El pacto con el diablo

Cómo hemos perdido nuestro país

¿Por qué surge y florece la violencia del mexicano en contra del mexicano? ¿Por qué el desprecio por las vidas ajenas y la vida en general si el otro, a cuya vida no le otorga el asesino ningún valor, es igual que el mismo yo?

Pacto diabólico.

Pacto diabólico.

En los últimos días he estado sumida en una profunda reflexión. ¿Qué es lo que está pasando en este país?

Es un hecho que desde hace varios años ha proliferado la violencia, el crimen y la impunidad. Pero también que en los últimos meses o el último año la violencia está desatada, sin control. Todo el país está sumido en la más profunda desesperanza, la economía está mal, el peso ha caído a un máximo histórico con respecto al dólar, sin esperanzas de recuperación; el gobierno no ha sabido instrumentar medidas económicas mínimas y básicas como subir las tasas de interés, cobrar impuestos a los grandes empresarios en lugar de perseguir a los que ganan ingresos mínimos, o no implementar recortes presupuestarios que a la larga provocan más daño en tanto que aumenta el número de desempleados, y tampoco han podido controlar los incrementos de precio a la gasolina (para colmo de mala calidad y dañina para la salud), pues han metido presiones inflacionarias a toda la economía. Pero aún más preocupante es que no existe un Estado de derecho ni una autoridad estatal a la cual dirigirse.

El crimen organizado está apropiado de estados enteros, como es el caso de Guerrero, Morelos, Michoacán y los estados del norte del país. Pero en realidad ninguno se salva, y mucho menos la Ciudad de México.

¿En manos de quién está el país? Cuando asesinaron a los 43 normalistas de Ayotzinapa quedó claro que no sólo las autoridades gubernamentales estaban al servicio del narco, sino también la policía local, federal y hasta el ejército obedecían las órdenes del líder que comercia con drogas y las lleva a Estados Unidos.

Cada día está más claro que existe una colaboración entre los políticos y el poder del narcotráfico en todos los niveles y en todos lados. Los nazis tuvieron tanto éxito en sus prácticas de dominación porque había colaboracionistas, personas que trabajaban con ellos en contra de sus propios compatriotas.

Héctor de Mauleón, en un artículo reciente en El Universal, relató que hace poco en Acapulco mataron a varios taxistas porque se habían resistido a pagar derecho de piso. Es decir, el narco como entidad ya no tiene una razón clara de ser narco en el sentido de producir y vender narcóticos. Ya es simplemente una máquina despiadada, prepotente y asesina, imparable, con una sed de violencia, de ambición desmedida y, sobre todo, ha perdido los límites de sus fronteras de acción. Es dueña y señora de la realidad mexicana. Y como una hidra de siete cabezas abarca el mercado de narcóticos, la trata de blancas, que es prácticamente una esclavitud, priva de la libertad y extorsiona a los ciudadanos, cobra derecho de piso a los negocios sin ningún sentido económico, pues al tener que eliminar a los que se resisten elimina también a los productores de bienes y servicios que mantienen una economía a la que ellos mismos pretenden explotar y sin producir nada, sangran al país, económicamente y en especie.

Y en esta jungla sin orden otros criminales menores se aprovechan de la falta de orden, derecho y autoridad para crecer a sus anchas, aterrorizando al ciudadano común que es víctima de asaltos, robos, secuestros, sin poder defenderse en lo más mínimo.

¿Qué es lo que hace que tantos colaboren con el narcotráfico y se vuelvan colaboracionistas de esta ola excesiva de violencia? ¿Es el miedo? ¿Es la pobreza? ¿La ambición?

En el libro de la investigadora y filósofa Esther Cohen Con el diablo en el cuerpo (Taurus/UNAM, 2013), que trata de la persecución de las brujas y los judíos a partir del Renacimiento y en donde hace algunas reflexiones muy interesantes sobre las verdaderas razones detrás de estas execrables acciones, encontré semejanzas muy inquietantes con lo que estamos viviendo actualmente.

Ahora podemos decir que los políticos, al pactar con el narco, le dan carta blanca para actuar, para arrasar, para existir a plenitud. ¿Se pacta por miedo? Un poco. ¿Por pobreza? También. ¿Por ambición? Parece que la ambición es el motor principal en este pacto. En esta concepción no importa nada más sino conseguir dinero rápido y fácil, sin consideraciones morales de ningún tipo.

Detrás del razonamiento de perseguir a brujas y judíos se encontraba el fondo: perseguir y acabar con el diablo, fuente de todo mal. Y, aunque meterse en la discusión de qué es el mal no es mi propósito, sí el de decir que al personificar al diablo le dieron carta de naturalización. Lo hicieron un ente de carne y hueso. Y pactar con él se consideraba la peor herejía.

Ahora podemos decir que los políticos, al pactar con el narco, le dan carta blanca para actuar, para arrasar, para existir a plenitud. ¿Se pacta por miedo? Un poco. ¿Por pobreza? También. ¿Por ambición? Parece que la ambición es el motor principal en este pacto. En esta concepción no importa nada más sino conseguir dinero rápido y fácil, sin consideraciones morales de ningún tipo. En todos lados vemos ejemplos de ambición desmedida. Hace poco en un centro comercial quitaron las casetas de pago para instalar máquinas para pagar el boleto en el estacionamiento. O sea, aparte de las toneladas de dinero que deben de recaudar día a día, le quitaron el empleo a quizá ocho o diez empleados, mal pagados, para ganar aún más. El público tiene que hacer una cola de media hora bajo el sol o la lluvia para poder salir del centro comercial y todo para que los dueños del estacionamiento satisfagan su ambición desmedida de ganancia.

Siguiendo con el análisis de los perseguidos y los perseguidores,dice Cohen en su libro: “La bruja es una entidad hablada por otro, más que un sujeto que habla […]; es en buena medida el producto del inquisidor y de sus procesos inquisitoriales; es, en cierto sentido, una figura pasiva sujeta a la palabra del otro. Y esto, en última instancia, hace de su posible discurso un discurso corrompido, atravesado por voces que no son la suya y que la sofocan”.

En este sentido, y haciendo una extrapolación, podemos decir que, como ciudadanos, hemos perdido nuestro país, ya no hablamos por él, pues hoy en día México es hablado por el narco y por el crimen organizado.

Mi pregunta final es ¿por qué surge y florece la violencia del mexicano en contra del mexicano? ¿Por qué el desprecio por las vidas ajenas y la vida en general si el otro, acuya vida no le otorga el asesino ningún valor, es igual que el mismo yo?

Cohen cita a Sartre: “En el fondo, el perseguidor no teme al judío o a la bruja en particular, sino que se trata de un hombre que tiene miedo. Ciertamente no de los judíos, de él mismo, de su conciencia, de su libertad, de sus instintos, de sus responsabilidades, de la soledad, del cambio, de la sociedad y del mundo; de todo menos de los judíos”.

De nuevo, extrapolando, diría que, como siempre, el miedo al otro por cuanto es diferente es el disparador de la violencia. Estamos viviendo día a día un miedo enfermizo del mexicano contra el mexicano. Cabría preguntarse, ¿qué motiva el odio contra nosotros mismos? ¿Qué nos motiva a volvernos colaboracionistas con el enemigo?

¿Por qué el crimen organizado teme al ciudadano común? ¿Acaso porque está libre del pacto con el delito y de manera pasiva refleja su horror implícito? ¿Por qué ese desprecio tan incomprensible hacia las mujeres y demás indefensos? ¿Odian acaso que no seamos parte de la violencia? ¿O sólo proyectan un odio infinito hacia sí mismos? ¿Al abismo infernal en el que ya se encuentran y quieren confundir con un poder divino que han usurpado para tener derecho sobre la vida de sus semejantes?

Las respuestas no las tengo a la mano pero son punto de partida para estudiarlas, para compartirlas.

Mientras el odio acendrado a nosotros mismos no desaparezca y el pacto entre los gobernantes —de cualquier partido— y el crimen organizado no se disuelva, la violencia no terminará y seguiremos viviendo en una tierra de nadie, en un país perdido en la niebla de la violencia, sin identidad, en el que habla lo ajeno. ®

Publicado en: La búsqueda del grial

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