El novelista de las tempestades

Vargas Llosa en Argentina y en México

Antes del derrocamiento del PRI en el 2000 Mario Vargas Llosa dijo que “México era la dictadura perfecta con el PRI”. Era septiembre de 1990. Gobernaba Carlos Salinas de Gortari. A dos décadas de ese juicio, el gobierno panista de Felipe Calderón le otorga la Orden del Águila Mexicana en medio de una polémica sobre la visita del Nobel de Literatura a Argentina.

Cuando Jorge Luis Borges cuestionó el populismo y las taras políticas del general Juan Domingo Perón éste, tan pronto se hizo del poder, nombró al escritor argentino “Inspector de pollos, gallinas y conejos en las ferias municipales”, destituyéndolo de su cargo como director de la Biblioteca Nacional.

Vargas Llosa recibiendo el Premio Nobel

Hoy Borges es considerado un genio de la literatura de todos los tiempos, una referencia universal, mientras Perón es tan sólo el primer eslabón que sumió a Argentina en la decadencia política que derivó en la barbarie que llevó a la muerte a 30 mil argentinos asesinados por los militares golpistas que derrocaron a la última mujer del general: Isabelita Perón.

Los espejos del tiempo, ese juego literario tan caro a Borges, repiten ahora aquel lejano reflejo con el pretendido boicot a Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, por parte de Horacio González, quien está al frente de la Biblioteca Nacional de Argentina, el mismo puesto que ocupó el autor de El Aleph y que no es José Luis Borgues como se empeñó en llamar el ex presidente panista Vicente Fox a José Luis Borges en uno de sus tantos dislates.

“Aprecio la literatura de Vargas Llosa”, justificó González, “pero sucede que existe una doble posibilidad de que sea interpretado: es decir, como un gran novelista, autor de obras realistas y críticas de las realidades latinoamericanas, o como el hombre de una agresividad creciente hacia los procesos populares”.

Aunque González hizo lo posible para evitar que el Nobel peruano inaugure la Feria del Libro de Buenos Aires, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo ha frenado personalmente. Y Vargas Llosa irá a Argentina para plantar cara a sus detractores.

Vargas Llosa, “Premio Nobel colombiano” en otro yerro de Fox en otro discurso público, vino a México en septiembre de 1990 por invitación del poeta Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura en ese año, para participar en el coloquio El siglo XX: la experiencia de la libertad, que fue transmitido por Televisa en red nacional.

Los espejos del tiempo, ese juego literario tan caro a Borges, repiten ahora aquel lejano reflejo con el pretendido boicot a Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, por parte de Horacio González, quien está al frente de la Biblioteca Nacional de Argentina.

Allí desplegó sus alas de ave de las tempestades y lanzó, como relámpagos, sus juicios: “A México no se le puede exonerar de esa tradición de dictaduras latinoamericanas. México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México porque tiene las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Y de un partido que es inarnovible”.

Tanto Paz como el historiador Enrique Krauze, anfitriones apabullados y exhibidos por el talante crítico de Vargas Llosa, encajaron los golpes como veteranos púgiles y trataron de sonreír ante las puyas que siguieron.

“No creo que haya en América Latina ningún caso de sistema de dictadura que haya reclutado tan eficientemente al medio intelectual, sobornándole de una manera muy sutil. La del PRI es una dictadura sui géneris que muchos otros en América Latina han tratado de emular. Desde que yo tengo uso de razón varias dictaduras latinoamericanas han tratado de crear algo equivalente al PRI”.

Ahora, un gobierno del partido que derrotó al PRI honra aquellas palabras de Vargas Llosa y su obra literaria con la Orden del Águila Azteca, la máxima presea que entrega el gobierno mexicano a los extranjeros por sus contribuciones al país. Hoy parece que los panistas son entusiastas de Pantaléon y las visitadoras, quizás porque se sienten en La guerra del fin del mundo y quisieran que el 2012 fuera El paraíso en la otra esquina y se mantuvieran en el poder por otros seis años más.

Quieren que aquella dictadura perfecta no retorne para que nadie se pregunte, parafraseando a los personajes centrales de Conversación en La Catedral, ¿en qué momento se jodió México? ®

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Publicado en: marzo 2011


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  • Rosa Vadillo

    Este domingo los peruanos sabremos si retornamos al pasado o pensamos en el futuro. Me encantaría que además de Keiko y Ollanta estuviera Don Mario como candidato. Sin duda, como Nobel, arrasaría. Hay que votar para que no se repitan los errores del pasado. Y leer, claro, a Vargas Llosa.

  • David Aguilar

    Después de leer La Guerra del fin del mundo, esa obra inmensa que sintetiza las ideologías finiseculares, uno termina sin aliento, dicho esto porque, amén de la anchura de sus ambiciones, ya se deja ver a un escritor apartado de esas cómodas y exuberantes hamacas, tan caras a los escritores del boom latinoamericano. Con las Novelas de Vargas Llosa hemos aprendido esa tradición venida del viejo George Orwell, la que miraba con suspicacia los dogmas, las ideologías, las ortodoxias y que, con ese espíritu que sólo se refleja en aguas agitadas, produce el pensamiento más lúcido y crítico. Buen texto, saludos a Arturo, que lo conocí con aquél, mi vecino Martignon.

  • Brenda de la Cueva

    ¡Excelente texto! Me pregunto si realmente los panistas han leído a Vargas Llosa. Creo que el autor logra mostrar que el flamante Nobel siempre ha sido un personaje incómodo y que muy pocos, incluidos Octavio Paz y Enrique Krauze, entendieron su férrea vocación por la libertad de pensamiento y crítica. Ojalá hubiera más artículos tan breves, pero tan sustanciones. Más felicitaciones.