El fuego fuego

Cuatro poemas

Vasos

Lunas negras

Cuántas veces te has desnudado
sin que mis falanges
queden impresas en la superficie
de esa agua quieta.
Durante cuántas noches
has bordeado mil vasos
en que se imprimen
tus babas, tus pulgares, tu destino.
En qué cantidad de almohadas
y cojines has estampado
tus poderosos dedos y sus medias
lunas negras tus residuos tus venenos.
En cuántos pares de nalgas
has insertado rescoldos
de diciembres fríos, de febreros
tersos, de abriles propicios al silencio.
La letra de cuál bolero
has repasado esas madrugadas
que no estuve contigo, por desgracia,
en latentes precipicios.
De qué orilla quieres que me tome
si ni los vasos, la puerta,
los restos de mezcal bastan
para conjurarnos, de nuevo, necios.

A dos manos

Tengo dos manos, un guante
en cada una: dos guantes que recorrieron
sinuosidades, protuberancias y barrancos.
También tengo dos pies que descalzas,
diez uñas escondidas en sendos
guantes que caminaron andamios y pistilos.
Poseo dos ojos y un par de anteojos
como binoculares que me acercan
a tus huellas en sábanas de arena.
Conservo también una hoja de cuaderno
con un haz y un envés que imprimen
labios, lenguas, penes, aguas, bocas.
En cada oreja porto un lápiz
que escribe tu nombre compuesto
por una a inicial y una o redonda, perfecta.

El éter

El guardia le dijo levante las manos
y él quiso alcanzar el éter.
Las manos dedos ágiles intuyeron
las huellas dactilares de noche anterior.
Las yemas recorrieron bolsas traseras,
vértebras cervicales lomas y cordilleras.
Por supuesto el guardia no encontró
armas misiles ni amenaza alguna.
Cuando le dijo gracias él no le dijo al otro
cuán cerca estuvo de dar con tus huellas, tus quejidos, tu silencio.
Que alrededor del ombligo aún había
espuma, rastros de saliva tinta de ojos, dedos.
Que el tintero y la pluma estaban
plenos, rasos, al desborde de otra noche.

Los gemelos

El martes vi a los gemelos
enamorados cada uno de sí
por separado, para no confundirme,
ni a mí que no los distingo
ni mucho menos a Cupido
de ojos vendados y pene lúdico.
A principios de semana
me acordé de ellos,
ambos llevan piocha
como de Trotsky uno
y como de piolet sangriento
el otro, cada uno narciso
de su idéntico.
Cuando termine la semana,
en la alcoba quieta
conjuraré a uno, el menos
obeso, para que me cierre
uno y otro ojos
y me diga si soñaré
con el otro, el confundido
que respira en mí. ®

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Publicado en: Febrero 2013, Poesía


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  • Sergio Ortiz

    Imágenes, evocación, recuerdos constantes de cientos o miles de cuerpos desnudos en llamas dando calor y refrescando el alma , sumergidos en clandestinaje con amor callado. Estos son algunos elementos que registro en estos hermosos poema de Uriel Martinez.

  • hb

    Sigo la poesia de Uriel Martinez y es una alegria volver a leerla aqui. Los poemas de UM son como una brasa que te deslumbran la vida y te encaminan a una buena muerte. Gracias por darle cabida.