Diego Etcheverry. La criatura pertinaz

Y el setdebelleza.com

El trabajo de Diego Etcheverry está impregnado de alusiones a recuerdos de la infancia convertidos en referencias intelectuales, al fin y al cabo las mismas, o casi, con las que crecimos todos.

La idea de la infancia, desde la aparición de la televisión de manera generalizada en casi todos los hogares del orbe (hace ya medio siglo de esto), no es aquella idílica que heredamos de la era pretecnológica, en la que los recuerdos los constituían juegos inocentes al aire libre, meriendas campestres y cáscaras de fut en alguna calle poco transitada de la colonia hasta que caía la noche. O quizás, en los casos más precoces, alguna lectura reveladora de un libro robado a hurtadillas de la biblioteca familiar. Esas infancias se proyectan a lo largo de la vida en riguroso blanco y negro.

De un tiempo a esta parte las referencias culturales son las que nutren las infancias ensimismadas frente a un aparato electrónico alrededor de las cuales se erigen los juegos, la socialización y finalmente las idiosincrasias personales. Las referencias de la infancia hoy son las que provee la cultura mediática y los héroes de las animaciones y los cómics, y desde hace algo más de un par de décadas los nuevos juegos interactivos, que se superan a sí mismos año con año parejos al avance de la tecnología, si no es que no son uno de sus principales impulsores por el volumen de negocio que representan.

Las referencias de la infancia hoy son las que provee la cultura mediática y los héroes de las animaciones y los cómics, y desde hace algo más de un par de décadas los nuevos juegos interactivos, que se superan a sí mismos año con año parejos al avance de la tecnología, si no es que no son uno de sus principales impulsores por el volumen de negocio que representan.

El trabajo de Diego Etcheverry está impregnado de alusiones a recuerdos de la infancia convertidos en referencias intelectuales, al fin y al cabo las mismas, o casi, con las que crecimos todos. Comenta el artista, diseñador gráfico e ilustrador al respecto: “Trato de ser fiel con esas cosas, Mazinguer Z, La guerra de las galaxias, la invasión de los extraterrestres, la ciencia ficción ochentera, es como una nostalgia y me gusta tenerlo en cuenta en mi trabajo… en mi mundo, que está poblado de esas remembranzas continuamente… de esos recuerdos de la infancia que conforman de algún modo mi mundo contemporáneo”.

Quizás sea por eso que el trabajo de Etcheverry, un uruguayo afincado en la bella ciudad de Segovia, en España, se aglutine en torno a personajes que podrían ser desarrollados en formato de cómic o viñetas, en escenas. De hecho uno de sus primeros trabajos fueron unas tiras cómicas sobre un detective uruguayo llamano Jamandú Collazo, realizadas junto a Richar Ortiz, y que publicaban en el diario La República, en Uruguay.

Su formación de diseñador gráfico e ilustrador le permite tener una visión más cercana al mundo de la comunicación que el que podría tener un artista plástico tradicional, centrado básicamente en el desarrollo de la obra pictórica al margen de los avatares del mundo contemporáneo. Es ésta una preocupación por el entorno propia de un comunicador que está interactuando constantemente con simbología, clientes, estrategias de mercado y contenidos informativos.

Al respecto comenta que cada vez cree que es menos pintor, convirtiéndose en un artista integral al dominar varias disciplinas. Quizás también influido por una visión purista frente al trabajo, dice Etcheverry: “Veo a los pintores con un exceso de cuota de divismo… veo gente más mediática que artistas serios, son gente que hablan más de lo que pintan. Por una especie de deformación del marketing al que estoy expuesto en mis encargos comerciales, yo creo en la obra autónoma, la que habla sola, la que no necesita explicación”.

Esto último quizá sea debido a que Etcheverry combina elementos de la cultura popular, de la que se nutre, con una formación rigurosa en el aprendizaje de varias disciplinas, y al haber sido discípulo de Anhelo Hernández, que a su vez fue discípulo de Joaquín Torres García, el impulsor del constructivismo de la Escuela del Sur, uno de cuyos lemas fue “Nuestro sur es nuestro norte”.

El trabajo pictórico que actualmente realiza Etcheverry es un punto intermedio entre el kistch, el tebeo y la ilustración en publicidad, jugando con las tipografías por su background de diseñador gráfico, y que siempre tiende a la provocación cromática: “Mi pintura se tiene que ver, hacerse presente, al contrario que la música en el hilo musical de elevador, que no se oye”. Esas tipografías dan lugar a elementos recurrentes en su ideario estrafalario y chocante, rozando lo freak, como “La criatura pertinaz” o a la serie Luz y moral que ahora está desarrollando para una exposición. Estas criaturas surgen del arte popular, de su iconografía, y confluyen en una estética que retrata lo violento, lo poco saludable de la vida, como se ejemplifica en su pieza titulada “Compra”, en la que el carrito del súper rebosa armamento de todo tipo. De ahí que juegue con el lema de la publicidad de MacDonald’s, “Nuestro compromiso es que comas bien”, subvirtiendo los elementos, o que tome de la historia del arte referentes para hacer sus propias versiones Disney, como sucede con el célebre cuadro de Goya Saturno devorando a su hijo, en el que Saturno es representado por un macabro Mickey Mouse.

El trabajo pictórico que actualmente realiza Etcheverry es un punto intermedio entre el kistch, el tebeo y la ilustración en publicidad, jugando con las tipografías por su background de diseñador gráfico, y que siempre tiende a la provocación cromática.

Entre sus formatos maneja serigrafía (en papel, camisetas e incluso tazas y demás utensilios domésticos), ilustración, aerografía y modelaje 3D para unos muñecos que está realizando, su línea de juguetes, pero todo esto siempre partiendo desde el boceto, aunque luego se terminen en algún programa de modelaje o 3D. Etcheverry es un dibujante enfermizo, cargando siempre su moleskine, posee una mente inquieta y trepidante, para materializar sus ideas en escenas depravadas. Apunta el artista: “La inmediatez de la tinta y papel es lo fundamental, en esos bocetos se germina la idea. Luego ya empieza la digitalización de esos procesos, la vectoralización, para después poder cortar e imprimir las plantillas y luego darle la impronta del pincel”.

Diego Etcheverry no se limita en cuanto a técnicas.

Entre sus invenciones se cuenta setdebelleza.com, una web donde aglutina toda su producción y da cabida a otro arte de su interés, actuando como un contenedor de ideas y en realidad como una marca. Dice al respecto: “El empuje energético de setdebelleza.com es hacer las cosas de manera autónoma, no encargarlas porque no te puedes fiar de proveedores, o que haya ausencia de dinero, sino que el compromiso es total con la producción”.

Diego Etcheverry es un escéptico de la parafernalia que rodea al mundo del arte y aborrece que haya tantas víctimas de la incultura visual producto de tanta televisión homegeneizadora. Opina que el arte por el arte y toda esa concepción han acomplejado a la masa con una verborragia complicada, y apunta: “La crítica condiciona el mercado y piensan por la masa, condicionándolos… Busco un arte inteligente, un arte reflexivo porque quiero un público igual, inteligente y reflexivo… Persigo un mundo ideal donde se reparta más la libertad de decisión”.

Y debe ser así cuando sobre su trabajo cree que lo mejor que se puede decir es incitar a ver esa explosión de colores y mensajes inquietantes: “Tienes que ver mi pintura, más que verme hablar en la televisión”. ®

—Diego Etcheverry está preparando una exposición para el mes de junio que llevará por título Luz y Moral en la galería Montón de Paja, Montón de Trigo, en Segovia. Esta galería lleva ya varios años impulsando el arte underground y el trabajo de artistas emergentes.

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Publicado en: marzo 2011, Plástica

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