El otoño del patriarca (de las letras)

Pequeño capitulario

Hace poco se dio a conocer la noticia, Gabriel García Márquez está perdiendo la memoria. Imposible no traer a colación aquella frase suya, “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

I

Gabriel García Márquez

Marcel Proust agota los recuerdos, García Márquez los rescata. Encuentra su identidad, se asume como un Caribe colombiano, acepta que su cabeza está llena de fantasmas.

Abandona la carrera de derecho, se convierte en periodista, el periodista se convierte en fabulador, el fabulador en novelista y el novelista en gloria universal.

II

Una influencia clarísima atraviesa las páginas de su primera novela. Un viejo sedicioso que transformó la novela americana lo obsesiona. Los símiles literarios son abrumadores, mientras agonizo se convierte en su versión colombiana, la hojarasca, Adrie Boundren se convierte en el médico reclusivo de su primera novela, la familia narra la tragedia, las casas del deep south se convierten en las casas prefabricadas de la compañía bananera.

III

—¡Lea esa vaina para que aprenda! —le grita un amigo mientras le lanza una novela a la que no se le prestó excesiva atención los primeros diez años, devenida en objeto de culto por la nomenklatura literaria Pedro Páramo. García Márquez la lee dos veces la primera noche.

IV

Frente al pelotón de aduladores, García Márquez habría de recordar aquel lejano día en el que escribió su primer cuento.

V

¿Qué le pasa a un escritor cuando escribe su obra maestra a los 39 años? García Márquez lo analiza. Toda su obra posterior será un intento en vano por desmarcarse del mundo macondiano, inventa algunos distractores, proclama que El amor en los tiempos del cólera es su obra maestra y decide hacer del otoño del patriarca un gigantesco párrafo.

VI

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla. Dice. Vivir para contarla se convertirá en otra de sus obras de ficción.

VII

Rescata a Florentino Ariza y lo convierte en cazador de putas tristes.

VIII

La verdadera obsesión de García Márquez son los amores contrariados. De Mauricio Babilonia y sus mariposas amarillas, los escarceos amorosos de Amaranta y su sobrino hasta el largo, larguísimo idilio del amor en los tiempos del cólera, para él no existen los amores sencillos. Sus padres tienen la culpa.

IX

Un muchacho desgarbado acompaña a su madre a vender una casa a Aracataca. Aracataca se convierte en Macondo. En Macondo hay un coronel que no tiene quien le escriba.

X

Recibe el premio Nobel. Es un clásico en vida. Ahora todos quieren ser sus amigos, ¡hasta los jefes de Estado!

XI

A pregunta expresa y sin ninguna ironía, Borges respondió que Cien años de soledad era una novela extraordinaria y que al menos medio siglo de ella le resultaba inolvidable.

XII

García Márquez empieza a perder la memoria. Quisiéramos que fuera inmortal en su versión física. La inmortalidad literaria se la ha ganado, el Olimpo literario lo espera, se despide en una carta apócrifa que jamás firmó. El conjunto de sus obras vivirá para contarla.

XIII

A manera de postdata.

¿Para qué escribe García Márquez?

—Escribo para que me quieran. ®

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Publicado en: Julio 2012, Libros y autores


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