De manifiestos y descalificaciones

El IFE es el mejor fruto de nuestra generación

Los intentos de descalificar a toda costa al Instituto Federal Electoral han arreciado últimamente, sobre todo debido a las reticencias para aceptar los resultados de los comicios que uno de los candidatos a la Presidencia de la República ha expresado. Una muestra lo constituye el desplegado “El país no aguanta otra elección sin certeza”.

El desplegado fue publicado en el diario La Jornada el pasado 8 de junio, firmado principalmente por intelectuales y académicos agrupados en dos organizaciones: Grupo en Defensa del Sufragio Efectivo y Libre y el Observatorio Universitario Electoral.

Una respuesta sólida al desplegado fue la que elaboró a título personal Luis Emilio Giménez Cacho, coordinador de la Unidad Técnica de Servicios de Información y Documentación del IFE. Sociólogo de profesión, Giménez Cacho desempeñó diversos cargos en el IFE entre 1997 y 2003: coordinador administrativo de la Presidencia del Consejo, asesor del Consejero Presidente y Vocal de Comité de Adquisiciones. Además, ha sido director de Administración de Nexos y presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática, así como profesor en diversas instituciones de educación superior.

En su texto, escrito a manera de carta personal dirigida a los abajofirmantes, Giménez Cacho desmenuza y rebate las argucias presentadas en el desplegado de marras, entre cuyos rubricantes hay especialistas en materia electoral, a los que no duda en llamar “deshonestos y tramposos”.

Con ánimo de estimular una discusión argumentada, responsable y racional sobre el actual proceso electoral, y también como una forma de defender a una de las más valiosas instituciones de la democracia mexicana, Replicante reproduce la carta de Giménez Cacho, quien generosamente nos autorizó su reproducción. —Ariel Ruiz

A mis parientes, amigos y a otras personas que conozco y respeto:

Como tú bien sabes, con alguna interrupción, he trabajado once años en el IFE. No todo es miel sobre hojuelas, pero no estoy arrepentido. Me enorgullezco. Por muchas razones ha sido y está siendo la más rica y estimulante oportunidad laboral que he tenido. Además, me voy haciendo mayorcito, saco cuentas y pienso que el IFE, como institución, es el mayor y más importante logro de nuestra generación.

El 8 de junio apareció en La Jornada un manifiesto que me desconcertó. No por su contenido, ya que conozco casi todos los argumentos, demandas y consignas que contiene. Te imaginarás que es parte de mi trabajo seguir y escuchar día a día lo que proclaman todos. Lo que me sorprende, me subleva y me mueve a escribirte es ver estampada en él tu firma como adherente.

Creo que a ti no necesito recordarte mis convicciones ideológicas. Pero quizás sí convenga explicarte algo relativamente raro en nuestras costumbres: este trabajo, que por el momento es de tiempo completo, me obliga a actuar con imparcialidad en medio de la disputa política pública. Tal vez haya quien me reproche hasta escribir estas letras. Pero no me quiero callar contigo porque me parecen gravísimas y extremadamente peligrosas muchas de las afirmaciones que ahí se hacen y se acompañan de tu nombre.

Se afirma a la ligera (¿debería decir que tú afirmas?) que “El IFE elude su obligación constitucional de garantizar la celebración de elecciones auténticas y libres”. A continuación el texto desarrolla una serie de denuncias y exigencias al IFE que ocupan la mitad del manifiesto. Evidentemente quienes las redactaron conocen bien la materia. Son también profesionales. Por eso me atrevo a afirmar que son conscientemente deshonestos y tramposos. Hay algunas afirmaciones falsas pero la mayor deshonestidad es la de “exigir” al IFE que haga lo que no puede hacer. Ellos saben, y seguramente tú puedes entender, que la clave de la resolución pacífica de las controversias políticas es que sus protagonistas se ciñan a ciertas reglas, aunque no siempre les gusten o les favorezcan. Ya somos maduros, hemos tenido responsabilidades y nos ha tocado enfrentar muchas veces ese recurso canalla de señalar un mal, real o supuesto, pedirle a alguien que lo remedie a sabiendas de que eso no está a su alcance, para después acusarlo de cómplice y hasta de culpable.

Ése es el caso aquí. El IFE está obligado a ceñirse de la mejor manera a la ley existente. Si se pusiera a hacer a la Ley ajustes a la carta o a cambiar las interpretaciones a media campaña, el efecto sería catastrófico. ¿Los redactores piensan que el único bando con intereses legítimos y capacidad de presión es el suyo? Saben que no. A pesar de ello dedican sus mejores energías a debilitar al árbitro. Por cierto: la ley no es tan mala, a juzgar por lo que se ha podido hacer con ella en sucesivas elecciones y, ya ahora, si registras los ataques que ha recibido de algunos poderes fácticos que también se regodean en la denostación del IFE cuando algo no les acomoda.

Voy al grano, punto por punto.

Primero las supuestas deficiencias y omisiones del IFE

1. No ha intervenido con oportunidad y efectividad frente al evidente dispendio y muy probable rebase del tope de gastos de campaña del candidato Peña Nieto.

Las reglas para controlar los gastos de campaña son las mismas para todos. No permiten intervenir discrecionalmente la tesorería o el bolsillo de algún partido o candidato para ver o poner límites a lo que entra y sale día a día. Así que aunque a algunos les parezca “evidente” el dispendio del rival, la fiscalización tiene que hacerse revisando informes que deben todos entregar los partidos en fechas preestablecidas y bajo reglas precisas. Nadie puede hoy tener esas evidencias. El que crea tenerlas puede denunciarlo para que se investigue. De hecho así está sucediendo y se informará del resultado. Pero la fiscalización de los gastos, que será la más sofisticada y exigente que jamás hayamos tenido, no está hecha, por fortuna, para influir en el desarrollo de las campañas y menos en las votaciones. El IFE no puede intervenir ahora. Habrá quien lo lamente, pero está en la ley. Ya vendrán las sanciones para las trampas en esta materia. Los redactores lo saben. Pero hacen como que no.

Las televisoras, como los periódicos y la radio tienen derecho a respaldar a quien les parezca mejor. No es cuestión de que el IFE se lo “permita”. No puede impedírselo. Que el control de la televisión esté semi-monopolizado no depende del IFE. ¿Puedes imaginar lo que sería el país con las autoridades decidiendo lo que se permite o no decir por televisión? ¿Qué se pretende al señalar esa supuesta omisión? ¿Que se instale la censura previa?

2. No ha tomado acción alguna para inhibir, controlar o castigar el operativo de compra y coacción del voto que ya se ha iniciado por todo el país

¿Dónde, cuándo, quién lo ha visto? El que tenga las evidencias estaría obligado a denunciar no en el IFE sino en la fiscalía (Fepade) que para eso existe. Y si no las tiene debe guardar responsable silencio. Pero cargarle al IFE la tarea de actuar, sin que le corresponda legalmente, contra lo que hasta ahora son suposiciones es pura deshonestidad. ¿Por qué lo hacen?

3. Se rehusa a promover más de dos debates presidenciales y se niega a solicitar a la Secretaría de Gobernación la transmisión de los debates por cadena nacional.

La ley, que por cierto, en cuanto a debates se aplica por primera vez, obliga a realizar dos.

¿Cómo podría el IFE imponer más si alguno de los contendientes no quiere? Que uno lo desee conforme a sus estrategias no puede ser razón suficiente para imponerlo a los demás. Sería echarle leña al fuego.

Lo de la cadena nacional me da pie para algo que es importantísimo asimilar. El IFE no es una persona, es una institución. No tiene voluntad propia aunque muchos prefieren referirse a él como si la tuviera. Las decisiones importantes las toma por mayoría un consejo de nueve miembros. Ante la insultante soberbia de TV Azteca a mí me parecía conveniente al menos una expresión a favor de la cadena nacional, que sólo puede ser impuesta por la Secretaría de Gobernación. La primera iniciativa cuando TV Azteca se negó a transmitir el debate y Televisa lo mandó al canal 5, se votó en el IFE y perdió 7 a 2. La mayoría consideró que la Ley electoral impedía obligar a las televisoras. Esto lo pactaron todos los partidos en la Cámara cuando hicieron la ley, no el IFE. La segunda, cuando la cadena ya no tenía mucho sentido, puesto que el 2 y el 13 anunciaron su transmisión, perdió 8 a 1. No siempre sale lo que a uno le parece mejor. Pero el segundo debate lo podrán ver 98% de los mexicanos. La cadena nacional no añade prácticamente nada.

4. Ha sido complaciente con las principales televisoras del país al permitir durante años su abierto respaldo hacia el candidato presidencial del PRI y al negarse a realizar una valoración objetiva y rigurosa de la persistente parcialidad en la cobertura de las campañas en radio y televisión.

Aquí hay una gran falacia. Las televisoras, como los periódicos y la radio tienen derecho a respaldar a quien les parezca mejor. No es cuestión de que el IFE se lo “permita”. No puede impedírselo. Que el control de la televisión esté semi-monopolizado no depende del IFE. ¿Puedes imaginar lo que sería el país con las autoridades decidiendo lo que se permite o no decir por televisión? ¿Qué se pretende al señalar esa supuesta omisión? ¿Que se instale la censura previa?

Lo que sí está prohibido por la Ley es que los partidos, los particulares y las empresas contraten publicidad en radio y televisión. Y eso sólo a partir de 2008. Todas las compras que han sido probadas se castigan. Tan sólo TV Azteca lleva acumulados más de 300 millones en multas. El PVEM una cantidad similar. Las cifras son públicas. De nuevo: ése es el instrumento que da la ley al IFE para sancionar. No sé de nadie que haya pedido la censura previa de lo que se dice en la tele. Hasta leer éste desplegado.

Por lo demás, es una absoluta mentira que el IFE se niegue a valorar la cobertura de las campañas en radio y TV. La UNAM, por encargo del IFE tiene un proyecto permanente de seguimiento de los noticieros cuyos resultados pueden verse en una página de Internet de la FCPyS-UNAM. Los datos están ahí, pero claro, sólo para el que quiera verlos. Los redactores lo saben pero se hacen los ciegos.

Ahora las exigencias

1. Publicar antes de la jornada electoral del 1° de julio, los informes preliminares de los partidos políticos así como las estimaciones del IFE de los gastos de cada candidatura presidencial.

La Ley dice expresamente que los informes se harán públicos cuando se presente el Dictamen sobre ellos al Consejo General. Cualquiera puede desmontar una afirmación basada en datos “preliminares”. Así que presentarlos antes le está prohibido al IFE. Ya se explicó más arriba que el IFE no tiene atribuciones para intervenir la tesorería de las campañas en el curso de la contienda.

La petición de publicar “estimaciones” del IFE no sólo es absurda porque no existen, o sea, que no se hacen; sino además porque lo que se tiene que revisar son datos ciertos y comprobables. Estimaciones en este asunto las puede hacer a ojo cualquier persona pero no una autoridad seria. Esta “exigencia” es absurda justo por lo que dice el encabezado: por la necesidad de certeza. Lo saben los redactores.

2. Formar inmediatamente una comisión especial del Consejo General para recibir informes y denuncias sobre compra y coacción del voto y actuar en consecuencia.

Otro engaño. La Comisión de Quejas y Denuncias ya existe y funciona permanentemente. Todos los días recibe quejas y las atiende muy rápido durante la campaña. Sólo que no ha recibido, que yo sepa, ninguna denuncia en esta materia. No me extraña, porque como ya se dijo más arriba, la persecución de la compra y coacción del voto, que es delito penal, le corresponde a la Fepade. Hay que ir allá para preguntar cuántas denuncias se han presentado. Seguramente pocas o ninguna.

3. Que su Comisión Temporal de Debates tome medidas inmediatas para auspiciar la celebración de debates presidenciales adicionales.

Ya se dijo más arriba lo que el IFE puede imponer en materia de debates. Todo mundo puede pedirle que “auspicie” lo que conviene a determinada estrategia de campaña, por encima de lo que la Ley manda. Pero exigirle que lo haga contra la voluntad de otros contendientes es un despropósito. Otro abuso de los redactores del manifiesto.

4. Asegurar la total equidad e imparcialidad en la cobertura de las campañas electorales por los medios de comunicación electrónica.

La cobertura de las campañas las hacen los noticieros, los periódicos y los múltiples emisores de información por Internet, es decir, eso que los clásicos llaman la sociedad civil, con sus intereses y sus exacerbadas pasiones. ¿Se puede ahí asegurar la equidad por medios coercitivos? ¿Quién tiene facultades legales para hacerlo?

Al IFE le toca aplicar los instrumentos legales para la equidad, que son el financiamiento público a los partidos y el acceso regulado a la publicidad en radio y televisión. Sobre la equidad en la asignación de esas prerrogativas por los candidatos y partidos no hay quejas que merezcan mencionarse. Así que, ¿qué le piden al IFE? ¿Qué impida la opinión que les es adversa en la calle y en la prensa? Otra falacia.

No creo que el país dependa absolutamente de quien gane. Lo más importante que está en juego es el asentamiento definitivo de la capacidad de los mexicanos para dirimir la disputa por el poder por medios legales y pacíficos y aceptar sus derrotas temporales sin victimismos. Para eso se hizo el IFE con el concurso de muchísima gente y con años de esfuerzos.

5. Garantizar que su sistema de cómputo sea totalmente confiable y resguardado contra posibles interferencias. Aprovechar las oportunidades de mejora que señaló el propio Comité Técnico asesor del PREP, entregado al IFE en agosto de 2006, donde propuso a) Hacer público el software que se utilizará y b) constituir un comité especial que audite el PREP y asegure su confiabilidad. Asimismo garantizar el acceso ciudadano a los datos en tiempo real y que se incluyan en las bases de datos del PREP y del Conteo Distrital, los datos sobre boletas recibidas y sobrantes, ciudadanos registrados para votar, votos emitidos totales y otros similares, que resultan imprescindibles para la verificación ciudadana de la consistencia de los resultados. Estas medidas pueden reducir drásticamente los riesgos de fraude, debe implementarlas el IFE de inmediato.

El PREP es un instrumento de transparencia que ha resultado exitoso para evitar que los contendientes o los medios privados proclamen ganadores sin fundamento. Todo el mundo sabe que en cada versión de software los sistemas pueden mejorarse. De hecho en la versión de 2009 ya no hubo las dudas que se argumentaron en 2006. Ya se anunció y los partidos saben que la nueva versión permitirá que el lunes por la noche cualquier persona pueda consultar copias digitales de todas y cada una de las actas de casilla que contienen los datos que “exigen” los redactores del manifiesto. ¿Qué más certeza puede ofrecer un instrumento que, por cierto, no tiene valor legal en los cómputos definitivos?

“Exigir” un comité especial que audite el PREP, cuando éste ya ha sido designado por la UNAM , existe, está trabajando y está por dar dictámenes, es otra de las falsedades del desplegado.

Ya se alarga mucho esto. Me ocupé de la mitad, sí la mitad, que se refiere directamente a las abundantes “exigencias” injustificadas al IFE. Sólo añadiré otro tema. El texto critica (¡Oh hallazgo!) a las encuestas que se utilizan como medio de propaganda. Claro, sin denunciar a ningún encuestador por su nombre, no sea que el aludido le responda a alguno de los firmantes que se ostentan como académicos. A continuación piden al IFE “auditar de manera integral las encuestas que se hacen públicas y, en su caso, sancionar a las partes responsables de las irregularidades encontradas”. Para, punto y seguido, reconocer que no hay marco legal que permita hacerlo: “Las encuestas en época de elecciones deben ser reguladas, a fin de evitar el contubernio de encuestadores y poderosos medios de comunicación, garantizando que su calidad e imparcialidad sean supervisadas por entidades académicas reconocidas”. Otra vez: pedir que el IFE haga algo que no puede legalmente hacer.

El resto del manifiesto está destinado a respaldar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. ¡Qué bien!, para eso son las campañas. Nunca se le menciona por su nombre. Pero ya estamos grandecitos para deducir cosas elementales. Hasta un adolescente lo ve. Lo que no entiendo es para qué tanto eufemismo si la candidatura es legítima y el hecho de apoyarla es una libertad elemental que, como tú, los adherentes seguramente ejercen gustosos. Tal vez los redactores, algunos de los cuales figuran en el medio como científicos o expertos electorales, creen que a estas alturas deben simular imparcialidad. ¿A qué le temen? ¿A quién creen engañar?

Por todas estas razones no he dudado en calificar a este manifiesto como una canallada. Porque el actor electoral al que se critica y exige remediar todos los males es al IFE. Porque se ignora la magnitud, complejidad y eficacia probada del dispositivo que existe para asegurar que el voto sea libre y secreto y se cuente bien. Porque me resulta evidente que al encabezar el desplegado con una frase tan contundente como falaz:El país no aguanta otra elección sin certeza”, sólo se busca, con mentiras, preparar a la opinión para que se adhiera a una eventual estrategia de desconocimiento de los resultados.

Bien lo dice el manifiesto: “Está en juego el destino del país”. En toda elección de semejante magnitud lo está. Y cada facción puede decir y hasta creer que el futuro pende del triunfo de su favorito, es natural. Pero no. No creo que el país dependa absolutamente de quien gane. Lo más importante que está en juego es el asentamiento definitivo de la capacidad de los mexicanos para dirimir la disputa por el poder por medios legales y pacíficos y aceptar sus derrotas temporales sin victimismos. Para eso se hizo el IFE con el concurso de muchísima gente y con años de esfuerzos. Este desplegado de “ciudadanos honrados” (sic) va en sentido contrario. No me gustó verte firmarlo. Y menos imaginar que en el lamentable caso de que vuelva a presentarse un movimiento para impugnar el resultado electoral te sumes, así sea de buena fe, a este tipo de conductas canallas. Por eso te escribo.

Ya luego platicamos de quién me gustaría que gane.

Un abrazo fraternal.

PD: Escribí esto durante el fin de semana posterior a la publicación del desplegado. El lunes vengo a mi trabajo y veo que también los responsables han redactado una respuesta institucional al manifiesto. Te la recomiendo porque da datos que refuerzan con evidencias concretas mucho de lo que aquí te he dicho. ®

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