Crónica incisiva de un weekend

¿Era un clon ese Monsi que andaba por ahí?

En esta crónica delirante, escrita en abril de 2008, el autor se adelanta a los acontecimientos y da por muerto al ahora tan llorado y “ubicuo” cronista en el contexto de marchas de apoyo y “resistencia civil pacífica” contra la pretendida privatización del petróleo, y otros dos muertos no tan ilustres.

A)

¿Adelitas cercan el Senado? De qué hablan. Parece que lo hacen en otro idioma, pero algo entendí: “La patria está en peligro”. Así que a sacrificar otro fin de semana. Ni modo. Esto empezó el jueves y no el viernes. Sin embargo, el fin de semana (para la gente normal como quien esto escribe… y quienes esto leen) empieza propiamente el viernes. Ellas madrugaron (o trataron), pero yo no. Digamos que les dimos un día de delantera. Y sí, porque no se trata propiamente de Adelitas, sino de las Delanteras de AMLO. Este fin de semana, como ya nos habían anticipado (o adelantado) el “histórico” 18 de marzo (de 2008): ¡Las mujeres por delante!

Viernes con un tráfico del demonio. Mucho movimiento inclusive de transeúntes. Este tráfico no es tal: no es el tráfico estresante generado por la gente que utiliza cada fin de semana, que concluye el domingo, para desestresarse rutinariamente… Es la caballería y la infantería lópezobradorista. Desde el jueves se regó el tepache, y ya todos nos enteramos que se acerca la “batalla decisiva”.

Entre Las Nuevas Fuerzas Vivas y la Nueva Mecánica Nacional, cuyos cortos (de inteligencia política) y tráileres (de acarreados) hemos estado viendo en los últimos dos años… ¡Vámonos con las Delanteras al Senado!

Escala en el Zócalo. Ésta fue una fatalidad porque por razones presupuestales no utilizamos un avión como medio de transporte, sino un tren subterráneo que llaman Metro. De todos modos, les caímos aunque no en paracaídas.

Norteados en el Centro Histórico. En la esquina de Tacuba y La Palma le pregunto a un vendedor de periódicos: “¿Dónde está el Senado?” Con su dedo señala hacía una esquina y me contesta: “En la siguiente esquina a mano izquierda”. Ya no tuve que preguntarle más, está súper informado. El vendedor de periódicos no sólo ubica al Senado, también sabe de lo que se trata esto (“a mano izquierda”) cuya “batalla decisiva” está, sí, a la vuelta de la esquina.

Caminando por Donceles encuentro una muchedumbre, pero de plantón no tiene facha. Sí, lo dicho: no es un plantón, es el público en las afueras del Teatro de la Ciudad. ¿Qué estarán presentando? Lo más seguro es que nada de interés, así que mejor me lanzó al Fru-Fru.

Con la novedad de que aquí, donde se suponía que estaban las Delanteras, no hay nada. Bueno, están las ruinas del Fru-Fru, pero nada de Delanteras ni de Martinas. Lo más llamativo es un carro, de ésos de control remoto, no de juguete sino de Televisión Azteca. ¿Qué estarán transmitiendo si no hay nada aquí?

Son las ocho de la noche. Entro en una tienda de abarrotes y le pregunto a la señora que me despacha: “¿Aquí estaba el plantón?” Ella me dio el sí y su compañero de trabajo afirmó que hacía media hora se había levantado el plantón. “Estaba todo cerrado alrededor, no había paso”, dijo con un rostro sonriente. Parece que le da gusto que ya se hayan ido. Pero ¿adónde se fueron?

Por el momento yo me fui al puesto de tortas de enseguida. No, no iba a comer; fui a preguntar. En la tortería me aseguraron que el plantón se levantó a las cuatro de la tarde. ¿En qué quedamos? Pónganse de acuerdo, porque si no lo hacen…

No me quedó de otra que sacar una media. Ni a las cuatro ni a las siete y media: el plantón se levantó a las cinco cuarenta y cinco de la tarde, tiempo de la Ciudad de México, con más menos una hora con cuarenta y cinco minutos de incertidumbre. En términos más simples: a las cuatro empezaron a levantarse y la última persona lo hizo a las siete y media de la noche.

Sin embargo, sí hay personas en las afueras del Senado. Alcanzo a ver a un tipo que parece ser el senador panista que tiene nombre de delegación perredista: Gustavo Madero. Parece que es él y hasta se ve tranquilo, tan tranquilo como la calle del 57. Aquí hay un buen número de baños —azules— públicos y móviles, como los del otro plantón. Todos los baños tienen un letrerito: “Mujeres”. Le pregunto a un empleado de intendencia de un edificio que está en esta calle: “¿Son del plantón?” Que sí, pero no me aseguró que los pudiera usar. No sé si porque están cerrados o son exclusivamente para mujeres. Volteo a mi derecha y veo una camioneta con dos tipos y un letrero en la ventana: “Policía Federal”.

Agarré el último baño, el de la esquina. ¿Por qué? Uno, porque es más interesante a veces la esquina. Dos, porque los baños del fondo decían: “Hombres”. Tres, porque tenía que entrar. Ya adentro no percibí ningún olor raro o desagradable. Parece que los mediocampistas son muy limpios, o no hicieron acto de presencia en el plantón fugaz.

Lo único que no me gusta como huele es la camioneta de la policía. ¿Por qué ese letrero? Ah, ya sé, porque se quieren identificar como policía, ya que el carro trae placas normales (¿así se dice?) de la Ciudad de México: SNV 991.

Aunque ya se fueron las Delanteras (¿adónde?) el cerco del Senado sigue. Así que me meto por una callecita que conecta a Donceles con Tacuba. Aquí hay otro carro de policía, pero es del Distrito Federal y es un camión. Está prácticamente vacío y algún inconsciente vacía el tanque de la gasolina: el camión está encendido sin necesidad. A un lado de él se encuentran unos cuantos policías y algunos fuman, pero el verdadero derroche contaminante está en el camión (o en el cerebro de esto).

En contraesquina del restaurante Los Girasoles, que se encuentra semivacío, hay un grupo de Delanteras que se quedaron en la retaguardia (¿la defensiva?). Comentan cosas, que esto y que lo otro. También hay mediocampistas en la bola o bolita. Y, bueno, me acerco.

“Se fueron a Televisa”, dicen unas. Ah, me imagino que a darle el recibimiento a Andrés Manuel López Obrador, una vez que salga de su más reciente entrevista con ¿López Dóriga? No, que no fueron a eso.

En realidad no me estaban contestando nada, yo escuchaba. “Fueron a protestar”. ¿Por el ridículo que hizo López Obrador en la entrevista con Carlos Loret de Mola? No, que por el manejo en la información que han hecho a propósito del neoplantón. Bueno, por higiene mental no veo televisión (y la entrevista a AMLO con Loret de Mola la leí en fragmentos), pero aun así no siempre uno puede practicar la higiene mental.

Aquí hay unas estatuas de guerreros aztecas. Yo nomás para calar un poco el ambiente, ahora sí, le pregunto a un mediocampista: “¿Qué es esto?”, y me contestó: “Fueron a protestar a Televisa, pero van a regresar”. ¡¿Qué?! No entiendo por qué fue ésta su respuesta, no tiene nada que ver con mi pregunta. Con todo respeto, el mediocampista anda pedo, trae encendido el chip del automático o simplemente está atontado. Bueno, hasta se parece a López Obrador en sus respuestas en televisión. Pero hay una diferencia fundamental: el mediocampista, como algunos otros, puede estar atontado, López Obrador sólo se hace el tonto. Ah, por cierto, esto es el Museo del Ejército.

“Vamos al Club de Periodistas”. Pues vamos, algo hay. Entro al Club de Periodistas, el cual está muy concurrido, y me encuentro en la mesa del presídium, en mero en medio, al C. ex senador Manuel Bartlett Díaz. Presentaron a las seis y media de la tarde su libro sobre el petróleo. Están ya en la sesión de preguntas y respuestas.

Bartlett, con el mismo rostro adusto de la noche triste (para él, Salinas et al.) del seis de julio de 1988, aunque ya bastante canoso, no dice nada. Su cara —de cínico— sólo genera cierto desprecio hacia las Delanteras y mediocampistas que se deshacen por dar su opinión y que sus dudas sean aclaradas. Al lado de Bartlett se encuentra puro desconocido (para mí), todos con la fachita de licenciadillos del PRI en sus “tiempos de gloria”.

Dos rostros más y nos vamos del Club de Periodistas. Sólo una mujer en la mesa, la moderadora, una versión legítima de Lolita de la Vega. La moderadora, cuyo nombre ni investigué, es una güera (¿de la CTM?) que trae un vestuario rojo (¿de la CROC?) y no deja de mascar chicle “discretamente”. De repente, alguien que está a mi lado como a un par de metros, a punto de salir, le habla a Bartlett y éste reacciona. Ambos dibujan una sonrisa y se despiden. El tipo que se despidió de Barlett era… ¿Ignacio Ovalle o Fernando Elías Calles? Sea quien haya sido, el tipo alzó su mano diciéndole adiós a Bartlett, que en realidad fue un hasta luego porque están en esto y están con el Peje.

Una mujer me ofrece el periódico del PRD que es de cooperación voluntaria. “Está bien”, pensé y le di cinco pesos. Una vez que se lo compré me di una vuelta con el periódico bajo el brazo. El sonido era pésimo, pero parecía que a los organizadores les tenía en realidad sin cuidado lo que la gente estaba opinando y preguntando. ¡Todos eran Bartlett! Y dejaron que los “interlocutores” se explayaran, uno tras otro tomaba el micrófono. Supongo que al final les aclararían todo, pero ya no me quedé. Salí hecho un rayo en busca de las Delanteras más aguerridas.

Afuera de Bellas Artes estaban Delanteras y mediocampistas, pero en realidad era poca gente. Comentaban la hazaña del jueves y me enteré de que efectivamente sí llegaron en la noche los mediocampistas. Hablaban de las vicisitudes. Alguien mencionó que algunas Delanteras estaban acampando en el Monumento a la Revolución. Hacia allá me fui de nuevo como rayo.

Ya casi a las nueve de la noche, prácticamente con la oscuridad a cuesta, llegué al Hemiciclo a Juárez, que es punto de reunión muy frecuente de las Delanteras y similares. De Televisa ya salieron, me dije, aunque en realidad estaba seguro de que ni las dejaron entrar. Al Senado parece que no regresaron y la única pista que tengo es el Monumento a la Revolución. No sabía si confiar o no en esta pista, y como ya estaba ahí me metí a la Alameda Central. Quizá se camuflajearon y andan por aquí, pensé.

Pues gente sí se ve, ¿eh?, pero a ciencia cierta no sé si se trata de lo que ando buscando: a las Delanteras en pleno. De hecho, hasta puestos de hot dogs y de dulces todavía hay. No me fijé y sin querer al caminar desconecté el cable que nutría de energía eléctrica a un puesto ambulante donde vendían pura cosa para nada nutritiva. Esto me desconcertó mucho: no sabía si estaba defendiendo de manera radical la no privatización, es decir, el no robo de la energía, o si simplemente mi inconsciente actuó —al apagar la escasa luz que había— con el único fin de hacer más interesante la búsqueda.

Nada de Delanteras. Mediocampistas por aquí, mediocampistas por allá. Aproximadamente la mitad de éstos están solos, como esperando algo o alguien. La otra mitad está en pareja. De éstos, ninguno suelta prenda: cuando se hablan prácticamente lo hacen al oído. Algunos hasta se besan. ¿Esto es camaradería? Sea lo que sea, no es lo que estoy buscando, así que mejor me voy al Monumento a la Revolución.

Y sí, aquí había un plantoncito. Pero se trataba del mismo que ya tiene meses y en algún momento pesaron hacer crecer (hacia arriba). Ya sólo llegué a las afueras del restaurante Carballino, donde leí el menú de (y en) tres tiempos. Del restaurante emergía un mejor sonido que el del Club de Periodistas.

El Monumento a la Revolución no albergaba a nadie.

Javier González Garza

B)

¿Together? Pues sí. Dando vuelta a la derecha en Donceles y Allende, en busca del Senado, de nuevo veo a una muchedumbre light y together en las afueras del Teatro de la Ciudad. Igual que ayer viernes. A mí, sin embargo, me tiene sin cuidado lo que haya ahí adentro. Además, voy alone y al Senado. Ah, pero ahora sí que no estoy alone: en la entrada principal del teatro se encuentra alone el coordinador parlamentario del PRD en San Lázaro, el diputado Javier González Garza. A diferencia de los casos de Ignacio Ovalle-Fernando Elías Calles y el senador Gustavo Madero el viernes, ahora sí estoy cien por ciento seguro de que se trata del diputado González Garza; es inconfundible hasta por el hecho de estar fumando. Quién sabe qué habrá porque se supone que estaban en Resistencia y huelga legislativa. ¿Ya cambió de recinto de sesiones la Cámara de Diputados? No sé. De cualquier forma, busco el Senado. La Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados no están necesariamente together.

Pasadas las siete y media de la noche cruzo República de Chile. Varias estatuas de la libertad, versión punk, se dirigen a la puerta de un edificio. Sigo a las estatuas vivientes.

Uta, sí, así se dice. Bueno, así se llama el centro cultural (“Chela a 12 pesos”) al cual se dirigen los punketos. Afortunadamente no hay emos. Lo único raro, para los punketos que están en la puerta, soy yo… ¡Uta!, alguien me llama de una terraza del segundo piso. No me pongo nervioso, al contrario: coopero. La punketa en cuestión me pide que le hable a un punketo que está a mi izquierda. “Te hablan”, le digo muy sereno. No me vieron feo y parece que por lo menos no les soy molesto. Hasta me dan ganas de hacer escala adentro del centro cultural, porque además veo en otra terraza a personas que no son punketos (pero tampoco emos) en pleno diálogo cordial con lod punketos. ¡Viva la tolerancia!

Seguí caminado y en un momento dado ya estaba muy cerca del Zócalo. En menos de veinticuatro horas adquirí el Alzheimer; no recordaba cómo llegar al Senado ya estando en Donceles. Exacto. Ayer, el vendedor de periódicos me dijo clarito: “En la esquina a mano izquierda”. Si me regreso un poco me daré cuenta de que en la esquina de Allende y Donceles —viniendo Tacuba— tomé hacia la derecha. Sí, me regreso…

Los paréntesis son importantes. Aquí fue donde el buey torció (a la derecha). Aquí, a un costado del Teatro de la Ciudad, donde aún no entran todos. Ya llueve un poco y al mirar hacia el cielo nublado localizo una manta… Together es lo que hay ahí adentro. Pero junto a Together hay un paréntesis: “La Comuna”.

Ahora creo entender por qué la presencia del diputado González Garza. Quizá se trata de nuestra comuna, la de Donceles.

¿Por qué en el Teatro de la Ciudad y hasta con boletos de Padrotemaster? Bueno, porque este teatro depende del Gobierno del Distrito Federal, que en su momento fue muy generoso con el intento de “comuna” de 2006. O sea que sí, “revolucionarios” pero con cargo al erario. Lo de los boletitos tiene que ver con muchas otras cosas que han sucedido a partir del gobierno “de izquierda” de AMLO (y sus regentes: Encinas y Ebrard). Privatizaciones, concesiones, licitaciones, expropiaciones, barrer la “escoria” de aquí y de allá para no molestar la vista del C. Carlos Slim Helú, etcétera: ¡todo un proyecto de nación!

Los boletos para entrar a Together (La Comuna) cuestan algunos cientos de pesos. Qué raro que cobren, si aquí el gobierno “de izquierda” casi todo lo “regala”. Más aún, qué raro que cobren y no paguen. Esto quizá se debe a que algunos “comuneros” sí tienen poder adquisitivo. No olvidemos, y los testimonios aún surgen de la gente de a pie, que muchos “comuneros” cobraban en el plantón de 2006 trescientos pesos por día (con lo que, por ejemplo, pueden pagar para entrar a Together). Pero, ¿de dónde salió ese dinero? ¿Por qué se financia así un movimiento “revolucionario”?

Padrotemaster debe tantas explicaciones.

El Senado vacío, pero eso sí, con un cerco de fierros y ¡un solo policía! Por esto debí haber encontrado a las Delanteras anoche, así ya estaríamos en contacto y desde aquí les podría avisar: “Paso libre en la casona de Xicoténcalt…” Pero para pasos, los que están en la explanada del Museo Nacional de Arte, el Munal.

Sonaban tambores que en realidad no eran tales. Yo pensaba que se trataba de una banda de guerra, un batallón o algo así. Eran danzantes más o menos organizados. Cubrían un buen cuadro de la explanada y tenían público. Sin embargo, no parecían tener relación con la “Resistencia creativa”. En medio de la danza, una ofrenda donde sobresalían plátanos y naranjas. Un par de danzantes portaban estandartes con referencia a Tezcatlipoca y el Calpulli.

Eran seis huéhuetls. Los danzantes eran muchos más y prácticamente todos traían sus coyoles y ayacaxtlis. La armonía se sentía. Nadie hablaba, no cantaban. Sólo bailaban. En un momento determinado hicieron más patente el movimiento de sus manos y brazos, como agresivos o guerreros. Algunos hasta escudos portaban. Empezaron a cantar, pero en un idioma que no entendía. Lo único que entendí fue un grito repetido al momento en que me retiré: “¡Ah!”

¡Aaaaaaaah!, y esta estatua de qué fundidora se escapó. En una esquina de 5 de mayo, en una de esas tienditas de abarrotes trasnacionales (7 eleven) que abunda de tiempo atrás hasta en el Centro Histórico, una estatua de plata consume algo. El susto se me pasó, así que ingresé a los abarrotes en cuestión. La estatua viviente y medio fundida, además de prófuga (de la fundidora), se ríe. Yo no resistí la tentación y la cuestioné… de manera indirecta, claro, para que entrara en confianza. No le podía decir “¡Por qué te escapaste del horno en el cual te estaban fundiendo!” Claro que no.

Le pregunté: “¿Qué te pones?” “Un par de pinturas vegetales, además de vaselina”, contestó. “¿Y cómo te limpias?”, fue mi segunda pregunta. “Pues con esto”, señalaba un paquete de wipes, “y corriendo para sudar”, me dijo. Al final le hice una pregunta que podría pasar por tonta: “¿Y no te hace daño?” “Pues claro que hace daño”, mencionó con un aire de resignación.

Una aclaración y una conclusión. La pregunta final y tonta que le hice a la estatua en realidad no era tonta porque yo no me refería a que si lo que se ponía afuera le hacía daño, sino a lo que se ponía por dentro: un refresco marca Coca Cola que estaba comprando junto con las wipes. Tampoco me refería a un mal renal, sino a uno cerebral (recuerden al C. ex presidente Vicente Fox). Pero esta estatua me ha hecho llegar a una conclusión: qué difícil es ser héroe y terminar como estatua. ¿Quién quiere llegar a algo así?

No sé ni cómo le hice, por aquello del Alzheimer, pero ya llegué adonde quería llegar desde hace rato. No es la primera vez que me meto en esto, creo que no será la última. Algo hay: mi intuición no falló. Otra rareza, porque en sábado a las ocho y media de la noche uno espera la puerta cerrada. Yo venía no sólo con la intuición, sino también con la intención de tocar (la puerta).

Al entrar no me esculcaron (la mochila). Pasé, además, sin pagar cover. No pienso dejar ni un peso de propina (limosna). Ya adentro, con poca luz y algo de música de fondo, reconozco un olor: algo están quemando. A ver si no me apendeja el olor. Por si las dudas, traigo un preservativo (el cerebro).

¿Cómo fue? Nadie me lo dice, pero el muerto está ahí. El féretro se encuentra abierto. ¿Muerte cerebral? Quién sabe. Pero, ¿quién será el occiso?… ¡¿No?! Sí, clarito lo dijo el cura con micrófono en mano: “Nuestro hermano Corrupto Ahumada ya goza de la vida eterna”. Ah, entonces resulta que aquí, en este lugar, hasta muerto uno goza. Qué bueno que traje mi preservativo, espero que no estén en contra de él.

Empieza la primera lectura. Del bendito Dios… a los Hechos de los Apóstoles. Tomo asiento, respetuosamente, en el ala derecha de las bancas. Estoy un poco sorprendido con la muerte de Corrupto Ahumada, precisamente en pleno inicio de la “batalla decisiva”, así que no sigo del todo la lectura. Ésta no me aclara nada o, mejor dicho, me “confunde”. Mencionan a un tal Jesús… ¡y hasta un segundo piso! Ahora entiendo por qué dicen que todo está en la Biblia, pero no sé qué cita en concreto de los Hechos de los Apóstoles están leyendo. Y ya con eso del mentado segundo piso y el cuerpo tendido de Corrupto Ahumada intuyo que entre estos apóstoles del Mesías hay viejos conocidos. Mejor me voy al ala izquierda de las bancas.

El muerto sigue ahí, parece que no se ha movido. Yo mato un pájaro de dos tiros: alcanzo a ver a Corrupto Ahumada afilado y también un retrato de él que tienen a escasos metros del féretro.

¡Qué avejentado quedó! Corrupto Ahumada no debe haber tenido al momento de morir más de cincuenta años, pero parece por lo menos de ochenta. ¡Qué perverso es aun en su propio funeral! En el retrato que tienen de él lo pintaron disfrazado de cardenal o una (santa) madre de ésas. Pero qué nos extraña, se disfrazaba hasta de “empresario progresista”, y algunos apendejados se lo creyeron mientras otros se hacían (“¡compló!”). También se disfrazaba con rostro bolita blanca. Sin embargo, digamos que como que le hicieron el favor en el retrato porque sí se ve más joven. ¿Esta pintura será anterior a su “exilio” en Cuba?

Ahora el cura que lleva la batuta (¿será cura de verdad o disfrazado?) lee algo de un tal Juan. No, ¡no-chin-guen!, todavía no digiero a los Apóstoles y ya me aventaron al tal Juan. Esto es materia, en todo caso, para Carlos Monsiváis. Él debería llevar la batuta: dicen que prácticamente ha memorizado la Biblia. Materia para Monsi.

Un niño morboso —de no más de doce años— se acerca al féretro para ver a Corrupto Ahumada. Afortunadamente, éste está muerto, no era cura y aunque lo fuera: el pederasta era el otro (Marcial Maciel, recientemente fallecido).

Yo ya no toco el tema de las Sagradas Escrituras, que lo toquen otros. Mejor busco otras morbosidades… o avejentadas.

Resulta que al lado del niño en cuestión se encuentran dos mujeres de la tercera edad que parecen las viudas. ¿Sería tan perverso Corrupto Ahumada que hasta avejentó a sus mujeres? ¿O será que no era pederasta ni paidofílico sino gerontofílico? ¡¿Es un misterio divino?!

De lo divino a lo político. Ya me cayó requetebién el cura, así sea en dado caso espurio. Empieza el discurso político, pero parece que el cura sí está apendejado, o se hace, claro. Se cree eso de que Corrupto Ahumada era cardenal y hasta tuvo un desliz; éste lo tuvo el cura del micrófono, no Corrupto Ahumada en los meandros de la paidofilia o cosas de ésas. El cura no llamó a Corrupto con este adjetivo que en realidad es sustantivo y nombre propio: lo llamó Corripio (si le iba a inventar un nombre, ¿por qué no escogió algo menos horripilante?). Pero pese a esto, el cura dijo una gran verdad política: “La Arquidiócesis de México es la arquidiócesis más grande del mundo”.

Y me cayó otro veinte. Es por esto, es decir, porque somos (bueno, a mí me excluyen, please) la Arquidiócesis más grande del mundo, ni más ni menos, que los procesos de apendejamiento funcionan tan bien en estas latitudes. Otros Corruptos lo saben, han puesto en  práctica esos procesos. ¿Ejemplos? Doblo a las viudas de Corrupto y suelto cuatro nombres recientes: Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador.

El cura mencionó que mañana le darán el adiós a Corrupto Ahumada y que no es casualidad divina que mañana sea “Día del Pastor”. Yo agregaría: no es casualidad que este día coincida con el inicio de la “batalla decisiva” de AMLO.

Pero todo tiene un límite y a mí ya me cayó mal el cura. Me quedé, respetuosamente, sentado, calladito y hasta juntando mis manos en señal de resignación por la muerte de Corrupto (la cara compungida no me salió, creo). Pero me quedé así con un interés de por medio: el vino de consagrar. Si Corrupto gozaba ya de la vida eterna, ¿por qué uno no iba a gozar un poco con el paladar, sobre todo quienes traíamos preservativo? Pero nada nos ofrecieron. O sea que si el cura era una personificación, era mala. Pero, bueno, les “perdono cristianamente” la ausencia del cáliz de la sangre (a mí se me hace que esto es una pantomima, ni es cáliz ni Corrupto ni nadie goza nada una vez muerto: te mueres y ya se acabó todo). Lo que no les perdono es el café, porque si el muerto sí estaba muerto, entonces ¡¿no lo estábamos cafeteando sin café?!

Todo tiene un límite, lo reitero, y no les miento la (santa) madre nomás porque traigo preservativo. La misión de hacerlos pasar por “víctimas de la intolerancia”, cuando la intolerancia (y el crimen) es parte fundamental de la historia de la Iglesia católica, es de aquellos que no tienen-usan preservativo (“¡Es un honor…!”). Así que adiós al Corrupto, si es que en realidad se murió (me declaro escéptico), y a buscar un café en otro lado.

Salí de la Catedral Metropolitana, la de la arquidiócesis más grande del mundo (“¡Es un honor!”), y ya estaba lloviendo de manera light. Soy escéptico, pero a mí no me engañan: se trataba de Corrupto Ahumada quien estaba helado, frío, ya fuera de este mundo, más para allá que para acá… Así que brincando charquitos de agua, al ir alternando los pies para no perder el equilibrio físico (el político lo perdieron otros), me fui tarareando… Allez, venez, Milord! / Vous asseoir à ma table / Il fait si froid, dehors / Ici c’est confortable / Laissez-vous faire, Milord! … Je vous connais, Milord! / Vous n’m’avez jamais vue… Je en e suis… Qu’une ombre de la rue… Allez, venez, Milord! / Vous avez l’air d’un môme! / Laissez-vous faire, Milord!… Allez, riez, Milord! / Allez, chantez, Milord! / La-la-la-la-la… Bravo, Milord! / Ya se murió, Milord! / Uno menos, Milord! / Ya acompañará al pederasta de párrafos anteriores, Milord! / Y uno que otro paidofílico, Milord! / Y a otros Corruptos, Milord! / Pero faltan muchos, Milord! La-la-lala- la… Encore Milord!… La-la-la-la-la.

C)

Domingo en pleno Zócalo. “Los domingos”, escribió Salvador Novo, “uniforman el mundo. Si todos los días fueran domingo no habría países”. ¿A poco?

Antes del domingo, obvio, fue el sábado. Pero antes del Zócalo, lo que no es obvio, estuvo el Metro. A pesar del retraso evidente, no llegué tan tarde al inicio de la “batalla decisiva”. Todo se lo debo al Metro, que ojalá nunca se les ocurra privatizar ni siquiera el del Centro Histórico, donde las barredoras del C. Carlos Slim Helú barren con todo. La estación Zócalo estaba abierta y no tuve que caminar. Ni falta que hace: ya he caminado lo suficiente este weekend.

En Catedral debe seguir la cafeteada (¿sin café?). En Palacio quién sabe qué están cocinando, lo más seguro es que nada: es una especie de museo, no de cocina. Me planto en la esquina del Zócalo que da hacia Pino Suárez. Me planto pero dentro del cerco, en plena plancha.

Una que otra campanada mediocre se escucha a las once y veinte de la mañana. La plaza no está muy llena, pero tampoco está vacía. Lo que sí luce vacío es el escenario. Sólo se encuentran en él Jesusa Rodríguez, Claudia Sheinbaum y otra mujer que no reconozco. ¿Y los demás dónde están, no importan? Quizá se fueron a despedir —algunos— de Corrupto Ahumada. Pero no lo creo, ¿eh? Y ante este silencio que sólo es interrumpido por las campanadas dispersas y mediocres de Catedral, además de cierto zumbido de las bocinas, los muertos nos visitan. Banquete de necrofílicos.

Sin darme cuenta, no sé si por el olor a muerto que me pudo haber seguido ayer en Catedral, me coloqué muy cerca de una ofrenda de muertos. No se trataba de algo así como la ofrenda en el Munal, que era de plátanos y naranjas, sino de una de pepinos… socialistas. Mis compañeros de viaje son ni más ni menos que los acólitos de Vicente Lombardo Toledano, que reclaman la “unidad de las fuerzas democráticas”. ¿La unidad nacional de Lombardo?

Pero ya no me voy a mover de aquí. Ahora sí, como en el funeral, sin indisciplinas. Aunque, claro, con un poco de incertidumbre y algo de dispersión puedo barrer el área inmediata.

No hay entusiasmo guerrero. Pero la concurrencia va aumentando. Quietos, que si no no salimos en la foto (incluidos los lombardistas), quietos a pesar de que hoy inicia la “batalla decisiva”. ¿Desde cuándo esta quietud?

Mirando alrededor, sí, mantas, banderas, brigadas. Podría decir que lo mismo de siempre desde hace algunos años, tres en lo inmediato. Pero la quietud es patente. En este lapso de espera, que sirve para mirar en retrospectiva, encuentro sólo dos momentos “álgidos”: abril de 2005 y julio de 2006.

Sin embargo, en abril la orden fue “a la casa”, tal cual. Y en julio, a pesar de las mentiras y medias verdades de López Obrador (las mismas de siempre, pero en diferente presentación), había cierto entusiasmo y coraje. Sí, algunos guerreros (sin cargo al erario) eran visibles. ¿Muchos o pocos? Los suficientes, no más. Pero el treinta y uno de julio los mandaron de día de campo. Quietos tenían que quedarse, ¿para salir en la foto? Ahora, en un tercer momento, ¿qué sigue?

Por lo pronto, Jesusa Rodríguez y Claudia Sheinbaum pasan lista a las brigadas. Las mujeres por delante, y contabilizan veintiún brigadas (la brigada veintiuno es de reciente creación, aclaró Claudia Sheinbaum). Pero hay treinta y ocho brigadas de hombres. La retrospectiva no termina.

Los nombres dicen mucho. Estos nombres hablan de la nada en que esto se convirtió, poco a poco, por una especie de consigna del líder. ¿Quiénes son estos coroneles, como les llaman, y adelitas? Un núcleo muy reducido y de poca monta. Un núcleo que vuelve al origen de manera parcial: el bejaranismo.

AMLO y Sheinbaum

Quizá lo que dice más son las consignas. “Éste es el pueblo de López Obrador, ¿cuál es el tuyo, Espurio Calderón?”, corean y dirigen desde la soledad del templete Jesusa Rodríguez y Claudia Sheinbaum a la mitad del Zócalo que está lo suficientemente concurrida aunque con poco entusiasmo hasta ahorita. “Éste es el pueblo” y ya sabemos quiénes son los líderes.

Después la soledad del templete desapareció al aparecer el conjunto de líderes del movimiento, porque ya no tarda en arribar el “Presidente legítimo”. Jesusa Rodríguez y Claudia Sheinbaum siguen “animando”, y yo no dejo de pensar en el ánima de Corrupto Ahumada. Además, en las brigadas. Hay dos de éstas que me llaman la atención.

Uno supondría que las brigadas llevan el nombre de personas muertas, pero hay un par de ellas tienen el nombre de dos mujeres vivas. Una es la brigada Rosario Ibarra, quien además trajo una banda de guerra de secundaria, incorporada a su brigada, que tocó. Rosario Ibarra, parece, no tiene problema en que usen su nombre para bautizar una brigada.

La otra que identifiqué fue a través de un cartel. La brigada 16 mostraba una foto de una mujer, a la cual le clavaron un águila del “gobierno legítimo” en la cabeza, y se llama —no se llamaba— Amalia Solórzano viuda de Cárdenas. A propósito de Cárdenas, hay en el extremo superior del edificio de enfrente una nueva manta con la imagen de López Obrador y Lázaro Cárdenas, y la leyenda: “¡El petróleo es nuestro!”

¡López Obrador es nuestro! Esto parece ser el mensaje extasiado de Jesusa cuando dice: “¡Ya se le ve llegar, ya se le ve venir, ya se siente ese aire… Qué más queremos!” Y sí, sí llega López Obrador… y por la esquina de Pino Suárez. Una vez que Jesusa en pleno éxtasis anunció su llegada, todos corearon “¡Pre-si-den-te!” El petróleo se les olvidó un poco.

¿López Obrador es nuestro? Sí, visualmente lo es de quienes estamos en esta esquina. Pasó a escasos metros del lugar en donde estábamos los pepinos socialistas y yo. Lo vimos llegar. Yo no sentí ningún aire, mucho menos un escalofrío. Delante de él, curiosamente, no iba ninguna mujer. Tampoco por atrás. Por delante llevaba a César Yánez y a Nico. Por detrás sólo sobresalía el caballerango (¿fallido?) Alejandro Encinas. ¿Y por arriba? Permanentemente el cielo, pero al momento en que pasó enfrente de mi área la manta que colgaba de Jalisco.

Sólo dos oradores antes de él: Ricardo Cantú, diputado del PT, y Dante Delgado, senador de Convergencia. Ningún perredista, obvio. Más obvios son los dos oradores en cuestión. Traían la voz bastante dañada, como que han gritado mucho en los últimos días. ¿El trabajo legislativo, el debate de los proyectos y las ideas? A saber.

Dieron argumentos y señalaron lo que es la violación al espíritu constitucional por parte de la iniciativa que presentó el C. Felipe Calderón. Sin embargo, antes de esto, no de Calderón sino de los argumentos, lo primero fue el “Presidente legítimo”, y lo último es que quieren que el debate sea por lo menos hasta agosto. Debate que quién sabe cómo van a dar (sobre todo por la voz).

En una de las pausas, Jesusa Rodríguez se dirigió de manera respetuosa a las televisoras, exigió que cubrieran objetivamente los actos de la “Resistencia”. Ya antes, junto con Sheinbaum, habló de género y hasta de “minorías más minoritarias”, pero no alcancé a escuchar si también le dio un llegue a George Cantor, el matemático de los infinitos. En eso del respeto que exigió a las televisoras hasta les proporcionó nombres: “…los López Doriga, los Gómez Leyva, los Loret de Mola”. Y, bueno, éstos no serán líderes morales ni del periodismo, y Jesusa no será propiamente Elena Poniatowska, pero ahí sigue López Obrador… y aquí abajo empezaron a recordar madres. Yo por mi parte recordaba a Corrupto Ahumada y su funeral en la (santa) madre que está aquí cerca.

A las doce con veinte, sin campanas echadas al vuelo, tomó la palabra el “Presidente legítimo”.

Hace tres días, dice, que se convocó apenas a esta asamblea informativa. En realidad, yo vine porque más bien llamaron a la “batalla decisiva”. Pero hasta ahorita: no-veo-cla-ro. “El camino es trillado”, el de los adversarios. Las consignas, las de aquí, también. Esto no lo dice el “Presidente legítimo”, esto se escucha.

“Como siempre, le encargaron la palabra a sus incondicionales”. La “batalla decisiva” será en ¿condiciones de igualdad?

Parece que sí, que estamos iguales. Quienes vieron a Calderón en televisión, y es prácticamente seguro que lo hizo también López Obrador, lo vieron sudar e inseguro, dicen. Ayer yo vi a Corrupto Ahumada mientras otros creían ver a un cardenal. ¿Están seguros de que se trataba de Calderón? Yo apuesto a que era el C. Guillermo Ortiz Martínez.

El “Presidente legítimo” enumera hechos y denuncias de corrupción, a propósito del tema energético. Pero la igualdad de condiciones lo persigue. Antes de lanzar dardos en contra de Repsol y lo similar, subraya que con la iniciativa de Calderón (o Guillermo Ortiz) se pretende que “no haya licitaciones públicas y que se entreguen contratos de obras y servicios por asignación directa; es decir, Calderón, Mouriño, Elías Ayub y otros, podrán seguirse despachando con la cuchara grande”. Parece que sí, que se quieren despachar con la cuchara grande, como cuchara de albañil… ¡Como la de los albañiles que construyeron el segundo piso! Aunque, claro, hay de cucharas a cucharas.

El discurso, en realidad, fue largo y trillado. Sin duda tuvo más sustancia, a pesar de su voz, lo dicho por Dante Delgado y Ricardo Cantú. También dijo mucho más, en menos espacio del que utilizó López Obrador (y del que estoy utilizando yo), Cuauhtémoc Cárdenas en un texto que publicó este weekend.

Se deja en cierto sentido la retrospectiva. Se invoca implícitamente el perdón cristiano (y yo no dejo de pensar en Corrupto Ahumada, que sigue aquí al lado) y se exclama: “¡Ya no habrá madruguete!”

Sí, más allá de los gritos y sombrerazos, inclusive más allá del perdón cristiano… ya apareció otro peine: “Nosotros sabemos lo que es el amor al prójimo. Sabemos que amar es luchar por los demás y respetar al diferente”. ¿La quietud del amor? Mmh.

A la una de la tarde terminó el discurso. No dio instrucciones sobre la “batalla decisiva”. El amor sí fue mencionado, pero la “batalla decisiva” no. Que el martes, maybe, porque las babies… digo, las Delanteras siguen en su posición. Y algo más prometió: una carpeta —con información— para la próxima semana.

Return ticket… No que no volvía. Esta vez tampoco me cobraron cover pero sí revisaron mi mochila; no encontraron nada. ¿Qué encontré ya que estaba adentro?

La asamblea-misa-funeral está concurrida. Me acerco a la muchedumbre. En el altar se encuentra un buen número curas —¿reales o disfrazados?— y todos ellos lucen cuellos blancos. Están hablando del difunto cuyo féretro no localizo. Quizá se me adelantaron los lópezobradoristas y ya vinieron a proponer que lo quemaran (cremaran), y en un acto de solidaridad y tolerancia los supuestos curas accedieron a su petición. Este domingo me llevo un par sorpresas más.

Éstos siguen creyendo (o simulando) que Corrupto Ahumada era cura. Mencionan a las religiosas que lo acompañaron en sus viajes, en sus pastoreos por este mundo. Es parte del show, claro. Lo que no es show sino un escándalo que ya me estoy creyendo, en versión estenográfica, es el hecho de que otro de sus acompañantes fue un tal Cura Chiquito al que menciona el supuesto cura que tiene el micrófono. ¿Quién era este chiquito: un niño o un adolescente? Independientemente de la falsedad del cardenalicio de Corrupto, parece ser que sí era bien paidofílico, o bien pederasta. ¡Oh!, aparece otro muerto.

El cura del micrófono menciona al difunto… Ernesto Corrupto, la segunda baja de importancia en este weekend. Ahora sí que me olvido de las cenizas de Corrupto Ahumada y busco el féretro del doctor Ernesto Corrupto, ex Presidente de México. ¡Con razón tanta concurrencia, casi casi como si se tratara del funeral de Octavio Paz!

Me acerco a una de las columnas que medio sostienen esta (santa) madre, casi enfrente del retrato de Corrupto Ahumada (del doctor Ernesto Corrupto ya no trajeron retrato, ni en versión papalote). No veo casi nada, ni un méndigo féretro. Parece que López Obrador, a pesar de estar en contra de los madruguetes, madrugó y mandó a sus huestes a proponer también la cremación del doctor Ernesto Corrupto. ¿Por qué será? ¿Por vivo? ¿Qué no le sabía el doctor Ernesto Corrupto a López Obrador, su antiguo interlocutor y aliado desde “la izquierda”?

Sí, ¡un vivo! En pleno gozo, después de besar unos papeles (¿qué imágenes obscenas tendrá ese papel?), veo al Presidente Legítimo de la Arquidiócesis más grande del mundo, ¡Norberto Rivera! Nunca le había visto la cara, pero ¡al fin! se me hizo. Estoy de suerte.

Los vivos de cuerpo presente intercalan aplausos con invocaciones al espíritu (corrompido) de los difuntos ¿de cuerpo presente? Todos —los vivos— al unísono repiten: “Amen —sin acento—”. El verbo amar aquí y allá. Antes de que el gozoso Presidente Legítimo de este párrafo hiciera su aparición ante mis ojos, el cura del micrófono dijo que ya iban a guardar al difunto… Monseñor Ernesto Corrupto Ahumada.

A ver, yo tengo hambre: por llegar temprano al inicio de la “batalla decisiva” no desayuné nada (tendré que atascarme más al rato). Estoy hasta un poco mareado y a punto de desmayarme, creo. El desmayo no es por el hambre. En eso del hambre, el cura del micrófono anda en las mismas. Anoche no había vino ni café. Parece que hasta las hostias se acabaron, porque de no ser así le hubieran facilitado algunas al cura. Pero no, no comió nada; se comió las comas y hasta nos reveló el misterio de una trinidad. Hay otro muerto, la tercera baja del weekend¡Monsiñor ha muerto!

Apenas anoche lo invoqué para que nos echara una mano con las Sagradas Escrituras, pero ignoraba que él ya no podía echarle la mano a nadie: Monsi murió esté weekend.

Y en su confusión el cura hambriento (¿también de poder?) llamó Monseñor Monsi(ñor).

¡¿En dónde se van a meter los miles de papalotes con su rostro que el Gobierno del Distrito Federal pensaba distribuir con motivo de su 70 aniversario?! Les propongo el Museo del Estanquillo (copatrocinado con dinero del Gobierno del Distrito Federal), no porque le dé la categoría de bodega, sino porque esos papalotes con el rostro del difunto Monsi, sin duda, son o serán una verdadera obra de arte (en la que colaboran Francisco Toledo y Rafael Barajas El Fisgón).

Amén. El inventario mortuorio: Monsiñor, Ernesto y Corrupto Ahumada. Tres al hilo y antes del inicio de la “batalla decisiva”. Parece que sí nos van a chingar (el petróleo). ¿Amén?

En el lugar donde estoy a punto de desmayarme un señor que se encuentra a mi lado está emocionadísimo. Supongo que odiaba a alguno de los muertos, quizá a los tres. Me equivoqué. Para empezar, él sólo menciona a Corrupto Ahumada y dice recordarlo cuando lo ordenaron en no sé dónde.

“Ponga que estamos ante un ¡hecho histórico!” Mira, mira, mira, me cree periodista y hasta me dicta. Según él me da la de ocho, pero yo creo que tengo la de dieciséis: ¡Domingo de dos hechos históricos… Sorry, Novo!

Ante tanto muerto y la duda de si están quemados (cremados) o no, me enfoco en Corrupto y le pregunto a mi “director general” sobre él, nomás para saber qué sabe. Dice que era de Tamaulipas, que esto y que lo otro. Está norteado: yo sabía que era de Argentina. Después duda y menciona que quizá era de Veracruz. Tampoco, ¡es más abajo! “La mamá”, de Corrupto, “era de Córdoba”, afirma. Ahora sí que me agarró en curva, me declaro incompetente. Él sí era de Córdoba, pero de Argentina y no de Veracruz. De la mamá yo no sé nada, mucho menos si tenía.

Una señora, ya mayor y bajita de estatura, entra en la conversación en el preciso momento en que yo le pregunto a mi director general si quemaron a Corrupto. “No, él pidió que lo enterraran aquí”. La señora, quizá por la edad, no alcanzó a escuchar esto último y se quedó con mi pregunta que tomó como afirmación: “¡Habiendo tanta tierra, por qué no lo entierran como Dios manda!”

Pues parece que sí va de cuerpo entero en el féretro y a éste ya le dieron vuelta a la derecha. Nosotros tres también realizamos un movimiento y rápidamente encaramos al féretro en el otro lado. Cuando el féretro y Norberto pasan enfrente de nosotros, la distancia es muy similar a la que guardaba López Obrador con mis otros acompañantes y yo cerca de Pino Suárez. Sin embargo, Corrupto va muerto y el otro dizque resucitó. Lo reitero: eso de la resurrección, la vida y el gozo eterno… ¡son pantomimas! Pero en realidad ¿va solo?

¿Qué pasó con los cadáveres del doctor Ernesto Corrupto y Monsiñor? Yo creo que sí van los tres adentro, ya que quemados (cremados) sí caben. ¿O desaparecieron? Ahora sí que, como se trata de dos cadáveres, necesitamos por lo menos dos asesores de primera.

Pensaba toparme, en plena Catedral Metropolitana, con el C. ex senador Diego Fernández de Cevallos quien es otro hijo de su (santa) madre Iglesia. El C. ex senador también era amigo, estamos seguros, de Corrupto Ahumada. Más aún, el C. ex senador sabe de estas cosas de desapariciones o féretros tenebrosos… ¡y estamos en la casa del Señor de los Cielos! Pero no me lo topé.

¿Y el otro asesor necesario? Un reformador irreformable… el C. senador Manlio Fabio Beltrones. Como es del dominio público, el C. senador desapareció a Mario Aburto Martínez el 23 de marzo de 1994 y luego lo apareció como por arte de magia. Pero ahora Beltrones no se vio por aquí.

Como ya no nos podemos confiar en nada ni en nadie, hagamos de cuenta que en realidad son tres los desaparecidos —los cadáveres—, además de los dos asesores de primera que andamos buscando. Para estar en igual de condiciones, lo mismo que en el debate, busquemos a otro asesor, el que nos tendrá que ayudar a encontrar el supuesto cadáver supuestamente desaparecido de Corrupto Ahumada. ¿Quién tendrá que ser nuestro nuevo asesor? El único que lo puede ser… ¡el C. Carlos Salinas de Gortari! De éste se presume una cercanía —en sus tiempos de vivo— con Corrupto Ahumada. La tiene fácil, porque además el C. Carlos Salinas de Gortari anterior era también experto en desapariciones (inclusive al otro mundo). Bueno, y la cercanía con Corrupto data por lo menos de la década de los noventa. En ese entonces, salvo honrosas excepciones, hasta los perredistas bendijeron las relaciones con Corrupto Ahumada. Todos, como una gran familia encabezada por el C. Carlos y Corrupto Ahumada, dijeron: “Establezcamos relaciones con estos batos (o vaticanos)”.

Se acabo ahora sí que la buena suerte. Ni desaparecidos ni asesores a la vista.

No quedó claro eso de la “batalla decisiva”. Quién sabe qué ocurrió con los cadáveres en este weekend.

Quién sabe qué pasó con otros cadáveres de todo tipo y con los fósiles… ¿que se convertirán en petróleo? Y quién sabe si alguien, como diez minutos antes de que terminara su discurso, le gritó algo a López Obrador porque éste exclamó: “¡Ya voy a terminar!” ¿Con qué, con quién? Y hasta prometió carpeta… en este país, México.

¿La perspectiva, como siempre, es el carpetazo? ®

[Ciudad de México, abril de 2008.]
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Publicado en: Junio 2010, Política y sociedad


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