El pensamiento propio

¿Citar o no citar? He ahí el dilema

Hay filósofos que se quedaron deambulando en los senderos del pensamiento. Nietzsche, por ejemplo, nunca encontró el camino de regreso a la lucidez. A las ideas hay que sembrarlas, regarlas y dejar que den frutos. El fruto maduro es el más degustable siempre.

© Lamberto Teotino

© Lamberto Teotino

En filosofía ―como en el mundo de la discusión teórica― no existe a la fecha un Rimbaud del pensamiento. La poesía puede jactarse de haber tenido en sus arcas a un gran artista pese a su juventud. Es cierto, sólo en algunos casos excepcionales los jóvenes —y los no jóvenes— han tenido hallazgos con el pensamiento. David Hume publicó su Tratado de la naturaleza humana a los veintiocho años de edad, y Schelling a los veinte era ya doctor en teología y filosofía. Pero Kant terminó de escribir su tríada filosófica a los cincuenta y siete años de edad. Es evidente: el pensamiento madura con lentitud. El joven poeta Rimbaud, sin embargo, a los veinte años de edad dejaba huérfana a su literatura y la inmortalidad la acogía como una de sus hijas predilectas. La gestación de las ideas del hombre va a paso senil y doloroso. Es complicado pensar y repensar. A Karl Marx le llevó toda su vida esculpir su sistema, el materialismo dialéctico.

¡Es pesado pensar, ah de la vida!1

Hay filósofos que se quedaron deambulando en los senderos del pensamiento. Nietzsche, por ejemplo, nunca encontró el camino de regreso a la lucidez. A las ideas hay que sembrarlas, regarlas y dejar que den frutos. El fruto maduro es el más degustable siempre. ¿Qué le queda al joven que intenta pensar por sí mismo —o lucubrar su discurso? ¿Callarse, acaso?

Recuerdo que hace no mucho tiempo sostenía una discusión con otros escritores, y citaba a ciertos filósofos; en eso, una autora que participaba en aquel debate me inquirió violentamente: “Tú siempre citas, ¿qué no tienes un pensamiento propio?” “¿Qué es un tener un pensamiento propio?”, le respondí. En ese momento ella no supo bien qué responder y sólo contestó: “Pensar por sí mismo”. Después de aquella discusión, reflexioné sobre el problema tan grande que para muchos implica que alguien cite. La conclusión a la que llegué es la siguiente.

Pensamiento propio, ¿qué significa tener un pensamiento propio —o discurso? ¿Quiénes son los hombres que han tenido un pensamiento propio —o que han elaborado su propio discurso?

El pensador joven bien puede construir su conjunto idiomático, con cimientos sólidos, apoyándose en los grandes hombres de ideas. Quizá lo que le dará autenticidad al pensador joven será la elección. Elegir, por ejemplo, entre el idealismo kantiano o el raciovitalismo; entre la dialéctica hegeliana o el existencialismo.

Según el diccionario de la RAE, “propio” significa que es sólo de una persona y de nadie más, que es característico de alguien; que le pertenece únicamente a él. De lo anterior puedo concluir que el “pensamiento propio” es aquel que sólo le pertenece a un pensador; que ese conjunto de ideas únicamente son de él, y que las influencias de ideas de otros pensadores le han servido para recrear de manera tal las suyas que ya sólo le pertenecen a él. ¿Y quiénes son esos hombres? Por mencionar algunos ―que bien pueden ser ejemplo―: Heráclito y su devenir; Parménides y el principio de identidad; Sócrates y su mayéutica; Platón y las ideas innatas; Aristóteles y el hilemorfismo; san Agustín y la teoría de la iluminación; Descartes y su inmanencia; Leibniz y la monadología; Kant y sus críticas; Hegel y el absoluto; Comte y su positivismo; Husserl y la fenomenología; Bergson y su evolución creadora, entre otros pensadores verdaderamente con ideas propias. De ahí en más, todos los demás vivimos como huéspedes de las ideas ajenas. Vivimos de las ideas generacionales y culturales; vivimos de las ideas heredadas. Piénsenlo bien y concedan el beneficio de la duda.

Samuel Ramos y Octavio Paz se atrevieron a cuestionar si verdaderamente hay un pensamiento mexicano y si existe una filosofía auténtica mexicana.

Es verdad, han existido y existen en nuestro país grandes hombres de ideas, tenemos el caso de Francisco Javier Clavijero, Justo Sierra, Gabino Barreda, Antonio Caso, José Vasconcelos y Emilio Uranga, por mencionar sólo algunos. Aunque tampoco podemos negar que todos ellos se alimentaron fuertemente de ideas occidentales, de filósofos europeos. En nuestro país gran parte de la gente vive de las ideas heredadas del clero español católico, y la otra pequeña minoría vive también de la tradición liberal heredada del viejo continente. Por ejemplo, hoy en día, las ideas de los antiguos sabios orientales son un boom.

Por lo anterior, pregunto de nuevo: ¿Qué le queda al pensador joven ―y al no tan joven? ¿Callarse, acaso? ¿Y si será inauténtico citar? Como he tratado de mostrar, no se puede manejar a la ligera lo de tener un “pensamiento propio” pues son pocos los que han elaborado un discurso auténtico. Así, ¿es inauténtico citar? Considero que no, que es mucho más inauténtico no citar, por no saber la fuente (de su dicho) y pretender tener un “pensamiento propio”, sin percatarse de que todo el bagaje de esas ideas ha sido producto de la herencia, del momento histórico y de la endoculturación televisiva. Hay que decirlo, sólo pocos pensadores excepcionales han elaborado discurso. El pensador joven bien puede construir su conjunto idiomático, con cimientos sólidos, apoyándose en los grandes hombres de ideas. Quizá lo que le dará autenticidad al pensador joven será la elección. Elegir, por ejemplo, entre el idealismo kantiano o el raciovitalismo; entre la dialéctica hegeliana o el existencialismo. Con la elección dibujamos nuestro paisaje personal. Para elegir hay que conocer, mirar hacia la montaña gigante de las posibilidades y decidir. El que no conoce no puede refutar. La apuesta corona bellamente al ser. Y si del grande mar de las ideas no ha emergido todavía el Rimbaud del pensamiento, ¿qué le queda al joven reflexionante? Estudiar y conocer los diferentes caminos del pensar. Cimentar sus ideas en pensadores inmortales; elegir conscientemente un camino del pensar y no ser producto de la endoculturación inauténtica. ¿Callarse y no pensar, acaso? Nada de eso: ensayar, escribir y aclarar sus ideas sin ufanarse de poseer ya un “pensamiento propio”. ®

Nota
1 Parafraseo a Francisco de Quevedo, los versos del poema “Cuán nada parece lo que se vivió”: “Ah de la vida”… ¿Nadie me responde?/ ¡Aquí de los antaños que he vivido!/ La Fortuna mis tiempos ha mordido;/ las horas mi locura las esconde”.

Compartir:

Publicado en: Diciembre 2013, Ensayo


Te invitamos al siguiente evento de la dibujante Diana Martín en Guadalajara.
Confirma tu participación.

Suscríbete gratis a Replicante:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.

  • Apreciado Antonio, estoy completamente de acuerdo contigo, Octavio Paz inicia una discusión sobre el “ser de mexicano”, él reflexiona al mexicano como un ser escindido, porque no es ni indígena ni español, y se busca. Él junto con el llamado grupo Hiperión discute sobre qué es lo que “le da esencia a la mexicanidad”. Emilio Uranga, es otro pensador que también profundiza sobre estos tópicos. Crítica de Paz es “Antilaberinto” de Manuel Aceves. Gracias por tus comentarios, si gustas puedes seguirme en Facebook:

    https://www.facebook.com/marco.ornelas.37

  • Un placer leer tu texto. El que, por cierto, lo hare llgar a un par de amigos que, estoy seguro, lo aprevieran mucho, como yo.
    Aqui va una breve anota ion al parrafo donde mencionas a Paz y el pensamiento mexicano; creo que no seria atrevido decir que Paz, al menos para mi, abre una puerta desde su busqueda de la mexicanidad a un amino qje lo lleva despues de un laargo recorrido al encuentro de la universalidad. Esa universalidad que, cualquier pensamiento que se jacte de ser verdadero, sabe que ese es su unico fin: sembrar en el otro la semilla de un deseo infinito de trascender el ego para navegar en las aguas profundas del conocimiento imperecedero.
    Y, las citas…Claro que, estas, cuando son usadas con mesura y en el momento que son necesarias, son tan validas como la palabra misma. Porque, siempre y cuando no se cite como loro, son vinculos a la cadena que une el pensamiento.
    ” Nietzsche no pudo desandar un camino que lo perdio lejos de la lucidez…”
    Curioso. En un dialogo ocurrido en Sorba el Griego, por boca de los personajes, el gran escritor Nikos Kazantzakis reflexiona acerca de fin de la cadena del razonamiento, donde concluye diciendo que, cuando termina la razon comienza la locura o el arte y la poesia…
    Creo que, Paz, lucidamente, desde su posicion asumida como mexico-pensante comprendio el equilibrio entre estas dos formas: la razon y la poetica. Tambien, creo, cabe apuntar que, entre las muchas reflexiones pazianas, su estancia en la India y su busqueda en lo prehispanico ademas de ayudarle a conocer y valorar al otro; el que, quiza, aunque la sabiduria no se pesa ni se mide, por reconocerse en un mundo que existe y se mueve mas alla de las ideas generadas por la mente del hombre, pueda ser mas sabio profundo que el pensamiento egolatra creado por Occidente.
    El tema sobre el que escribiste da para mucho…Y, sinceramente, da gusto encontrase en el camino con cosas asi; sobretodo en una epoca en la que lo ñoño y simplón se yergue como sinonimo de pensamiento. Aunque todo mundo sepa que no es otra cosa que berborrea pura que no aporta ideas ni claridad al tema.
    Un abrazo.
    Antonio

  • Apreciado Antonio Tovar, gracias por tomarte el tiempo de leer el texto y hacer comentarios tan lucidos e interesantes. Estoy completamente de acuerdo en lo que mencionas del “ego” . Sí, lo mejor es preocuparse por decirle algo importante al hombre. Sea la voz que sea. Te mando un abrazo.

  • Quiza, ahora, en esta epoca, en que parece ser que todo ya esta dicho, y pensado, valdria la pena desandar caminos para hacerse preguntas pertinentes partiendo del origen; el origen del hombre y el mundo que lo rodea. Su presente. Aunque nadie puede negar que, cuando venimos a este mundo, al despertar a la conciencia nos damos cuenta de estamos en sitio construido con y por las ideas de otros. Lo cual, creo, no quiere decir que, ese mundo, sea un pilar fijo e incuestionable. Si el pensamiento, cualquiera que este sea, no sirve para que otros lo continuen para seguir evolucionando, entonces, es un pensamiento muerto y obsoleto. El pensamiento, creo, asi como las odeas, no tiene dueño, ni fecha de caducidad. El que alguien se haya tomado el tiempo para pensar o reflexionar sobre uno u otro tema no significa que sea el dueño de dicho pensamiento o reflexiones. EL EGO es el gran mal de Occidente. Porque se ha aferrado a creer que su vision es unica, lineal, y solo tiene un proposito; crear un mundo dentro del mundo. Por eso, joven o viejo, no importa, la eda es relativa, lo que cuenta es la lucidez del espiritu, mas que preocuparse por si el pensamiento es propio u original, valdria la pena, mejor, preocuparse por explorar y crear un metodo de pensamiento que ayude a uno mismo y al otro a reencontar la nocion de Estar Vivo. Y su verdadero significado. Mas que preocuparse por dar potestad o patria a un pensamiento o idea valdria la pena encontrar nuevas formas de reflexion que ayuden o contribuyan al hecho de que, un pensamiento que no acerca al hombre a la nocion de su relacion con la naturaleza y lo infinito es, y sera, en definitiva, un pensamiento destinado al fracaso. Como, hasta, muchos grandes sistemas de pensamiento lo han demostrado: amen de contribuir, muchos de ellos, a un laberintico abismo de verborrea insomprensible, hasta para el propio creador, no han dejado en claro mas que su astuta contribucion al ego del ser en occidente. Un ego que pone forma, tiempo, pesa, cobra, y otorga potestad a sus ideas..
    Por eso, mas que pensar tanto, habria que vivir mucho, para darnos cuenta de que nuestro pensamiento no es lineal ni tampoco es nuestro; solo en el vivir vamos creando respuestas a las circunstancias que nos salen al paso. Circunstacias que, en cada momento, definen lo que somos verdaderamente
    Un cordial saljdo.
    Muy buen texto.
    Antonio

  • Apreciado Ehrenberg, perdón por la tardanza en contestar. Gracias por leer el texto. Si creo al igual que tú que en éste siglo XXI donde las certezas son lacias, lo único que nos queda es ensayar. El ensayo desde Montaigne como bien dices, es una discusión inacabada. Creo que el academicismo es la muerte del filósofo. Parafraseando a Cioran termino: pensar con horario es llevar el pensamiento a la tumba. Saludos.

  • A. Ehrenberg

    Estimado Marco,
    Felicidades por el artículo.
    Me parece que en uno de los verbos con los que respondes las preguntas que tú mismo planteas ―¿Qué le queda al pensador joven, y al no tan joven? ¿Callarse, acaso? ¿Y si será inauténtico citar?― yace la solución más sensata a la cuestión de si, en pleno siglo XXI, vale o no la pena filosofar por uno mismo. Ese verbo es “ensayar”.
    Hoy en día, cuando la credibilidad de los grandes sistemas de pensamiento se ha desvanecido, me parece que lo que hay que hacer es, como decía Montaigne, “servirnos de nosotros mismos como tema para escribir”.
    Tengo un amigo filósofo que lleva los últimos 10 años leyendo y releyendo a Heidegger y escribiendo sobre él tesis y artículos incomprensibles para el resto de nosotros. Yo preferiría que él escribiera sencillamente de cómo sus excursiones por el oscuro bosque de la filosofía alemana han impactado (o no) en su vida cotidiana y particular, por ejemplo, en subirse al metro por las mañanas o en sus relaciones con las mujeres.
    Y preferiría que publicara estos ensayos que no escribe en cualquier blog de internet. Porque, también, hay que saber que lo que escribamos solamente debería ser “para un rincón de la biblioteca, y para divertir a un vecino, a un pariente, a un amigo que se entretendrá en descubrirnos y compararnos con la imagen que de nosotros mismos labremos”.
    Y sobre las citas y la erudición, Montaigne dice: “No estudié para hacer un libro; mas sí estudié algo porque lo había hecho, si a revolotear y pellizcar ora de un autor ora de otro, puede llamársele estudiar; en modo alguno para formar mis ideas; sí para, una vez formadas, ayudarlas, secundarlas y servirlas.”
    Así pues, no nos preocupemos para nada de la originalidad, y en vez de intentar llegar a conclusiones sistemáticas sobre “El Ser” o “El Tiempo”, entretengámonos en esbozar retratos de nosotros mismos, de lo que nos gusta o no nos gusta, de lo que nos eleva o nos molesta.
    Te dejo antes de que el comentario se vuelva más largo que el artículo.
    ¡Feliz 2014!