Ciencia y tecnología en la TV

Siete series que abordan temas de ciencia y tecnología

Hay una cantidad abrumadora de medios y plataformas de comunicación, los cuales, a su manera, ayudan en la apasionante tarea de difundir el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico. La televisión, en un estado de mutación vital para su futura subsistencia, representa uno de ellos.

Fotograma de un episodio de Black Mirror.

Decir que la televisión representa el medio de difusión con mayor penetración en la cultura global del siglo XXI resultaría, a estas alturas, en extremo simplista y superficial. Pocas cosas, si no es que nada, hace falta decir en torno de la herramienta de comunicación que ha sido capaz de modificar incluso la tendencia evolutiva intelectual del ser humano en Occidente. Lo que es una realidad es que la historia de la televisión ha sido desde su inicio una historia constante de renovaciones estructurales que, lejos de debilitarla, parecen fortalecerla e incrementar su ya de por sí abrumadora capacidad de penetración.

El nuevo milenio heredó del siglo XX la incontenible necesidad del hombre moderno por la innovación y reestructuración de su entorno, a tal grado que resulta virtualmente imposible seguir el paso de la perpetua revolución tecnológica en que vivimos. La televisión como tal no ha sido la excepción en este contexto. Aunque a diferencia de otros medios, lejos de disminuir su impacto en las diferentes sociedades, ha sabido sacar el mayor de los provechos a las actualizaciones en que se ha visto inmersa. Esto puede tener su explicación en buena medida debido a la naturaleza propia de su formato.

Los nuevos modelos de streaming resultan todavía, incluso para los expertos, una incógnita cuando se habla de proyecciones a futuro. La realidad es que plataformas como Netflix, Amazon Prime o Hulu han dejado de ser alternativas para instaurarse como las cadenas predominantes en países desarrollados o en vías de desarrollo en cuestión de entretenimiento. Las mismas cadenas tradicionales han entendido que la supervivencia de su tradición informativa radica en los medios digitales.

La realidad es que plataformas como Netflix, Amazon Prime o Hulu han dejado de ser alternativas para instaurarse como las cadenas predominantes en países desarrollados o en vías de desarrollo en cuestión de entretenimiento. Las mismas cadenas tradicionales han entendido que la supervivencia de su tradición informativa radica en los medios digitales.

Más allá de un análisis profundo sobre la televisión y los medios digitales, lo que aquí se pretende es entender el papel que tiene la pantalla chica —en cualquiera de sus modalidades— en el proceso de comunicación y difusión de la ciencia y el desarrollo tecnológico. Exceptuando las cadenas de divulgación —National Geographic, Discovery o Science Channel—, abordaremos únicamente el formato de las series o miniseries de ficción que tocan de alguna manera temas relacionados con el desarrollo científico y tecnológico. Formato —serie— que se impone en la última década como el epicentro creativo de la cultura popular. Su impacto ha llegado a tanto que los esquemas y valores técnicos del arte, la cultura y la ciencia han migrado con éxito a un medio históricamente satanizado en su esencia.

La ciencia ya había sido abordada en la pantalla desde la década anterior. Series como Fringe, Numbers, Breaking Bad o The Big Bang Theory abordaron el mundo de las ciencias, no necesariamente como eje central de su trama en la mayoría de los casos, pero sí con una franca alegoría a su trascendencia. En el campo de la ficción científica resulta evidente que ciencia y tecnología se encuentran inscritas de manera mucho más constante.

Este artículo se limita únicamente a plantear posturas sobre producciones creadas a lo largo de esta década, en la que el hilo conductor del leit–motive social ha sido la búsqueda de la identidad. Y es que en una cultura global a la que aún estamos acostumbrándonos, el cóctel de generaciones que conviven actualmente se estrella de frente con los aspectos más ambivalentes de nuestra sobredesarrollada sociedad, cuando la interconexión humana nos convierte de a poco en una mera estadística.

Para nadie es un secreto que los medios sirven como guía conductual de las masas, y en este aspecto es donde radica el auge que se generó por abordar el mundo de la ciencia y el desarrollo tecnológico a mediados de la década anterior en el cine y la televisión estadounidenses. El déficit de profesionales y técnicos enfocados en estas áreas que se presentó en Estados Unidos a inicios de los 2000 impactó de muchas maneras en la infraestructura del país y de buena parte del mundo occidental como consecuencia natural.

A partir de ello se generó una maquinaria ideológica en los mass media dedicada a exaltar el perfil científico y técnico. Como herencia, nos ha quedado una tradición de series dramáticas, cómicas y de ciencia ficción que en distintos grados de calidad argumentativa nos presentan diferentes visiones de este mundo tan particular. Éste es solamente un análisis general sobre las series mencionadas con la intención de valorar su calidad, y no se incluyen aspectos técnicos o artísticos.

Black Mirror

Creador: Charlie Brooker
Channel 4, Netflix, 2011

De entre todas las series de ficción científica que se han producido en las últimas dos décadas destaca, y por mucho, Black Mirror, producción británica que se hizo de un nombre entre la élite televisiva a escala mundial. Cruda, desoladora y oscura en extremo, Black Mirror nos confronta con el lado más radical de la creciente dependencia tecnológica en que vivimos. Si bien es cierto que tanto en el cine como en la televisión han aparecido algunas obras que abordan el mismo tema y gozan de mayor popularidad, ninguna retrata de manera tan descarnada las filosas aristas del devenir de nuestros tiempos.

La serie ha ido sorteando complicaciones de todos tipos, incluso la cancelación prematura luego de las primeras temporadas. Una serie no secuencial, en la que cada episodio toca una temática distinta, pero que convergen en la visión distópica del mundo moderno. Black Mirror no es para cualquier público, desde el ritmo propio de cada episodio hasta la estética visual; una serie que tiene mucho que aportar, ciencia ficción distópica de la más alta calidad.

Rick and Morty

Creadores: Justin Roiland y Dan Harmon
Adult Swim, 2013

Si piensan que al incluir una serie animada como Rick and Morty se apunta hacia los más jóvenes, están en un error. Quizás sea serie más extraña de esta lista. Sus creadores parecen estar obsesionados con instruirnos sobre ciencia en su estado puro de la manera menos ortodoxa: la serie narra las aventuras del científico Rick —un ebrio empedernido con serios problemas de comportamiento— y su tímido y asustadizo sobrino Morty.

En cada capítulo, esta curiosa y poco probable pareja tiene que ir sorteando vicisitudes que los llevan a sumergirse casi sin saberlo en escenarios que parecieran salidos de libros de ciencia ficción de los años cincuenta. Rick and Morty puede ser incluida sin ningún problema en el género de la ficción científica pues cuenta con cada uno de los elementos propios de éste. Una serie en la que la teoría de cuerdas, los universos múltiples y demás teorías científicas de vanguardia se difunden mientras uno tiene esa extraña sensación de sentirse un poco más inteligente después de ver cada capítulo.

Orphan Black

Creadores: Graeme Manson y John Fawcett
Space/BBC America/Netflix, 2013–2017

La combinación perfecta entre ciencia ficción, suspenso y drama. Orphan Black está destinada a convertirse en una obra de culto. Lo que al inicio comenzó como una serie de ciencia ficción pura poco a poco fue derivando en un thriller de suspenso que jamás dejó de lado su esencia. El mundo del hacker como parábola del descontento social y búsqueda de identidad. Rasgos claramente de la corriente ciberpunk que poco después Mr. Robot terminaría aprovechando y poniendo en otro nivel.

Fotograma de un episodio de Orphan Black.

La serie sigue a Sarah Manning, una joven marginada y huérfana cuya vida cambia después de presenciar el suicidio de una joven exactamente igual a ella. A partir de ahí, entramos en un entorno en el que temáticas como la seguridad informática y la ingeniería genética se van entremezclando, sin dejar de abordar muchas otras cuestiones tecno–científicas, aunque no de una manera tan directa. La serie merece ser vista no sólo por los amantes de la ciencia y la tecnología, sino por todos aquellos que disfrutan de buenas historias y de contenidos con sustancia.

The Knick

Creador: Steven Soderbergh
Cinemax, 2014–2015

Ésta es una serie que se aleja por completo de los estándares de la ciencia ficción. Una producción que extrañamente pasó casi inadvertida para el gran público en su momento, pero que a la distancia se ha establecido como punto de referencia esencial de la televisión de esta década. Aunque no es propiamente ciencia ficción, la serie incorpora elementos relacionados con el mundo de la ciencia y la tecnología.

La serie trata sobre la vida de un hospital de Nueva York a principios del siglo XX; narra las innovaciones científicas y las relaciones laborales y humanas entre sus empleados. La historia está basada en el Knickerbocker Hospital de esa ciudad, que se fundó en 1862 y cerró sus puertas en 1979. Uno de sus protagonistas, John Thackery, se inspira en la figura de William Stewart Halsted, un innovador médico de entonces. The Knick es una joya oculta entre la extensa oferta televisiva que todo aquel amante de la medicina y el contexto histórico de la ciencia tiene que ver.

Silicon Valley

Creadores: Mike Judge, John Altschuler y Dave Krinsky
HBO, 2014

El género de la comedia también se ocupa del mundo de la tecnología. Sillicon Valley es una serie estadounidense que se apoya en una trama ficticia para retratar la cotidianidad del actual epicentro tecnológico ubicado en la bahía de California. En cada episodio encontramos referencias directas a personajes, empresas y situaciones que conforman este particular núcleo industrial. Con la calidad característica de la cadena HBO, el creador principal de la serie, Mike Judge, refleja claramente el lado nerd de la cultura popular.

Richard Hendricks —personaje principal— es un programador solitario y tímido que trabaja para una gran empresa de internet llamada Hooli, mientras desarrolla una aplicación de música llamada Pied Piper en una compañía start up dirigida por el empresario Erlich Bachman. La serie no aporta mayor cosa en cuestiones científicas o técnicas, pero representa un análisis profundo sobre uno de los puntos clave para entender el porqué de los tiempos que corren.

Mr. Robot

Creador: Sam Esmail
USA Network, 2015

Quizás la serie que mejor ha trasladado la estética y filosofía de la cultura ciberpunk a la pantalla. Mr. Robot es una obra inclasificable que supera los límites de lo que estrictamente podríamos llamar ciencia ficción. Con una calidad cinematográfica que va un paso más adelante que la gran mayoría de producciones televisivas de su generación, la serie se ha convertido en referente inmediato de la contracultura.

La historia sigue a un joven hacker —Elliot Alderson— que padece de fobia social, depresión clínica y delirios. Trabaja como ingeniero de seguridad informática usando sus habilidades para proteger a las personas que le preocupan. Elliot es reclutado por el misterioso líder de un grupo de hacktivistas llamado fsociety, que quiere destruir a acaudalados empresarios multinacionales que dominan el mundo. Obra fundamental que por ningún motivo debería pasar inadvertida para los fans de la ciencia, la tecnología, el cine y la televisión en general.

Westworld

Creador: Jonathan Nolan y Lisa Joy
HBO, 2016

Decir que Westworld es una producción de gran presupuesto cuyo hilo conductor es la inteligencia artificial sería simplificar la obra de Nolan y Joy para la cadena HBO. Si al inicio de estas reseñas mencionamos que Black Mirror no tiene, ni de cerca, un competidor digno en cuanto a la densidad de su contenido, es justo sostener lo mismo en cuanto a esta serie y su profundidad argumentativa.

Fotograma de un episodio de Westworld.

Descrita alguna vez como “una oscura odisea sobre el amanecer de la conciencia artificial y el futuro del pecado”, la serie cuenta la historia de un parque temático futurista llamado Westworld. A partir de este boceto, en principio simple, se desprende una historia plena en matices y cuestionamientos dignos de una tesis sobre bioética contemporánea. Con el sello de la casa, Jonathan Nolan, reconocido también por entregarnos junto a su hermano Christopher el guión de Interestelar, quizás la obra de ciencia ficción técnicamente más sólida de los últimos años, nos adentra en ese mundo tan intrincado que heredó de la obra de su hermano mayor y mentor.

En perspectiva…

Hay una cantidad abrumadora de medios y plataformas de comunicación, los cuales, a su manera, ayudan en la apasionante tarea de difundir el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico. La televisión, en un estado de mutación vital para su futura subsistencia, representa uno de ellos. La caja de Pandora vive una segunda o quizás tercera época de oro, y la producción audiovisual crece en calidad a la par de su oferta y demanda.

Es interesante observar que al menos una parte de esta oferta de élite se toma las licencias necesarias para abordar estos temas anteponiendo la solvencia técnica y artística, mientras ayuda a erradicar el concepto monótono y tedioso de lo que hasta hace apenas unos años se conocía como divulgación científica. Celebremos que la ciencia no se encuentra relegada a nichos específicos de difusión, sino que, lejos de ello, ocupa un puesto sólido en uno de los grandes motores de la cultura popular. ®

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Publicado en: Televisión y videojuegos


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