Echoes: ¿rock venezolano for export?

Sobre reencuentros felices

No voy a traer aquí una aburrida y autorreferencial crónica personal que explique como llegué a Echoes. Me limitaré a decir que fue gracias a un feliz reencuentro con una amiga de la infancia como supe de la existencia de la banda, hace ya un par de años, cuando se encontraban en la producción de su primer trabajo discográfico.

Cuenta la leyenda, esa leyenda particular que todas las bandas se arman para justificar su origen, que un día cualquiera varios amigos se reunieron para hacer la música que les quemaba el cielo de la boca. Todos venían de experiencias disímiles, desde Alfredo Ovalles, un pianista influenciado por la música clásica, hasta Jorge Rojas, el bajista, que además de ser multiinstrumentista es compositor y profesor de música. Compartían, además del origen —varios de ellos son de San Antonio de los Altos—, la necesidad de formar una banda que sonara a lo que ellos les gustaría oír.

Así nace Echoes, un proyecto musical de influencias muy variadas, difíciles de etiquetar. Las etiquetas, lo sabemos, son una simplificación, tal vez una simplificación necesaria. Así que para categorizar a la banda y seguir adelante con la reseña, podría decirse que son una banda que mezcla el rock progresivo con el sinfónico. Son un grupo netamente instrumental, carecen de vocalista, aunque en su primera placa discográfica aparecen invitados cuatro cantantes que le ponen voz a varios de los temas.

Nature | Existence es el título del primer trabajo del grupo. Producido por la norteamericana ProgRock Records, se trata de un disco consistente y muy arriesgado, poderoso y, sobre todo, honesto. Honesto con los propios músicos que lo elaboraron, quienes prefirieron serle fiel a sus propias necesidades antes que repetir fórmulas manidas en busca del éxito fácil. Buena parte del rock en Venezuela adolece no de originalidad, que buenos músicos es lo que sobra en el país, sino de arrojo. Y lo digo sin belicosidades y sin ánimos de descalificar el trabajo de nadie, pero es un hecho que nuestro rock siempre opta por los caminos fáciles, el riesgo calculado.

Cuenta la leyenda, esa leyenda particular que todas las bandas se arman para justificar su origen, que un día cualquiera varios amigos se reunieron para hacer la música que les quemaba el cielo de la boca. Todos venían de experiencias disímiles, desde Alfredo Ovalles, un pianista influenciado por la música clásica, hasta Jorge Rojas, el bajista, que además de ser multiinstrumentista es compositor y profesor de música.

En la realización del disco intervienen Ola Sonmark, Svante Försbäck y Stefan Schneider, en las mezclas, masterización y diseño de sonido respectivamente. Como vocalistas invitados figuran Pedro Castillo, voz de Aditus y Témpano; Carl Webb, voz de Oceanwerks; Tobías Jansson, vocalista de Silent Scythe y The Law; pero, sin duda, la mejor de todas es la participación de Nick Storr, cantante de The Tirad Ending, quien le pone la voz a “Leaf Motif”, el extraordinario primer single promocional del disco. Otra participación importante es la del saxofonista Dave Duffus y del Anechoic Chamber String Quartet.

Si desean comprar el disco, pueden hacerlo a través de la tienda virtual de la banda.

Se trata de un trabajo arriesgado para el mercado venezolano. Tal vez por eso mismo viene producido por una disquera extranjera y también puede ser ésa la razón por la cual la banda ha sido más reconocida fuera del país. Dice una vieja monserga que nadie es profeta en su tierra, en este caso, es más difícil ser profeta si lo que se predica rompe los paradigmas a los que están acostumbrados los posibles conversos.

Nature | Existence fue recibido con buenas críticas en el ámbito nacional. Principalmente a través de los canales alternativos donde trabajos como éste son mejor aceptados que en los canales tradicionales, donde prefieren ignorarlos. La mejor recepción del trabajo se dio afuera. Bruce Dickinson, vocalista de Iron Maiden, estrenó el primer sencillo del disco en su programa de la Radio 6 para la BBC de Londres, Friday Rock Show. Igualmente, el disco estuvo en la lista de preseleccionados al Grammy, optando a tres categorías, a saber: Best Rock Album, Best Hard Rock Performance (por el tema “Leaf Motif”) y Best Instrumental Rock Performance (por el tema “Despair”). Adicionalmente, hace un par de semanas, la banda ganó el premio Independent Music Awards en la categoría Mejor Album Metal/Hardcore.

Personalmente, lo considero el mejor disco de una banda local durante 2010 y uno de los discos de rock nacional más singulares de años recientes. Aquí, por cierto, debo hacer una salvedad: la manoseada categorización “rock nacional” no se refiere a los fetiches de lo que consideramos nacional. Echoes, aunque reconoce tener influencias de la música venezolana, es una banda con un sonido muy poco “venezolano” (lo que sea que eso signifique), pero precisamente por eso me gusta creer que su música puede recibir la etiqueta de venezolana, no por la nacionalidad de sus integrantes, sino porque quiero pensar que romper esquemas y a atreverse a innovar también es válido en el contexto de eso que decidimos enmarcar como nacional.

Un encore auténtico

El pasado viernes 8 de julio fuimos convocados al Centro Cultural Corp Banca para el que sería el primer toque del grupo en Caracas desde hacía casi un año. Parte de los problemas de ser una banda con un sonido tan poco comercial es la poca cantidad de espacios que existen para tocar, las pocas puertas que se les abren y las escasas veces que el grupo tiene oportunidad de realizar conciertos. Echoes venía de su primera gira por algunas ciudades del interior del país. Su intención era cerrar la gira en Caracas antes de retirarse al proceso de composición y producción de su segundo disco.

Echoes se encuentran en el proceso de composición de su nuevo disco, el cual podría estar a la venta en 2012. Si logran hacer otro disco como Nature | Existence y renuncian un poco a la introspección en tarima, no lo dudo, Echoes se convertirá en la banda venezolana de mayor proyección en el extranjero. Tal vez entonces, algunos por aquí en Venezuela se animen a descubrirla.

A golpe de las siete de la noche la sala estaba llena, las luces se apagaron para que la banda iniciara su concierto. Tocaron su primer disco, siguiendo el orden de las canciones que está en el disco. La primera impresión es la de una banda que interactúa poco con el público. Los músicos permanecen concentrados en sus instrumentos. No es que sean apáticos a la presencia de las personas frente a ellos, sino que prefieren dejar que la música hable por ellos. Tal vez por eso resulte una banda “fría” a los ojos de algunos.

Así transcurre “Epilogue (…is Where We Star)”, la canción con la que empezaron a tocar. Luego entra en escena Ricardo Figueroa, vocalista de la banda Tolerance, invitado especial de la noche, y quien con su presencia y carisma logró conectar a la banda con el público. “Rude Awakening” y “Leaf Motif” fueron las canciones que hicieron entrar en calor a los asistentes.

Algo sorprendente de Figueroa es cómo logra sustituir sin problemas a vocalistas tan característicos como Castillo, Webb y Storr. En vivo el cantante hace gala de su registro vocal y dominio de la escena.

Ya pasada la mitad del concierto, la banda decide soltarse un poco y empieza a relacionarse con la audiencia. El guitarrista, Antonio Silva, le gasta bromas al público y agradece a todos los presentes por el apoyo. Sube a tarima otro invitado especial, el saxofonista Benjamín Brea, para acompañar al conjunto en los temas “Despair” y “Winds of Dread”.

Pero el mejor momento de la noche fue la intervención de un cuarteto de cuerdas conformado por Raúl Suárez, Sandra Parra, Aldebarán Garrido y Raudol Palacios, en su mayoría alumnos del bajista, quienes realizaron una magistral interpretación del tema “Farewell”, acompañados sólo de Ovalles en el piano. Magnífico.

Prosigue el concierto hasta que agotan todo el repertorio del disco, proceden a tocar una versión de “That Time of the Night”, de la banda inglesa Marillion. Silva presenta un nuevo tema, a ser incluido en su próximo trabajo, el instrumental Nel Cerchio Di Luce. Pretenden cerrar la noche con “Joropo”, original de Moisés Moleiro, salen de escena ovacionados, pero el público pide más.

El encore es un trato no escrito entre las bandas y el público: la banda hace una falsa despedida, el público finge querer más y la banda vuelve a tarima a tocar una canción extra. Ocurre en todas partes, ocurre con todo el mundo. Incluso ocurre cuando el concierto es malo y el público no se molesta en seguir el juego de la banda. Sin embargo, este encore fue real: a la banda no le ocurre muy a menudo eso de que les pidan volver. Después de un par de minutos de aplausos los integrantes vuelven a tarima para volver a interpretar “Leaf Motif”, y entonces sí, dan por terminada la noche y la gira de conciertos.

Echoes se encuentran en el proceso de composición de su nuevo disco, el cual podría estar a la venta en 2012. Si logran hacer otro disco como Nature | Existence y renuncian un poco a la introspección en tarima, no lo dudo, Echoes se convertirá en la banda venezolana de mayor proyección en el extranjero. Tal vez entonces, algunos por aquí en Venezuela se animen a descubrirla. ®

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Publicado en: Agosto 2011, Música

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