DE PENALTYS Y PEGOLOTES

Memorama, viejas revistas de futbol

Chanoc era el nombre de una historieta de corte popular al más puro estilo mexicano. La publicación fue lanzada en 1958 y desapareció en 1981; Andrés García y Germán Valdés Tin Tan fueron la mancuerna que más se recuerda en el cine, y fue gracias a estos personajes cuando durante los años setenta la revista ofrecía un regalo semanal a sus fieles lectores: los Pegolotes.

© Blumpi

Los Pegolotes, como se autodenominaban, eran calcomanías con caricaturas de los equipos de primera división del futbol mexicano; aún existía el Atlético Español, equipo que alineaba en su portería a Horacio Sánchez, hermano del pentapichichi; también desfilaban en trazos cómicos los “Gallos” del Jalisco, los “Leones Negros” de la UdeG, la “Jaiba Brava” del Tampico. Estaban los “Cañeros” de Zacatepec, con su emblemático “Harapos” Morales, el Curtidores, el Atlético Potosino, todos ellos equipos hoy desaparecidos.

El estilo de los Pegolotes era en el tenor de la caricatura política. El Diario de la Tarde del Novedades de entonces ofrecía la mejor sección deportiva de los vespertinos, y publicaba una tira completa de editoriales respecto de las glorias o desgracias de los equipos de primera de ese tiempo, amén de un póster a color de los ídolos del momento, que a menudo servía para limpiar vidrios o como cucurucho de semillas en algún mercado popular.

Contemplar los puestos de periódicos, entonces muchos de ellos de estructura metálica en forma de V invertida, era uno de los placeres gráficos que ofrecía la Ciudad de México a los niños de entonces; escudriñar el puesto en busca del Pegolote perdido a veces llevaba a la compra de otras producciones, muchas de ellas por la recomendación de algún camarada de la primaria. Chivito narraba las aventuras del club Guadalajara en historieta, con sus héroes: el Centavo y el Pulpito. Pero dejaron de circular de manera silenciosa, lo mismo que Águila Solitaria, el ahora resucitado Pantera, y un sinfín de revistas que ahora viven en la memoria de quienes crecieron en esos años.

La revista Penalty era de impecable color y en sus portadas posaban cual atletas olímpicos con cabelleras largas y patillas Miguel Marín, Miguel Ángel Cornero, Reynaldo Gualdini, “Bonavena” Ramírez, Horacio López Salgado, Walter Gassire, Ignacio Calderón y Carlos Reynoso, entre otros genios de la época. Algunos de ellos incluso llegaron a ser galanes de fotonovela, como fueron los casos del entonces “Niño de Oro” Hugo Sánchez y el “Cuate” Calderón.

La oferta editorial dedicada al futbol iba más allá de los periódicos Esto, Ovaciones, Estadio y La Afición: el suplemento dominical de monitos del Novedades tenía nada más y nada menos que a “Dick el Artillero”, historieta futbolera y policiaca del argentino Alfredo Julio Gras. Pero, como era costumbre en los diarios de entonces, ninguna historia llegaba a su fin, bastaba leerlo domingo a domingo por meses enteros para que al final… nada, comenzaba una trama nueva; lo mismo pasaba con Mandrake y el Príncipe Valiente que aparecían en el Excélsior de aquel entonces.

El futbol era un divertimento de dimensiones discretas; las narraciones de la dupla integrada por el “Ché” Ventura y Fernando Marcos para Televisa daban cátedra de ingenio y agudeza; aquellos viejos que recordaban a los del balcón de los Muppets, mientras que las voces de Juan Dosal, Fernando Schwartz y Gerardo Peña aderezaban el espíritu americanista. Las transmisiones nocturnas del sábado con el Atlas, la UAG y la UdeG, en la voz de don Agustín González “Escopeta”, mostraban un futbol rudimentario y poco técnico, futbol de balonazo y muchas de las veces aburrido y olvidable.

En el Canal 13 equilibraban la balanza José Ramón Fernández, Carlos Albert y Raúl Orvañanos, y en uno que otro cambio de dirección del entonces feudo de Álvarez Lima, hasta Jorge Berry narraba de emergencia algún partido.

Una vez más versaba la leyenda de la repetición instantánea de las transmisiones del 13. Eran los tiempos de gloria de “Patrulla” Barbadillo con los “Tigres” de la UANL, en aquellos primeros años de la década de los ochenta, en los que el Atlante sorprendió a propios y extraños al fichar a los polacos Zbignew Boniek y a Grzegorz Lato en uno de los sucesos más extravagantes de la historia del futbol mexicano.

Penalty era la revista de mejor hechura gráfica, por encima de la tradicional Balón, cuyo nombre conlleva la paradoja o presagio de la constante decepción de todo un país que sueña con ver a su selección hacer un mundial digno cada cuatro años: el pénalti, enemigo de las selecciones mexicanas, aquella famosa falta cobrada desde los once pasos que separa a México de México, auténtica maldición de Moctezuma para propios y extraños, ya que el único tiro que erró Lato en su encomiable carrera fue en el estadio Azteca con el Atlante, que ameritó caricaturas, pósters y ahora el recuerdo de quienes habitaron la república del futbol durante su infancia en los años setenta. ®

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Publicado en: El lado oscuro del balón, Junio 2010

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