Editar desde el frente o a frentazos

Lenguaraz, literatura para no leer

Lenguaraz lleva más de cinco años volando de mano en mano, de ojo en ojo, por el país. La tarea de un editor independiente en nuestro país es difícil, pero también muy disfrutable. Se trata, al fin y al cabo, de leer.

Escribo esta reflexión desde la silla en la que estoy sentado en la nueva oficina de Lenguaraz. Es una silla azul muy cómoda que reuso de otra oficina de arquitectura. Lo hago desde mi lugar de editor de una editorial independiente, o mejor dicho, de una editorial de literatura independiente. Lo hago también desde el sillón en el que soy lector y desde la práctica poco cotidiana en la que intento ser escritor. Lo de hoy es hablar sobre la escena editorial mexicana e internacional, es hablar sobre portadas y sobre el dinero que se invierte en ellas para hacerlas más vistosas y atractivas. Es hablar sobre marketing, novedades, sistemas de impresión POD (por sus siglas en inglés: Printing on demand) y de todo lo que los editores, o mejor dicho, la industria editorial exige y requiere para alcanzar las metas en ventas. A nosotros nos corresponde hablar sobre las editoriales independientes, o alternativas o de alto riesgo y sobre la labor suicida y epopéyica que tenemos que realizar para seguir publicando libros. Porque al final lo que queremos los editores independientes o, mejor dicho, los editores de literatura independiente, es publicar más libros: literatura. Aquí podríamos detenernos un segundo y preguntar si es necesario publicar más libros. Ya existen demasiados libros y nunca vamos a poder leerlos todos, por eso seleccionamos y buscamos a nuestros autores y títulos cuando vamos a iniciar la lectura del siguiente libro. Así es la labor de un editor de literatura independiente: buscar y elegir. Por eso es muy importante seguir publicando a nuevos autores, porque al buscar y al elegir nos encontramos con gente nueva que está escribiendo cosas muy buenas. Mientras existan nuevos escritores, seguiremos publicando novedades literarias.

Hablar de la industria editorial mexicana es como hablar del nuevo programa espacial del gobierno federal mexicano. No podemos hablar propiamente de una industria editorial mexicana sencillamente porque no contribuye a la economía nacional con el dinero suficiente como para poderla llamar industria. Es cierto que se imprimen muchos libros en México y lamentablemente no se vende la cantidad que nos gustaría vender. Ilustrados no somos y estoy seguro de que, aunque no tenemos nada en contra de la Ilustración, no queremos serlo. Los tirajes masivos y multimillonarios son para los mejor vendidos y para los libros de texto: para los editores que editan para alguna otra industria. En un artículo para SP Revista de libros Edgar Krauss dice que contamos con las editoriales independientes para hacer frente a la trivialización del libro, para medir el pulso a la creatividad literaria y editorial. En el escenario actual me parece un papel muy digno y loable, no obstante, la rentabilidad es ineludible.

Hace un par de años publicamos nuestro primer título de una colección de poesía llamada Versa. Sobre esa experiencia sólo podemos platicar delicias: una convivencia literaria autor-obra-editor sobre todo divertida y llena de aprendizaje. Sobre los resultados de venta de éste y los siguientes títulos podremos hablar en algunos años. Imprimir tirajes cortos de un título significa apostarle (económicamente hablando) a un autor que muy probablemente aporte ganancias hasta la segunda o tercera reimpresión, si es que el mercado exige una reimpresión del título. Todo bien, los editores de literatura independiente hacen libros para pagar libros.

Aún no conocemos muy bien el oficio de editar, producir y distribuir libros, pero creemos que nuestros esfuerzos deben estar enfocados a pensar bien el catálogo, leer muy bien los libros que publicamos y ser imaginativos respecto a las estrategias de difusión, que no de mercadeo, que le demos a nuestros títulos.

Hablar de la industria editorial mexicana es como hablar del nuevo programa espacial del gobierno federal mexicano. No podemos hablar propiamente de una industria editorial mexicana sencillamente porque no contribuye a la economía nacional con el dinero suficiente como para poderla llamar industria.

Lenguaraz, literatura para no leer es una revista de literatura independiente que se publica desde hace seis años. Es una publicación trimestral dedicada a la difusión de la obra de nuevos autores. Las voces que son irreverentes y que proponen, las voces que tienen algo que contar y no sólo que decir, son las que encuentran en Lenguaraz, y otras revistas, un espacio de divulgación. Resulta muy difícil encontrar revistas de calidad en los exhibidores. Aun así, uno se para frente a los estantes del Sanborns o de las únicas librerías del país y se encuentra con una amplia oferta de publicaciones periódicas, la gran mayoría completamente carentes de contenido de interés y con un enfoque meramente comercial. ¿Dónde están las revistas interesantes? Están en las bodegas de sus editores todavía empaquetadas de imprenta, están en algunas ferias o encuentros, en sus presentaciones poco difundidas, arrinconadas en algunos puntos de venta. Están en todas partes menos donde deben de estar. Los costos de distribución que tiene que pagar un editor de una revista de literatura independiente son tan difíciles de cubrir que obligan al editor, en el mejor de los casos, a diseñar su propio mecanismo de distribución o resignarse al anonimato y por lo tanto al fracaso. Esto no ha resultado del todo malo, pues las distribuidoras y sus políticas selectivas nos han obligado a crear mecanismos propios de distribución que favorecen el contacto directo con nuestro lector. Resulta indispensable estar en los escaparates y al alcance del comprador, pero nuestra verdadera fuerza radica en la eficiencia de nuestra propia distribución. Esta fuerza es proporcional a la difusión que le damos a nuestras publicaciones. No es suficiente presentar trimestralmente la revista frente al mismo público de hace tres meses. Debemos buscar espacios en radio; es necesario escribir y compartir con otros editores y otras revistas. Buscar a los medios e invitarlos insistentemente a nuestras presentaciones. Si Mahoma no va a la montaña que la montaña vaya a Mahoma.

Por otro lado está la cuestión de los anuncios. No hay otra forma para seguir en circulación que no sea la venta de espacios publicitarios, a menos que cuentes con un mecenas a favor de la libertad editorial que te pague tu revista. Esos mecenas escasean. El problema de la publicidad es que las revistas independientes no cumplen con el perfil comercial indispensable para obtener un anuncio de una buena marca. Virtud y requisito indispensable de un editor independiente es la necedad y en Lenguaraz seguimos buscando a nuestros anunciantes. Nuestro capital está en nuestro poder de convocatoria y en nuestros lectores, en la calidad de nuestras publicaciones que logra que nuestros lectores nos busquen cada vez que sacamos un nuevo número. Por eso un editor independiente debería preocuparse más por hacer publicaciones de calidad que por estar consiguiendo dinero.

¿Qué deben hacer las editoriales y revistas que publican literatura independiente? Trabajar y trabajar muchísimo o como dicen el que quiera tienda que la atienda. No hay que guardar revistas, vaciemos nuestras bodegas. Mantenernos lo más cerca posible de nuestros lectores y autores. Colaboración entre colegas, que es de lo que más carecemos, libre de grillas y rivalidades. Comprarnos y hacer que nos compren. Revalorizar la labor del editor no como el headhunter en busca del nuevo top ten en ventas. Escribir y publicar, hacer que nos publiquen. Si Mahoma no va a la montaña que la montaña vaya a Mahoma.

Cada quien cuenta cómo le va en la feria. Son tiempos difíciles pero el panorama es alentador. Así como aparecen nuevos autores hay nuevos lectores que buscan otras propuestas literarias: propuestas independientes, alternativas o de alto riesgo. Todas mis moneditas para estos lectores. La mesa está puesta.

Todos buscamos la piedra filosofal del oficio editorial y todos guardamos nuestros secretos celosamente. No hay secretos, la fórmula se encuentra impresa en cada libro que publicamos.

Para finalizar: leer y leer todo lo que sea posible. Leer lo que otros editores de literatura independiente publican. Leer a los clásicos y a las nuevas voces. Leer más revistas, más poesía, más literatura. Leer para escribir. Porque al fin y al cabo lo que más nos gusta es leer. ®

Publicado en: Febrero 2011, Revistas

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  • muchas gracias por tu comentario albeliz!
    y como lo menciono en el artículo y lo repito aquí: calidad y dedicación.
    si queremos entrarle a este juego, no podemos arriesgarnos y debemos ofrecer calidad en todos los sentidos; literaria y humana.
    por calidad literaria me refiero a la relación editor-autor que tan golpeada está; volvamos a las viejas costumbre editoriales en donde se trabajaba por el bien mutuo, con confianza y respeto.
    está cabrón pegarle con todo a cada título, habrá libros y números de revistas mejores que otros; entonces ahí entra el editor (que yo sigo pensando que debe ser indispensable y creeme que no lo digo desde mi silla de editor, sino de consumidor) es cuando más tiene responsabilidad de entregar un buen libro a los lectores.
    mercado hay definitivamente, sí creo en eso, sólo hay que buscarlo y buscarlo bien o ya muy gacho hay que hacer ese mercado. Lo de hoy: ebooks, pero es oro cuento que estoy escribiendo. abrazos albeliz!

  • Albeliz

    Enorme, Lalo, sintetizas muy bien la problemática. Me consta, como dice Paco (editor de Bostezo) que los proyectos independientes, de eso no tienen nada: dependen de pagar las cuentas, de los espacios que consigan mediante una insistencia las más de las veces estoica, de las coinversiones del FONCA, de los convenios con otros proyectos independientes, donde muchas veces, es bien sabido, más que calidad influyen las amistades que se tengan.
    En lo que concluyo, como tu, es que no podemos excluirnos de ese juego, para competir habrá que jugar en todos los frentes: en un país donde el Estado es quien y para quien se imprimen libros, donde los canales de distribución y comercialización van en contra de un ideal romántico anti- capitalista, donde la formación de lectores tiene mecanismos obtusos y poco eficaces, publicar los libros que queremos leer es un lujo que podemos permitirnos si tenemos bien claro a qué público nos dirigimos, con quién sí, y hasta dónde comercializar nuestra imagen (que no nuestras ideas)con el fin tener un pedacito, uno, dentro del universo de la bibliodiversidad. Saludos