El diamante de Luis Barragán

Arte conceptual o performance macabro

La víctima de este acto legalmente macabro fue el finado arquitecto tapatío Luis Barragán, y los victimarios fueron una estadounidense que pasa por ser “artista conceptual” y funcionarios tapatíos de la pasada administración…

Luis Barragán en su casa estudio de la Ciudad de México.

Luis Barragán en su casa estudio de la Ciudad de México.

Un desfiguro que le faltaba a la ya de por sí disparatada Rotonda de los Jaliscienses Ilustres ocurrió hace casi un año, aun cuando pudo mantenerse oculto durante todo ese tiempo: ser también un sitio de profanación de cadáveres, pero no de una profanación clandestina e ilegal, sino hecha con el consentimiento de las autoridades y de los deudos o herederos del difunto.

Eso es lo que acaba de saberse que sucedió, aunque de manera sigilosa, en septiembre del año pasado, cuando el entonces alcalde tapatío Ramiro Hernández estaba a punto de entregarle el changarro a Enrique Alfaro. Y ello porque el Ayuntamiento de Guadalajara es la autoridad responsable, por lo menos en teoría, de resguardar y mantener en buen estado la plaza de la Rotonda, incluidos los restos mortales de sus moradores preclaros —con y sin comillas— que descansan —es un decir— en ese sitio, el cual fue concebido, hace más de sesenta años, como un panteón laico en pleno centro de Guadalajara con el propósito expreso de honrar a aquellas personas que “en un grado eminente” se hayan distinguido por engrandecer el nombre de Jalisco y de México.

La víctima —¿o cómo llamarla?— de este acto legalmente macabro fue el finado arquitecto tapatío Luis Barragán, y los victimarios —¿o cómo llamarlos?— fueron una estadounidense que pasa por ser “artista conceptual”, funcionarios tapatíos de la pasada administración, diputados de la Legislatura local anterior, la actual secretaria de Cultura de Jalisco y parte de la parentela del propio Luis Barragán.

La ocurrencia macabra salió de la cabeza de la norteamericana en cuestión (de nombre Jill Magid), quien tuvo una idea más disparatada que conceptual: extraer parte de las cenizas del ilustre arquitecto que se guardaban íntegramente en una cripta de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres para convertirlas en un diamante…

La ocurrencia macabra salió de la cabeza de la norteamericana en cuestión (de nombre Jill Magid), quien tuvo una idea más disparatada que conceptual: extraer parte de las cenizas del ilustre arquitecto que se guardaban íntegramente en una cripta de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres para convertirlas en un diamante y luego engarzar esa gema artificial en una sortija de compromiso para ofrecérsela a Federica Zanco, la persona que tiene en Suiza la posesión legal del archivo de Barragán, a cambio de la entrega de ese acervo del gran arquitecto tapatío, aunque sin ninguna garantía de que la señora Zanco fuere a aceptar esa oferta.

Y aun a sabiendas de lo anterior, tanto los familiares de Barragán como el ex alcalde tapatío Ramiro Hernández, la secretaria de Cultura Miriam Vachez y los diputados de la Comisión de Cultura de la Legislatura anterior no sólo dieron su anuencia, sino que se volvieron copartícipes de este rebuscado esperpento seudocultural, el cual sería cómico si no fuera también un acto grotesco y morboso, aun cuando la titular de la Secretaría de Cultura haya dicho que a ella le pareció “algo poético”.

La "artista" Jill Magid con un cráneo impreso en 3D.

La “artista” Jill Magid con un cráneo impreso en 3D.

¿“Poético”, ir en contra del respeto y la dignidad que merecen los restos mortales de cualquier persona, mayormente si se trata de un artista excepcional como Luis Barragán?

Más allá de gustos y pareceres personales, los motivos o justificaciones aducidos y los cuales en el fondo quedan atascados en el poco inteligente intercambio de un mal cierto por un bien incierto, siempre habrá algo de malsano en el hecho de transformar en objeto o mercancía los restos mortales de un ser humano, independientemente de que el difunto haya sido un don Nadie, como tantos judíos anónimos que los nazis convirtieron en pantallas para lámpara o un arquitecto de renombre como el tapatío Luis Barragán, parte de cuyas cenizas fueron transformadas en una pieza de “arte conceptual”, por la intervención de una persona que, mediante esta trasmutación, se ha dado a conocer entre una parte de la humanidad que, antes de este numerito, ni en el mundo la hacía.

Ahora sí que la artista conceptual de marras vio cumplirse en ella la profecía de Andy Warhol, el célebre maestro del pop art, quien escribió que “en el futuro todo mundo podrá ser famoso durante quince minutos”.

Esos minutos de fama le llegaron a Jill Magid, pero no por la creatividad y el talento artísticos, sino por el escándalo que ha suscitado su ocurrencia necrófila, manipulado los restos mortales de un ser humano en aras de una obra pretendidamente artística, así como de un engañoso servicio al patrimonio cultural de México al montar una rebuscada farsa dizque para “rescatar” y repatriar el archivo de Barragán.

Tanto la tragedia Antígona del pagano Sófocles, que vivió en la Atenas del siglo V antes de Cristo, como la misma doctrina cristina —religión de la que, por cierto, era creyente Luis Barragán— postulan un mismo principio de validez universal: el respeto inequívoco a los muertos.

Esto es precisamente lo que no han hecho con Luis Barragán ni su parentela ni algunos funcionarios y ex funcionarios de la comarca ni tampoco, claro está, la autora del referido performance macabro. ®

Para conocer más de Luis Barragán, aquí.

Publicado en: Apuntes y crónicas

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.