Días del futuro pasado

En Días del futuro pasado se entrevera la inteligencia, la prudencia, el buen estilo y la crítica. Vaya, no solamente todo eso, sino también la información, el conocimiento de la historia, la intransigencia con la ligereza y la banalidad de muchos presuntos “analistas” y periodistas. Efectiva, implacable. ®

Hobsbawm, Villa y los muertos vivientes

Zeus omnipotente (Bildhuggarkonst, Zeus och giganterna, från Pergamon, Nordisk familjebok).

Concebir la historia como un puzzle armable a modo, mentir, deformar, seleccionar o echar mano de cualquier zascandil petulante para fundamentar una postura, para satisfacer un encono visceral, servir a una arraigada fobia ideológica y política o para denigrar a alguien, ya es demasiado.

Más allá de la política epidérmica

De-de-democracia...

La política no sólo se mueve en el reino de las apariencias: ella misma ha pasado a formar parte de ese reino aparencial. En las democracias llamadas maduras, y con razón mayor en las democracias entrecomilladas, la propia vida parlamentaria y la división de poderes es un escenario de simulaciones.

La nave de los necios

Don Quijote y Sancho Panza.

Buena parte de los escritores, poetas, artistas e intelectuales son producto de las apariencias, la cobertura mediática, el oropel académico o los premios menores, medianos y grandes. No los sustenta su obra sino el juego de simulaciones que se ha consolidado como una realidad establecida.

Plagio, ergo sum

Portugueses y franceses aplicaban a los corsarios españoles el suplicio de la rueda. Grabado de Mary Byfield, del siglo XIX.

El plagio hace muchos años que existe entre nosotros, en muchos más lugares y con muchos más actores que lo que pudiera pensarse. Lo que sucede es que los plagiarios y la apropiación de ideas y textos ajenos son como las termitas caseras: no se ven, pero están ahí. Es aquí donde con mayor evidencia el plagio se tolera, se encubre e incluso se propicia.

Ética, política, democracia

Comunistas

Con la izquierda reducida a la autodenominación y esporádicamente al discurso, el abanico de posibilidades que se ofrece al ciudadano en cuanto elector se distingue únicamente por las siglas, los colores y nombres de los partidos. Las ofertas reales, salvo diferencias secundarias y de estilo, son sólo variaciones sobre una misma tonada.

Los franceses atacan de nuevo

El juramento de Cortés.

De nuevo un hombre empeñado en la autopromoción internacionalmente itinerante, otra vez un texto revelador y estruendoso. Y una vez más la entusiasta recepción no del mundillo intelectual y académico pero sí de cierto público ignaro y siempre presto a celebrar y aceptar como buena cualquier novedad.

El país de nunca jamás

Roberto Monreal y Andrés Manuel López Obrador © Milenio Diario.

Haber “echado al PRI de Los Pinos” nunca significó desplazar, junto con el partido de gobierno, también a la ideología, el cariz y los usos y costumbres sedimentados en el sentido común de los políticos autóctonos, e incluso entre la población.

Matar la conciencia

Carlos Romero Deschamps, líder del sindicato petrolero.

Visten más el poder y el dinero que la ropa cara y las cirugías estéticas. La mujer más poderosa del país apareció, ya en la cárcel, opacada, apagada, sumisa, casi humilde. Sin afeites aunque con lentes Bvlgary, en camiseta y no con las marcas Chanel, Prada, Escada…, abandonada por “su” sindicato.

En busca de la guerrilla perdida

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El texto que subyace está compuesto por fragmentos de una mucho más extensa introducción de un libro dedicado a examinar, con miras que fuesen más allá de lo anecdótico y juicios que escaparan tanto a la loa como al dicterio, la ruta y los hechos de las organizaciones guerrilleras mexicanas que actuaron en la década de los setenta.

El peso de la subalternidad

© Cuartoscuro

La misma demagogia vieja de decenas de años, con algún añadido tomado en préstamo de las modas discursivas en boga. La misma falsedad de un discurso emitido con voz engolada, con el ademán propio del declamador escolar o el manoteo y la mirada jupiteriana cuando hay que ponerse incendiario.

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