Cantata para dos guerras

Notas sobre ética, política, cultura…

Las dos guerras y los dos países centrales a que me refiero parecen —como todos— haberse detenido en el tiempo, pese a los cambios políticos, financieros y sociales, siempre en detrimento de “los de a pie”. He ahí la justificación: que la vida de las naciones, como la historia, es mero gatopardismo.

© Bruno Catalano

Nota previa, ocho años después. En una fecha que se puede calcular con base en datos muy obvios, escribí el siguiente texto —un párrafo de diez cuartillas— lleno de presencias muy presentes o un tanto ausentes pero fácilmente identificables, por sus nombres y sobrenombres y por el abundante anecdotario que no será críptico para quien tenga buena memoria o sepa usar las herramientas de búsqueda que ofrece la red. Se trata del rescate de un viejo texto que me vino a la memoria mientras la emprendía con uno actual que terminé por desechar. Si me permito entregarlo ahora para su publicación es porque me ha sorprendido lo vigentes que están en realidad muchas de las ausencias a las que acabo de referirme. Eso es triste, aunque no da para llanto, acaso para una mueca de máscara trágica. Las dos guerras y los dos países centrales a que me refiero parecen —como todos— haberse detenido en el tiempo, pese a los cambios políticos, financieros y sociales, siempre en detrimento de “los de a pie”. He ahí la justificación: que la vida de las naciones, como la historia, es mero gatopardismo.

…Tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas
y quien las dulces patrañas
del rey que rabió me cuente.
Y ríase la gente.
—Luis de Góngora

Buscar nuevas formas de expresar es mera codicia estética. No está mal, pero tampoco hace falta. La jacaranda, con sus hojas y flores de tan breve presencia, le dice al frío, la lluvia y la bruma lo que Albert Camus vino a inscribir con inexpugnable maestría: “En medio del invierno descubrí dentro de mí un verano invencible”. Es más fácil explicar los qués y cómos de la jacaranda que los de la genialidad del arte.

Escribió Camilo José Cela: “El pan es sagrado, hay cosas sagradas que cuando el mundo se revuelve no se respetan, el sueño, el pan, la soledad, la vida…” No hace falta ser sacramental, fiarse de lo sagrado, para estar de acuerdo y darse cuenta de que eso es lo que pasa ahora. Esto no es ética, política ni buenos modales. La jacaranda es un árbol ejemplar. Casi todo el año un tronco lleno de ramas pelonas, durante cuarenta días, a veces más, luce hojas y flores de una belleza muy reconocida y muy a contrapelo: se pone jacarandosa en medio del frío, las lluvias y la bruma. Tampoco le estorban el sol ni el calor. Le basta que llegue la cuaresma para mostrar la justicia de su fama. Escribió Sófocles que “Todo llega a tiempo para quien sabe esperar”. Y aunque no se debe ni se puede desandar caminos, siempre hay que volver a los mismos sitios por distintas rutas, inevitablemente las de la doxa, obstinada ilusión de episteme. André Gide escribió que “Todo está dicho, pero como nadie hace caso hay que estarlo repitiendo”. Lo mismo pasa con los temas, está dicho y vuelto a decir, “bostezos de Salomón”, lo que fue ayer es hoy y será mañana, cosa de matizar y suplir nombres. Lo mismo da la palangana que el perol, la bacía es cosa seria. También por eso hemos llegado a un dédalo donde la literatura más sensata consiste en plagio, citas y referencias. Buscar nuevas formas de expresar es mera codicia estética. No está mal, pero tampoco hace falta. La jacaranda, con sus hojas y flores de tan breve presencia, le dice al frío, la lluvia y la bruma lo que Albert Camus vino a inscribir con inexpugnable maestría: “En medio del invierno descubrí dentro de mí un verano invencible”. Es más fácil explicar los qués y cómos de la jacaranda que los de la genialidad del arte. Tampoco importa: ni unos ni otros requieren de explicación, aunque la envidia genera morbo analítico y produce elucubraciones a cual más disparatadas. El afán de la razón malsana sufre para siempre la sentencia a que le sometió el abrumador don Francisco de Goya y Lucientes en su Capricho 43Los caprichos son la primera de las cuatro series en que se dividen sus dibujos, las otras son Los desastres de la guerra, La tauromaquia y Los disparates—, donde representa a un hombre dormido sobre su mesa de trabajo, papel y pluma presentes, rodeado por diversas alimañas como lo son un gato, varias lechuzas —una de las cuales le mira hipnóticamente mientras le ofrece un pincel con la garra—, otros tantos murciélagos y algunos bichos híbridos. El personaje se halla imperecederamente condenado por una especie de INRI —el mismo escarnio, el mismo epitafio impío y sardónico—: “El sueño de la razón produce monstruos”. De entre los dibujos de Goya, éste es el único en el que el “comentario” se inscribe dentro de la composición. En la España del siglo XVIII la lechuza no representaba sabiduría sino oscura ignorancia. Con el quinto, quinto, quinto, con el quinto regimiento. Madre, yo me voy al frente hasta la línea de fuego. Paseábamos frente a Atocha, afuera del jardín botánico. Un morico vendía compactos piratas. Llegó la pasma y se lo llevó al talego. Él no había puesto ninguna bomba. Él estaba muy tranquilo infringiendo la ley en la vía pública porque de eso vivía, de ahí tragaban sus moricos vástagos. Él no robó ni mató a nadie, sólo llegó a su casa con la dignidad que permite el llevar plata para que la muerte no sea de hambre. Él no conocía a los que pondrían bombas, ni a los que las fabricaban, ni a los que defecaron en el Corán y el Islam entero. Él vendía discos a mejor precio que El Corte Inglés. Si me quieres escribir ya sabes mi paradero: tercera brigada mixta, primera línea de fuego. No había flores en las jacarandas. Era el agosto agobiante de Madrid. Margarite Yourcenar decía “Soy agostiniana: me gusta París en agosto”. Estoy de acuerdo con la más bella de las lesbianas desde tiempos de Safo. Suelo estar de acuerdo con ella. La jacaranda no es partidaria de agosto. Hay gente jacarandosa en cualquier temporada. También hay hechos y actos jocosos, a veces jacarandosos. Como en la canción de Carlos Puebla en la que “se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”, en la buena España llegó Felipe, perdón, José Luis y a la voz de Zapatero a tus zapatos ordenó el regreso de las tropas españolas apostadas en Irak. Cuando canta el gallo negro es que ya se acaba el día, si cantara el gallo rojo otro gallo cantaría. Felipe, perdón, José Luis ha dicho que apoyará en todo al nuevo presidente español pepetista del FMI y ha dicho Felipe, perdón, José Luis que procurará que ese organismo apoye el desarrollo de América Latina. ¿Cómo se dice? Gracias. No, se dice Zapatero a tus zapatos que todavía estamos muy agradecidos y pagadores de cuando apoyaron a De la Madrid. Al setter del capitán Guisasola le llamaban “Rush” porque era rojo, el perro: el capitán era republicano, de centro, y era vasco “pero no separatista, que por el separatismo hemos hecho y perdido todas las guerras”. En el café de chinitas dijo Paquiro a su hermano: Soy más valiente que tú, más torero y más gitano. Hay nombres que no son de perro aunque lo parecen: Rumsfield, Bush, Blair, Aznar… Powell no, ese parece de británico, de caballero británico: “Sir Killer Powell tiene un collie precioso”. He has a call-E? No, tiene un collie, un perro que es una maravilla. Ruz también parece nombre de perro. Al perro del capitán Guisasola le decían “Rush” porque se llamaba Rouge, que es rojo en francés. El perro era el perro, no el capitán, que era muy gente. Yo me subí a un pino verde por ver si te divisaba y sólo vi el tren blindado: ¡lo bien que tiroteaba! Otros nombres parecen de actriz o de bataclana, quizá de hetaíra: Sharon, por ejemplo. No es conveniente ponerle Arafat al perro: “¡Arafat: stay!” El nombre impone, pero cuando el amo termina de gritar la orden el perro ya se comió al niño. Pobrecitas madres, ¡cuánto llorarán al ver que sus hijos a la guerra van! No se le puede llamar Amlo a un perro, tampoco Malo. El perro puede ser malo, pero no llamarse así. Uno de los perros de El zorro y el sabueso se llama Jefe. También en Los Aristogatos hay un perro al que otro perro le llama jefe, aunque se llama Napoleón. Muy largo para un perro. Los perros son leales al hombre, es decir el amo, no a los demás perros. Eso lo observó Karl Kraus. En la Cámara Alta hay un Jefe, tal vez tiene cola —que le pisen o que no, quién sabe—, tal vez tiene hocico y ladra, o sea que es ladrón aunque no siempre es lo mismo. Su nombre no es Jefe, a lo mejor no se parece a los de las películas. Alguien le llamó La Coyota, eso fue una falta de respeto. Corre, corre conejito, cuéntales a tus hermanos: ya murió el señor Zapata, el coco de los tiranos —también murió Morelos, lo mismo que Bolívar y Martí. No hay parecido entre Zapata y Zapatero, tampoco entre Pino Suárez y Los Pinos, y Madero, en fin, Madero no quería que se reeligieran sus enemigos, era adepto al esoterismo, la parapsicología, las entelequias del cambio que genera la impasibilidad —en eso se parecía a La Volpe. Al final ejecutaron a Madero, se desató una matazón de varios lustros y no cambió nada. Marieta, no seas coqueta porque los hombres son muy malos: prometen muchos regalos y lo que dan son puros palos. Hay quien le pone Wolf a su pastor alemán, eso es más respetuoso que llamarle Firuláis a un gobernador jesuita. Las jacarandas son jacarandosas pero respetan a las autoridades y no andan poniendo apodos. ¿Dónde vas, amor mío, sin mi licencia? Lo de los nombres es digno de considerarse. De últimas se han multiplicado los Masiosare. Masiosare Pérez Roque, Masiosare Castro, Masiosare Ahumada, Masiosare Bejarano, Masiosare Ponce, Masiosare Aguilar Z., Masiosare Verdosito, Masiosare Murat, Masiosare Derbez, Masiosare Ortiz de Pinedo. El Señor Secretario Masiosare no está, fue a clasificar la información por doce años y de ahí se iba a comparecer, ¿gusta dejar sus datos para comunicarnos más tarde? Eso pasa porque la gente le llama zorro a su perro. My dog’s name is Fox. Eso no está bien: provoca confusión, malentendidos y desorden. La gente se altera y todos empiezan a portarse como talibanes. Ya no te hablo, córtalas córtalas para siempre ya no quiero ser tu amigo, pero mejor chócalas porque, bueno, como quieras, pero ya sabes que todos tenemos nuestro amigo judío y nuestros buenos minutos de video bajo la manga, ya lo sabes y te atienes. Nosotros tenemos dignidad y no aceptamos verdades que atenten contra nuestros intereses, porque Jalisco no se raja y porque en Puebla saben cómo emboscar franchutes, sí señor. Yo soy mexicano muy atravesado, que nadie me diga que soy un rajado —eso lo será el que pide frías después de calentarlas. El no sé cuántas veces H Congreso de la Unión decidía lo del Fobaproa: el diputado Vicente Fox Quezada levantó su dedito a favor, entre los rescatados de una debacle inexistente aparecen los apellidos Fox y Labastida, pero eso fue hace mucho. El señor Presidente de la República tiene un bigote que le da mucha prestancia y soberanía, que esté muy claro que México no es el patio trasero de Estados Unidos ni Los Pinos el cuarto de servicio de la Casa Blanca. No se debe ni puede desandar, pero está el tema del Eterno Retorno; los aztecas salieron de Aztlán, allá al norte, es natural la pulsión de recuperar las garzas a cambio de la serpiente. El águila hace intersección. ¡Sancta Canabis, ora pro nobis! El Jefe del Ejecutivo duerme en sábanas de seda, por eso puede venderle botas de charol al rey de España. Llevan los señoritos en el zapato un letrero que dice no tengo un cuarto. También puede subírsele a las barbas a Fidel y defender la dignidad nacional como un perro. Tanto reloj de oro, tanta cadena, luego vas a su casa y ahí no hay cena. Dicen que Camilo José Cela fue un patán, machista, fascista y plagiario. En Mazurca para dos muertos escribió que “Los nervios disparados no son más que un síntoma de mala educación”, y en uno de los cuatro prólogos a La Colmena dice que al escritor uncido al carro del político, así como al que no esté dispuesto a dejarse morir de hambre, más le valdría cambiar de oficio. De nuevo España resurge: es tan grande y tan alto su honor que en el mundo es un Himno de Gloria el nacer y sentirse español. Cela dice muchas cosas que a lo mejor son ciertas, como que “Te ves arrastrado por las muertes del prójimo y de repente te ves rodeado de muertos, te das cuenta de que también estás matando y asolando”. Quién sabe, a mí me parece que eso le ha pasado al mundo, pero yo no sé gran cosa, sólo sé que todos andan como perros y gatos, a veces perros y gatos al mismo tiempo, y en las casas no hay para comer ni pagar la renta, ya cortaron el teléfono y usan diablitos para que no les quiten su resto, su mal habido resto de luz. Carabina 30-30 que los rebeldes portaban. A la hermana del secretario de Gobernación le robaron unos centavos del patrimonio conacultural, muy mal hecho, el señor Ebrard no ha terminado con la delincuencia porque se la pasa defendiendo a su jefe que se la pasa defendiendo su “proyecto alternativo de nación” que va directamente ligado a su buena reputación y a la belleza de su alma. No es que el desaforable López sea muy chambeador, lo que pasa es que con esos aires quién duerme, organizó un complot tremendo en el que están involucrados desde sus cuates hasta el Pentágono. También está él, tal vez por no dejar. La Pejemanía es un fenómeno de muy buen rédito para los abogados y los periodistas. Armó el complot para que lo dejen trabajar y a lo mejor la cosa termina en un enredo sangriento e internacional. Eso lo hace porque él es indestructible, aunque a su alrededor todo huela como a caquita. La verdad sea dicha, el complothechor no más no está en ninguna lista ni video, sólo en algunas demandas pero no le preocupan porque sabe aquello de “calumnia, que algo queda” y seguramente sabe lo de que “la crítica pasa y el dinero queda en casa” pero esto no lo dice, tampoco lo otro, sólo armó el complot. Y decían los maderistas que con ella no mataban. La cosa viene de que el Presidente agarró monte y hasta no verte Jesús’n, así que no hay diagrama, cada Secretario jala por su lado y acaban por pegarse entre sí, como con los nervios disparados. Aquí se procura justicia en pleitos de callejón, eso no ayuda a nadie. Santiago Leguleyo y Pablo Pregones se dieron un agarrón de aúpa en el Congreso, uno con las pruebas escondidas y el otro sin manera de encontrarlas, así cualquiera es macho. Y traigo pistola al cincho y con ella doy consejos. O todos coludos o todos rabones, eso no se puede evitar y en este mundo de Dios se usan unas braguitas muy ceñidas para que la cola parezca rabo y no se note. Con mi 30-30 me voy a marchar a engrosar las filas de la rebelión. ¡Castañuelas nuestro que estás sobre el hueso!… ¡oh, impoluto!… ¡El pan nuestro de cada día dánoslo hoy —pero integral, multigrano, enriquecido con vitaminas y minerales, suave y esponjoso, con más huevos y menos conservadores por eso de la profilaxis— y líbranos de todo mal —como la doctrina Estrada que tanto y tan bien conocía tu padre— Amén!… ¿Qué gachos los que quieren el poder, no? Hay pulgas que se la pasan de perro en perro y todos se las rascan. La pulga prodigiosa del circo miniatura de Maravillas Induráin se creía independiente y no se daba cuenta de que estaba amaestrada. Si mi sangre piden, mi sangre les doy a los habitantes de nuestra nación. Los críticos del poder pondrán remedio a tantos males, para eso están la UNAM, De la Fuente, Pumas y el Dr. Sánchez Márquez, proscrito en el país de los cangrejos. Se destruyen unos a otros en busca del poder, los miras conturbado e impávido, como pertrechado tras alguna droga, unreality show. Cuando te viene la lucidez vuelves hacia ti mismo, tu gente, tu casa, tu barrio, y —como en el más estremecedor soneto de Quevedo, te das cuenta de que eres parte de la destrucción, que sólo hay y sólo eres “recuerdo de la muerte”. Al pulverizarse ellos, pulverizan a todos. Eso les tiene sin cuidado y no hay menda que pueda remendarlos. Si la bala me da, si mi vida se va, bajadme callados a la tierra. Las palabras dejad, es inútil hablar: ningún héroe es el caído. Ansiaba la paz, no la guerra. El viejo Bonasso era argentino, trotsko, ateo y sabio, tras la Guerra de las Malvinas y el consecuente fin de la dictadura bromeaba: “Dios se asomó a nosotros a través de la Tatcher”. Dicen, aunque no así, que Dios compareció en España a través de Al-Qaeda. ¿Será que Dios ha echado ojo a México vía Fidel Castro? Lo pueblos suelen saciar el hambre con sangre y aquelarres. Mala moneda. El presidente de Chechenia quedó hecho una lástima, las cosas andan revueltas. Santa Bárbara Bendita, patrona de los mineros, traigo la camisa roja de sangre de un compañero. En Argentina se reveló que Bioy Casares y Borges —quien siempre negó tener opinión política— hicieron llegar a Díaz Ordaz un telegrama de apoyo por la matanza de Tlaltelolco, Carlos Fuentes pasaba por allá al conocerse la noticia, dijo que Borges fue un genio literario pero un idiota —o imbécil— político. No parece obvio que lo del 68 sea un tema político sino más bien ético. Fuentes es de los que piensan que existe algo así como ética política, ética de la política o política ética, no siempre parece un idiota —o imbécil— filosófico, pero en este caso tan ciego como Borges. ¿Y la ceguera ante cualquier masacre, así como la masacre misma, compete a la ética, la política o los buenos modales? Cristóbal Colón tenía buena vista y así le fue, Lamartine tiene una biografía muy europea y muy afortunada. La gente opina de más, a mucha prisa, mejor irían tal cual Casiopea, la de Momo: entre más despacio, más pronto y lejos se llega. Y todo a media luz, crepúsculo interior. ¿Existe cosa más triste que una vida triste? No hace falta echar hojas y flores para criar gusano y plagas, pero hay que cazar el momento de untarse mala brea. El chechén, arbusto urticante de la región de Campeche, no es bueno ni malo, sólo es urticante. El Hombre es omnívoro. Joseph Conrad asegura que existen afanes prácticos, necesarios, con suficiente “verdad superficial para salvar a un hombre sabio”. La verdad superficial también florece cuando llega su tiempo y es entonces el solitario huésped del vacío. Para que las carcajadas se escuchen es necesario que haya, por lo menos, aire. No es para tanto: nadie está en un lecho de rosas o en un baño de temascal. Yo soy mexicano, de nadie me fío y, como Cuauhtémoc, cuando estoy sufriendo, antes que rajarme me aguanto y me río. El décimo planeta del Sistema Solar se llama Sedna y no tiene satélites naturales. Costó mucho trabajo dar con él. Los habitantes de Sedna seguramente no existen. De cualquier modo es poco probable que alcancen a ver el globo terráqueo, mucho menos la luna. No tiene nada que ver con ética, política ni buenos modales, pero es cultura, lo mismo que las cosas que espeta Cela que, él sí, tiene sus sinembargos de ética, política y buenos modales, él sí pero no lo que firmaba —dicen que no siempre lo escribía— como Mazurca para dos muertos, donde pone que “Mientras cae la tarde, la bacaloura vuela con su coraza de charol, el jilguero canta en las hortensias y el ciempiés se escurre por los tronquitos del rosal de pitiminí, esto es la paz en medio de la guerra”. No siempre es oportuno volver sobre lo dicho, pero siempre es tiempo de esperar el momento. Ahora mismo, por todas partes, hay gente que mira un cuadro o escucha música, que escribe o baila, que fornica o hace el amor, que nace o entierra a un muerto. Las jacarandas, esos palos aburridos, echan ante el frío, la lluvia y la bruma sus hojas y sus flores. Esto no es ética, política ni buenos modales. Tampoco es cultura. ®

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Publicado en: Abril 2012, Apuntes y crónicas


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