Diablo Guardián: diez años

Entrevista con Xavier Velasco

A diez años de que Xavier Velasco obtuviera el Premio Alfaguara, reflexiona sobre su trayectoria, el oficio de escritor y los gajes del gremio de la literatura.

xavier velasco

Xavier Velasco lo sabe: hay llamadas telefónicas que te cambian la vida. O al menos llamadas que te agitan cual coctelera los próximos diez años. Nueve de la mañana para ser más exactos. Es él quien escucha que suena el teléfono y se despierta a esas horas; es el mismo que jamás espera que su teléfono suene… ¿O sí? A menos que sea para una mala noticia de esas que se dan en horas inoportunas. O para una buena. Contesta: hay llamadas telefónicas que te cambian la vida. De esas que interrumpen temprano tus sueños para contagiarte con un sueño distinto, en este caso, para darle a conocer que su Diablo Guardián está entre las cinco novelas finalistas para ganar el VI Premio Alfaguara de Novela 2003. Luego cuelgan la llamada. Y lo que menos quiere hacer es tirarse a dormir como si nada. Le queda claro que pase lo que pase su novela al fin será publicada. A partir de ahí esperará hasta que llegue la otra llamada.

—¿En estos diez años, desde la publicación de Diablo guardián tras ganar el VI Premio Alfaguara de Novela 2003, qué ha aprendido Xavier Velasco en lo que a contar historias se refiere?

—He aprendido lo que está a la vista. He escrito cuatro novelas (espero que no me hayan salido tan mal), y también he aprendido que lo mejor es lo que uno está haciendo, al menos lo que más se aprecia, entre otras cosas.

—Sé que practicas deportes extremos, ¿escribir novelas es uno de ellos?

—No sé si llamarlo “deporte”, pero sí es una actividad extrema: te involucras en un asunto las 24 horas del día; así duermas o estés despierto, hagas lo que hagas, sigues resolviendo una novela. Yo diría más bien que escribir novelas es una “obsesión extrema”.

—Con Diablo guardián ocurrió un fenómeno por demás interesante: más allá del marketing literario y del respaldo que otorga un premio, la gente comenzó a acercarse a la novela casi por curiosidad, la leía, le gustaba mucho, la recomendaba de voz en voz hasta conseguir que se posicionara como uno de nuestros best sellers latinoamericanos, ¿estabas preparado para tal fenómeno? ¿Cómo fue que te tomó la noticia de las altas ventas de la novela?

—Nadie está preparado para algo así. Y mucho menos para que esa situación prevalezca a lo largo de varios años. Tenía la ilusión, pero no era más que eso: una ilusión, de que Diablo guardián consiguiera trascender el premio; no obstante, nunca me imaginé lo que iba a pasar. Mucho menos me imaginé que el personaje iba a trascender a la novela misma, y que diez años más tarde se iba a estar haciendo una edición conmemorativa en la que quizás lo que menos suena es el premio, porque este ya quedó muy atrás.

—De alguna manera se busca…

Mucho menos me imaginé que el personaje iba a trascender a la novela misma, y que diez años más tarde se iba a estar haciendo una edición conmemorativa en la que quizás lo que menos suena es el premio, porque este ya quedó muy atrás.

—Es como cuando te enamoras de una mujer. No estás preparado para casarte con ella y para tener hijos, aunque, claro, de alguna manera lo buscas. Pero de ahí a que la mujer que te gustó, y que quizás ni siquiera te voltea a ver al principio, vaya a ser la madre de tus hijos, hay una enorme distancia y un gran esfuerzo de imaginación; y por supuesto, si se te hace, también hay una gran alegría.

—En esta edición conmemorativa de Diablo guardián se incluye “La Coatlicue de Saks”, un prólogo escrito por Enrique Serna, así como “Mi Violetta”, un texto donde cuentas las distintas circunstancias que rodearon la creación de la novela, ¿por qué escribirlo hasta ahora?

—De hecho, ni siquiera sabía de qué tamaño iba a quedar Mi Violetta. En el momento en que me dicen: “Oye, vamos a hacer una edición de aniversario de “Diablo guardián”, cómo la ves”, me encantó la idea. Fue entonces que se me ocurrió que el prológo lo escribiera Enrique Serna. También pensé que ya era hora de contar la historia de la historia, porque a lo largo de incontables presentaciones fui contando partes de cómo había escrito la novela, pero nunca la había contado con una extensión y una profundidad adecuadas. Entonces me senté a escribirla. En un principio pensé en unas diez, quince páginas… ¡y me salieron 46 cuartillas. Yo no sabía que era de ese tamaño. Tampoco sabía que iba a tener que medirla para que no saliera de cien páginas o más, porque yo sentía que daba para mucho.

—Además, parece que en “Mi Violetta” tocas por una parte las circunstancias que te rodearon cuando estabas escribiendo Diablo guardián, pero también, me parece, hay otra parte que corresponde más a la creación en sí, es decir: dentro de la historia de la historia se ven algunas pistas que tal vez te podrían dar en un futuro para una nueva historia.

—Siendo uno novelista tiendes a eso. Es más: tienes que reprimir esa tendencia cuando no quieres hacer otra novela. Un poco en broma, yo le decía a mi editor: “No te preocupes, la historia de la historia no va a ser más larga que la novela, o por lo menos no lo voy a intentar”.

—Como bien apunta Enrique Serna en el prológo, Violetta se detesta a sí misma, y a partir de aquí expande ese odio hacia el país y hacia su raza. ¿Cuál crees que sería la perspectiva de Violetta con los cambios políticos y sociales que se han dado en estos diez años en el país?

—Difícil pregunta. En primer lugar, yo no sé en los diez años que siguen qué sucede con la vida de Violetta como para poder ubicar su perspectiva. Yo supongo que si le fue muy bien puede decir que todo está bien, y si no diría lo contrario, porque el mismo odio que generamos lo generamos de acuerdo a qué tanto se cumplen nuestras expectativas; también supongo que actualmente Violetta tendría mucho material para burlarse.

—¿Aún cuentas con el apoyo de un mecenas para escribir?

—No, ya no, se acabó. Afortunadamente ya puedo vivir de esto. Ahora la editorial te da un adelanto; tienes trabajo por otros lados. Ahora me dedico nada más a escribir y afortunadamente contra todo pronóstico, eso me mantiene, así que ya no ocupo mecenas.

—Platícame un poco acerca del proyecto para llevar Diablo guardián a la televisión.

—Está en marcha y Gustavo Bolívar (el mismo de Sin Tetas no hay paraíso y El Capo) está escribiendo el guion y no sé qué tan adelantado vaya porque a mí lo que me preocupa es cómo voy yo con mis propios proyectos. Sin embargo, espero que vaya bien. Hay que ser optimista.

No tengo algún motivo para estar cerca de los círculos literarios. Para mí la literatura tiene que ver con una persona que se encierra a escribir. Lo demás no creo que sea literario. Es solo una forma de pasar el rato. Los círculos literarios como tales no me entretienen mucho. Claro que los frecuento cuando tengo que hacerlo. No es un premio ni es un castigo, simplemente es una actividad para la que no tengo mucho tiempo.

—Mucho se ha dicho acerca de que Xavier Velasco es un autor que no frecuenta tanto los círculos literarios y que en cambio sí frecuenta los círculos musicales.

—No tengo algún motivo para estar cerca de los círculos literarios. Para mí la literatura tiene que ver con una persona que se encierra a escribir. Lo demás no creo que sea literario. Es solo una forma de pasar el rato. Los círculos literarios como tales no me entretienen mucho. Claro que los frecuento cuando tengo que hacerlo. No es un premio ni es un castigo, simplemente es una actividad para la que no tengo mucho tiempo. En realidad soy bastante monje. Frecuento muy pocos círculos. Pasó más tiempo paseando con mi perro, porque de esta manera sigo mimando y alimentando mi obsesión y mi trabajo. Me he vuelto bastante reclusivo.

—Hay una parte muy significativa en el texto de “Mi Violetta” y es cuando tienes el encuentro en la madrugada con Paquita la del Barrio y te dice que sigas adelante, que continúes escribiendo, ¿tú ya lo sentías entonces como un muy buen augurio?

—Sí, por supuesto que sí lo sentí. Después de unos años de vivir de crápula y Paquita me dice: “Sigue escribiendo, mi hijo, vas bien”, yo automáticamente digo: “Sabes qué, que tiene toda la razón”, y así como en otras ocasiones me sentí insuficiente, esa vez me bastaron esas palabras para creerle; también hay quienes escuchan la opinión de un profesor y con eso se sienten estimulados, y piensan que con eso ya la hicieron, cuando la verdad es que ningún opinión basta para dar por hecho que uno ya la hizo, que uno va bien, pero uno escoge aquellas opiniones que de algún modo te van a servir de acicate o de estímulo.

—¿Qué lees en estos momentos?

—Estoy terminando de leer por segunda vez (porque me invitó a presentarlo) La ternura caníbal, de Enrique Serna. Como ya te habrás dado cuenta soy un lector ávido de Enrique Serna.

—Respecto de la música…

—En estos momentos escucho mucho a Green Day. También algo de jazz viejo. Y me ha dado por escuchar cosas que me encontré de Marving Gaye. En fin, le voy cambiando, le voy cambiando mucho, no tengo nada claro de lo que voy a escuchar al día siguiente.

—Escribes escuchando música…

—Sí, y en ese sentido, parte de la búsqueda de la novela es descubrir cuál es la banda sonora de esa novela que estoy escribiendo. Así que en parte escuchar muchos tipos de música es porque en el fondo ando también en busca de la banda sonora. Es decir, aquella música con la cual me voy a sentir más cómodo y más dentro de la historia.

—Se ha dicho que Xavier Velasco es un autor que aborda el mundo juvenil desde distintas perspectivas literarias, ¿en algún momento abordarás otros mundos?

—Escribo libros de origen autobiográfico, uno que era un mundo infantil, otro que era el juvenil, temprano de adolescencia, y pues por lo pronto ya acabé con eso, claro también está Diablo guardián, y ahora estoy escribiendo una historia que no tiene nada que ver con todas las anteriores, no sucede ni siquiera en la ciudad de México.

Pongamos que Xavier Velasco ve el reloj. Son las seis y un minuto de la misma mañana. En ese momento ocurre: suena el teléfono. Un incesante ring, ring atasca y quiebra la casa. También cabalga a lomo de los nervios y la ansiedad. El autor de Diablo guardián lo sabe: lleva toda la vida esperando ese ring. ®

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Publicado en: agosto 2013, Libros y autores


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