Diez años de pornografía emocional

Cómo somos en Facebook

Según una publicación inglesa que se dedica a difundir chismes de políticos y estrellas de la farándula, el trastorno histriónico de la personalidad abunda en los usuarios de Facebook: quieren ser el centro de atención a toda costa, seducir, recibir halagos, sentirse neuróticamente amados, pues.

El granito de arena

Yo quiero tener un millón de amigos...

Yo quiero tener un millón de amigos…

Vaya festejo. Facebook, la red de redes, cumplió diez años y lo celebró en grande regalando películas a sus usuarios. ¿Recordamos el mundo sin Facebook, sin YouTube ni Twitter? Seguro que sí, pero ese recuerdo es el de un mundo incompleto, cojo, un mundo en el que cada uno está en su isla desierta con sus libros y CD, solos. Ahora, si nos duele el dedo gordo del pie, lo publicamos; si queremos organizar un movimiento para que detengan ——¡por lo que más quieran!— la masacre de perros callejeros en la Ciudad de México; si deseamos que México camine directito a la democracia y a las buenas costumbres guiado de la mano de los jóvenes que detestan y sucumben a las tetas de las televisoras; si nos creemos las pedorríferas teorías del complot judeo-bolchevique mundial; si creemos que la presencia de Salinas de Gortari provocará un terremoto, pues escribámoslo en Facebook y esperemos que los comentarios y los likes nos inunden para sentir que hemos puesto nuestro granito para hacer de este mundo decadente, satánico e infernal un lugar más decente para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Y al final, satisfechos por nuestra acción, veamos por enésima vez nuestra película de FB con un Red Bull y un vodka.

Un poco más allá

Hagamos caso del subtítulo y veamos un poquito más allá de los reencuentros con nuestros cascados amigos de la primaria, de la comunicación con los muertos, de la resurrección en las sociedades preparatorianas y universitarias, del resurgimiento de nuestros anhelos poéticos, de las oportunidades laborales, de los histéricos enfrentamientos en épocas electorales y de los alaridos de medio mundo por esto y por l’otro.

La persona que antes sólo vivía para el trabajo y que buscaba denodadamente su destino y realización en lo material encontró un medio idóneo para crearse una imagen nueva de sí misma. Si bien el chat y el mail algo habían hecho, el FB le dio la oportunidad de recrearse, formar una nueva identidad. A través de FB podría ser lo que “debía ser”. Para alcanzar el éxito no era necesario ser exitoso, nomás parecerlo. Un par de fotos esquiando donde sea que esquíe la gente exitosa, una pareja hermosa, una copa de champaña y, claro, unos amigos que vean de qué lado masca la iguana. Faltaba más: una foto al lado de una limosina de naco Hummer o de un coche deportivo que se encontraron estacionado en la calle. O, también, en el yate del primo del vecino. Así fue.

Para alcanzar el éxito no era necesario ser exitoso, nomás parecerlo. Un par de fotos esquiando donde sea que esquíe la gente exitosa, una pareja hermosa, una copa de champaña y, claro, unos amigos que vean de qué lado masca la iguana.

Quiero mencionar un tema relacionado con FB y el resto de los social-media, que bien podría formar parte del gran retrato de la ya un poco vetusta sociedad feisbuquera que, sin embargo, sigue funcionando como una enorme válvula de escape de la unidimensionalidad humana del trabajo, del estudio, del éxito social y material. Me refiero a los trastornos de personalidad y el Facebook.

Proyectémonos

Hace unos pocos años quien padeciera un trastorno de la personalidad debía conformarse con proyectar sus carencias hacia sus círculos familiares y sociales más cercanos. Hijos, esposas, maridos, madres, padres, jefes, empleados, todos ellos sufrían la carga neurótica del sujeto. En el mejor de los casos el terapeuta se chutaba el problema. Con FB las cosas cambiaron: la proyección se transformó en algo global que podía alcanzar a miles o quizás millones de personas. No solamente eso, con FB se pueden establecer torcidísimas relaciones de transferencia y contratransferencia con la ventaja de que difícilmente producirán un insight y que las resistencias se fortalecerán cada vez más.

No like.

No like.

El sujeto publica un texto de cualquier tipo —en el que asume papel de víctima, de gran escalador social, de venerable padre de familia, de irresistible seductor de mujeres, de luchador social, de vegetariano extreme que denuncia las matanzas de cerdos para satisfacer a las masas deseosas de tacos de carnitas y grasientos chicharrones, de feministas radicales, de escritores revelación, de amargados y de iluminados— y espera ansiosamente los comentarios a su publicación. Se muerde las uñas esperando el feedback, los likes. De cualquier forma, la frustración se apodera de él.

Según una publicación inglesa que se dedica a difundir chismes de políticos y estrellas de la farándula, el trastorno histriónico de la personalidad abunda en los usuarios de Facebook: quieren ser el centro de atención a toda costa, seducir, recibir halagos, sentirse neuróticamente amados, pues.

La pornografía emocional

Por medio de la pornografía emocional se proyectan las carencias del neurótico en FB. Escribir, publicar fotos, dejar al descubierto una gama de emociones y sentimientos que, de acuerdo con ciertos parámetros ya bien caducos, pertenecerían al ámbito de lo íntimo. La ventaja de las revelaciones en FB es que existe una sana distancia entre el emisor y el receptor del mensaje por lo que la cruda de sentimientos de culpa y remordimientos es muy manejable. Así, la pornografía emocional desnuda al sujeto de la manera en que él quiere que lo vean con el fin de satisfacer sus necesidades neuróticas.

El Facebook es una de las nuevas herramientas de las que se sirven algunos profesionales de la salud mental para establecer diagnósticos diferenciales en sujetos con trastornos de la personalidad. No es poca cosa. Es importante apuntar cómo este tipo de medios, bien entendidos, pueden ser relevantes para el crecimiento y conocimiento personales y para revelar quiénes no somos y quiénes sí somos. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Marzo 2014, NSFW


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