste?

Eduardo Lago.

Eduardo Lago.

—Pues primero le hice ver que lo que me decía era muy interesante, luego le pedí que me consiguiera pronto el lenguaje crítico al que se refería para entender lo que yo había hecho. Tú lo has captado a la perfección: frente a la carga literaria que se presenta en Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee está el humor, el cual sirve para contrarrestar la primera parte.

—Seré sincero contigo, Eduardo. Mientras leía la novela no pude evitar ligarla a dos autores que tal vez no tengan nada que ver, pero que en esos momentos era lo que a mí me llegaba, tal vez por el manejo de las estructuras y el juego con la verosimilitud de los personajes, o quizás por los segundos planos detectivescos. El primero de ellos es Enrique Vila–Matas y El mal de Montano (Anagrama 2011), ahí mismo está el autor como un personaje y la idea literaria de desaparecer; por otra parte, pensé también en Murakami, por lo novedoso de algunas de tus propuestas, y en el fondo deseaba encontrarte más afinidad con Vila–Matas, pues aunque es un autor que no termina de convencerme, lo hace más que Murakami, a quien no considero destacable más allá de una o dos novelas.

—Soy muy buen amigo de Vila–Matas y es mucha nuestra cercanía. De hecho, él siguió muy de cerca la gestación de la novela porque nos escribimos con frecuencia y yo lo mantenía al tanto de su progreso. La novela surge en un viaje a París donde, tras dictar una conferencia, una artista francesa me comentó que le recordaba mucho a la última novela de Nabokov y me preguntó si la conocía. Para nada, le contesté. Pues búscala en cuanto regreses a Nueva York. En cuanto vi las fichas de Nabokov lo primero que descubrí fue una afinidad en cuanto a la manera de entender la literatura, y entonces me entró una especie de vertigo: entendí lo que había querido decir Nabokov.

—¿Y de Murakami?

—Es un autor limitado con una enorme facilidad para la magia verbal. Está bien, pero coincido contigo en que no llega demasiado lejos. Puedes leer a lo mucho libro y medio, ¿por qué?, porque el primero, sea el título que sea, te fascina; con el segundo, cuando llegas a la mitad, como lector dices Ya me sé esto, y a partir de ahí cualquier otra novela que empieces de él es lo mismo.

—¿Qué te dijo Vila–Matas del proyecto?

—Le mostré el original y me preguntó: ¿Y ahora, Eduardo, qué vas a hacer con esto?, ¿cómo lo piensas resolver?, porque, claro, no puedes terminar una novela que deja inconclusa Nabokov; si lo haces, la gente va a decir, ¿este Lago se cree que es Nabokov?, y le contesté: No, no te preocupes, tengo un sistema muy interesante…

Lo que pasa con Nabokov, es la mitad de la novela; la otra mitad es lo que ocurre afuera, por lo que al inventarme a los personajes tenía que inventar no sólo a seres humanos con vida sino con historias de amor, con frustraciones, y de aquí surge alguien a quien le transmito mis obsesiones temáticas, que es uno de los dos escritores que se presentan en la novela, y el otro, que es un escritor profesional de la literatura, un escritor fantasma. Se trata de un juego de espejos, una bolsa gigantesca donde intenté meter toda la historia de la literatura contemporánea.

—Que es el del escritor fantasma que aparece en la novela.

—Hice toda una investigación en las agencias literarias, porque los escritores fantasmas se ocupan de escribir cualquier cosa que se les pida y luego desaparecen. Y ese anonimato de la literatura era lo que a mí me interesaba en Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, la parte central, lo que pasa con Nabokov, es la mitad de la novela; la otra mitad es lo que ocurre afuera, por lo que al inventarme a los personajes tenía que inventar no sólo a seres humanos con vida sino con historias de amor, con frustraciones, y de aquí surge alguien a quien le transmito mis obsesiones temáticas, que es uno de los dos escritores que se presentan en la novela, y el otro, que es un escritor profesional de la literatura, un escritor fantasma. Se trata de un juego de espejos, una bolsa gigantesca donde intenté meter toda la historia de la literatura contemporánea.

—Cuéntame más de esa experiencia al investigar el mundo del escritor “negro”.

—¡Son extraordinarios!, tienen una profesionalidad de la literatura asombrosa. Antes de venir a México fui a una fiesta en la Quinta Avenida, ya sabes, una mansión de unos señores que daban un concierto. Había gente muy interesante, de todo tipo; me tocó conocer a un escritor fantasma y le pregunté por lo que había escrito, y resultó que había escrito la biografía de John Gleen, el astronauta, pero con su nombre. Sin ir más lejos, ahora mismo una amiga española escribe la biografía de una de las amantes de Fidel Castro, y como la señora ya perdió la memoria es muy difícil controlar los elementos que cuenta, por lo que hay que contrastarlos, y uno de los problemas es encontrar una voz narrativa que sea convincente, que es en parte lo que hace mi personaje, quien cuenta, mediante las entrevistas, una realidad de lo que pasó y que luego yo reelaboro para llegar a Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee. ®

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Publicado en: Libros y autores

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