El reportero estrella y la educación

¡De panzazo!, de Juan Carlos Rulfo y Carlos Loret de Mola

Desde que Michael Moore comenzó a ser la estrella de sus documentales los entrevistadores son ahora los buenazos que iluminan el problema. Ya no son los investigadores que exponen el asunto sin mostrarse pues no se trata de ellos sino de la realidad que se cuenta.

Carlos Loret de Mola me mira como si mi pregunta fuera una tontería. Cuando se es un periodista con tanto reconocimiento la pregunta de un reportero deprovincia” quizá no sea importante. Pero se tarda en contestar, me mira directamente mientras articula su respuesta. Contesta poniendo énfasis en que estoy equivocado. Creo que ya olvidó que un día él mismo, a la salida del Aeropuerto Internacional de Mérida, le dijo al reportero y fotógrafo Gonzalo Zapata que los periodistas “deben ser incómodos, no complacientes ni aplaudidores”.

Tampoco era para tanto, mi pregunta fue simple: ¿Qué es lo que iba a decirnos en la película que no se sabía y quiénes son los poderosos que no querían que se supiera? Porque para mí y “muchos”, como dice él repite tres o cuatro veces en el reportaje —no documental—, el problema de la educación en México no es ningún secreto.

A las 11:30 de la mañana del día del estreno de ¡De panzazo! en salas de cine de todo el país llegué al centro comercial marca Slim adonde nos invitaron a un “pospreestreno”. Sí, quiero ver la película, me da curiosidad ver qué resulta de la combinación de una lente que me ha fascinado en Del olvido al no me acuerdo y Los que se quedan, la de Juan Carlos Rulfo, y del anchorman de El Primero Noticias, el periodista yucateco radicado en la Ciudad de México Carlos Loret de Mola.

Un sujeto de traje gris y corbata azulada, a quien el calor fuera del centro comercial no parece afectarle, conduce al grupo de reporteros de radio, televisión y diarios y revistas locales. Nos guía por el pasillo hacia las salas y nos obsequia palomitas y refrescos. Luego nos provee de un volante con tres secciones que al final sabremos para qué sirve. El sujeto es el representante de Cinépolis, la empresa encargada de la distribución del documental.

Luego de las instrucciones para que no interrumpamos el protocolo previo a la aparición de Loret de Mola, nos agradece y se retira para que comience la película.

Los primeros minutos me predisponen a lo que viene. Escucho la voz en off: “Lo que estoy a punto de decirles es muy duro, la educación en México está muy mal. Ha permanecido escondido por años y hay gente muy poderosa interesada en que no se sepa”. Me hundo en el asiento y me pregunto quién no sabe que la educación en el país está mal y quiénes son los poderosos que intentan ocultarlo.

Mientras veo las infografías con datos sobre la educación en México recuerdo la entrevista que le hice a Lorenzo Haggerman, codirector con Rulfo de Los que se quedan: este documental tiene una enorme carga periodística, es ante todo una investigación a profundidad. Pero también hay que encontrar una historia y contarla, y saber rodearla de elementos para que sacuda al espectador, que lo conmocione, en la forma que sea. Pero lo que veo ahora es una serie de imágenes que retratan momentos y ejemplos de algo de lo que somos testigos cada día: que las escuelas públicas de México son un desastre. ¿Pero eso quién no lo sabe? Conforme avanza el reportaje no puedo dejar de sentirme como si viera un largo comercial en pantalla grande para una campaña del Teletón. No tenía idea de lo que me esperaba al final.

Los primeros minutos me predisponen a lo que viene. Escucho la voz en off: “Lo que estoy a punto de decirles es muy duro, la educación en México está muy mal. Ha permanecido escondido por años y hay gente muy poderosa interesada en que no se sepa”. Me hundo en el asiento y me pregunto quién no sabe que la educación en el país está mal y quiénes son los poderosos que intentan ocultarlo.

Entre risas, chistes, juegos y roces entre estudiantes de secundaria, principalmente, la voz en off de Loret de Mola se escucha como la de un guía autorizado por la radiografía sobreexpuesta del tema. Escucho cosas que me incomodan más: “La mayor parte de los papás”. “La mayor parte”, repito para mis adentros. ¿Cuántos, cuánto es la mayor parte; de qué papás? ¿De todo el país? ¿Cuánto es la mayor parte? ¿El 51, el 70, el 99 por ciento?

“Todo mundo”, “muchos”. El coloquialismo se superpone al dato periodístico. A la mitad del documental ya no espero gran cosa y, lo peor, es que no veo la mano de Juan Carlos Rulfo. No percibo su capacidad para mostrar el conflicto y de provocar la emoción del espectador. La historia es lamentable porque sabemos que lo es pero no se retrata con la fuerza suficiente. La narrativa visual se agota antes de comenzar. La escena cerca del final de un desierto en el que un estudiante yace entre la arena arrastrada por el viento es una metáfora forzada.

Antes de eso ya me parecía que Rulfo condescendía con el formato: desde que Michael Moore comenzó a ser la estrella de sus documentales los entrevistadores son ahora los buenazos que iluminan el problema. Ya no son los investigadores que exponen el asunto sin mostrarse pues no se trata de ellos sino de la realidad que se cuenta.

¿Cuál es el objetivo de que alguien como Loret de Mola vaya a una oficina de la Secretaría de Educación Pública (SEP) a preguntar cuántos maestros hay en el país; que le pregunte a un guardia de seguridad privada; que se lo cuestione a una secretaria al otro lado del teléfono? ¿Por qué antes de eso debemos verlo caminar cavilando sobre lo que está haciendo? ¿Por qué la escena del reportero sentado en la escalera esperando, cansado, como sí lo hacen muchos otros periodistas que no tienen el respaldo de Televisa cuando buscan información que en realidad nadie les quiere mostrar?

Loret llega al colmo cuando se planta frente a la cortina de metal de las oficinas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y le grita a la maestra Elba Esther Gordillo, presidente vitalicia del gremio, si anda por ahí. ¿De veras alguien puede creer que así se reportea?

Ni hablar de la entrevista con la Maestra. La insoportable liviandad de la charla con ella. Jamás me hubiese imaginado que no le responde a lo que se le pregunta por “estrategia política”. La frase no exhibe a la maestra, sólo la confirma y la pregunta se vuelve retórica.

El documental termina y Loret de Mola aparece en la sala en camisa de lino. Saluda, se presenta. Alzo la mano, jugando ser alumno, y pido turno de una vez. Me pide que espere, que nomás se echa “un choro” que trae y luego me contesta lo que quiera. Y la conferencia de prensa, ofrecida por un periodista, se encuadra en el protocolo que seguiría cualquier político: Primero yo y luego ustedes.

El reportero que inventó el mantra de invocar al volcán más emblemático de México para buscar la tranquilidad ante las tragicomedias cotidianas aclara por qué el estreno en Mérida, ocho horas antes del lanzamiento nacional en 200 salas. Porque es su tierra y no concebía hacerlo en otro lado. Los corazones de los demás reporteros se estrujan, supongo, o al menos eso parece reflejar la empatía que el comentario logra de inmediato.

El proyecto comenzó hace casi tres años, narra, cuando los productores del filme, “un grupo de empresarios que formaron la asociación Mexicanos Primero —que encabeza Claudio X. González—” lo invitaron a desayunar para decirle que tenían datos sobre lo mal que está la educación en México y que le proponían hacer un reportaje o varios en serie y pasarlos en El Noticiero. ¿Por qué no mejor un documental?, fue su propuesta. De ahí en adelante, hasta llegar a este día. Mucho trabajo, muchas sorpresas, la desesperación de que no terminaba, los tiempos del cine que no son los mismos de la televisión. Mucha chamba.

Finalmente dice que está abierto a las preguntas. Vale. Entonces, ¿qué es lo que no se sabe y quiénes no quieren que se sepa?, porque me parece un tema de todos conocido. Loret de Mola me mira y me dice que no, que no se sabe. Insisto: A mí me parece que sí. No, insiste, y me dice que hay una encuesta que revela que dos de cada tres padres no saben que la educación en México está mal. Imagino que yo y prácticamente todos los padres y madres que forman mi círculo de amigos y familiares somos parte de ese uno representativo de los que sí lo saben, porque siempre escucho que a ver cómo le hacen para meter a sus hijos a una escuela privada antes que exponerlos a una educación pública ineficiente.

Finalmente dice que está abierto a las preguntas. Vale. Entonces, ¿qué es lo que no se sabe y quiénes no quieren que se sepa?, porque me parece un tema de todos conocido. Loret de Mola me mira y me dice que no, que no se sabe. Insisto: A mí me parece que sí. No, insiste, y me dice que hay una encuesta que revela que dos de cada tres padres no saben que la educación en México está mal.

Pregunto: ¿Dónde puedo ver la encuesta, quién la hizo, cuál es su validez? Se acomoda de frente para contestarme. No está seguro de cuál agrupación es, que no se acuerda del nombre en ese momento. Ni él ni el documental tienen ese dato, pero me invita a entrar a la página de Mexicanos Primero porque ahí, “casi” seguro, encontraré la respuesta entre una “serie” de encuestas y estudios publicados al respecto. Ya me dio chamba extra.

Luego reitera sobre lo que ya dijo en el reportaje. Asume el papel de juez social que le sale bien en la televisión para terminar de ganarse la admiración de los reporteros. Sus frases son categóricas: difícilmente espera un cambio que venga del sector político porque quienes lo encabezan “son unos ignorantes”.

Sin embargo, espera que como mínimo, ahora que vuelvan las campañas electorales, ésos que llamó ignorantes retomen el tema del documental y lo utilicen como propuestas. Si luego la cumplen o no ya se verá. Sí, así lo dijo. Que si no lo hacen, que los ciudadanos se lo reclamen.

Luego vino el discurso del boicot. Que el gremio magisterial está circulando cartas y haciendo llamadas telefónicas para tratar de que el documental, perdón, reportaje, no se exhiba, para que ni los estudiantes ni sus padres vayan a verla.

Me acuerdo de Roberto Hernández y Layda Negrete al final de una entrevista cuando me contaron cómo estaban preparando el estreno de Presunto culpable, que habían logrado algo así como unas veinte salas de cine en el país para exhibir el documental, amén de las broncas que los documentalistas tienen que enfrentar para llevar sus producciones a las salas comerciales.

Vuelvo a levantar la mano. Según yo, la burbuja de impacto que alcanzó Presunto culpable se desinfló y, sin demeritar el trabajo de Hernández y Negrete, a la sociedad en general el tema se le diluyó entre la agenda diaria. Pero se logró mucho para impulsar el tema de los juicios orales, contesta Loret. Eso era algo que ya comenzaba a avanzar, estaba en la reforma general del sistema judicial en México, ya en Yucatán se comenzaba incluso a construir salas para juicios orales, le contesto. Ah, pero se logró que puedan videograbarse, revira. Ah, bueno, eso quizá, le contesto…

Finalmente dice que él espera que no sea sólo una burbuja y que el problema nos lo tomemos en serio; que se conozca, que se discuta en las mesas de café, en las charlas familiares, en los medios. Y es cuando comienza el discurso Teletón: el objetivo no es buscar culpables sino responsables que se decidan y actúen, que tomen parte. Para eso los papelitos impresos que nos dieron al entrar a la sala de cine. Divididos en tres partes: la que tiene una E en rojo es para exigir a las autoridades educativas arreglar el desastre. Esa se deposita en la urna a la salida del cine. La segunda, con una M, “se la das a tu maestro”, y la tercera, con una A, “es para ti”, para que actúes.

Casi dos horas de reportaje y no se habla sobre el reportaje ni sobre la producción o el discurso, y Loret de Mola, con lo aprendido en tres años de la producción, contesta invitándonos a sumarnos a la solución.

Interesado en buscar otra arista al tema me acerco a Loret antes de que se inicie la ronda de entrevistas exclusivas con los medios locales. Le pregunto sobre el maestro yucateco que aparece en el reportaje y al que se destaca como un docente reconocido por su esfuerzo, sobre todo por estar en el área rural. Le pregunto cómo puedo contactarlo y me invita, de nuevo, a ver la página de Mexicanos Primero, donde seguramente encontraré el dato, o mejor: “Dame tu teléfono, tus datos y yo personalmente te contacto, te paso el nombre para que puedas platicar con él”.

El hombre del traje gris interrumpe, no le gusta que rompa el protocolo y le dice a Carlos que ellos tienen mis datos. Es cierto, nos registramos antes de entrar a la sala.

Ahí está, dice Loret, con eso te contacto. Me ofrece la mano y me despide ya sin voltear, listo ante la cámara y las luces a las que está acostumbrado.

A la fecha sigo esperando el dato. Se me olvidó que soy reportero y que tengo que buscarlo personalmente. Quizá pueda salir a la calle a gritar y preguntar dónde está ese maestro rural. Podría hacer un documental, perdón, un reportaje sobre eso. ®

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Publicado en: Cine, Marzo 2012


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  • Hola! acabo de caer acá y desconozco totalmente ese docu/reportaje; pero el tono irónico-crítico de todo el artículo es maravilloso. Os felicito por esta página que creo me va a servir de mucha a ayuda.
    un saludo!

  • Federico

    No se ,despues de leer tu reportaje me quedo un dejo de amargura, no te gusto nada, todo el tiempo se nota un resentimiento de tu parte,todo esta mal y mejor que no hubiera existido , esta bien ser criticos pero caes en la exageracion