El impuesto Comun en Sonora

y la decadencia de los medios de prensa convencionales

Si echamos un vistazo en cualquiera de los posteos de NO a la Tenencia en Sonora podríamos sorprendernos al comprobar que muchos sobrepasan los centenares, compartidos en aún mayores cifras de interesados en sus “muros” y diseminando una incontable cantidad ramificada de posibles lectores entre amigos y seguidores.

Un viejo chiste cubano cuenta un hipotético diálogo entre Fidel Castro y Napoleón. El dictador le asegura que si hubiese tenido a las Fuerzas Armadas Revolucionarias no hubiese perdido Waterloo, en tanto el emperador le riposta que, mejor aún, si hubiese tenido un periódico como el Granma (órgano oficial del Partido Comunista de Cuba) nadie se hubiese enterado de su derrota.

Sin llegar a los extremos casi caricaturescos del totalitarismo estalinista, la prensa convencional en casi todas las naciones modernas sigue respetando ciertos patrones del poder que, más a menudo de lo que nos gustaría, tienden a refrenar artificialmente, cuando no a silenciar, muchos acontecimientos noticiosos de envergadura. El propósito, como en el apócrifo análisis napoleónico, sería precisamente bloquear, en lo posible, cualquier realidad incómoda que pudiese redundar en el descrédito de las autoridades, más aún si los medios —sobre todo televisión y prensa plana— pertenecen a esas autoridades o reciben aportes financieros de éstas.

Para nadie es secreto que la Primavera Árabe no se hubiese desencadenado de la misma manera de no haber existido una página en Facebook como We are all Khaled Said, que informaba y juntaba a los manifestantes a espaldas de las verdades edulcoradas que difundía la prensa oficial egipcia. La primera década del siglo XXI terminó con un panorama sin precedentes en la historia de las comunicaciones, cuando Facebok y Twitter se posesionaron de un área que nunca entró en los paradigmas de la prensa tradicional. Con las excepciones de aquellos países en que Internet aún no es opción o bien se mantiene con un estrecho cerco de censura (Cuba, China o Corea del Norte, por ejemplo), la gente ha comenzado a entender la importancia y trascendencia de la nueva herramienta. Al otro lado del fenómeno, la prensa convencional aún no se acerca siquiera a entender su magnitud, mucho menos la inevitable decadencia y muerte que, a mediano o largo plazo, ya se les viene encima.

Sonora

Cuando en el mexicano estado de Sonora detona la molestia generalizada por el pago de Tenencia vehicular disfrazado de Contribución Municipal (Comun) y las manifestaciones convocadas por una página de Facebook, nombrada NO a la Tenencia en Sonora, adquieren proporciones nunca vistas en este relativamente tranquilo estado, los periódicos más conocidos y la televisión estatal han optado por una frialdad, por una parquedad de datos que revela, sin lugar a dudas, no sólo su alineación del lado del poder, sino también un riesgo por el que optan a ciegas, el de quedarse relegados, tan lejos de la vanguardia informativa y analítica del periodismo contemporáneo, como de las necesidades comunicacionales de la población.

Aún no se percatan de la decadencia, usando el espejismo de sus versiones digitales, donde de cierta manera entablan interactividad con los lectores a partir de comentarios moderados, suponen que adaptarse a la era digital es un mero traslado de contenidos del papel a la 2.0 y pierden la referencia más importante, que es la propia demanda de un producto de calidad óptima que cubra las necesidades del lector-espectador.

Impuesto

Verificar la desproporción que revela estas necesidades es muy simple. Un artículo publicado en la página digital en alguno de los periódicos convencionales sonorenses —más allá de su compromiso con la realidad o enfoque complaciente— puede llegar a tener, como promedio, algunas decenas de comentarios de lectores. Si echamos un vistazo en cualquiera de los posteos de NO a la Tenencia en Sonora podríamos sorprendernos al comprobar que el promedio es infinitamente mayor. Muchos sobrepasan los centenares, compartidos en aún mayores cifras de interesados en sus “muros” y diseminando una incontable cantidad ramificada de posibles lectores entre amigos y seguidores.

Esa página, al momento de redactarse este artículo, tenía casi 48 mil seguidores, con más de 100 mil siguiendo de una u otra manera sus informaciones, imágenes, memes, convocatorias y opiniones. La reciente acusación, por parte de diputados implicados en la impopular medida, de que fueron partidos opositores quienes orquestaron la ciberprotesta, pierde consistencia de manera automática cuando estas cifras rebasan, con mucho, a cualquier intento de acarreo político que haya tenido lugar en fechas precedentes. Para entenderlo ni siquiera hace falta el despersonalizado análisis de algún columnista oficial; cualquier persona que navegue y participe de los foros abiertos está en las mejores condiciones posibles para dar rienda suelta a su independencia intelectual.

Aun sin tratarse de una publicación que siga las reglas del periodismo académico, en tanto las páginas de redes sociales no suelen tener en cuenta todavía preceptos para la divulgación, como pudiera serlo la verificación de fuentes, ni existen formas de controlar potenciales excesos, No a la Tenencia en Sonora ha significado un oasis muy demandado por la población regional en la desesperada sed de información objetiva y descarnada, ésa que los medios tradicionales, a simple vista, no están dispuestos a ofrecerle.

Aun sin tratarse de una publicación que siga las reglas del periodismo académico, en tanto las páginas de redes sociales no suelen tener en cuenta todavía preceptos para la divulgación, como pudiera serlo la verificación de fuentes, ni existen formas de controlar potenciales excesos, No a la Tenencia en Sonora ha significado un oasis muy demandado por la población regional en la desesperada sed de información objetiva y descarnada, ésa que los medios tradicionales, a simple vista, no están dispuestos a ofrecerle. Por otro lado también las páginas alternativas (en Sonora existen blogs con periodismo independiente, no alineado, como El Zancudo) están recibiendo una creciente atención de los lectores gracias a los enlaces que publican los administradores del sitio y sus visitantes.

La propia página oficial del gobernador Guillermo Padrés en Facebook ha terminado convirtiéndose en un foro abierto de protestas que difícilmente sea considerado como una variable para los estados de opinión, tanto por la estructura del gobierno estatal como por sus replicantes periodísticos. Ellos no parecen muy animados a reflejar en sus páginas entintadas la verdadera trascendencia de las manifestaciones populares —tanto las caravanas de autos como las protestas de pie frente al palacio de gobierno— por lo que la gente recurre cada vez más a las alternativas extraoficiales, con todo y la libertad extrema de expresión verbal, que permite la publicación de opiniones de muy variopinto calibre.

Ello parece provocar, además, una atenuación del impacto a nivel nacional. Más allá de los intereses propios de cadenas o diarios escritos de mayor alcance, ésos que tampoco escapan a la edulcoración según deudas políticas, la tradición periodística lleva a dar más crédito a los propios medios establecidos, estableciendo un sistema de fuentes “confiables” que, por consecuencia, ofrece más eco a la parca información de los órganos de prensa asentados en provincia, que al clamor (potencialmente rumor, según la ética clásica del periodismo) de las redes sociales.

En este punto quizás resulte una exótica sorpresa para los medios informativos nacionales —y por extensión para los internacionales también— el bloqueo de vías con los automóviles de miles de ciudadanos indignados, al que han convocado las redes sociales para boicotear la inauguración de la Serie del Caribe Hermosillo 2013, una probable crisis de alto impacto que, hasta el momento, ni los gobernantes ni la prensa convencional han tomado en serio.

De llegarse a producir esta ocupación de las vías al nuevo estadio hermosillense, quizás muchos noticieros y editoriales en diarios de la capital acaben por enterarse —o por dar a conocer en toda su magnitud, que no es lo mismo pero es igual— que el flamante coloso del béisbol fue construido a merced de un dudoso financiamiento denunciado desde hace meses en las redes sociales. Quizás terminen por darle la importancia que se merece a la descomunal molestia ciudadana que ha provocado la promulgación del impuesto Comun y las alzas indiscriminadas de otros trámites. Quizás lleguen a comprender que el panorama periodístico ha cambiado dramáticamente y que sus días como monopolio de la información, de continuar con semejante ritmo y segregación temática, están contados. ®

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Publicado en: Febrero 2013, Política y sociedad


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