El otro monte

El otro monte. L’autre mont. Textos personales desde Montevideo, tierra de Isidore Ducasse, conde de Lautréamont. Nunca se supo cuál de los dos fue para el poeta maldito el otro monte oculto en su seudónimo: si aquella lejana Montevideo natal, ciudad portuaria, de vacas carneadas en la calle, de grisura suicida, o si el parisino Montparnasse adquirido en su última década, con los cafés, luces y noches de glamour bohemio. La doble naturaleza del inmigrante, pero también del escritor que se mira a sí mismo. Porque el otro monte siempre es relativo y el monte de origen siempre es temporal. En esta columna se exploran ambos montes del yo. Y todas las escalas intermedias. ®

Elogio de la luz

© Li Wei

Mi viejo proyecto de columna Desde el barril pretendía tomar como excusa un fragmento filosófico, y a partir de él escribir cualquier derivado de mi inspiración, mundano y menor.

Esconderse / Revelarse

© George Hoyningen Huen

“De pronto, alguien tiró de la cuerda y en un instante fui despertada de mi somnolencia de pescador aburrido. Sentí terror, y traté de recuperar aquella cuerda rápidamente, palmo a palmo, sintiendo que en el extremo donde antes se encontraba la caja de galletas ahora bien podía haber un tiburón.”

Males y exorcismos no ortodoxos

medalla san benito

“En eso, reparo en un trocito de metal sobre la cama, una especie de horqueta, una i griega. Sé, desde lo racional, que sería imposible que se tratara de un dispositivo intrauterino (diu), pero eso es lo primero que me viene a la mente. Me perturba esa pieza triangulada de no se sabe dónde que apareció allí no se sabe cómo.”

Un mundo sin hombres

Alicia en el país de las maravillas, versión de Jonathan Miller

Los hombres brillantes, además, son mucho más brillantes que las mujeres brillantes. Porque son hombres, claro. Es decir, eso siento yo, que soy mujer: embeleso.

Amores de café/ (una postal de otoño)

© Guzmán Sánchez

“Pero hay que temer a los idilios, claro. Hace muchos años amé a Montevideo y me rompió el corazón, me dejó viuda, dijo que no era más mi patria, pasó a mi lado y no me vio siquiera, me dejó dormida en Naxos.”

Gárgolas: milagros fuera del agua

© Guzmán Sánchez

Una singular galería de animales y seres mágicos —gárgolas, dragones, sirenas— pueblan una antigua ciudad del centro mexicano. Aquí la invitación a descubrirlos.

Atenea Bless America

© Guzmán Sánchez

El otro sábado salimos los tres a caminar para disfrutar de una hermosísima tarde soleada de otoño a las puertas del invierno por venir. La incomparable bendición llegaba, además, de la mano de cierto tiempo libre: mejor era difícil. Anduvimos por las inmediaciones del lago del Parque Rodó mientras cruzábamos en un alevoso rumbo a la rambla, que lucía deslumbrante y serenísima.

(Réquiem por la) Belleza propia y ajena

María Tarriba

“En la juventud no hay nada peor que decirle a una mujer bella e inteligente que es bella. Sus constantes rugidos, su impotencia por verse obligada una vez más a demostrar quién es y de lo que es capaz más allá de las artes decorativas que todos le atribuyen le hacen la vida dolorosa y la llenan de rabia.”

El Santo Patrón de las Tempestades

© Martin Klimas

A menudo es preferible una falsa alegría a una tristeza cuya causa es verdadera, escribió Descartes. Es un vicio, expresó alguna vez Flaubert.

Junkies virtuales

niño videojuegos

“El asunto es usar los videojuegos para la vida, pero no que sean un sustituto de la vida y sus desafíos. Que no serán tan espectaculares como son los de los guerreros, las reinas y los alienígenas, pero también son heroicos, al fin y al cabo.”

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