Victoria Molnar

Victoria Molnar. Periodista equilibrista a dos orillas va por la vida en modo “empatía por default”. Uno de sus primeros recuerdos es una pelea —con gritos y llanto— que tuvo a los cinco años con su abuelo materno —que era académico y escritor— por ocupar el sillón de cuero frente a la TV. Logró ver “She–Ra. La princesa del poder” y ahora lucha contra lo que llama “los intelectuales blanditos”, ésos que no se la juegan. Hiperactiva, le saca fotos a todo y tiene la capacidad de escribir a mil por segundo crónicas desde su celular, pero curiosamente nunca se colgó con Instagram ni Twitter, donde es una simple voyeur. Nació hace no tantas décadas en “Cóoordooba caaapiital” (Argentina), lleva la firma de Montevideo (Uruguay) en la planta del pie y desde hace años transita ese “qué sé yo” de las callecitas de Buenos Aires. Algunos dicen que es mezcla de la apacible y aprehensiva nostalgia montevideana con la dulce, desprendida y tirana altanería porteña y el imperioso deseo de reconocimiento cordobés. Pero ella reniega de tanto título y se denomina simplemente como una “cordobesa rioplatense”.

Ya lleva quince años en el camino del periodismo y la comunicación social y sus bibliotecas están llenas de libros por tema, país y autor rodeados de “cositas–guardianas–del–orden” que recolecta por ahí e impiden que hasta ella misma los robe para leer. Hace unos años se topó con la antropología social y, desde entonces, va “a por ello” intentando sorprenderse con calma por primera vez.

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