Editorial

El viaje en la literatura

Cada ciudad contiene otra ciudad oculta; cada calle, una calle subterránea y una calle aérea. El viaje, como la lectura, comienza desde antes de abrir el libro, de zarpar, comienza desde nuestra propia biografía, desde la ensoñación. Viajar y leer: para reconocernos en lo otro, para transgredir el tiempo y el espacio con la imaginación, para volvernos a inventar. Ambos, como apunta uno de nuestros colaboradores, marcados definitivamente por la conciencia de la finitud. Quizás por eso el camino más largo suele ser el mejor.

La historia del viaje en la literatura es inagotable. Desde Odiseo construyendo su balsa, siguiendo con Dante atravesando los infiernos o el descenso de Don Quijote a la Cueva de Montesinos, y llegando a los beats buscando desesperadamente un conecte en la Ciudad de México. Pero eso no es todo: las crónicas de los conquistadores de América, la embarcación de Carpentier hasta el origen de la música, los detectives salvajes persiguiendo a Cesárea Tinajero en el desierto, Humbert Humbert dándose a la fuga con Lolita, los protagonistas de La carretera transitando un mundo postapocalíptico sin nada qué comer, Las ciudades invisibles de Calvino, El libro de las maravillas de Marco Polo…

Viajar y leer: para reconocernos en lo otro, para transgredir el tiempo y el espacio con la imaginación, para volvernos a inventar. Ambos, como apunta uno de nuestros colaboradores, marcados definitivamente por la conciencia de la finitud. Quizás por eso el camino más largo suele ser el mejor.

Para abordar cada caso particular, cada búsqueda detrás de cada viaje, se necesitaría una enciclopedia, no una revista. De cualquier, en esta edición decembrina podrán encontrar reflexiones sobre el viaje en la mitología, sobre la fantasía como vehículo del lector, sobre la naturaleza nómada de un ensayista. También acompañaremos a Borges y a Arlt en una caminata por Buenos Aires, a Kapuscinski en los aeropuertos, a Gustavo Doré en los malolientes callejones de Londres.

Al final, el sentido del viaje, como lo ilustra Kavafis en Itaca, no se trata tanto del destino, sino del recorrido. O puesto en palabras de Kerouac:

—Ha llegado el momento de que tú y yo vayamos a ver al Rey de las Bananas.

Era sábado; nos arreglamos y bajamos hasta la estación de autobuses del cruce. Llegamos a Frisco y callejeamos. Las risotadas de Remi resonaban en todos los sitios a los que íbamos.

—Tienes que escribir un relato sobre el Rey de las Bananas —me advirtió—. No engañes al viejo profesor poniéndote a escribir sobre otra cosa. El Rey de las Bananas es el tema obligatorio. Ahí tenemos al Rey de las Bananas.

El Rey de las Bananas era un viejo que vendía plátanos en la esquina. Yo me aburría, pero Remi me dio un codazo en las costillas y hasta me agarró por el cuello de la camisa.

—Cuando escribas sobre el Rey de las Bananas escribirás realmente sobre cosas de interés humano.

Le dije que me la sudaba el Rey de las Bananas.

—Hasta que no comprendas la importancia del Rey de las Bananas no sabrás de nada acerca de las cosas de interés humano que hay en el mundo —dijo Remi enfáticamente. ®

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Publicado en: Destacados, Literatura y viaje

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