El lobo solitario

Los diarios de Turner y el terrorismo racista

El terrorista solitario está en guerra contra “El Sistema”: una minoría maligna dispersa que se vale del control de las finanzas, los congresistas, los jueces, las agencias de inteligencia, los editores de los diarios y de las televisoras para lavar el cerebro de la gente para manipularla.

Contra “El Sistema”, al costo que sea

La primera edición de "Los Diarios..."

La primera edición de “Los Diarios…”

“Estamos en guerra contra el Sistema y ya no es una guerra de palabras”. Así comienza la novela Los diarios de Turner (Turner Diaries, 1978), la cual transcurre en un escenario futurista en Estados Unidos en el que milicianos racistas llevan a cabo una guerra terrorista contra “El Sistema”. Su autor es Andrew MacDonald, seudónimo de William L. Pierce (1933-2002), fundador y promotor de organizaciones neonazis que con su propaganda ha inspirado a varios autores de ataques con bombas y otros crímenes no sólo contra negros, judíos e inmigrantes “no-blancos”, sino especialmente en contra de aquellos a quienes llaman “traidores a su raza” (race traitors), concepto que engloba a todos los blancos que piensan de manera diferente o contraria a ellos, como quienes promueven la integración y el multiculturalismo.

En su diario Earl Turner forma parte de una de varias unidades subversivas dedicadas a “destruir al sistema mediante la acción directa”, lo que en concreto implica ataques terroristas en edificios gubernamentales y empresas de comunicación masiva. Narra cómo prepara una bomba con fertilizante de nitrato de amonio mezclado con aceite de calefacción para hacerla estallar en el edificio del FBI. Después de matar con ella a 700 personas despeja cualquier posible cuestión moral, dado que la mayoría de las víctimas “eran sólo peones que no estaban comprometidos en la filosofía enferma o en los objetivos de destrucción racial del Sistema”, pero “no hay ninguna manera de poder destruir al Sistema sin herir a muchos miles de inocentes”, puesto que si no acaban con él, “si no extirpamos el tumor de nuestra carne, nuestra raza entera morirá”, y por lo cual, “lo que hicimos está justificado”.

Mi lucha, de Adolf Hitler.

Mi lucha, de Adolf Hitler.

“El Sistema”, según se va leyendo entre líneas, es el conjunto de reglas, información y valores establecidos por una minoría maligna dispersa que actúa de manera coordinada pero discreta, puesto que sus intereses son contrarios a la patria, y para lo cual se vale del control de las finanzas, los congresistas, los jueces, las agencias de inteligencia gubernamentales, los editores de los diarios y, especialmente, de las televisoras, por medio de las cuales lavan el cerebro de la gran mayoría de la gente para manipularla. A todos ellos se les atribuye la responsabilidad de los males sociales y políticos. Son poderosos pero tienen una debilidad: “su absoluta corrupción moral”.

Después de matar con ella a 700 personas despeja cualquier posible cuestión moral, dado que la mayoría de las víctimas “eran sólo peones que no estaban comprometidos en la filosofía enferma o en los objetivos de destrucción racial del Sistema”.

El final feliz de la novela, el último día fechado en el diario, es en el que Turner, convencido de que está cumpliendo con la voluntad de dios, va a pilotar un aeroplano con una ojiva nuclear para estrellarse de manera suicida contra el Capitolio, un viaje de apenas ocho millas y casi a ras del suelo, a lo que sigue un “epílogo” en el que un editor ficticio elogia esa acción como la que abrió la posibilidad del triunfo a los supremacistas blancos del “Movimiento de Resistencia Patriótica”, para luego acabar con sus enemigos en todo el mundo con bombardeos atómicos, dando así solución final al “problema judío”, al “problema comunista”, al “problema chino”, etcétera, aunque para ello la población blanca haya quedado reducida a cincuenta millones.

Psicología del terrorista

Lo interesante de Los diarios de Turner —de nulo valor literario en forma y fondo— no es como manual de activismo o guía de organización revolucionaria, sino que es un documento que permite conocer qué piensan y qué pretenden los extremistas de derecha. La narración en forma solipsista —introspectiva, sin un solo diálogo— nos aproxima a la psique de quien comete un ataque terrorista o se identifica con éste por motivos racistas o de fundamentalismo cristiano.

Pierce es autor de otra novela que lleva el título de El cazador (Hunter, 1989), que nos permite conocer más al respecto. Se trata de la guerra delirante de un solo hombre (lone wolf) contra el mundo, es decir, contra los políticos (todos corruptos), el FBI, el Mossad y, especialmente los “traidores a la raza” (race traitors), concepción de la realidad según la cual todos están equivocados menos él. Hunter está basada en los crímenes del extremista Joseph Paul Franklin, quien confesó haber matado a dieciocho personas entre 1977 y 1980 (“parejas interraciales”, todas ellas), así como haber detonado una bomba en una sinagoga.

Lo interesante de Los diarios de Turner —de nulo valor literario en forma y fondo— no es como manual de activismo o guía de organización revolucionaria, sino que es un documento que permite conocer qué piensan y qué pretenden los extremistas de derecha.

“¿Cómo debería un hombre honorable reaccionar ante el mal?”, se plantea en la introducción, y en la novela las formas concretas del mal son, entre otras, la “inmigración no-blanca”, el mestizaje y el “homosexualismo”. Plantea también el dilema de cómo enfrentar a ese mal: “¿Debería rebelarse y combatirlo con toda su fuerza, sin considerar las consecuencias personales, aun cuando tenga que luchar solo?” En la trama no hay otra posibilidad de combatirlo que no sea por medio del exterminio (con el mal no se negocia ni se dialoga). Un veterano de guerra, Oscar Yaeger, decide convertirse en un francotirador que dispara a parejas “de distinta raza” (hombre negro y mujer blanca) en estacionamientos de centros comerciales.

Islamofobia

Para llegar a esta decisión el cazador se planteó otras posibilidades: apoderarse durante algunos minutos de las emisiones de la televisión comercial para difundir su propio mensaje (creencia de que sólo falta que el pueblo conozca la verdad que le ha sido ocultada para que cambie su simpatía a favor de él y gane su voluntad contra la mafia del poder) o alquilar un avión en un aeropuerto cercano al Capitolio para bombardearlo durante una sesión del Congreso. Pero se decidió por las ejecuciones individuales basado en tres motivos: para que todo el mundo entendiera su “significado” (la mezcla racial es mala y será castigada), porque la acción personal directa es “más terapéutica” para quien la comete (destruir al mal es catártico) y, lo más importante, porque son actos que pueden ser “fácilmente imitados” (casi nadie podría bombardear oficinas gubernamentales ni tomar estaciones de televisión, pero sí disparar a larga distancia).

La biblia de la ultraderecha

La Liga Antidifamatoria (Anti-Defamation League, ADL), organismo civil con sede en Estados Unidos para prevenir y protestar contra cualquier forma de discriminación, se refiere a Los diarios de Turner como “la biblia de la extrema derecha”, por ser de lectura obligada para “prácticamente todos los miembros del movimiento de supremacía blanca” en ese país “y por muchos extremistas en el extranjero”. Sin considerar su disponibilidad gratuita en formato digital, las cifras sobre ejemplares distribuidos varían desde 500 mil consignados en el diario británico The Guardian en el año 2000 hasta un millón o más según sus propagandistas actuales.

Timothy McVeigh.

Timothy McVeigh.

La ADL asegura que esta novela ha sido una fuente de inspiración para varios autores de actos terroristas y crímenes de odio. Cita, por ejemplo, el caso de Timothy McVeigh quien, como reacción a un supuesto intento de prohibición de armas de fuego, el 16 de abril de 1995 detonó una bomba en un edificio federal de Oklahoma, con lo que mató a 168 personas e hirió a cerca de 500, de manera casi idéntica y por los mismos motivos como se describe en la novela de Pierce. Días antes Mc Veigh regaló ejemplares de Los diarios a sus amigos con una nota en que los exhortaba a su lectura. También en los casos de “La Orden” (The Order), organización de Robert Jay Mathews en los años ochenta, y el “Ejército Republicano Ario” (Arian Republican Army) durante los noventa, hay una clara imitación de los actos ficticios de Turner al asaltar bancos para financiarse y donar el dinero a otras milicias afines, el asesinato a un locutor de radio por ser judío, así como varios actos terroristas con bombas contra sinagogas y otros objetivos considerados enemigos.

¿En qué radica el potencial de aliento de Los diarios a los extremistas? Pierce escribió de manera novelada para llegar a un público más amplio dentro de su propio nicho, que como todos es más proclive a la lectura de narrativa de aventuras (donde quiera serán más leídos los Harry Potter de J.K. Rowling que los libros de Mircea Eliade, aunque el tema sea más o menos el mismo). Se fue publicando como novela de folletín o por entregas, capítulo a capítulo, de 1975 a 1976, en el periódico de la organización miliciana del propio Pierce, National Alliance, y compendiado en forma de libro en 1978. Por lo tanto, se trata de un parteaguas dentro de la bibliografía de este tipo, que hasta entonces se había dedicado al manifiesto de idearios y a la exposición de supuestas pruebas de conspiraciones judías o “anticristianas”, como listas negras, nombres de miembros de una mafia del poder que actúa en secreto y de manera malvada. O en forma de pasajes autobiográficos al estilo de Mi lucha, de Hitler.

“El día de la soga”

En Los diarios Pierce introduce una noción de revancha: “el día de la soga” (the day of the rope), según la cual llegará el momento en el que los nacionalistas blancos ajusticiarán a los parlamentarios ahorcándolos por sus “atrocidades perpetradas contra el pueblo estadounidense”. El mencionado Robert Jay Mathews dirigió al Congreso, junto con una declaración de guerra, una carta abierta con copia a los principales diarios en la que amenazaba a los legisladores con hacer llegar para ellos el día de la soga. No pudo lograrlo, puesto que murió resistiendo su arresto al FBI entre balas, explosiones y llamas.

Anders Behring Breivik.

Anders Behring Breivik.

Según esta literatura inspiradora del extremismo, el 22 de julio fue el día de la soga en Oslo. El multihomicida Andrew Behring Breivik declaró la guerra conforme al título de su libro 2083. Una declaración europea de independencia 2083 (An European Declaration of Independence), edición que emplea 1,518 páginas para querer presentar como razonable y justificable lo que es la total sinrazón: sus asesinatos y acción terrorista. Éstos, puede deducirse, procuran cumplir con dos objetivos: uno, disuadir a todo nativo o connacional blanco de estar de acuerdo con la inmigración de personas de fe islámica y a comportarse así en consecuencia. Por ejemplo, a votar en el parlamento en contra de leyes favorables a la inmigración o asumir el riesgo a la explosión de una bomba y a la mira de un francotirador, y otro, provocar un efecto multiplicador en otros países europeos de lobos solitarios que cometan actos criminales semejantes, fantasía de que un puñado de fanáticos puede echar abajo a “El Sistema”. ®

Archivado en Apuntes y crónicas, Mayo 2013

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