Cortometrajes documentales de Chile

MAFI, Mapa Fílmico de un País

Con las nuevas maneras de consumir los medios audiovisuales el público más joven no está acostumbrado a ir a salas, necesita que los contenidos que va a ver sean cortos y concisos. Y poco a poco ha ido funcionando, dicen los creadores de MAFI.

El mapa servirá como organizador de la muchedumbre de visiones cortadas que el cine habrá proporcionado. Esa será, y no texto alguno, por perfecto que se logre, la geografía animada que todos venimos pidiendo y que nos hace tanta falta para que se considere al mundo la plataforma caliente en la cual se cumple la vida: la vida humana, la animal y la vegetal, no una al lado de la otra, en rayas artificialmente paralelas, sino una trenzada con la otra.
—Gabriela Mistral, “Cinema documental para América”

Reos y creyentes, de Mayte Alberdi.

Reos y creyentes, de Mayte Alberdi.

Resulta inocultable el estado de gracia en el que se encuentra la cinematografía chilena hoy día, en cantidad, calidad y variedad (en el mismo espectro confluyen las exitosas comedias netamente comerciales de Nicolás López, el estridente cine de acción de Ernesto Díaz Espinoza; los polémicos filmes de (s)explotación realizados por Patricio Valladares, o las obras arty con vocaciones más intimistas de Elisa Eliash, Dominga Sotomayor o Alicia Scherson).

Solamente en una coyuntura de esta naturaleza podría surgir MAFI – Mapa Fílmico de un País, página web creada por un colectivo de directores andinos, la mayoría de ellos muy jóvenes, que desde hace un año se ha dedicado a producir y subir cortometrajes documentales con características específicas (un solo plano, filmado en una toma, el uso del tripié, sonido directo, una duración máxima de tres minutos), para hablar y reflexionar acerca de la sociedad actual de su nación, dividiendo los trabajos en cinco secciones: Política, Espectáculo, Estilo de Vida, Ecología y Tecnología.

También tienen que ver los nuevos consumos de medios audiovisuales. El público más joven no está acostumbrado a ir a salas, y necesita que el contenido que va a ver sea corto y conciso.

“El origen de MAFI se da porque a un director le lleva mucho tiempo tratar de que su película conecte con la audiencia local por los medios de distribución tradicionales. Existen los apoyos gubernamentales, siempre podrían ser más, pero existen; se han abierto escuelas de cine desde la década de los noventa, al terminar la dictadura, hay festivales, cada semana se estrena al menos una película chilena, situación que hasta hace un par de años no ocurría; pero queda pendiente esa relación con el público”, dice en entrevista en la Ciudad de México Christopher Murray, uno de los artífices del proyecto y codirector de la multipremiada docuficción Manuel de Ribera (2010), en la que ya se internaba a los confines del país para retratar sus rezagos y carencias).

Estudiantes exigen respuestas, de Ignacio Rojas.

Estudiantes exigen respuestas, de Ignacio Rojas.

“También tienen que ver los nuevos consumos de medios audiovisuales. El público más joven no está acostumbrado a ir a salas, y necesita que el contenido que va a ver sea corto y conciso. Y poco a poco ha ido funcionando. Por ejemplo, ya varios periódicos en Chile se nos han acercado para solicitar reproducir nuestro material en sus respectivas páginas”, añade Antonio Luco, otro de los fundadores de MAFI.

—¿Cuáles son los criterios para que un cortometraje sea subido a MAFI?

—Buscamos aquellas piezas que capturen un pequeño momento narrativo irrepetible para que no sólo sea contemplación, convirtiéndolo en algo más atrayente hacia la audiencia y teniendo así un carácter único —responde Murray, y sigue—: Se intenta crear un vínculo con el público, generar lazos de tal manera que un cortometraje no sólo sea una colaboración aislada de un director, sino parte de una comunidad. En ese sentido, cabe decir que mucho del material de MAFI no se sube a la página. Inclusive como se empezó a producir constantemente, muchos de esos trabajos, almacenados en nuestros primeros discos duros, irremediablemente tuvieron que ser borrados. Sólo han quedado alternative takes.

Se intenta crear un vínculo con el público, generar lazos de tal manera que un cortometraje no sólo sea una colaboración aislada de un director, sino parte de una comunidad.

Habiendo rebasado ya la cantidad de cien documentales realizados, con un grupo que cada vez crece más rápido (al momento hay veinte directores, ente ellos Ignacio Agüero, Juan Luis Torres Leiva, Cristián Jiménez y Pablo Carrera; además de un núcleo de fotógrafos, editores, sonidistas, investigadores…), este par pretende que el siguiente paso de MAFI no sólo sea recorrer Chile siguiendo y registrando noticias de actualidad, sino compartir un mirada crítica del entorno con creadores latinoamericanos.

“Hemos estado presentándonos en Lima, Bogotá, ahora en la Ciudad de México, debido a que MAFI es muy moldeable, muy incluyente. Chile tiene una geografía característica, muy centralista, un porcentaje alto de nuestro material se produce en Santiago, Concepción, Valparaíso, Atacama, así que buscamos expandirnos, porque sabemos que hay toda una contingencia de cine latino que está comprometido con el territorio donde se realiza, tiene ese arraigo y esa responsabilidad para poder capturar su realidad”, dice Murray.

Yo soy drag queen, de Daniela Camino.

Yo soy drag queen, de Daniela Camino.

Y así lo demuestran películas como la peruana Zoom (de Mauricio Godoy, con una idea similar a MAFI, extendida a una hora, una sinfonía citadina por Lima, un registro que nos resulta demasiado familiar, con ese desastre urbanístico a lado de exclusivas zonas residenciales, la falta de educación cívica de sus habitantes, la deficiencia en su transporte público, las aglomeraciones en las plazas públicas para ver ese partido decisivo de futbol…); la brasileña En busca de un lugar común(de Felippe Schultz Mussel, la cual muestra cómo el exotismo y la miseria de las favelas de Río de Janeiro pueden ser redituables para varias agencias de viaje, las que organizan “tours alternativos” a esos reductos de la ciudad para “aventureros” europeos), o las locales Memorias del futuro (de Rodrigo Reyes) y Soy México (de Christian Von Borries y José Elguezábal), dos ensayos acerca de qué se entiende por identidad nacional en los tiempos que corren.

“El cine documental será superior como fuerza informativa a toda propaganda escrita, trivial casi siempre o estropeada por la exageración. Él dirá nuestras excelencias sin necesidad de hipérbole y sin posibilidad de mentirijillas”.

Así, como escribió la poeta Gabriela Mistral en “Cinema documental para América”: “El cine documental será superior como fuerza informativa a toda propaganda escrita, trivial casi siempre o estropeada por la exageración. Él dirá nuestras excelencias sin necesidad de hipérbole y sin posibilidad de mentirijillas”.1 Incluso una exposición multidisciplinaria reciente como Sextanisqatsi: Desorden habitable, inspirada en la célebre trilogía Qatsi, de Godfrey Reggio, y presentada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso capitalino, la cual muestra la manera en que once ciudades latinoamericanas se han desarrollado a partir del caos y la improvisación, podría enclavarse indirectamente en esta voluntad observacional.

“Ya nos hemos presentado en museos, festivales de cine, cineclubes. Ahora una de las siguientes metas que nos hemos impuesto es impartir talleres que bautizamos como Escuela MAFI, dirigida a aquellas personas que quieran dar los primeros pasos en el lenguaje cinematográfico documental, muy didáctico y pedagógico para la formación de la mirada y el pensamiento crítico. Y es que hay una finalidad social muy fuerte en el proyecto, no sólo es el contenido artístico, sino que con esa mirada que cuestione su entorno uno se pueda comunicar con otra persona”, dice Luco.

Gol de Alexis, de Antonio Luco.

Gol de Alexis, de Antonio Luco.

—Después de un año de MAFI, ¿existe algún radar para saber cuál ha sido el impacto del sitio en el público, Murray?

—Es muy variable el número de visitas, depende de la noticia y en qué momento se estrena un cortometraje. Ha habido documentales que rebasan las cinco mil reproducciones, hay otros que apenas llegan a las quinientas. Lo fascinante con estos trabajos es que el tiempo les dará su valor; en un año si vuelves a ver una de estas películas seguirá vigente, transformándose así en un banco de imágenes de un momento específico de la historia del país, que quedará como un patrimonio audiovisual. Por ello aún esos planos que no han tenido una repercusión inmediata, un atractivo masivo, los conservamos y seguimos con ellos.

Tomando en cuenta que este año Chile tiene su proceso electoral y que las manifestaciones estudiantiles no han cedido; si uno ingresa a la página de MAFInotará rápidamente que predominan aquellos documentales que se enfocan en movimientos ciudadanos y activismo político. Estas iniciativas públicas confluyen en la exploración de actividades lúdicas y mundanas como las competencias de roller derby femenino (con música de M83 al fondo). Finalmente, en ese contrastante panorama, estos directores sudamericanos tienen la materia prima para detenerse un momento en el camino y extraer las cosas en las que nadie repara aunque estén en las esquinas más transitadas. ®

Nota

1. Gabriela Mistral, “Cinema documental para América”, publicado originalmente en la revista Atenea no. 61, de marzo de 1930, y reproducido en el libro Archivos I Letrados. Escritos sobre cine en Chile: 1908-1940 [Cuarto Propio, 2012], editado por Wolfgang Bongers, María José Torrealba y Ximena Vergara.

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Publicado en: Cine, Julio 2013


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