Cuando La Laguna perdió la inocencia

El imposible retorno a la normalidad

La Comarca Lagunera enfrenta una de las sequías más agudas en su historia y ahora, además del problema del hidroarsenicismo que ha ocasionado casos de cáncer en piel, convive desde hace dos años con la violencia. En este tiempo, los laguneros, que presumían el esplendor industrial y al Estadio Corona como la “Casa del Dolor Ajeno”, han perdido la inocencia.

Hasta hace unos días en Torreón y sus alrededores se registraban de tres a cuatro muertos a diario. Las palabras “patrullas”, “sospechosos”, “muertos” y “colgados” se hicieron comunes entre los laguneros. Antes era muy raro observar una ambulancia o una patrulla que corría a toda velocidad por el bulevar Revolución; ahora los niños han aprendido que los soldados con sus uniformes verdes empotrados en camionetas y convoys también son parte de la tierra que los vio nacer.

El miedo, la desesperación y la impotencia se han apoderado de familias enteras que en ocasiones han tenido que abandonar la ciudad en busca de mejores destinos por vivir. Casas solas en fraccionamientos, comercios y restaurantes cerrados y la vida nocturna, que antes era el deleite para los pobladores, simplemente se acabó. A las ocho de la noche ya hay muy pocos carros. Las tranquilas caminatas por las calles del centro se esfumaron, al igual que las ganas de salir a disfrutar de una buena cena o unos tragos. Ahora, todo aquel que sale lo hace bajo su propio riesgo. En ocasiones persignarse ayuda, pero en otras tantas no, como sucedió a tantos jóvenes y adultos que no regresaron a casa, o a aquel menor de edad al que una bala perdida alcanzó para robarle toda la vida que tenía por delante. Ésta es La Laguna, tan castigada desde el poniente hasta el oriente y en donde la autoridad policiaca asegura que los asaltos han disminuido, pero la realidad es distinta. En menos de dos semanas, cinco conocidos míos fueron asaltados, cuatro eran mujeres y dos de ellas fueron golpeadas.

Aunque las imágenes de violencia se replican a lo largo y ancho del país, en la región lagunera, caracterizada la fortaleza de sus habitantes que supieron sacar del desierto lo mejor para sobrevivir, se llora en silencio ante una situación que parece no tener fin.

Entre el pizarrón y el suelo

Luego de las detonaciones durante el partido del Santos contra Morelia en el exterior del Territorio Santos Modelo la inocencia se perdió por completo. Ahora los niños de escuelas públicas y privadas aprenden no sólo matemáticas y ciencias naturales, ahora saben que al grito de “balacera” deben de pegarse contra el suelo y guardar la calma hasta que todo vuelva a la normalidad. Lo que se pensaba como “cosas de adultos” ya trastocó los tejidos más sensibles de la sociedad, y hay quienes, ignorantes de la magnitud del problema, juegan a ser los que causan daño, sin imaginar lo que están haciendo.

El miedo, la desesperación y la impotencia se han apoderado de familias enteras que en ocasiones han tenido que abandonar la ciudad en busca de mejores destinos por vivir. Casas solas en fraccionamientos, comercios y restaurantes cerrados y la vida nocturna, que antes era el deleite para los pobladores, simplemente se acabó.

Otras instantáneas que se repiten regularmente son las consultas con tanatólogos. Parece mentira, pero cada vez más las conferencias sobre cómo superar la ausencia del ser querido tienen más convocatoria. Pero, ¿cómo pensar en que está muerto si su cuerpo no aparece por ningún lado? En tanto, las citas con los psicólogos también han aumentado por casos de depresión y, aunque en la mayoría de las iglesias católicas y evangelistas se insiste en la necesidad de la oración, la verdad es que eso no es suficiente. De pronto parece que hay una tregua “momentánea” en los primeros días de noviembre, y curiosamente el Día de Muertos no se registró ningún asesinato, aunque, como dicen, “todos los días eran días de muerto”.

Vivir con el miedo

Cada vez que Antonio maneja su carro trata de olvidar lo ocurrido en agosto de 2010, cuando, a punta de pistola, lo bajaron del auto en que se trasladaba por el periférico. Lo golpearon, le quitaron el carro, sus llaves, su cartera y la laptop que llevaba en el asiento del copiloto. A Manuel, padre de familia y con sesenta años de edad, se le hace un nudo en el corazón cuando recuerda que lo asaltaron de una manera tan ruin. No conformes con quitarle el carro, lo golpearon y lo dejaron en la calle, hasta que pudo incorporarse, pedir un aventón y volver a casa con las manos vacías y un sentimiento de impotencia que no lo dejó dormir en varios días: “Cuando voy manejando y veo que un carro me sigue, trato de cambiar de ruta o de meterme en alguna calle porque siento que va a pasar de nuevo”, dice.

La vida de Amparo dio un giro de 180 grados cuando una noche dos de sus hijos que habían salido a un bar ya no aparecieron. Apenas puede hablar al recordar esa tragedia ocurrida a finales de 2010, desesperada, asegura que las autoridades no la han ayudado. Todas las noches se asoma por la ventana a la espera de un milagro: ver llegar sus hijos Beto y Norma, de 25 y 23 años, respectivamente. Recuerda que esa noche, como a las tres de la mañana, sintió una punzada en su corazón, “Es el presentimiento de madre que una tiene”, dice. Y no se equivocó. Al principio las vecinas y sus familiares trataban de animarla llevándola a grupos de oración y a que despejara la mente, pero sólo lograban distraerla un poco, inmediatamente revivía esa angustia y gritaba a los cuatro vientos por la ineptitud de quienes prometieron ayudarla. Amparo todas las noches repite el grito de batalla de los familiares de las personas desaparecidas: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”

La fortaleza de las madres

Ante esta situación de crisis han levantado su voz organismos como la asociación Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (FUUNDEC) conformada por familiares de las doscientas personas, según datos oficiales, que no han regresado a casa. Cada día que pasa siguen en la búsqueda de sus seres queridos; han hablado con las autoridades pero hasta ahorita su labor no ha rendido frutos.

A esto se suma el organismo Madres de Familia Centroamericanas en búsqueda de sus hijos desaparecidos en tránsito por México. Con el corazón en la mano, con pocos recursos y portando banderas de sus países, este grupo de mujeres viaja por territorio mexicano en busca de sus seres queridos. Durante su estancia en Saltillo visitaron las instalaciones del Servicio Médico Forense para identificar a familiares mediante fotografías. Por desgracia, o por suerte, como se quiera ver, no apareció ningún hijo de esas madres centroamericanas, sólo el cuerpo de una joven cuyos padres no viajaron hasta acá. La mujer fue encontrada muerta en la carretera Torreón–Saltillo hace seis meses.

Sí a la lucha no a la pasividad

Es una zona de guerra; sin embargo, hay quienes han decidido quedarse a luchar, a continuar con su vida en busca de sueños. Son ellos, los que contagian esa esperanza de que algún día las cosas volverán a ser como antes. Para los niños, jóvenes y adultos, no es momento de bajar los brazos, hay que hacer a un lado la rendición y hay que rechazar el conformismo. El desierto nos hizo fuertes y por los que se han ido, debemos luchar.

El panorama resulta muy deprimente para La Laguna, una zona cosmopolita en la que convergen en su mayoría, españoles, chinos, alemanes, franceses, libaneses y mexicanos, cuyos ascendentes se establecieron en esta tierra en busca de una mejor calidad de vida contribuyendo al progreso y desarrollo. Jamás habrían imaginado que las estampas fueran tan comunes, pero, entonces, ¿qué hacer ante este panorama? Esta situación ha unido a los empresarios y sociedad civil a organizarse y a exigir a las autoridades que no se rindan. Por una parte, se estableció el Mando Único en la región, lo que advierte que policías municipales, estatales, federales así como el Ejército Mexicano trabajan bajo una misma coordinación. Se han encargado de “peinar” a la Comarca con sus rondines y vigilancia. En tanto, las cámaras empresariales dejaron sus diferencias y divisionismos para crear un solo frente y manifestar que no dejarán que las inversiones caigan pero necesitan el apoyo de las autoridades para hacerlo. En lo que va de tres meses, han retado a los gobernadores a que den resultados porque la inseguridad ha cerrado cientos de comercios en la región lagunera.

Sin embargo, la sociedad civil, se puso también las pilas y con apoyo de las corporaciones de seguridad, han adoptado el programa de “Vecino Vigilante” en el que todos los habitantes de una colonia se protegen unos a otros, dando aviso a la policía de cualquier acto sospechoso en las calles. ¿Qué es lo que falta? El primero de diciembre, entra en funciones, el nuevo gobernador de Coahuila, Rubén Moreira Valdez, quien seguramente tendrá que dar respuesta a los laguneros a las principales demandas.

Es una zona de guerra; sin embargo, hay quienes han decidido quedarse a luchar, a continuar con su vida en busca de sueños. Son ellos, los que contagian esa esperanza de que algún día las cosas volverán a ser como antes. Para los niños, jóvenes y adultos, no es momento de bajar los brazos, hay que hacer a un lado la rendición y hay que rechazar el conformismo. El desierto nos hizo fuertes y por los que se han ido, debemos luchar. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Noviembre 2011


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  • Bruno Pichardo

    Es una pena que este espíritu de lucha Lagunero, no sea respaldado por un gobierno (estatal y municipal) a la altura de la gente, que a diario, salimos a partirnos la madre.

    P.D. Es un honor conocer personalmente a la autora de este texto, felicidades Dany por tu debut en Replicante.

  • Se me hizo nudo en la garganta en toda la primera parte. Gracias por esta reflexión, ¡los buenos somos más! Sigamos demostrando con nuestro esfuerzo que La Laguna ha sobrevivido a muchas cosas, ha sobrevivido a presidentes ineptos y corruptos, ha sobrevivido a sequias, ha sobrevivido a crisis economicas, y tambien sobrevivirá a la inseguridad y la violencia, los laguneros ¡somos chingones y punto!

  • Ella es Daniela, mi amiga y nadie mejor que nadie sabe como sufre la Laguna, tierra de mis amigos y de ella que tanto ama.