Crisis de los cuarenta

No existe tal cosa

Tengo 45 años y comienzo a sentir el paso del tiempo. Me duelen las rodillas, la espalda y tengo sobrepeso. De acuerdo con algunas creencias populares, debería de cambiar de vida y comprar un carro deportivo, salir con una chica de 25 años, tomar un año sabático e irme por el mundo para ver qué voy a hacer con el resto de lo que queda de mi vida.

Origen de esta falsedad

© Lutz Dille

Se supone que conforme uno se enfrenta a la muerte hay un declive físico y se da cuenta de que van a haber sueños que nunca se van a cumplir; se inicia con un periodo de turbulencia y auto-cuestionamiento.

La idea no es nueva. Podríamos citar a Dante Alighieri, quien en el primer párrafo del canto 1 del infierno de la Divina Comedia comienza con las siguientes palabras: “A mitad del camino de la vida,/ en una selva oscura me encontraba/ porque mi ruta había extraviado”. Pero es hasta que aparece en 1965 el psicoanalista Elliott Jacques cuando se acuñó el término “crisis de la mediana edad”, y habría que esperar una década más para que se afianzara la idea de que cualquier comportamiento anómalo que presente una persona en la década de los cuarenta significaría un intento compulsivo por permanecer joven y alejar a la muerte, gracias a la aparición del libro Pasajes: crisis predecibles de la vida adulta, de Gail Sheehy, en 1976. A estas alturas la idea de una crisis de la mediana edad es tan popular que 86% de los encuestados por Lachman y colaboradores [1994] aseguraron que sí existe este problema.

Semejante tema ha sido explotado por la industria fílmica de los Estados Unidos. En 1991 apareció City Slickers, protagonizada por Billy Crystal, en la que él, junto con otros dos amigos, se van de cowboys para huir de su vacío existencial; más recientemente (2007) apareció otra película con el mismo tema, Wild Hogs, con John Travolta, Tim Allen y Martin Lawrence. Incluso podríamos agrupar en esta categoría la muy disfrutable película Groundhog Day (de 1993), en la que Bill Murray tiene que aprender a superar su crisis de la mediana edad repitiendo una y otra vez el mismo día. Y no podíamos dejar de mencionar American Beauty, con Kevin Space en el papel de Lester Burnham, un hombre que deja su trabajo, comienza a usar drogas, se compra un carro deportivo y se le alborota la hormona con la amiga de su hija.

Las nuevas tecnologías no se han quedado atrás y también han contribuido a la dispersión de este mito. En el periódico La Nación entrevistaron a Guillermo Julio Montero de la fundación Travesía, quien afirma: “La paradoja de la mediana edad es que justo cuando una persona está atravesando su momento de mayor productividad, empieza a tomar clara conciencia de las señales de su propio envejecimiento, lo que pone en juego lo que yo llamo el trauma por la propia muerte futura, y Sigmund Freud conceptualizó como el duro asedio de la realidad a la ilusoria inmortalidad del yo”.

Aunque generalmente se habla de esta crisis sólo en hombres, las mujeres parecen no estar exentas de este periodo oscuro y por ello en la revista Espacio Reflexivo, del 3 de junio de 2008, pueden ver un artículo firmado por la psicóloga Nora Cecilia Lemmo afirmar cosas como “Lo que entra en juego en esta etapa es su identidad [de la mujer], es un replanteo de la vida con base en diferentes posiciones que le ha tocado vivir y que tiene que ver con la historia individual, pero también, con la generalidad, que sería el rol que le ha dado esta sociedad: mujer igual esposa, ama de casa, madre” [http://reflexivoespacio.blogspot.com/2008/06/las-mujeres-y-la-crisis-de-la-mediana.html].

La crisis de “las crisis de la mediana edad”

¿Qué hay de cierto en esto de la crisis de la mediana edad? En primer lugar es necesario aclarar que el concepto es difícil de definir y por ello casi cualquier cosas “rara” (comprarse un carro deportivo, salir con una muchacha, cambiar de trabajo) va a ser interpretada como una prueba de que es cierto este concepto.

Pero, veamos, uno de los síntomas clásicos de la crisis es el divorcio; pero las estadísticas nos dicen que la mayoría de las separaciones ocurren antes de la supuesta crisis, de acuerdo con el INEGI [http://www.inegi.org.mx/sistemas/sisept/Default.aspx?t=mdemo83&s=est&c=23570] la edad promedio de los divorcios en México anda en los hombres por los 37 años y en las mujeres a los 34. En Estados Unidos es a los 33 en los hombres y a los 31 en las mujeres [Clarke, 1995].

Estudios de diversas sociedades tampoco apoyan la idea de que estar a la mitad de la vida sea un periodo especialmente estresante. En 1996 se publicó un estudio entre más de 1,500 chinos y no hallaron en ellos signos de que estuvieran en tal crisis [Daniel Shek, 1996].

Curiosamente, en la opinión de Peter Borkenau, de la Universidad Martin Luther King de Alemania, parece ser que después de los sesenta años es cuando se vuelve a ser más abierto; tal pareciera que una vez que se han cumplido con las obligaciones que uno se echó encima entonces se permite uno cambiar y abrirse a nuevas experiencias.

De hecho, los estudios han encontrado lo contrario. Brim y sus colaboradores [2004] encontraron que más de tres mil sujetos de su muestra, que estaban entre los cuarenta y los sesenta años, se sentían en control de su vida, expresaron sentimientos de bienestar y estaban en un momento excelente de su relación de pareja, sin haber diferencias entre hombres y mujeres. Además, éste es también un momento de un alto funcionamiento cognitivo [Lachman, 2003].

Comparemos esto con los datos de quienes sí han pasado por una crisis. Al parecer, el número oscila entre 10 y 26%, dependiendo de cómo se defina la crisis [Brim, 1992; Wethington, 2000].

Para Brent W. Roberts, de la Universidad de Illinois, los cambios de personalidad son más fuertes entre los veinte y los cuarenta años que durante el resto de la vida; él junto con dos colaboradores revisaron 92 estudios de desarrollo de la personalidad y concluyeron que los cambios posteriores a los cuarenta años eran menores comparados con los acaecidos entre los veinte y cuarenta. Así la supuesta crisis de la adultez es más un mito que una realidad [Roberts y cols., 2006].

Curiosamente, en la opinión de Peter Borkenau, de la Universidad Martin Luther King de Alemania, parece ser que después de los sesenta años es cuando se vuelve a ser más abierto; tal pareciera que una vez que se han cumplido con las obligaciones que uno se echó encima entonces se permite uno cambiar y abrirse a nuevas experiencias.

Así que tengo como unos veinte años por delante de trabajo y productividad, para después relajarme y llevármela más tranquilo para hacer cosas en las que la panza no me estorbe, como tocar el piano y la ebanistería. ®

Bibliografía
Brim, O. G. (1992), Ambition: How we manage success and failure throughout our life, Nueva York: Basic Books.

Elliott, Jaques, “La muerte y la crisis de la mediana edad” (título original: Death and the Midlife Crisis), International Journal of Psychoanalysis, 1965.

Gail Sheehy, Pasajes: Crisis predecibles de la vida adulta (título original: Passages: Predictable Crises of Adult Life), 1976.

Lachman, M. E., Lewkowicz, C., Marcus, A. y Peng, Y. (1994), Images of midlife development among young, middle-aged, and older adults, Journal of Adult Development, 1. 201-211.

Clarke, S. C. (1995), Advance report of final divorce statistics 1989 1990, Monthly vital statistics report, 43 (8, suppl.). Hyattsville, MD: National Center for Health Statistics.

Shek, D. T. L. (1996), Mid-life crisis in Chinese men an woman. Journal of psychology, 130, 109-119.

Brim, O. G., Ryff, C. D. y Kessler, R. C. (2004), How Healthy Are We?: A National Study of Well-Being at Midlife (The John D. and Catherine T. MacArthur Foundation Series on Mental Health and Development. Studies on Successful Midlife Development, Orville Gilbert Brim, Carol D. Ryff y Ronald C. Kessler (comps.), Chicago: University of Chicago Press.

Lachman, M. E. (2003), Development in middle life, Annual Review of Psychology, 55, 305-331.

Roberts, B. W., Walton, K. E., Viechtbauer, W., Personality traits change in adulthood: reply to Costa and McCrae (2006), Psychol Bull., enero de 2006, 132(1): 29-32.

Wethington, E. (2000), Expecting stress: Americans and the “midlife crisis”, Motivation and Emotion, 24, 85-103.

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Publicado en: Ciencia y tecnología, Marzo 2012


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