Crónica de un grupo de metaleras

Provocaré un diluvio, de Arturo J. Flores

En su momento se llamó “nuevo periodismo”, sus máximos exponentes Truman Capote, Tom Wolfe y Norman Mailer; en México: Vicente Leñero. En fechas más recientes en nuestro país muchos periodistas organizaron su trabajo de reportajes y crónicas en libros, los temas del narcotráfico o los escándalos políticos era lo que más sobresalía (¿sobresale todavía?) en las mesas de novedades.

En ese contexto y con esa escuela aparece Arturo J. Flores (Ciudad de México, 1978) con un lúdico encuentro con una atmósfera que por momentos olvidamos que sigue allí, más viva, más explosiva y más luminosa que nunca.

Tomando la crónica como bandera, el reportero, labrado en revistas de corte musical en su mayoría, se vuelve narrador y personaje en un mundo poco explorado, el del heavy metal y todavía más particularmente en el heavy metal que tiene a un grupo de cuatro chicas como exponentes.

Las Mystica Girls nacen en un bar, se reproducen en los conciertos y no mueren porque perdurarán en sus canciones y en las páginas de este libro que se lee con sentimiento, se vuelven entrañables las Jane, Sofía, Alice y Cinthya, y sólo debajo de ellas el Chico Migraña, locutor del programa Sangre de Metal en la 7 Diez de AM, que sin proponérselo del todo se convierte en el fantasma que aparecerá como eje de la obra.

Sólo él conoce a los héroes de esa religión para llevarlos incluso al reino de las Mysticas, como lo es en la Zona Rosa el lugar llamado Yuppie’s; sólo él quiere trascender en la música sin ser rockstar; sólo él quiere mantener vivo el sentido y el rumbo de los de esta especie, por ello, quién mejor si no él para organizar el concurso de bandas cuyo premio es convertirse en el primer grupo mexicano que participaría en el afamado Wacken (sin gastos pagados) en Alemania, que según los conocedores es donde se marca un antes y un después en la vida del metal.

Tomando la crónica como bandera, el reportero, labrado en revistas de corte musical en su mayoría, se vuelve narrador y personaje en un mundo poco explorado, el del heavy metal y todavía más particularmente en el heavy metal que tiene a un grupo de cuatro chicas como exponentes.

Sin llegar a los extremos, sino recurriendo cuando es justo a frases como: “En la fe cristiana, a uno suelen bautizarlo con agua. En el rock, te bautizan con sangre o algún fluido corporal equivalente”, la agilidad en la lectura del también autor de Cuentos de hadas para no dormir, transmite emoción al recordar cómo un grupo de chicas le piden ser su representante musical, con ambas partes sin experiencia previa en ese ámbito, pero con toda la actitud por recorrer el camino juntos.

Aceptada la comisión, las páginas y los capítulos señalan la bitácora del mánager (“No hay que olvidar que en el universo del metal todas las bandas alguna vez fueron la banda equis”), así vemos y vamos a conciertos en lugares de la Ciudad de México y de provincia: Querétaro, Estado de México, San Luis Potosí, los traslados, el movimiento del equipo, los otros grupos, la convivencia misma con los demás, las cosas que se viven detrás del show es lo que nos narra un autor que comparte sus gustos y conocimientos musicales.

Bien dice Flores que “Si no se puede escribir algo sobre una estrella de rock que no involucre a la música, entonces no es estrella de rock”. Por eso él deja Provocaré un diluvio (el nombre es en honor a la canción estelar de las Mystica Girls) como testimonio de su paso en el metal como mánager, ese papel que pocos saben desempeñar y del que seguramente muy pocos salen bien librados.

Justo es decir que las Mysticas por separado son personajes completos, no llegamos a conocerlas del todo y eso lo hace mágico, quererlas conocer más, como grupo son una explosión en la pluma de Flores, no es gratuito que los capítulos donde ellas no aparecen sean los más cercanos al periodismo tradicional, por la cantidad de información que proporciona y por el tono en que la ofrece.

Cuando están ellas presentes se nota el cariño, el afecto. Con ellas fuera es diferente. Provocaré un diluvio [México: Fondo Editorial Tierra Adentro, 2011] es un libro que bien puede traducirse como esa canción que deseas escuchar y que sabes no te aterra volver a oír con el paso de los días, su estructura de crónica y bitácora se vuelve ágil, de tal forma que los viajes a provincia o a Europa no son distantes, los encuentros con las grandes personalidades son célebres pero no ceremoniosos.

Una lectura agradable con un tema que se vive más allá de las grandes urbes, pues en cualquier lugar se puede estar incubando la siguiente banda que marque historia en la música, y por momentos pasa inadvertido. ®

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Publicado en: Libros y autores, Noviembre 2011

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