De festivales, crítica y cine digital, III

Los otros mundos en los públicos cinematográficos

Los festivales son espacios de encuentro para la formación de otros mundos en los públicos cinematográficos. En tanto que la crítica son los ojos de los espectadores comunes y, en lo que toca al cine digital, el acceso para potenciar la creación cinematográfica.

I. “El espectador especializado: el crítico de cine”

Gustavo García.

Gustavo García.

“El crítico de cine no es un espectador privilegiado. Es un espectador especializado”, señala Gustavo García en una de sus intervenciones durante la charla “La crítica de cine hoy. Una reflexión necesaria”, realizada la tarde del pasado 13 de junio en el Teatro Benito Juárez de la Ciudad de México.

“Les puede que el espectador les conteste, eso es lo que realmente tiene enfermo al cine mexicano […] desde el productor hasta el exhibidor desprecian profundamente al espectador […] usted meta lana en la taquilla y no me respingue”, sentencia tajante el también conductor del programa Cinema Red y columnista de la revista Nexos.

En la conversación están sus colegas Jorge Ayala Blanco, Carlos Bonfil, Fernanda Solórzano, José Antonio Valdez Peña y el periodista cultural Sergio Raúl López, quienes también opinan sobre el significado y la experiencia de ejercer la crítica cinematográfica desde sus espacios impresos y electrónicos —se nota la ausencia, en el panel, de críticos de cine en medios digitales.

El comentario, rescatado de la memoria del fundador y director de la revista Intolerancia, viene de la experiencia vivida en el espeluznante programa de los años noventa del comunicador Nino Canún —mejor, eso sí, que los infomerciales televisivos de hoy en las madrugadas de la televisión abierta mexicana— cuando al querer opinar sobre qué es la crítica de cine, los productores mexicanos reunidos en esa emisión trasnochadora —sin que García mencionara sus nombres, pero señalando que les había ido bien, “ya que habían hecho películas con Jorge Rivero en Estados Unidos”— con la presencia también de Gerardo Pardo, “quien realmente había estado centaveando a ver si le caía una chamba” —agrega con tono irónico—, cuando él iba contestar la pregunta “se arrancaron todos a mentar madres al crítico y la crítica de cine… no sirve para nada… no les gusta nada”. Gustavo García no pudo “ni pujar”, pero en esa mecha encendida por alguno de los productores entendió cuánto desprecio hay al espectador, ergo hizo consciente por qué se detesta al crítico y a su crítica.

Esa frase de “espectador especializado, no privilegiado” que señaló Gustavo García revela en mí una espiral de ideas sobre lo que significa la crítica de cine y, en un sentido más profundo, lo que es la crítica como tal. Comparo esto con los gobiernos mexicanos, de todos colores e ideologías, en donde lo que menos importa es lo que opine el ciudadano, es sólo relevante que aviente su voto a la urna (basta con viajar por el periférico de la Ciudad de México —la ciudad de vanguardia— para corroborar de lo que hablo: un desastre).

II. Distrital, cine y otros mundos: La búsqueda de nuevos públicos

Jorge Ayala Blanco

Un mes antes de los comentarios de Gustavo García, el martes 3 de mayo, a unos cuantos días de recibir la medalla Salvador Toscano al mérito cinematográfico 2010, el crítico e investigador de cine Jorge Ayala Blanco se encontraba entre los presentadores de la segunda edición de Distrital, cine y otros mundos.

En la conferencia de prensa, realizada en el Cine Lido, dentro de la espaciosa librería del Fondo de Cultura Económica del Centro Cultural Bella Época, en la Ciudad de México, Ayala afirmó que dentro de todos los festivales de cine en México —alrededor de cincuenta, según el Anuario Estadístico 2010 del Imcine— sólo uno valía realmente la pena. Ese es Distrital.

Entre los argumentos del crítico de cine brilla la frase: “La búsqueda de nuevos públicos”. Añade que es “algo que muy pocos festivales se atreven a hacer, pues en los días en que se realizan se presenta una cantidad suficiente de películas en lugares estratégicos para que el público pueda asistir a las funciones; además de que las propuestas abarcan prácticamente a todos los géneros, para definirlo como un ciclo incluyente […] Distrital se aleja de la ideología lame-nombres. Es un festival para hacer descubrimientos, no para ir a lamer los grandes nombres, ni de repetir las mismas películas que ya pasaron por los festivales del mundo”.

Al terminar la función me acerqué a aquel que bailaba y lanzaba pujidos eufóricos; venía con un grupo de amigos, quienes al enterarse de la presentación del filme Hit Me with Music arribaron a ese lugar por primera vez. Raro es presenciar una expresión abierta del público, que por lo general es la de guardar las emociones frente a la pantalla, raro también es ver cine jamaiquino.

La búsqueda de nuevos públicos, como señala Jorge Ayala Blanco fue, efectivamente, una de bondades que tuvo Distrital en esa segunda edición realizada del 27 de mayo al 5 de junio. Desde la sección de estrenos mexicanos, pasando por la Plataforma digital hasta el Foro Iberoamericano de cineclubes comunitarios, terminando con Distrito X con la selección de trece videos, de 1993 a 2011, en los que artistas tapatíos muestran la otra Guadalajara.

Pero uno de los momentos que confirmó esa necesidad del festival, por la búsqueda de nuevos públicos, fue el que atestigüé en su clausura con la exhibición del documental jamaiquino-español Un golpe de música (2011), dirigido por Miquel Galofré, en el que se hace un recorrido desde el reggae hasta el polémico dancehall, a través de Yellowman, el Rey del Dancehall, quien fuera discriminado en Jamaica por ser albino, pero quien se convertirá, en los años ochenta, en el segundo artista de reggae con más discos vendidos, después de Bob Marley. Durante su función, en las instalaciones de la Cineteca Nacional, un joven se paraba a bailar y gritaba con emoción al escuchar las diferentes melodías de varios DJs y músicos que van construyendo la historia de música, baile y violencia en ese país. Es sorprendente ver cómo hombres y mujeres de la isla bailan sin pudor alguno en calles y banquetas, simulando el coito. “Jamaica”, dice uno de los entrevistados en el filme, “habla con el baile”.

Al terminar la función me acerqué a aquel que bailaba y lanzaba pujidos eufóricos; venía con un grupo de amigos, quienes al enterarse de la presentación del filme Hit Me with Music arribaron a ese lugar por primera vez. Raro es presenciar una expresión abierta del público, que por lo general es la de guardar las emociones frente a la pantalla, raro también es ver cine jamaiquino.

III. La Carpa Ambulante: Un respiro para el público

El segundo fin de semana del mes de abril de 2011 se celebró el vigésimo primero Festival Iberoamericano de Cultura Musical. Vive Latino 11, donde más de cien grupos se reúnen en el Foro Sol capitalino. Ahí pude sorprenderme con el grupo tapatío Radaid y el eclipse sonoro que producen sus dos voces femeninas; la presencia altamente caliente de La Mala Rodríguez, quien anda por el escenario arriba de unos tacones altos en los que viajan sus piernas blancas y largas que bailan al ritmo de sus aguerridas melodías; el escuchar y conversar con la bella y sencilla hip-hopera chilena Ana Tijoux y mirar a la cósmica-cómica presentación del cantante Adanowsky.

El pulmón de ese cuerpo sonoro, conformado por cuatro escenarios (Vive Latino, Indio, Roja e Intolerante) y el Faro de Oriente (un espacio de oferta artística y cultural), es también un vaso comunicante —dialogante— que invita a otros públicos a mirar la música desde otros mundos.

Es la primera vez que en su sexenio la Gira de Documentales Ambulante monta una carpa en un acto musical. Su eslogan: Descubrir, compartir, transformar se resume en otra cosa: una buena sombra para los asistentes que pasan casi tres días en el Foro Sol. Pero esto que pareciera insignificante y en apariencia tonto es la gran oportunidad para que en el descanso de algunos jóvenes absorbidos por la música (de Yokozuna, Bengala, San Pascualito Rey o Atto and the Majestics) alguno de los documentales impacte como los brincos y los gritos que puede provocar la presencia de los peligrosos Joe Volume o el sonido franco de la agrupación femenina Ruido Rosa.

En la Carpa Ambulante se presentaron siete documentales. Entre ellos Seguir siendo: Café Tacvba, probablemente la más concurrida por la presencia de sus integrantes, pero un documental que vale realmente la pena fue Look at what the Light did Now, que cuenta el proceso creativo de la cantante canadiense Feist.

El pulmón de ese cuerpo sonoro, conformado por cuatro escenarios (Vive Latino, Indio, Roja e Intolerante) y el Faro de Oriente (un espacio de oferta artística y cultural), es también un vaso comunicante —dialogante— que invita a otros públicos a mirar la música desde otros mundos.

IV. “La creación de cine documental —en digital— ha sido mucho más accesible al público, al realizador y también, al festival DOCSDF”: Inti Cordera

En los márgenes entre septiembre y octubre se celebró otro sexenio, el del Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México. La noche de su clausura, en el Museo de la Ciudad de México, entre la celebración y el agotamiento de una semana llena de actividades, sostuve una conversación con Inti Cordera, el director del conocido DOCSDF, en la que me comenta sobre los primeros seis años del festival.

—El festival se originó desde una intención sincera y humilde de poder llevar lo que algunos hacían; yo soy documentalista, veíamos hace seis años que había quienes estaban en México y en muchos otros lugares del mundo procurando realizar proyectos documentales que nos permitieran a través de las pantallas de las salas de cine entender, reflexionar un poco en el mundo en el que estamos y eso se convirtió en un objetivo, poder hacer que el festival se convirtiera en un espacio importante, para que la Ciudad de México, primero, pudiéramos regresar el documental a la sala de cine, poder hacer acuerdos con salas de exhibición comercial, con espacios como la Cineteca Nacional y como el Cine Lido. Permitir que el público que ya reconocía o ubicaba el género documental en la televisión lo empezara a reubicar en las salas, en el fenómeno que es la magia del cine, que se apague la luz, se encienda el proyector y comience la función. Poco a poco el festival ha ido madurando, año con año, nos preguntamos cuáles son los retos hacia el futuro: construir un espacio enriquecedor para quienes participan; construir un espacio cada vez más afortunado para el público, cada vez más amable, también.

”Hace seis años comenzamos con toda la emoción de hacer un festival, fueron doscientas las películas documentales que se exhibieron, este año son 134. El próximo año tal vez sean sólo cien. Empezaremos a ser más estrictos con la programación, no sólo en número sino en calidad para poder ofrecerle al público un espacio amable en el cual pueda moverse, no enfrentarse a un monstruo de doscientas películas, como otros festivales lo hacen, sino poder tener un espacio donde la programación bien ordenada, tanto por secciones competitivas como sus ejes temáticos, pueda ser fácilmente guiados para que lo disfruten.

Jean Garner

”El festival además tiene dos valores importantes o componentes que son un espacio de creación que nos enorgullece que sea el DOCSDF, donde año con año cinco equipos se lanzan a las calles de la Ciudad de México, del Centro Histórico, a contarnos sus historias, las historias del centro, las historias que nos quieren contar los realizadores. Son más de 35 cortometrajes producidos en el marco de este componente del festival y fundamental, el DOCSForum, el espacio académico formativo que el primer año tuvo el honor de contar con la participación de Patricio Guzmán y luego ya ubicarse como un espacio de encuentro para el documentalismo internacional, donde este año tuvimos la fortuna de contar con la participación de Jean Garner, por parte de Al Jazeera, con Cynthia Kane, de ITVS; con los chicos Adrià y Jonàs Salas, de Vercami; con Ignacio Agüero.

”Entonces el foro empieza a ser un espacio potente, importante, digamos, acompañar a los procesos de las nuevas generaciones de documentalistas mexicanos en dos sentidos; el componente de creación, lo que supone pensar en hacer un documental y el componente de pensar, también, que el documental está insertado en una industria universal de la cual tendríamos que ser conscientes, de la cual tenemos que formar a los nuevos, no sólo los realizadores, también productores y del cual nace la posibilidad de traer, en 2012, a uno de los encuentros de coproducción más importantes del mundo que es el Sunny Side Of The Doc y hacer el Latin Side en México. Poco a poco, el haber empezado hace seis años un casita que ahora ya es un espacio importante, bien construido que apoya, promueve, difunde, estimula, la posibilidad de seguir haciendo el cine documental el cine del futuro.

“Yo creo que el documental no sólo es un género cinematográfico que vio nacer al cine como fenómeno de creación, de entretenimiento, estético, sino es también es el cine que nos permite ser conscientes, ciudadanos reflexivos del mundo que nos rodea.

—¿De qué manera ha impactado el filmar en formatos digitales?

—En este albor del tercer milenio, la tecnología digital y los desarrollos que ofrece han permitido generar herramientas que han abaratado los costos de producción audiovisual. Hace veinte años, cuando yo comencé mi carrera profesional, adquirir un equipo de grabación y de edición, no lineal, era realmente inaccesible para mí y para muchos. Hoy en día poder hacer una película es relativamente accesible a cualquiera. Podemos pensar, o podríamos decir, que es factible hacer una película con un teléfono celular o una cámara digital con un costo bastante razonable. Las herramientas se han democratizado, la creación de cine documental ha sido mucho más accesible al público o para el realizador, también lo ha sido para el festival. Desde el origen el festival se ha proyectado en formatos digitales. Hace cinco años enviar y recibir copias para exhibición, transferirlas a un formato homólogo, TVCAM, con el cual proyectáramos; la renta de los equipos suponía para el festival un gran costo. Ahora, prácticamente 90% de las películas las recibimos en accesorios USB, a través de transferencias digitales por la web, las ponemos en un disco duro, las proyectamos en un proyector digital y con eso también le hacemos la vida más fácil a los realizadores.

”La tecnología hay que verla como una herramienta para poder seguir produciendo bajo esquemas más económicos de costos de producción, pero también para poder garantizar una proyección en salas de calidad, efectiva. Hay que saber usarlas, entenderla como un medio para llegar más al público.

—Observas tú que el trabajo en digital se encuentra más estrechamente vinculado a la realización de documental que al ficción.

“La tecnología hay que verla como una herramienta para poder seguir produciendo bajo esquemas más económicos de costos de producción, pero también para poder garantizar una proyección en salas de calidad, efectiva. Hay que saber usarlas, entenderla como un medio para llegar más al público”.

—La tecnología ligada a la producción audiovisual no distingue si es ficción o documental. Yo recuerdo, por ejemplo, que hace casi diez años Arturo Ripstein hizo Así es la vida con cámara DVCamp PALM como una de las primeras cámaras digitales de producción cinematográfica en México, tal vez, también, a nivel internacional.

”Para el documentalista tener estas herramientas, la facilidad de acceder a una producción más barata, supone, sin duda, la posibilidad de hacer las películas. Cuando los presupuestos asignados o en promedio de una película de largometraje de ficción ronda el millón de dólares en México, dependiendo las características de cada proyecto, con cincuenta mil o cien mil dólares puedes hacer una película documental de la largometraje digital de la más alta calidad. Yo creo que sí, a lo mejor, es más cercano para el documentalista el poder hacer uso de la tecnología para abaratar los costos y para producir más.

—¿Cómo fue el trabajo digital en esta edición de DOCSDF?

—De las más de mil cien películas documentales que recibimos esta año, yo creo que 90 por ciento fueron producidas en formatos digitales. De las 130 películas que proyectamos, cien por ciento fueron exhibidas en formatos digitales. La posibilidad también de hacer uso de la web, el Internet como un medio de distribución, posibilitará aún más la proyección y el crecimiento de espacios y sedes.

”En México creo que nos falta mucho por explorar en las posibilidades digitales en exhibición. Muchas cadenas comerciales, incluso películas comerciales, que llegan a México con 1,500 copias, ya no se exhiben en formatos digamos cinematográficos, en celuloide. Si Harry Potter fue exhibido en DCP (Digital Cinema Packet), en un disco duro aunque fuera en TresD o DosD, ya es el digital el futuro. Es cuestión de tiempo que no sólo la producción sino la exhibición sea digital.

—En el caso de DOCSDF, ¿cómo enfrentaron algunos trabajos que van más hacia la idea de imaginar a partir de lo real, de ficcionalizar?

—Yo no diría ficcionalizar. Yo creo que el documental está aprovechando diversas herramientas de los discursos del cine de ficción. En términos de la realización, del tratamiento de personajes, de una puesta en escena, basada en personajes reales o en situaciones y esa es la capacidad de los nuevos directores y documentalistas, el aprovechar los recursos dramáticos del cine de ficción, digamos a nivel pantalla, para poder darle al espectador una experiencia cinematográfica rica, en un discurso, en una narrativa de cine, que cada vez está haciéndole más difícil al espectador distinguir la realidad de la ficción.

—¿Qué pasa con el tema de la violencia en México, del narcotráfico, desde el lado del documental qué está sucediendo con esas temáticas, cómo lo observaron en DOCSDF?

—Creo que estamos en un proceso de digestión de la realidad que vive este país. No fue significativa la presencia de documentales que nos hablaran del contexto social que se enmarca en la violencia, en el narcotráfico, pero yo creo es porque la sociedad está apenas digiriendo lo que está pasando. Son pocos los años en los cuales nos hemos visto envueltos en una violencia exacerbada y yo creo que es apenas que los documentalistas están empezando a voltear su mirada.

”Recurrentes ha sido temas como la migración, el encarcelamiento, la pobreza. Yo creo que estamos por empezar a ver un fenómeno y un gran número de películas que se empezarán a dar cuenta de la situación que vive el país y que espero nos ayuden a reflexionar y a replantear hacia dónde queremos ir y llegar.

—¿Crees que en ese sentido el documental será fundamental o por el contrario tendrán que guardar distancia a temas muchos más complejos?

El documental ya no es sólo para los cineastas. El documental está siendo una herramienta para sociólogos, politólogos, antropólogos. El medio, el género está permitiendo que desde múltiples disciplinas, aquellos quienes tienen la intención de contar una historia vean en el fenómeno de la imagen y el sonido una forma de contar y expresarse.

—Yo creo que son la dos, creo que es un ciclo de retroalimentación. Es la realidad la que nutre al creador documental, es el documentalista quien digiere y traduce en una experiencia cinematográfica el entorno y el contexto en el que se mueve el país y espero que esto genere, en este festival y en muchos otros, los espacios que se permitan contribuir a generar una cultura de paz. En el entendido de que no es solamente el manifestarse y el dar cuenta de la situación, el contexto en el que vivimos, sino en la posibilidad de ser ciudadanos capaces de actuar en consecuencia.

—¿Hasta qué grado es el documentalista vulnerable a que otros actores de la sociedad, con esto de la accesibilidad tecnológica, puedan rebasarlos sin tener una carrera de cineastas?

—El documental ya no es sólo para los cineastas. El documental está siendo una herramienta para sociólogos, politólogos, antropólogos. El medio, el género está permitiendo que desde múltiples disciplinas, aquellos quienes tienen la intención de contar una historia vean en el fenómeno de la imagen y el sonido una forma de contar y expresarse.

V. De festivales, crítica y cine digital

De izquierda a derecha: Sergio Raúl López, Carlos Bonfil, Jorge Ayala Blanco, Gustavo García, Fernanda Solórzano, Elena Cepeda y José Antonio Valdez Peña.

El recorrido que he realizado sobre los tres elementos, en tres entregas, que pareciera no tuviesen que ver de manera estrecha —los festivales, la crítica y el cine en soportes digitales—, intenta señalar cómo estos tres aspectos conjugan una fórmula, o diversas fórmulas, para entender y reflexionar en dónde se encuentra la actividad cinematográfica de nuestro país y del mundo.

Esta tríada es fundamental para lo que se le llama comúnmente, pero a veces no tan lograda, formación de públicos —diversos—, ya que el mundo del cine es amplísimo y las necesidades son infinitas, aunque parecieran homogéneas.

Los festivales son espacios de encuentro para la formación de públicos, en tanto que la crítica es los ojos de los espectadores y, en lo que toca al cine digital, el acceso para potenciar la creación cinematográfica, pero regresaremos las veces que sea, por las mismas razones o por otros motivos. ®

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Publicado en: Cine, Octubre 2011


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