El sexenio mocho

El gobernador de Jalisco quiere ser presidente

Éste será un sexenio mocho para Jalisco, y no tanto porque el gobierno que aún encabeza Emilio González Márquez pueda ser considerado de un conservadurismo decimonónico, como porque no será un sexenio de seis años, sino de apenas cuatro y algunos meses.

Emilio González

La noche del pasado lunes 30 de mayo la persona que se siente “de izquierda” y funge como gobernador de Jalisco desde hace cuatro años y tres meses —por lo cual le resta casi la tercera parte de su mandato— hizo un anuncio al país y a los jaliscienses en particular: hacia fines de año estará solicitando licencia al Congreso de Jalisco para dejar el cargo y contender por la presidencia de la república: primero, en la búsqueda de la candidatura del Partido Acción Nacional (PAN), y luego, en caso de conseguirla, para emprender una campaña que, según sus cálculos, lo convertiría en “el tercer presidente panista de México”.

Más allá de que estas cuentas alegres le salgan a quien, desde ahora, ya es un gobernador a medias y de que sus sueños presidenciales se puedan ver cumplidos, lo cierto es que este gobierno se acaba de autoinmolar; un gobierno deslucido, que ha dejado mucho que desear, que voluntariamente va a terminar mucho antes de lo previsto y que, por esta misma causa, desde ahora las cosas se van a mover con mucha más lentitud, a medio gas, con proyectos al garete o de plano frustrados.

¿Qué va a pasar, por ejemplo, con el crédito por 6,612 millones de pesos que el gobierno de González Márquez ha venido gestionando y cuya solicitud está atorada desde hace un par de meses en el Congreso de Jalisco debido a que a los legisladores se acaban de convencer de la “conveniencia” de contratar un empréstito que endeudaría a varias generaciones de jaliscienses?

Resulta por demás obvio que, desde ahora, las prioridades del “deportista” de Casa Jalisco ya son otras y que la señal enviada a su gabinete no va por el lado de exigir una mayor concentración en el servicio a los jaliscienses y de redoblar esfuerzos en pos de ese mismo objetivo.

El mensaje real —no el de dientes para fuera— de González Márquez a su equipo de trabajo y al pueblo de Jalisco es otro: que desde ahora lo más importante para el gobernador en retiro es preparar campaña para ir en busca de la silla presidencial. En ese afán su atención estará puesta en todo aquello que pueda allanarle el camino a Los Pinos.

En sus cálculos políticos y en su agenda inmediata un buen medio para ello son los Juegos Panamericanos, a los que está yendo a promover a distintos puntos del país, lo que le da oportunidad no sólo para hablar de esos juegos continentales, sino también de su propio juego: el juego de la silla presidencial.

El mensaje real —no el de dientes para fuera— de González Márquez a su equipo de trabajo y al pueblo de Jalisco es otro: que desde ahora lo más importante para el gobernador en retiro es preparar campaña para ir en busca de la silla presidencial. En ese afán su atención estará puesta en todo aquello que pueda allanarle el camino a Los Pinos.

Y como González Márquez ya le puso fecha a su salida del gobierno de Jalisco (para diciembre, en cosa de seis meses) no es exagerado suponer que centrará su atención precisamente en los Juegos Panamericanos, a celebrarse para la segunda quincena de octubre. Una vez concluido este certamen atlético —en cuya organización se tendrá que esmerar si pretende seguir usándolo en su provecho político—, el gobernador “deportista” estaría empacando sus cosas en Casa Jalisco a la espera de que la presente Legislatura local apruebe su solicitud de licencia.

Si ésta le es concedida, algo muy probable, el gobernador sustituto sólo vendrá para sobrellevar las cosas durante catorce o quince meses, desentendiéndose de aquellos pendientes que su predecesor no pudo sacar adelante en los más de cuatro años y medio que habría estado al frente del gobierno de Jalisco.

Ejemplos de proyectos que quedarían al garete: la conclusión del Periférico, la construcción del macrolibramiento de la zona metropolitana de Guadalajara, el arranque de las obras de la Línea 3 del tren ligero, etcétera. Y ello sin importar quién pudiere ser la persona a la que le toque cerrar el changarro.

Por otro lado, una vez que el gobernador “deportista” se inscriba oficialmente como competidor en la maratón de Los Pinos, no sólo Fernando Guzmán Pérez Peláez dejaría su puesto de secretario general de Gobierno para ir en busca de la candidatura del PAN al gobierno de Jalisco, también acabarían aventando el arpa otros integrantes del gabinete emilista.

Pero, ¿qué posibilidades reales tiene el gobernador en retiro de convertirse en presidente de la república? Prácticamente las mismas que Alberto Cárdenas Jiménez tuvo hace seis años, es decir, muy pocas. Sin embargo, aun cuando quedare eliminado en la primera ronda, como sucedió en su momento con el fallido Caballo Negro, al igual que éste también podría optar por un premio de consolación: una senaduría o, en su defecto, una diputación federal, lo que le garantizaría una vida política más allá del 28 de febrero de 2013, fecha en que oficialmente termina el sexenio de Emilio González Márquez —que, sin embargo, está decidido a que el suyo sea un gobierno mocho.

Por lo que hace a las cuentas que entregue a sus gobernados, nadie deberá olvidar su decisión —no está demás decir que contraria a los intereses de Jalisco— de sacrificar a tres pueblos de la región de los Altos para permitir que el gobierno federal construya una presa (la del Zapotillo) concebida básicamente para dotar de agua a León, Guanajuato.

Y en el caso de que, eventualmente, fuere postulado como el candidato del PAN a la presidencia de México, es seguro que sus paisanos de Acasico, Palmarejo y Temacapulín no votarían por él, pues nadie aplaude a quien lo condena y menos injustamente. ®

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Publicado en: Junio 2011, Política y sociedad


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