EL FANTASMA PROFANO DE LA LITERATURA MEXICANA

Sonetos profanos, de Antonio Cuesta Marín; prólogo de Ignacio Betancourt

La literatura no sólo se trata de un sendero de luminarias, becas o menciones honoríficas a tal o cual escritor. No sólo se trata de publicar, presentar la obra e irse a dormir con el aplauso del público y la venia de los amigos y la familia, sin poner en la palestra el alma, la cordura, la propia vida. Existe el otro lado de la literatura, la “otra” literatura, la de los raros, los malditos, los escritores que arriesgan el todo por la nada, la palabra por el silencio, la dicha por la supervivencia, en su eterno peregrinar por el abismo. Ya Manuel García Viñó lo ha dicho: “Escribo desde el convencimiento de que sólo hay dos tipos de profesiones que merecen la pena: aquéllas en que se juega uno la vida y aquéllas en que se juega uno la razón”.

Ignacio Betancourt, poeta, narrador, dramaturgo e investigador, Premio Nacional de Poesía Punto de partida (UNAM, 1974) y Premio Nacional de Cuento (INBA, 1976), conoce perfectamente este tipo de literatura. Sabe que la tradición literaria es un inventario en constante transformación, a veces falso, en gran parte anquilosado por su manipulación en aras de justificar ideologías o círculos de poder. Por ello, su labor es a contracorriente, trabajando desde la niebla, desde esos rincones a los que “el medio del espectáculo literario” se niega a mirar.

Su última investigación es extraordinaria, realmente un verdadero hallazgo para la poesía mexicana: Sonetos profanos, de Antonio Cuesta Marín (Ediciones del Ermitaño, 2009). En el poemario se entrecruzan aspectos históricos, literarios y formales que lo hacen único, un rara avis dentro del panorama literario nacional. Se trata de los textos inéditos del hijo de Jorge Cuesta y Guadalupe Marín, dos figuras imprescindibles de la cultura mexicana de la primera mitad del siglo XX.

Jorge Cuesta fue miembro de los Contemporáneos, ese “grupo sin grupo” integrado, entre otros, por Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen, José Gorostiza, Jaime Torres Bodet y Salvador Novo, quienes pugnaban por una esencia universalista en el arte y la literatura del país, en contraposición con el nacionalismo gestado principalmente en el movimiento muralista de aquellos años posrevolucionarios.

A Cuesta se le llamaba sardónicamente el “Lord Byron mexicano” por su extraña relación con su hermana Natalia. Conoció a Lupe Marín —esposa de Diego Rivera, amiga de André Bretón y convocante de la intelectualidad mexicana— en una de las tertulias que ésta organizaba en su casa, cuando su marido pintor se encontraba en alguno de sus viajes a la extinta Unión Soviética. Según la leyenda, cuando Rivera se enteró del romance, a punta de pistola los obligó a contraer matrimonio.

De esa unión nacerá Antonio Cuesta Marín el 13 de marzo de 1930, en un hogar que es abandonado por la propia Lupe y en donde el padre soltero realiza experimentos consigo mismo que alguna vez lo llevaron a sufrir pérdidas de conciencia frente a su hijo. En Itinerario de disidencia, Jorge Cuesta (1903-1942), Louis Panabière narra cómo Jorge Cuesta le pide a Gilberto Owen “que le quitara a su hijo, pues un impulso que lo atemorizaba, lo hacía sentirse atraído por él”.

En el prólogo a Sonetos profanos Betancourt explica: “La desconsiderada frivolidad de la fugaz madre, la progresiva locura del padre, y especialmente su impactante suicidio a los 39 años (primero se acuchilló y finalmente se ahorcó), deben de haber dejado su impronta en el niño de doce años que era Cuesta Marín en ese momento”.

Con estas coordenadas de desamparo como bases existenciales, nuestro poeta le apuesta al silencio como refugio. Nunca publica y se aleja del ámbito literario y cultural; ese mundo de sus padres del que emprendió el ostracismo. Antonio Cuesta Marín se tituló como ingeniero agrónomo por la Universidad Autónoma de Chapingo y vivía en Tlaxcala cuando lo conoció Ignacio Betancourt, en ese entonces coordinador de la Dirección de Difusión Cultural de la misma institución.

“Al enterarse de que yo era escritor, me invitó a visitarlo a través de un amigo común. Llamamos a la puerta y él salió a abrir. Para mi sorpresa, quien apareció era una especie de clon de Diego Rivera, alto, barrigón, con ropa de mezclilla y enormes zapatos, e incluso con la misma verruga que Diego tenía en la mejilla. Amablemente nos hizo pasar a una casa desordenada, pero limpia, llena de recipientes de conservas de nopales, zanahorias, calabazas y muchos vegetales más, […] parecía haber heredado algo del gusto de su padre por la química, pues [a] Jorge Cuesta […] sus amigos de Contemporáneos lo llamaban ‘El alquimista’”.

Ese parecido con Diego Rivera plantea la incógnita de la verdadera paternidad de Cuesta Marín, pero también ofrece un indicio para acercarse a la obra. Su poesía es dura, grotesca, violenta, alejada de los cánones de la lírica tradicional. “En su versificación el sexo explícito significa un rechazo a la mojigatería que encubre no solamente lo biológico, sino también la coerción social en el control de la palabra”, explica Betancourt, y agrega: “Masturbaciones, penetraciones, ninfomanía, satiriasis, lesbianismo, homosexualidad, exhibicionismo, pederastia, coprofagia, sadismo, incesto, enfermedades venéreas, sexo oral, sexo anal y genital, masoquismo, coprolalia, pasión exacerbada e incluyente que el poeta hace desfilar en sus sonetos, tropel de irredentos erotómanos en una versificación festiva y desprejuiciada, advertencia implícita sobre la condición humana”.

Con el soneto como modelo formal, Antonio Cuesta Marín logra textos donde “una especie de eterno femenino […] asume infinidad de papeles: amiga, esposa, prostituta, intelectual, madre, comerciante, perversa, amante, funcionaria, niña, artista, monja, editora, prima, campesina, incluso primera persona en femenino; un reclamo constante los inunda y se presenta con diferentes matices: iracundo, burlón, panfletario, procaz, humorístico, rencoroso, solidario, festivo, machista, irónico, casi nunca amoroso, tierno o agradecido”.

Cuesta Marín siempre fue un poeta, un verdadero poeta, en los que poesía y vida no pueden explicarse individualmente. Así lo demuestran los textos que a mediados de la década de los ochenta le hizo llegar a Betancourt: “Me envió los originales mecanografiados (y algunos manuscritos) de Sonetos profanos, divididos en tres bloques integrados por cien sonetos cada uno”.

Pese a este acto de quebrantamiento a sus propios códigos vitales —la disolución de su esencia ermitaña respecto del mundo literario—, Cuesta Marín nunca abandonó del todo la invisibilidad de su existencia. Brindó su palabra, pero él siguió abrigado en el silencio. Cuenta Betancourt: “Desde 1985 no he vuelto a saber más de Antonio; ahora habrá cumplido los 79 años. Hace tiempo traté de localizarlo en Tlaxcala, donde vivía cuando nos conocimos, pero fue inútil. También hablé con algunas personas que lo conocieron, pero tampoco han sabido de él. En fin, Antonio sigue siendo tan invisible como siempre”. ®

Sonetos de Antonio Cuesta Marín

Tú no tienes que ver con los cabrones

Tú no tienes que ver con los cabrones

del Fondo Monetario pero mira

que abusan con su verga no es mentira

conviene que te blindes los calzones.

Les ordenan aquellos maricones

a putos que se valen de la tira

que te metan el dólar que se estira

aparte que les des unos mamones.

Resulta así que el Fondo Monetario

te tiene envilecida y embriagada

aunque tú nunca trates al corsario.

O sea que te tienen esmirriada

los debes de correr del vecindario

al Fondo y achichincles de cagada.

Yo soy aquel de verso transparente

Yo soy aquel de verso transparente

que escribe con la sangre de sus dedos

lanzando las palabras como pedos

porque es su pedorrera consecuente.

Yo soy aquel que hicieron de aguardiente

para embriagar mis venas y mis miedos

pero que nunca se anda con enredos

como aquellos de pluma reverente.

Yo soy aquel que niegan que está vivo

y esperan que se muera anonadado

para quemar conmigo lo que escribo.

Por eso entre la mierda nunca nado

si bien para expresarlo me ensalivo

el necio como yo y desaforado.

Con Edgar Allan Poe nunca se sabe

Con Edgar Allan Poe nunca se sabe

el cuento de terror en qué termina

y menos si es nalgona la asesina

o coge como loca en astronave.

Por eso yo recuerdo si eso cabe

a toda periodista que se empina

por qué en lugar de darme la ladina

su culo lo ejercita como llave.

O sea si en Edgar Allan es misterio

principio medio y fin de cada cuento

en nuestra periodista es ministerio.

Se inicia la cabrona y aunque lento

su oficio no la lleva el monasterio

sino a un final con verga de esperpento.

Curiosa me preguntas si me cuelga

Curiosa me preguntas si me cuelga

a izquierda o a derecha el pajarraco

y entonces te contesto que por naco

se pone hacia la izquierda como acelga.

Por eso si tratabas en tu melga

conviene que la abone tu macaco

y nunca aceptes pues te lo destaco

que amague tu obrador con una huelga.

Si tú eres derechista y yo de izquierda

te voy a despejar la paradoja

aunque mi confesión luego me pierda.

La vez que darte un llegue se me antoja

pensando que lo llenarás de mierda

embarro mi animal con sangre roja.

Porque usas a tu cuerpo como quieras

Porque usas a tu cuerpo como quieras

te dijo el sacerdote que es pecado

tú  dile de mi parte que es tarado

debido a que provienes de las fieras.

Por eso a mí me gustan por sinceras

tus nalgas y tu culo tan floreado

me excitas cuando yo entre ellas nado

no obstante que te tires pedorreras.

Tu cuerpo es como flor inmaculada

que goza si le vierto mi rocío

y envuélveme en su savia depravada.

Entonces por tu cuerpo que ya es mío

no importa que me lleve la cagada

me pierdo me realizo y desvarío.

Mi memoria registro de cogidas

Mi memoria registro de cogidas

me tortura por las analfabetas

aquellas que me inspiran las puñetas

y cultivan al viento mis venidas.

Aunque tú tienes nalgas desmedidas

sólo invocas palabras obsoletas

y piensas que los hongos y las setas

son letras nada más que pervertidas.

Los que llamas tus profes cabezones

yo creo que te enseñaron puras mañas

pues solamente sabes de mamones.

Si te hablo de lo duro de las cañas

te quitas luego luego los calzones

y muestras el que tiene telarañas.

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Publicado en: Libros y autores, Mayo 2010


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  • jorge cuesta

    estoy de acuerdo en muchas cosas publicadas,como tambien estoy de acuerdo en ciertos aciertos y comentarios aunque un tanto deformados,acerca de mi padre antonio cuesta.en otra ocacion aclarare algo muy importante,gracias….jorge cuesta

  • Laura Valenzuela

    Buen artículo. Sólo les recomiendo que le soliciten regalías a Rafael Pérez Gay, pues esta tarde (19 de febrero) en su programa “La otra aventura”, de canal 40, leyó líneas completas de este artículo de “Replicante”… sin darle el crédito a “Replicante”.