Buenos Aires sobre el diván psicoanalítico

Entrevista con François Dosse

Desde hace más de tres décadas el investigador François Dosse (París, 1950) decidió explorar, siguiendo las prácticas metodológicas e historiográficas de la célebre Escuela de los Annales, la historia intelectual francesa, concentrándose en el estructuralismo —obra a la que dedicó dos tomos esenciales, El campo del signo y El canto del signo— enarbolando una manera de hacer historia que quedó explicitada en su obra de método La historia en migajas.

François Dosse.

François Dosse.

Si bien ha publicado un libro sobre Michel de Certeau y una apasionante biografía intelectual de Gilles Deleuze y Félix Guattari, así como libros de teóricos sobre su disciplina e incluso un libro de entrevistas con Pierre Chaunu, su obra más reciente publicada en castellano versa sobre la vida y obra del teórico, hermeneuta y antropólogo Paul Ricoeur (también llamado filósofo de la escucha), titulada Los sentidos de una vida y publicada por el Fondo de Cultura Económica en este año.

—Para entrar en materia, quisiera preguntarte, desde tu perspectiva histórica, ¿qué fue lo que pasó con la filosofía continental de la segunda mitad del siglo en Francia? ¿Cuáles fueron los alcances del estructuralismo?

—Vivimos un momento muy fuerte de difusión del pensamiento francés, hasta el punto que al fenómeno se le da una denominación anglosajona, French theory, y que cristalizó en torno a un paradigma que es el estructuralismo, del cual escribí su historia, traducida y publicada en español por la editorial Akal. Ese tiempo estructuralista conoció su apogeo en 1966, pero hubo una época de ascenso de ese paradigma cuyas características fueron que el pensamiento se presentó como un pensamiento del concepto, con una vocación científica, muy nutrido por las ciencias humanas, con una ciencia piloto que fue la lingüística y una disciplina piloto dentro de esa configuración teórica que fue la antropología estructural cuyo representante más conocido fue Claude Levi-Strauss. Sobre esa base hay una serie de pensadores identificados con el estructuralismo. Buena parte de los psicoanalistas en Francia se situaron detrás de Jacques Lacan; en la crítica literaria se agruparon en torno a Roland Barthes, Gérard Genette y Todorov, y una forma del marxismo epistemológico se forjó en torno a Althusser, lo que redundó en la configuración de un paradigma que pretendía ser hipercrítico, buscando la verdad como verdad oculta a través de la interdisciplinariedad para hacer avanzar el conocimiento con la idea de construir leyes en el ámbito de las ciencias humanas.

Buena parte de los psicoanalistas en Francia se situaron detrás de Jacques Lacan; en la crítica literaria se agruparon en torno a Roland Barthes, Gérard Genette y Todorov, y una forma del marxismo epistemológico se forjó en torno a Althusser, lo que redundó en la configuración de un paradigma que pretendía ser hipercrítico.

—¿Crees que siguen vigentes las inquietudes y problemáticas del estructuralismo? ¿Es parte todavía del debate filosófico actual francés o ha devenido un fenómeno de mero análisis historiográfico?

—Por su supuesto que ya no es más el mismo momento de entonces, y podemos decir que la situación ha dado un vuelco desde la década de los sesenta hasta de los años noventa, cuando luego de sobrevalorar la estructura se absolutizó al sujeto, deseando escapar a diversos condicionamientos. Pasamos de un extremo al otro y ahí es donde hay que considerar, como figura principal, el papel de Paul Ricoeur, quien recorrió todo el siglo (1913-2005). Ricoeur hizo la travesía del estructuralismo y dialogó con Levi-Strauss, con los psicoanalistas, con la Escuela de los Annales y tuvo clara la necesidad de un pensamiento del signo que redundó en la semiología; él fue capaz de marcar los impasses de ese paradigma, debido a la distancia que estableció con la moda estructuralista.

—Tanto en México como en Argentina, los interesados en teoría literaria hemos leído mucho a Paul Ricoeur, pero creo que, generalizando, en América Latina es mucho más estimulante y provocativo hablar de tu trabajo sobre Deleuze y Guatari a través la biografía cruzada que escribiste. ¿Cómo esperas que sea leída esa obra en el ámbito latinoamericano?

Si tomamos, por ejemplo, su último gran libro Memoria, historia y olvido y el tema de los vínculos entre la historia y la memoria como se plantean en América Latina en general y en Argentina en particular, vemos que acá conllevan mayor intensidad, mayor agudeza, de manera más cruel y más emocional que en Francia.

—Creo que las preguntas que plantea un tipo como Paul Ricoeur son tan pertinentes en América Latina como en la vieja Europa. Si tomamos, por ejemplo, su último gran libro Memoria, historia y olvido y el tema de los vínculos entre la historia y la memoria como se plantean en América Latina en general y en Argentina en particular, vemos que acá conllevan mayor intensidad, mayor agudeza, de manera más cruel y más emocional que en Francia. Ese libro podría ser considerado más útil para ustedes que para nosotros. En ese plano Ricoeur tiene mucho más que decirles que Deleuze, puesto que Ricouer fue un “pasador” de ideas y de varias tradiciones: la de la filosofía continental, la tradición reflexiva francesa y la filosofía analítica anglosajona. Él es un excelente introductor a todas esas corrientes.

”Entiendo bien lo que usted está preguntando, y es cierto que en el plano de la creación artística propiamente dicha Deleuze estaba más cercano a los artistas, a los escritores y a los cineastas; pero si consideramos el ámbito de la literatura y de la crítica literaria encontramos en la obra de Ricoeur un aparato crítico con respecto a los modelos interpretativos sobre cómo leer los textos y cómo juegan en ese campo la figura del autor, del lector, del mundo y sobre todo la autonomización del texto con respecto al que lo escribe y sobre la cuestión del sentido que texto puede plantear, siempre con abiertas sedimentaciones de sentidos. Se trata de un tema que trabajó con Greimas, quien fue el maestro de pensamiento de Barthes, y que Ricoeur desarrolló plenamente en La metáfora viva. Él introdujo las variaciones imaginativas a través de la construcción de una poética, lo que es un tema universal. Ricoeur es un filósofo del hacer, un filósofo de la “capacidad de ser capaz” (capabilité), y eso vale para cualquier parte del mundo.

—Una pregunta obligada ¿porqué no trazar la historia intelectual, con tu metodología, de Michel Foucault?

—La obra de Michel Foucault es muy importante, me encontré con él en dos oportunidades, una cuando escribí La historia en migajas y ahí le di una importancia primordial a su trabajo. Considerando que él había deconstruido a la manera nietzschena la idea de totalidad histórica de manera global. Fue a través de La arqueología del saber como él consiguió desmigar la historia a través de una concepción de las historias y no de la Historia, un plural que lleva toda la impronta foucaultiana.

En Argentina ha sido un campo muy favorable sobre todo para la corriente lacaniana, que ha entrado con mucha fuerza y habría que ver por qué las cosas fueron así. Habría que hacer un psicoanálisis de Buenos Aires, o mejor, poner a la Argentina y a Buenos Aires sobre el diván psicoanalítico lacaniano.

”Mi segundo encuentro con la obra de Foucault fue cuando escribí la Historia del estructuralismo. Al comienzo de mi libro tomé una cita de Las palabras y las cosas que define al estructuralismo como una nueva mirada, la mirada de la modernidad como la define Foucault, antes de pasar de ese enfoque al de El nacimiento de la clínica y la gobernabilidad de sí mismo, un Foucault anterior al de El uso de los placeres y La inquietud de sí. Foucault es importante, como Derrida también, para pensar el acontecimiento como algo nuevo y pensar la escritura histórica como un proceso de “desacontecimiento”. Nunca me crucé con el personaje, sino con la obra.

—Para redondear y terminar la entrevista, una inquietud ¿crees que una probable historiografía en migajas como la que practicas, de Lacan a nuestros días, tendría que tomar en cuenta el caso de Buenos Aires en cuanto a tradición y práctica psicoanalítica?

—[Risas] Creo que sí, porque en Argentina ha sido un campo muy favorable sobre todo para la corriente lacaniana, que ha entrado con mucha fuerza y habría que ver por qué las cosas fueron así. Habría que hacer un psicoanálisis de Buenos Aires, o mejor, poner a la Argentina y a Buenos Aires sobre el diván psicoanalítico lacaniano. ®

—Intérprete: Miguel Paleo.

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Publicado en: Libros y autores, Octubre 2013

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