Canción animal

(sobre dos videos de Romain-Gavras)

En el insólito límite del salto de mata documental y la promoción viral Romain-Gavras propone por medio de dos propuestas de video un completo asalto al instinto más primitivo, aquel que resuena en lo más básico de nuestra conciencia y ataca a ese apartado del cerebro destinado a esa cosa rara que llamamos “moral”.

Versado en las artes visuales en movimiento desde niño, pues es nada más y nada menos que retoño del alguna vez controvertido y politizado cineasta griego Costa-Gavras, Romain formó junto con su amigo, el también cineasta Kim Chapiron, el colectivo de videoarte, hip-hop y graffiti Kourtrajmé en 1995. A medio camino entre el documental serio y la chacota Gavras junior desarrolló en esos experimentos callejeros de adolescencia un distintivo estilo visual de cámara en mano que documentaba sin cortes comerciales los modus operandi de aquellos grupos absolutamente negados por la realidad francesa.

El talento de Gavras no tardaría mucho en escalar hacia el mundo serio del cine por la vía del video musical, sólo que a diferencia de la mayoría, su visión se polariza en completo opuesto al glamour, la pirotecnia y fantasía previstas en la manufactura de un producto comercial, pues los sujetos de sus videos no son artistas, sino caras reales que representan a la fracción más vilipendiada de la población europea, que puesta en escena sobre su hábitat natural resulta muy lejana a los espacios envidiables de recreación que toda cápsula pop fabrica, cual artilugio de inalcanzable consumo. Enfocado en estos “visual outsiders” Gavras hace un uso insólito del video musical rehusándose a vender producto alguno, relegando la promoción musical a un segundo o hasta tercer plano, al grado que con cierta ignorancia puede llegarse a creer que sólo es el fondo de una pieza documental bien editada.

Muestra de ello es la adecuada conjugación de una banda llamada Justice para una canción llamada “Stress”. Allí Gavras nos expone como espectadores al seguimiento temerariamente cercano de una serie de púberes ultraviolentos, producto neto de los banlieues de inmigrantes parisinos, quienes descargan sin discriminación alguna en sujetos y objetos una ira incendiaria, sin aparente sentido ni fin más que el de mitigar esa furia ancestral de aquel que ha sido tratado como un fantasma, que se pensaba desaparecería a manos de su propia violencia y que ahora grita para acreditar su existencia.

Si bien el agitado ritmo en el que se marcan los asaltos de este grupo de hombrecillos recuerda a la Clockwork Orange de Kubrick y hasta a los enanos diabólicos del Come to Daddy de Cunningham, no hay una estética sofisticada que implique una demarcación entre ficción y realidad. Gavras muestra la brutalidad sin cortes y nunca ofrece a quien se atreve a mirar la calma de una exégesis que pueda mostrar una luz al final del túnel. Stress justamente provoca una tensión en quien lo mira, con todo y la distancia y seguridad que proporciona la pantalla, pues parece señalar el inicio de un movimiento civil pendiente y de posibles alcances universales, que no busca ideales ni utopías, sino que simplemente clama por los medios básicos de subsistencia.

El contenido resultó ser de tal controversia que YouTube lo eliminó de inmediato y la cacería en contra de Gavras y Aurulpragasm no se hizo esperar, calificándolos a ambos de insulsos provocadores que no ofrecían comentario alguno o punto de vista sobre la barbarie presentada, pese a que muchos identificaban directamente la anécdota con las leyes antiinmigrantes de Arizona.

Semejante incitación no podía pasar inadvertida y, lejos de promocionar a la banda Justice, recordó a la opinión pública francesa aquella herida aún abierta por los disturbios que hicieron arder París en 2005, justamente a manos de esta clase de ciudadanos no reconocidos por el patrón oficial. Pero lejos de despertarlos del letargo sistémico y convocar a la revolución anunciada, se aplicó el conocido recurso de satanizar la ficción para evadir la realidad y el periódico Le Monde honró a Gavras con el título de “el hombre más odiado” de Francia.

Inmune ante semejante condición, pues habrá que recordar que la controversia no es un agente extraño en los miembros de esta familia, Gavras se reúne con la igualmente politizada y polémica Maya Aurulpragasm (M.I.A) para crear una alegoría sobre la opresión a las minorías en ocasión de “promocionar” la canción “Born Free”.

Con un estilo mucho más americano que sus anteriores trabajos, Romain-Gavras construye una obvia puesta en escena en donde un operativo de combate altamente armado irrumpe en una marginada vivienda y somete brutalmente a varios de sus ocupantes hasta dar con un joven, en apariencia trivial, que al ser sumado al grupo de menores detenidos descubre que la empresa está destinada a la captura de una minoría aparentemente absurda: los pelirrojos. Pese al artificio presente, Gavras vuelve a su estilo realista y tras el arresto de los bermellones se muestra en una frenética pasarela la eliminación explícita de estos jóvenes, sin ofrecer el consuelo de sentir que se está frente a una fantasía.

El contenido resultó ser de tal controversia que YouTube lo eliminó de inmediato y la cacería en contra de Gavras y Aurulpragasm no se hizo esperar, calificándolos a ambos de insulsos provocadores que no ofrecían comentario alguno o punto de vista sobre la barbarie presentada, pese a que muchos identificaban directamente la anécdota con las leyes antiinmigrantes de Arizona.

Fuera o dentro de la controversia habrá que reconocer el talento de Romain-Gavras para conseguir de sus espectadores la respuesta instintiva, de terror primario y animal que cuestiona el frágil estado de la moral de un mundo en perpetuo estado de negación. Tras ser sometido a sus visiones, dependerá de quien mira el reconocer a dónde se elige estar parado. No será tan fácil, pues es también una respuesta humana huir hacia la fantasía pese a que el arte imite a la vida.

Lo único que parece claro es que ha nacido en Romain-Gavras un nuevo héroe visual. ®

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Publicado en: Aquí no es aquí, Junio 2010


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