César Vallejo

De los espacios abandonados

En la poesía de Vallejo el dolor es un ambiente que se habita. No me gusta la postura que hace del dolor el tema central de su obra, pero sí creo que la contundencia de su lenguaje y el estado emotivo que logra en sus poemas se derivan de la presencia del dolor y el lugar que éste ocupa en su poética.

César Vallejo

Aunque a veces se menciona de manera directa, el dolor nunca se describe, sino que atraviesa el poema y se asienta en el fondo, como uno de los estratos que sostienen las palabras. Este estrato pesado y oscuro opera como una estructura invisible que sostiene al poema. Mientras se avanza en la lectura se generan planos que re-significan los conceptos, los alejan de su sentido original y les asignan un sentido distinto. Vallejo parte del dolor para elaborar una forma que imposibilita la expresión desde la palabra hasta llegar a un hermetismo casi absoluto:

Vusco volvvver de golpe el golpe.
Sus dos hojas anchas, su válvula
que se abre en suculenta recepción
de multiplicando a multiplicador,
su condición excelente para el placer,
todo avía verdad.1 [Vallejo, 135]

El fragmento anterior muestra algunos “desajustes”, tanto gramaticales como sintácticos, que constantemente se desbordan sobre los límites del lenguaje, desafiando a la palabra que ya no alcanza a nombrar el mundo. La palabra falla y deja de ordenar el caos, se asimila a éste. El dolor se apodera de los conceptos y los desestabiliza, desafía su autoridad expresiva y rompe sus reglas, pero aumenta la emoción. Las palabras en sus órdenes regulares se desarticulan, no ejercen su poder de enunciación: el sentido de lo que está escrito se altera.

“Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor”.2 Para Vallejo, el dolor es una condición humana y por tanto es anterior al lenguaje. El poeta peruano advierte que la existencia es inherente a esta condición y asume el compromiso de trabajar con ella. Dice William Rowe: “El dolor rompe los esquemas clásicos de la producción de sentido. No está en el lenguaje. Comienza como contenido pero rápidamente salta al nivel de la forma de expresión”.3 Este estado prelingüístico del dolor da la sensación de que se dice algo que no está en el poema. De esta manera el dolor deja de ser solamente un asunto del cuerpo, de lo físico, y adquiere la función de conectar las emociones y las cosas, las emociones y lo material:

Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.4
[Vallejo, 279]

Cuando el dolor se transfiere a las cosas el mundo material se experimenta de un modo más próximo o inmediato, como si su función fuera emocional y no práctica. Vallejo reestablece de este modo un contacto con la realidad mediante un uso muy personal del lenguaje.

Como parte de este proceso Vallejo introduce en sus poemas ciertos fragmentos de cotidianidad por distintas vías que transportan al lector hacia un espacio que termina por materializarse, a sentirse o experimentarse físicamente. Estos espacios sugieren un contexto que siempre tiene que ver con las relaciones humanas y crean un estado emocional que excede al lenguaje, lo cargan de una forma muy singular: al evocar estos contextos dados por espacios las emociones aparecen.

Sin descripciones muy precisas, el lector puede imaginar cuadros o situaciones enteras a partir de los fragmentos que se muestran en los poemas. Es como si Vallejo, al escoger solamente un pedacito de algún espacio particular, y mencionarlo, dejara ver todos sus horizontes:

En el rincón aquel, donde dormimos juntos
tantas noches, ahora me he sentado
a caminar. La cuja de los novios difuntos
fue sacada, o tal vez qué habrá pasado?5
[Vallejo, 141]

En este fragmento se configura un espacio donde se materializa un suelo, un techo, cuatro paredes que se levantan para completar el encuadre que Vallejo ha seleccionado para construir una realidad. Queda sugerido que ese espacio es un cuarto vacío en donde alguna vez durmió una pareja y en donde había una cama que ya no está ahí. Probablemente hay una mancha de tiempo en el suelo, que enmarca el lugar vacío de la cama. Se puede intuir que en el “rincón aquel” hubo una relación de años, y con un guiño se nos devuelve a todas las posibilidades de la duda: “o tal vez qué habrá pasado?”

Para Vallejo, el dolor es una condición humana y por tanto es anterior al lenguaje. El poeta peruano advierte que la existencia es inherente a esta condición y asume el compromiso de trabajar con ella.

Algo que sucede en el poema “XV” de Trilce es que Vallejo se expresa mediante sugerencias dadas por generalidades que producen ambigüedad o polivalencia, lo cual es un elemento muy importante para la poesía. Para Vallejo está muy claro que en el poema los espacios sirven para dar una sensación de nostalgia. Esos espacios fueron habitados y evocan un lugar que ahora está abandonado, lleno de ausencia: “He almorzado solo ahora, y no he tenido madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua, ni padre”.6Vallejo habla desde un presente que permanentemente viaja hacia al pasado para subrayar la ausencia, trabaja con la memoria para instalarse en lo que ya no está. La hora de la comida se plaga de silencios. El recuerdo de una familia sentada a la mesa aparece a destellos intermitentes, casi como proyecciones fantasmales.

En el poema “No vive ya nadie” expone una idea muy linda sobre el paso del hombre por el mundo, sobre los espacios abandonados:

cuando alguien se va, alguien queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado.7 [Vallejo, 234]

Precisamente esto es lo que hace Vallejo al mostrarnos fragmentos de cotidianidad, nos otorga la certeza de que alguien pasó y dijo algo, y comió alguna cosa, y lavó otra, y vio llover desde el marco de alguna puerta. Es aquí en donde el dolor se asocia directamente con la vida: no el dolor como tema, el dolor como algo inherente y que antecede al significado de las palabras, es algo así como la vida antes del lenguaje. Nuevamente no el dolor físico, sino la vida que fluye por debajo del sentido, la emoción pura. Las cosas son evidencia de que hubo alguien ahí. El poema continúa:

Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla.8
[Vallejo, 234]

Para Vallejo está muy claro que en el poema los espacios sirven para dar una sensación de nostalgia. Esos espacios fueron habitados y evocan un lugar que ahora está abandonado, lleno de ausencia

La relación que el hombre tiene con los espacios que habita es parte de su definición, se vuelven una extensión en la que es posible reconocerse a sí mismo. Con una agudeza finísima, Vallejo detecta “los tiernos puntos” que nos unen con la realidad y que nos permiten reconocernos: esos espacios son a veces objetos,“algún pan que en la puerta del horno se nos quema”, o el verbo “sírveteque pronuncia una madre (la configuración de un espacio familiar); otras veces es una camisa o un cigarrillo, o hasta una frase coloquial como “no seas así”, con la que se configura una relación íntima, por ejemplo. Todas estas inserciones de elementos cotidianos están puestas ahí para que el lector pueda acceder al poema a pesar de que no se le revela todo. Finalmente, el poema termina planteando una fragmentación de la realidad en distintos planos:

Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos. Y no es tampoco que ellos queden en la casa, sino que continúan por la casa. Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en avión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo que continua en la casa es el órgano, la gente en gerundio y en círculo.9 [Vallejo, 234]

En este sentido, lo que Vallejo separa son las acciones, el sujeto, el tiempo y los espacios. Separa las acciones del sujeto y a veces las utiliza de modo aislado, lo que produce extrañamientos. Los espacios, habitados o no, recuerdan acciones y encarnan la ausencia. Vallejo se da cuenta de que puede utilizar la acción separada del sujeto y generar una dislocación también en el tiempo en que sucede:

El traje que vestí mañana
no lo ha lavado mi lavandera10
[Vallejo, 132]

Notas

®
1 César Vallejo, “IX”, Poesía completa, México: Colofón, 2007.
2 “Voy a hablar de la esperanza”, p. 228.
3 William Rowe, “César Vallejo: El dolor como forma de expresión. Siete ensayos sobre poesía latinoamericana”, El poeta y su trabajo, México, 2003.
4 César Vallejo, “Los nueve monstruos”, Poesía completa.
5 César Vallejo, “XV”, Poesía completa.
6 “XXVIII”, p. 156.
7 César Vallejo, “No vive ya nadie”, Poesía completa.
8 César Vallejo, “No vive ya nadie”, Poesía completa.
9 César Vallejo, “No vive ya nadie”, Poesía completa.
10 César Vallejo, “VI”, Poesía completa.

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Publicado en: Ensayo, Mayo 2011


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  • Marisa Aragón Willner

    estimada Raquel Miserachi

    tu análisis está buenísimo, revela tu sensibilidad para que al adentrarte en una poética tan rica y develadora como oscura , puedes nutrirnos de su inmensa riqueza en palabras que han horadado a fondo tantos poemas , su tratamiento del dolor , su fragmentación, realmente nos presentas a un gran poeta de una manera magna, abarcativa, desde el cero del dolor a la esperanza como sus títulos.

    he puesto tu análisis con tu autoria en mi grupo Parnassus, Patria de Artistas al que te invito si deseas participar escribeme.

    tu trabajo es de 10!