El retrato: emoción e identidad

Retratos de Isabel Muñoz y Pierre Gonnord

¿Existe alguna fórmula para hacer un buen retrato? ¿Por qué algunos fotógrafos llegan a expresar sentimientos y contar historias con una sola imagen? Para entender un poco mejor los secretos del retrato fotográfico, nos hemos acercado a dos grandes fotógrafos y retratistas.

Twister. Foto © Isabel Muñoz.

Twister. Foto © Isabel Muñoz.

Se ha hablado mucho sobre el retrato en fotografía. Algunos consideran que es la ventana del alma, mientras que otros lo ven como una mera expresión artística que usa al sujeto como modelo o personaje para una composición. Es curioso constatar que algunos fotógrafos consiguen expresar algo profundo con un retrato, que son capaces de despertar en el espectador emociones y pensamientos. En estas entrevistas, Pierre Gonnord e Isabel Muñoz nos hablan de su trabajo, de la fotografía y del retrato.

No podemos renegar de lo que somos

Isabel Muñoz es una fotógrafa española nacida en 1951 en Barcelona y afincada en Madrid desde 1970. Le fascina el ser humano y habla de él a través de su cuerpo. Sus temáticas son variadas, pero tienen en común que usan el pretexto del cuerpo para hablar de las personas.

—En tus fotos, las personas llevan la historia marcada en su rostro y en su cuerpo. ¿Qué cuentan los rostros y los cuerpos? ¿Qué es lo que te interesa?

—A mí lo que me interesa es el ser humano. Utilizo a veces, por un lado, la danza, que es un pretexto para hablar del ser humano. Nuestro cuerpo es un libro de lo que nosotros somos, ¿no? Son medios para hablar de esa persona, del alma, de cómo ama, de cómo llora, de cómo vive, de cómo toca… A veces es una mirada, otras veces es el cuerpo. Son formas, son vehículos para llegar a lo que es realmente el ser humano.

—¿Realmente crees que lo que se retrata es el alma, la identidad o la cultura de la persona?

—Yo creo que somos un “pack”, o sea que nosotros no podemos renegar de nuestra cultura. Y diría más: nosotros no somos sólo culturalmente, somos genéticamente. Cada vez me doy cuenta de que hay una genética que está allí, Y luego está también que el ser humano es lo que él se hace. Es decir: tú naces y luego tú te haces. Luego, tenemos muchas máscaras.

—¿Pero que nos dice el cuerpo, que es la parte externa?

—El cuerpo es la parte externa, pero es un todo. Para que esta parte externa hable tiene que haber una parte interna, y esto se refleja. Se refleja con la mirada, se refleja con un gesto. Además hay cosas que no controlamos, que son inconscientes, como los movimientos. Y tú, observando, puedes saber muchas cosas, esto es lo que yo trato de sacar y de compartir.

—Muchas veces buscas detalles, que no son sólo la mirada, para explicar la personalidad de alguien… unos gestos, por ejemplo.

—Claro, por eso te decía que observas. Para mí los ojos no mienten nunca. Mira los ojos de los niños, es que son tan limpios… Y luego los ojos te van hablando de lo que ha sido nuestra vida. Y otras veces, un gesto o una cosa muy pequeñita te va a hablar más porque los ojos son demasiado evidentes, según lo que tú quieras contar, claro.

—¿Se podría decir que buscas detalles que no fallen o que no mientan?

—Yo en la vida busco esto (y es difícil) y en mis imágenes también.

—¿Qué es lo que te llama la atención a la hora de realizar un retrato? ¿Qué es lo que quieres expresar?

—Precisamente esta historia. De hecho es un momento mágico cuando esta persona se te entrega. Y lo que pretendo precisamente es poder contar esta historia, esta persona, como es…

—Y, ¿sirve cualquiera? O tiene que ser alguien que tenga una historia “más visible”?

Camboya. Foto © Isabel Muñoz.

Camboya. Foto © Isabel Muñoz.

—Todos tenemos nuestra historia, claro que la tenemos. No sé por qué, pero hay gente que no puedes fotografiar, de la que también tienes que creer su historia. Pero no necesariamente tiene que ser alguien que haya vivido cosas más duras. A mí las historias normales me gustan. Una historia normal a lo mejor es normal porque lo parece, pero no es normal porque cada uno tiene su historia. Como cuando te dices: ¿qué prefieres? ¿Un bailarín super conocido o una persona que está empezando? Pues te voy a decir que primero quiero conocer a la persona. Me da igual que sea un bailarín conocido o no. Es esa persona lo que me interesa.

—¿Qué tipo de relación se establece entre el sujeto y el fotógrafo?

—En mi caso es una relación de un amor total. Yo necesito amar lo que fotografío. Y de hecho esto me ha causado muchos problemas, como por ejemplo con el tema de la Mara. Yo necesito amar, involucrarme emocionalmente en la vida —y en todo— y en mis imágenes, porque si no no puedo.

—¿Tú crees que es la emoción lo que hace que las imágenes sean tan bellas?

—Yo creo que en la vida —ya no sólo en las fotos—, como no nos emocionemos con algo, no usemos la pasión… cualquier cosa, hasta si vas a preparar un arroz, tienes que hacerlo con pasión y esto te sale bien. Y yo necesito sentir esta pasión, es una forma de estar viva.

—¿Como sacas la pasión de temas muy duros como las Maras o Camboya? ¿Como puedes sacar la pasión y la belleza de temas que pueden ser tan violentos?

—Porque hay belleza en todo esto, y hay muchísimo dolor. Pero cuando hablas de dolor, aparece la belleza. Por eso yo necesito que cada una de estas imágenes lleve una historia. Y es una historia con la que convivo. Ahora estoy hablando contigo y veo a fulano y a fulano. Acaban formando parte tuya. Cada personaje tiene una historia. Una de las cosas que más me gusta es ver fotos, pero ver fotos de gente que a lo mejor no existe, y a través de esas imágenes voy a saber cuál ha sido su historia. Cómo sentían, cómo amaban y sufrían, qué relación de poder podía haber. O estas típicas fotos de un viaje, que muchos ven como aburridas, a mí me encanta verlas porque me están contando cosas que son cotidianas, que a lo mejor no son heroicas, pero es la vida de una persona.

—¿Hay parte de imaginación que pueda ser cosecha tuya?

—Yo creo que es un paso a dos. Porque hay cosas que pones tú y la otra persona te da otras. Necesitas hacer un trabajo y la otra persona te ayuda, lo hacéis los dos.

—¿Cómo se va creando la relación entre el sujeto y el fotógrafo?

Ballet Victor Ullate. Foto © Isabel Muñoz.

Ballet Victor Ullate. Foto © Isabel Muñoz.

—Esto es una parte mágica. ¿Sabes lo que pasa?, es que luego la tienes que sentir. Es precioso cuando alguien se entrega, y tú también te tienes que entregar. Es muy difícil de explicar: cuando yo estoy en este estado, es un estado de éxtasis total. Es una cosa totalmente intuitiva y dejo que fluya. Vivo con el corazón.

—¿Vas desarrollando una relación previa con las personas que van a ser retratadas?

—Es que nunca se sabe, cada caso es distinto. Si tengo tiempo, claro que me gusta el poder hablar, el poder sentir, el poder decir “Bueno, ahora vamos a hacer esto”. Y hay otras veces que hablas de otra forma. Hay un lenguaje universal y cada trabajo, cada persona y cada situación es distinta.

—¿Cómo es un buen retrato para ti?

—Para mí un buen retrato es el que me tiene que emocionar cuando lo veo. Y me tiene que contar cosas y me tiene que preguntar cosas. Porque muchas veces no conocemos al personaje, pero este personaje te tiene que elegir o tú lo tienes que elegir.

—¿Un mal retrato conlleva la falta de entrega del personaje?

—No, porque a lo mejor lo que a ti no te emociona a otro le puede emocionar. Además yo te hablo de emoción tanto si es positiva como si es negativa. Y hay cosas que no te emocionan pero tú dices “esto es un buen retrato”. No hay fórmulas, hay veces que fotografías con rabia, me ha pasado. Recuerdo con el trabajo de Camboya que estaba fotografiando a los clientes y los proxenetas y lo hice con rabia. No me gusta fotografiar algo que no amo, pero sí ha habido veces de fotografiar a alguien y luego conseguir un buen retrato cuando no ha existido por parte de ninguno esta pasión. Me doy cuenta de que la falta de pasión también es un sentimiento. Es también difícil que una cosa sea buena o no. Y es la persona que va a ver la imagen la que termina que imagen.

No hay fórmulas, hay veces que fotografías con rabia, me ha pasado. Recuerdo con el trabajo de Camboya que estaba fotografiando a los clientes y los proxenetas y lo hice con rabia.

—¿En una foto se puede hablar entonces de un trío de emociones? La emoción del retratado, la del fotógrafo y la del espectador?

—Es interesante la pregunta, nunca me la habían hecho. Pero no sabría decirte…

El poder de la identidad

Pierre Gonnord nació en Francia en 1963 y reside en Madrid desde 1988. De formación autodidacta, le fascinan los grandes maestros del retrato. Sus retratos destacan una gran fuerza y él cree en el poder de la identidad de las personas.

—En tus fotografías aparecen personas consideradas marginadas y que llevan su vida marcada en el cuerpo y en el rostro. ¿Por qué buscas este tipo de personas, qué quieres transmitir?

Julia. Foto © Pierre Gonnord.

Julia. Foto © Pierre Gonnord.

—La primera cosa, vamos a hablar de marginalidad porque solemos tener la misma lectura. Primero, la gente piensa siempre en la pobreza, y yo creo que la primera cosa que definiría es que busco personajes extraídos de grupos sociales más ocultos. Segundo, hay una cosa que me interesa mucho —pienso en los gitanos—, hay un sentido muy fuerte de la identidad que hemos perdido en nuestras sociedades. Quiero hablar de ello, cuando tienes un rostro como el de María o el de Moisés y su nieto que tiene el gallo en los brazos, no te hablo de gente pobre, no te hablo de gente tan marginada, son gente automarginada. En estos días estoy buscando pueblos con familias nómadas gitanas por las carreteras y son gente que tienen una identidad cultural muy marcada, unos códigos sociales muy fuertes, y la sociedad ha intentado integrarles y derivar estas culturas hacia culturas sedentarias, metiendo a los hijos en la escuela y ellos se resisten —y podrían no hacerlo—, pero se resisten a desaparecer. Cuando voy a Portugal o a Galicia estoy buscando a gente que desaparece y que posee también un sentido de la identidad muy marcado, la identidad regional y agrícola, la identidad de una profesión. Hemos perdido la idea de pertenencia a un grupo… Pienso también en los mineros… Por eso, cuando dices marginales, cuidado, es más marginal hoy en día para nosotros un ejecutivo que va a estar en paro que un gitano, es una persona que de repente va a ser rechazada por la sociedad, es alguien que anda en el mismo sentido que el rebaño. Y cuando busco rostros, aparecen personajes extraídos de estos grupos, con belleza, con fuerza. Muchas veces la gente que busco tiene un sentido de la personalidad muy fuerte. La mujer del pescador, Julia, la del pendiente dorado, es una mujer que vende sardinas en un pueblecito entre Lisboa y Oporto. Esta mujer es increíble, es una reina, no es una pobre, no es una pobre marginada. Vamos, me costaría pasear por la calle, por la Gran Vía, y ver una señora con tanta fuerza, con tanto sentido del humor; para mí es casi como un personaje de Shakespeare. De hecho parto de ellos, parto de la realidad, parto de lo que son.

”Dices el rostro marcado… esto lo cuestiono: ¿el rostro marcado por qué? Porque hoy en día los rostros no están marcados, los rostros están cuidados con crema. Julia no va al psiquiatra, yo tengo gente en mi familia muy burguesa que van al psicoanalista todas las semanas…. o sea que hay que relativizar, hay que tomar distancia, y yo en esto soy muy firme. La gente que retrato para mí son monarcas, son gente con una fuerza muy grande que quiero expresar. Hay una serie que se aparta un poco, es la serie de la gente de la calle. Realmente no son gente de la calle, sino viejos artesanos, como Antonio, el viejo de la barba. Son simplemente gente jubilada, gente que con su carisma y su carácter han optado por no andar en el sentido de la sociedad tan conformista, tan materialista… Parecen personas extraídas de otra época. Épocas que desaparecen, pero que también podrían reaparecer. Estas personas están marcadas por un estilo de vida que no es urbano: un minero o una mujer de pescador, cuando vuelve por la noche no se pone crema. Pero está claro que es una mujer que parece más que su edad. Yo, por ejemplo, parezco más joven que mi padre y mi padre parecía más joven que su padre, porque, claro, son estilos de vida más confortables. Casi todos venimos del mundo agrícola o del mundo obrero, pero lo hemos olvidado muy pronto. Ahora, cuando estoy hablando de mi proyecto, de un bestiario, la gente culta dice “Oh, qué interesante”, y la gente más de a pie lo ve un poco trivial, porque el animal es una cosa de geografía… Pero yo cuestiono la esencia vital, la esencia vital humana y la esencia vital animal, es lo que me interesa.

—¿Tú buscas en las personas retratadas alguna señal que nos relacione con su vida?

María. Foto © Pierre Gonnord.

María. Foto © Pierre Gonnord.

—Siempre. Por ejemplo, en la serie de los mineros y en la serie de la gente del campo busco el eco del trabajo, diría. Y el eco del estilo de vida del campo, de la vida agraria, está claro. Pero no tienen más o menos eco que las quinceañeras que retrata Rineke Dijkstra en las discotecas. Tienen un eco tremendo, pero como estamos frente a nuestra propia imagen, no lo vemos. O sea que simplemente nos cuestionamos ante la diferencia. Y a mí me sorprende mucho que toda mi generación de creadores no deja de cuestionarse más allá de nuestro grupo, lo que vemos, lo que nos rodea. Y yo he decidido alejarme del entorno en el que he vivido y acercarme al entorno del que provengo, porque también he crecido entre París y el campo. Y es verdad que para mí son cosas importantes. El poder reencontrarme con mi historia pero también con la historia de nuestra sociedad.

—Cuando tienes un proyecto en mente, ¿como buscas a los sujetos?

—Yo diría que busco y encuentro. Por una parte yo tengo la idea del bestiario, que es en el Alentejo, porque son todo tipo de animales, los que rodean las fincas donde está la gente. Pero después, cuando estoy allí, tengo que buscar a los personajes que me interesan y me encuentro con cosas que me sorprenden. Yo no pensaba que iba a hacer un bestiario, y no pensaba que iba a retratar a los animales. Pero me ha fascinado encontrarme frente a unos animales y he pensado: “Esto es lo que quiero hacer”. Allí tengo mucho campo para disfrutar, cuestionar, expresar… Y no pensaba hace un año que iba a hacer estas cosas.

Casi todos venimos del mundo agrícola o del mundo obrero, pero lo hemos olvidado muy pronto. Ahora, cuando estoy hablando de mi proyecto, de un bestiario, la gente culta dice “Oh, qué interesante”.

”Hay géneros que me interesan más que otros. A mí me encantaría irme un mes a Tesalónica, a los monasterios del Monte Atos, y voy a escribir para que me reciban porque yo quiero cuestionar quiénes son estas personas, hay cientos de personas que viven allí en una época en la que nadie opta por este estilo de vida.

—¿Es decir, que también es una forma de conocer a la gente…?

—Es una forma de conocer, está claro. Haber ido a las tres mil viviendas de Sevilla, haber ido durante meses…

—¿Y no es muy difícil conocer de cerca a los gitanos? ¿No es un grupo muy hermético?

—Sí, pero nada es hermético realmente… He estado con los cartujos en Evora, y me han recibido. Voy escribiendo y mostrando mi trabajo, y me recibieron. Es una prueba de conocimiento. De la misma manera que la gente a la que voy conociendo antes de hacer el retrato y que me presta su imagen, pues obviamente el retrato final no es sólo el rostro de la persona y su personalidad, hay mucho de mí, de mi imaginación, de mi cuestionamiento.

—¿Qué importancia tiene la parte de psicología?

—Es muy importante, por eso hay que conocer a la persona y ver también con esta persona qué es lo que puedes expresar. Julia, por ejemplo, es una mezcla de elegancia, de vida rural, de orgullo, de sarcasmo, de inteligencia, es muy viva… Bueno, pues puede expresar una vertiente de nuestra humanidad. Ella presta su rostro a su grupo, que es el grupo de las mujeres rurales. Hay algunos detalles, como su pendiente, que nos remiten a su origen: una mujer de la costa portuguesa. Y Julia deja de ser Julia para ser todos, una cosa que llevamos en nosotros.

—Y realmente, ¿quien lleva a quien? ¿Es el sujeto retratado que te lleva a ti como fotógrafo a un resultado? ¿O tú como fotógrafo que llevas al sujeto hacia el resultado al que quieres llegar? ¿Tienes una idea predeterminada o es un trabajo que se hace de la mano?

—Primero veo a la persona y después decido cómo hago el retrato. El sujeto presta mucho, porque presta su fisionomía y su mirada. Pero con el encuadre y con lo que has extraído de la mirada, tú haces la foto, tú haces la obra.

—Te comparan a menudo con los pintores, ¿usas procedimientos propios de los pintores?

Antonio. Foto © Pierre Gonnord.

Antonio. Foto © Pierre Gonnord.

—No, es un procedimiento propio de los artistas. Cuando haces una obra eres siempre tú, al igual que el pintor o que el cineastasta; todo se decide. Como lo ha hecho el pintor hace tres siglos o como lo hace Woody Allen detrás de la cámara. Por ejemplo, García-Alix decide cómo hacer las fotos.

”Tú plasmas tu mundo cuando haces una foto. Si Julia o Antonio son retratados por Rineke Dijkstra, García Rodero, Nan Goldin o yo, allí tenemos cuatro obras diferentes. Esto es importante.

—¿Qué importancia tiene la luz en la fotografía?

—A mí me gusta, es importante que la luz juegue sobre lo que se va a encontrar: sobre un objeto, sobre un paisaje, sobre un rostro… El rotro de repente se convierte en un terreno que se va a poder explorar con esta luz, y poder llevarlo a otra escala, llevarlo a otra consideración sobre el rostro, como un paisaje. Es como un mapa que vas a leer, una membrana que sugiere, sobre cuya superficie tú vas a bombardear. Yo no hablo de psicología, por lo menos no la del sujeto. Como decía Giacometti: “Ya tengo bastante con ocuparme de mi mundo interior”. La superficie sirve para mirar lo que hay dentro del rostro. La identidad del otro no la vas a saber nunca. Me puedo hacer una idea de la persona, pero la intimidad no la conozco y no me pertenece, entonces siempre serán interpretaciones personales.

—¿Cuál es la relación entre la expresión de la personalidad de un sujeto y la expresión artística de un fotógrafo en un mismo retrato?

—Yo pongo mucho de mí, pero tengo que conocer a la persona antes para saber con cuáles elementos, con qué terreno me voy a encontrar. Cuando conozco a la persona, decido mucho pero parto de ellos. Hago un retrato a personas que se prestan.

—¿Tienes que compartir viviencias con estas personas para poder retratarlas?

—Sí, estos días he estado viendo a dos familias gitanas para conocerlas, para ver quién me interesa. Había una joven madre, muy interesante y muy bonita. Y por toda su vida, por el hecho de ser una joven madre, se ha casado muy joven… Hay muchas cosas que quiero expresar, esto es saber de la vida. Habían traído un traje para un niño de trece años que se iba a casar, me miró con una mirada así: orgulloso de ser gitano; al mismo tiempo había esta cosa de la iniciación, de las tribus, esta especie de atavismo. No es maniqueo, es una cosa que quiero expresar.

—¿Es tu idea el punto de partida? ¿Buscas sujetos que te van a ayudar a expresar esta idea? ¿O es el retrato el que te ayuda a ti a llegar a un resultado?

—Las dos cosas. Porque a raíz de conocer a la gente conozco sus historias. Son historias muy similares a las historias del resto de la humanidad. Un joven, una madre, un anciano. A medida que

te van contando lo que te quieren contar, y sobre todo tienes que pasar tiempo con ellos. Yo voy, me siento con ellos, les cuento lo que quiero hacer, les cuento mi trabajo. También ven alguno de mis trabajos, y les digo que a los que quieren fotos voy a retratar a todos, pero yo busco realmente a dos o tres personas. Metemos mucho, pero sobre todo vivimos mucho los que creamos.

—¿Para ti qué representa la fotografía?

—Una forma de respirar, de vivir. Hay momentos en los que realmente lo necesito, más aún en estas ciudades tan turbias… Aquí se vive con mucho gasto, pero realmente se puede vivir con muy poco. En estos días he estado en el campo con una barra de pan, una botella de vino y un queso de cabra y ya. Gasto poquísimo, estoy feliz, estoy descubriendo una energía que no tenía a veces. Mientras que en la ciudad estamos siempre gestionando, siempre gastando. Si tú eres un creador, tú haces otra cosa.

—El retrato es toda la vivencia que conlleva… ¿toda la vivencia tuya?

—Dejarte llevar…. Me fui el mes de febrero a Perú con una ONG para ayudarles, hice fotos para ellos. Y a raíz de esto y en el camino he visto lugares a los que quiero ir. Voy a seguir, creo que en septiembre voy a ir para hacer un trabajo personal. Pero de momento estoy en Portugal, son cosas que quieres vivir, compartir, cuestionar. Esto es lo importante, y a veces son cosas irracionales. Por eso, en el retrato hay muchas frases hechas como “la ventana del alma”… pero yo no creo en eso. Cuando veo una foto de personajes de ficción siempre me acuerdo de la historia con ellos. Es como si pasaras de una sala a otra. Como si hubieras vivido algo con alguien y el personage empieza a adquirir más fuerza de ser. Son como dos álbumes. Y me preguntan que por qué no escribo sobre la vida de la gente. Digo que no, porque para mí no tiene interés, para mí es interesante lo que he compartido con ellos. La foto pasa a otro plano después, no es un documental. ¿Qué te voy a decir? Que Julia se casó con quince años y vende sardinas… Seguro que hay mucho que contar, pero no paso tiempo con ella para escribir un libro sobre ella. Y además esto lo hará otro. Quizá podría escribir sobre la vida, pero para mí es más interesante hacerlo con fotos. ®

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Publicado en: Apuntes sobre fotografía, Mayo 2013


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