Victoria Molnar

Victoria Molnar (Buenos Aires),periodista equilibrista a dos orillas, va por la vida en modo “empatía por default”. Uno de sus primeros recuerdos es una pelea —con gritos y llanto— que tuvo a los cinco años con su abuelo paterno —que era académico y escritor— por ocupar el sillón de cuero frente a la TV; logró ver “She-Ra. La princesa del poder” y ahora lucha contra lo que llama “intelectuales blanditos”, ésos que no se la juegan. Hiperactiva, le saca fotos a todo y tiene la capacidad de escribir a mil por segundo crónicas desde su celular, pero curiosamente nunca se colgó con Twitter, donde es una simple voyeur.

Nació no hace tantas décadas en “Cóoordooba caaapiital” (Argentina), lleva la firma de Montevideo (Uruguay) en la planta del pie y, por un amor, se asentó en Buenos Aires. Algunos dicen que es mezcla de la apacible y aprehensiva nostalgia montevideana con la dulce, desprendida y tirana altanería porteña y el imperioso deseo de reconocimiento cordobés. Pero ella reniega de tanto título y se denomina simplemente como una “cordobesa rioplatense”. Tiene un hijo-perro que se llama Simón, y sus bibliotecas están llenas de libros por tema, país y autor rodeados de cositas, guardianas del orden, que recolecta por ahí e impiden hasta que ella misma los robe para leer. Ya cumplió diez años en el periodismo, pasó brevemente por la radio y la TV pero se queda con la llamada “prensa escrita”. Es corresponsal de El País de Uruguay en Buenos Aires y cuando la dejan escribe “freelance y, se supone, más bonito” para algunas revistas. Hace poco se topó con la Antropología social y va a por eso intentando sorprenderse con calma por primera vez.

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