El porno suave entre amigos

Eroteca personal en Facebook

Acostumbro poner en mi Facebook fotos de mujeres hermosas con poca ropa. Lo hago por el gusto personal, para agasajar a mis amigos con imágenes bellas y cachondas y porque en esa red social no se permite postear pornografía real; soft o hardcore, los desnudos están prohibidos en el sitio electrónico.


Si bien el posteo de estas fotos ha sido un sustituto de los desnudos tradicionales al estilo Playboy o Hustler, según sea el caso, esto no quiere decir que, en sí mismas, no tengan vida propia. Hay en ellas un universo potencialmente infinito de seducción y excitación. En su semidesnudez, en el juego del ocultamiento/develamiento del cuerpo femenino, yace un poder sexual sin igual. Es la fuerza erótica y vital de la tanga (y prendas similares), cuya universal popularización ha sido desdeñada por las feministas de siempre que no logran ver en esa diminuta prenda una forma de liberación y control del deseo masculino en manos (o, mejor, en entrepiernas) de las mujeres. Junto con ella están los bikinis, que tienen más de cincuenta años, y, por supuesto, los escotes y la lencería, que ya llevan sus buenos siglos entre nosotros.

Las fotos de este erotismo pedestre, de espíritu juvenil, cotidiano, son lo mismo de modelos y actrices de mediana popularidad que de gente de la farándula en general o de mujeres convencionales que tienen a bien compartir con los demás sus atributos eróticos. Por una parte, la escasez de ropa de bellas mujeres del cine o la pantalla chica posee la innegble excitación del morbo; si bellas son mal actuando vestidas en las telenovelas, cómo no se han de ver súper provocativas con unos cuantos trozos de tela encima. Por otra parte, la cachondería doméstica tiene el don de la sencillez y la honestidad, es la contraparte exacta de la exuberancia y la mecanización del porno industrial oficial (que, a pesar de todo, sigue siendo la vanguardia de la sexualidad mediática). Además, claro, de que quienes protagonizan el erotismo casero en una de esas están al alcance de nuestras posibilidades de ligue en bares, universidades, plazas, fiestas, etcétera.

Es la fuerza erótica y vital de la tanga (y prendas similares), cuya universal popularización ha sido desdeñada por las feministas de siempre que no logran ver en esa diminuta prenda una forma de liberación y control del deseo masculino en manos (o, mejor, en entrepiernas) de las mujeres.

Compartir estas imágenes en Facebook es también una celebración del machismo. Y a mucha honra. Deleitarse la vista, la libido y la imaginación con fotografías de mujeres de belleza excepcional en paños menores sigue siendo un acto masculino por excelencia, y como tal se goza con espíritu de cofradía. Es, asimismo, una celebración de la diferencia. Nadie como las mujeres tiene la capacidad de transmitir tanto erotismo con una simple pose. De las feministas ni hoy ni nunca me he preocupado, pero si algo habría que decirles es que la igualdad está en otro lado: en la equidad en la crianza, en el libre ejercicio de la sexualidad y hasta en el reparto justo de las infidelidades; además, por supuesto, de la equiparación ante la ley. Que la igualdad no pasa por la censura de la belleza física de otras mujeres: ésos son ejercicios autoritarios que mal disfrazan otras intenciones y otras malas pasiones como el moralismo y la envidia (el personaje de Dorismar es sacado del aire en la telenovela de Televisa en la que participaba, forzando el argumento de su muerte por atropellamiento, ¡porque así lo pidieron las señoras televidentes!).

Cuando una mujer decide ser sexy y mostrar generosamente su cuerpo a los demás, en congruencia lo que corresponde es respetar cabalmente esa decisión, lo mismo que si hubiera decidido proyectar puentes, hacer reportajes o escribir novelas. No es ni más ni menos valiosa como persona Gaby Ramírez o Dorismar que Cristina Pacheco o que Cristina Rivera Garza. A los —y las— censores de cabecera, bajo el disfraz del feminismo, de las buenas costumbres o de la religiosidad en cualquiera de sus raleas, les encantaría que no fuera así, pero así es, y peor para ellos.

Lo único, en fin, que hacemos en Facebook con nuestras fotos de brasieres, tangas, lencería y bikinis es ceder ante la contundencia de unos cuerpos rebosantes de vigorosidad sexual, afirmados en su individualidad, y que en el fondo y en la superficie saben que, como magistralmente cantara Depeche Mode hace ya un buen cuarto de siglo, lo único que queremos decir ante su presencia anonadante es “Sweet little girl/ I prefer You behind the wheel/ And me the passenger”. ®

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Publicado en: Febrero 2011, Fotografía

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