EL PACIENTE CERO

Sexo, drogas, pornografía, enfermedad

Un caso de VIH en un veterano actor porno demuestra el poder de la industria pornográfica en California.

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1998 fue un año terrible para la industria pornográfica estadounidense. En los primeros meses cinco pornstars dieron positivo en la prueba del VIH. Hasta ese momento sólo se habían dado casos aislados, todos relacionados con las drogas intravenosas y la prostitución masculina. La prueba de ELISA que se exigía a los actores renovar cada treinta días aseguraba un cierto control, y aunque existía el caso de John Buttman Staglianno, que había dado positivo en 1997, su infección había tenido origen durante una filmación con un travesti en Brasil, lugar legendario en el mundo del porno por los bajos costos, la mano de obra disponible y su inexistente control sanitario. Esto era importante, que el contagio se haya dado fuera de Estados Unidos y durante una filmación gay. Fue algo que se difundió ampliamente, había que dejarlo bien claro ante la opinión pública.

Tricia Deveraux, joven pornstar en ascenso, dio positivo a principios de febrero de 1998. Inmediatamente la Adult Industry Medical Healthcare Foundation (AIM) publicó una quarentine list de los actores que habían tenido relaciones con Deveraux desde su último examen negativo, en diciembre de 1997, y de las actrices que a su vez se hubiesen acostado con éstos. Todo Pornvalley entró en cuarentena. Al positivo de Tricia siguieron los de Brooke Ashley, Caroline y Kimberly Jade. Todas ellas tenían algo más en común: habían trabajado en los últimos tres meses con el veterano Marc Wallice.

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Los rumores sobre Marc Wallice venían de por lo menos dos años antes. Había comenzado su carrera en 1981, y aunque siempre aceptó que su primera película fue gay, también siempre añadió que era la única de ese tipo que había filmado. Los rumores dicen que hizo varias más para productoras independientes. Otra cosa que Wallice aceptó es que fue adicto a las drogas intravenosas hasta 1996, año en que consiguió dejarlas y someterse a rehabilitación; los rumores confirman lo que Wallice dijo, pero añaden algo más: durante sus primeros años en el porno Marc se dedicaba también a la prostitución callejera. El dato duro dice que durante una filmación en 1996 la compañía VCA detectó que el actor había alterado la fecha de su prueba de salud. Wallice se defendió diciendo que su prueba tenía sólo un día de retraso y que por eso se le había hecho fácil alterarla. El asunto no pasó a más, después de todo Marc era un veterano y ¿qué compañía no aceptaba una prueba con hasta cinco días de retraso?

Sharon Mitchell, directora de la AIM, ex actriz porno y amiga de Wallice desde principios de los ochenta, debió haber sospechado algo. ¿Hace cuánto no te haces la prueba?, le preguntó en una reunión delante de otras personalidades del medio. El actor dijo que cada mes cumplía el requisito, era sólo que prefería ir a una clínica en San Fernando Road, donde cobraban cinco dólares por aplicar la prueba, contra los 195 que cobraba la AIM. Sharon aceptó aquello sin cuestionar, no sólo porque Marc era su amigo de toda la vida sino porque a principios de los noventa fueron compañeros de aguja en su gusto por las drogas duras. Meses más tarde, tras la presión de amigos y productores, Wallice aceptó hacerse una prueba PCR/DNA en las instalaciones de la AIM.

Marc Wallice dio positivo. Su prueba mostraba una carga viral que, de acuerdo con los médicos de la AIM, indicaba que portaba el virus desde hacía por lo menos un año.

Foto ® Larry Sultan

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La furia de todo Pornvalley se volcó contra el veterano, cuya primera reacción fue tomar sus ahorros, comprar una buena cantidad de cocaína y encerrarse en un hotel a fumársela. Después de esos días de desesperación, y apenas recuperado, Marc Wallice quiso acercarse a algunos medios para contar su versión, en la que si bien aceptó encontrarse enfermo, dijo también que era falso que hubiera sido él quien infectó a las cuatro actrices. Kimberly Jade, por ejemplo, antes de dar positivo había filmado la película 50-man anal gangbang en la que recibió a cincuenta hombres —entre ellos Wallice— por la puerta trasera, la mayoría sin preservativo. ¿Cómo estaban tan seguros de que él era el paciente cero?, preguntaba el actor, asumiéndose chivo expiatorio. ¡Cualquiera de las actrices pudo haberlo infectado a él! Por cierto, en el último examen negativo de Wallice, realizado en la clínica de San Fernando Road por cinco dólares, y con fecha de marzo de 1998, la edad que aparecía registrada en el formato eran 49 años, diez más de los que en realidad tenía.

Pornvalley, tras haber encontrado y aislado a su paciente cero, se recuperó y volvió al trabajo. El pasado bisexual de Wallice y su historial de drogadicto demostraban lo que la industria del entretenimiento para adultos tanto promueve: que contrario a la creencia popular, la gente dentro del porno está obligada a ser mucho más sana sexualmente que la gente de afuera, que su control sanitario es eficiente, pero sobretodo que el VIH no es una enfermedad heterosexual. Y si acaso se llega a filtrar es culpa de drogadictos y hombres bisexuales. Así Pornvalley demostraba a la opinión pública su poder y organización para conjurar el peligro, justificaba la falta de condones en sus películas (uno de sus principales atractivos de mercado), pero sobre todo conseguía mantenerse en operación. Esto último no es cualquier cosa, un negocio que genera el triple de utilidades que Hollywood no sólo tiene bien ganado el nombre de industria sino que no puede permitirse el lujo de colapsar. Las bajas en sus filas siempre encontrarán reemplazo. ®

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Publicado en: Abril 2010, Apuntes y crónicas

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