El sonido de las palabras

La seducción del caracol, de Abril Celina

Recibí de manos de Abril Celina, profesora en la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, su primera novela, La seducción del caracol [México: Ediciones Educación y Cultura, 2011], que me sedujo desde que miré la portada, en parte por su afinidad con el título de uno de mis poemarios, Memoria de caracol. El libro acaba de publicarse y es el resultado de su proyecto de grado en la maestría de Letras iberoamericanas.

Antes la autora había escrito dos poemarios, Especias radicales y La Gerifalta. Este dato es importante porque La seducción del caracol es una novela que respira poesía en todas sus páginas, al extremo de que a ratos se hace críptica y con una trama difícil de seguir para quienes aquello que se narra es más importante que cómo se narra. Probablemente en un poema no buscamos un relato que explique el poema, pero en una novela tenemos la tendencia a que la prosa nos facilite la comprensión de los hechos. Esta prosa melancólica y poética a ratos desconcierta, confunde.

Con sus claves y sus metáforas, con sus referencias veladas o abiertas a la mitología clásica y al realismo mágico, la novela se lee rápidamente porque los personajes, salidos del mundo fantástico del circo, y además extraordinarios cada uno por sí mismo, nos llevan de la mano por ese mundo que es ajeno a todo menos a ellos mismos.

El erotismo se expresa vigorosamente a lo largo de la novela. La sexualidad de la mujer está simbólicamente unida al azar, en la analogía que se hace entre los caracoles en los que lee la suerte Madame Ilusión y su aspecto de “clítoris tejiendo la urdimbre del porvenir”. La sexualidad masculina se expresa desde una mirada de mujer: el miembro es el objeto del deseo, ya sea en una estatua de mármol convertida en personaje de la novela o en la exploración, no desprovista de inocencia, del miembro dormido del mismo trapecista sobre el que Sofía la única —“dos veces ciega, ángel del trapecio”— cabalga “montada en la tinta de su propio orgasmo”.

Con sus claves y sus metáforas, con sus referencias veladas o abiertas a la mitología clásica y al realismo mágico, la novela se lee rápidamente porque los personajes, salidos del mundo fantástico del circo, y además extraordinarios cada uno por sí mismo, nos llevan de la mano por ese mundo que es ajeno a todo menos a ellos mismos.

La novela es en algún sentido una parábola sobre el derecho a la diferencia. El microcosmos sui generis de los personajes circenses (la mujer barbuda, el enano, el hombre fuerte, la trapecista ciega, Madame Ilusión, la Tarantella de cuatro brazos, los arlequines…) es una representación de la diversidad en la sociedad —cultural, social e ideológica— que se enfrenta a los designios autoritarios del poder y a la represión de los poderosos intolerantes, aquí representados por el “Senador vitalicio”, testaferro del “cacique descontinuado”, quien “finalmente, logró sentarse en la silla más importante de todas las sillas del poder, esas desde donde los traseros reposan los juramentos públicos”.

Las alusiones a la política mexicana son reconocibles: el poder se ejerce con violencia, es absoluto, no admite discrepancias. Desde el poder se trata de mantener a la sociedad adormecida y sin memoria, la ciencia elabora “pastillas púrpuras para aliviar la noción sobre el paso del tiempo”. La “Comisión de Arbitraje contra la Inseguridad” convierte en terroristas a todos los que piensan o actúan de manera sospechosa y diferente, por ello los personajes del circo, tan ensimismados en su mundo y tan inofensivos, acaban en las listas de terroristas, perseguidos y obligados a sumirse en la clandestinidad del subterráneo en “las entrañas de la Tierra”, hasta que logran reunirse nuevamente para continuar con lo suyo, que es subversivo en la medida en que persiste en el derecho a comunicar la diferencia.

Para Abril Celina esta novela circular representa el salto de la poesía a la narrativa, sin perder la poesía. “El lenguaje es un caracol impaciente. La seducción del caracol es el sonido de la palabra”, como expresa el personaje de los cuatro brazos. ®

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Publicado en: Enero 2012, Libros y autores


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