Elogio y vituperio de la Muestra Nacional de Teatro

El urgente cambio de siglo

Mi planteamiento es básicamente el de transitar del modelo invasor y ancestral de la Muestra Nacional de Teatro como un “evento gremial”, cerrado y endogámico, a la oportunidad de crear lazos duraderos en distintas ciudades y darle continuidad a la necesaria circulación de puestas en escena profesionales.

Enrique Olmos, para servir a usted.

Enrique Olmos, para servir a usted.

Vituperio

El año pasado, en el marco de la propia Muestra Nacional de Teatro celebrada en San Luis Potosí, dentro de unas jornadas de debate inéditas —que este año fueron suprimidas inexplicablemente— presenté una ponencia en la cual destaqué la necesidad de cambiar el modelo de la Muestra Nacional de Teatro a favor de un Circuito Nacional de Teatro que involucrara a la mayor cantidad de estados y ciudades “receptoras” del país. Abandonar la vieja idea de “sede” a favor de giras en distintas ciudades.

En líneas generales, mi planteamiento es básicamente el de transitar del modelo invasor y ancestral de la Muestra Nacional de Teatro como un “evento gremial”, cerrado y endogámico, a la oportunidad de crear lazos duraderos en distintas ciudades y darle continuidad a la necesaria circulación de puestas en escena profesionales. Utilizar el gasto de la Muestra Nacional de Teatro (aportaciones federales, estatales y acaso municipales) para lograr un fondo de circulación del teatro nacional con periodicidad semestral, que ronde por múltiples escenarios del país, como sucede en otras latitudes teatrales.

Utilizar el gasto de la Muestra Nacional de Teatro (aportaciones federales, estatales y acaso municipales) para lograr un fondo de circulación del teatro nacional con periodicidad semestral, que ronde por múltiples escenarios del país.

La idea de un circuito —o de varios, imagino uno de teatro para niños y jóvenes y otro en espacios alternativos, por ejemplo— estaría en función de la verdadera descentralización teatral y de utilizar los recursos públicos que se derrochan en menos de dos semanas de convivencia gremial para dotar a las compañías seleccionadas de trabajo continuo.

La intención de este circuito es que la curaduría artística esté integrada lo mismo por artistas de la escena que por los propios programadores de los espacios en cuestión, dotando al ejercicio público de mayor democracia, pluralidad y amplitud de miras, evitando así la continua irrupción de criterios centralistas en las “sedes”, ciudades dormitorio-cantina-escenario de las Muestras Nacionales de Teatro en las cuales no queda huella artística contundente. El público de las ciudades se ve rebasado por la multitud de teatreros foráneos y los grupos locales (salvo excepciones muy contadas) no reciben otra cosa que adoctrinamiento (“éste es el teatro chilango, sobre él, a su imagen y semejanza levantarás tus escenas”). No existe tampoco reflexión sobre el contexto social en el cual la ciudad o el estado sede recibe la Muestra, ni sobre sus políticas culturales, ni siquiera sobre la necesidades de los teatristas locales.

Kikiricaja, Inmigrantes Teatro.

Kikiricaja, Inmigrantes Teatro.

Al contrario, lo que ocurre en las Muestras Nacionales de Teatro es el desdén por lo local. Más de una vez escuché a los teatristas asistentes comentar sobre las obras programadas del estado receptor: “Pero son obras locales ¿no? Qué hueva”. Mientras se quiera meter en el mismo saco una producción del interior del país que costó a lo sumo cincuenta mil pesos frente a producciones que tienen apoyos que alcanzan los millones (pienso en Efiteatro) no hay muestra posible; si acaso el ir y venir de prejuicios.

El público de las ciudades se ve rebasado por la multitud de teatreros foráneos y los grupos locales (salvo excepciones muy contadas) no reciben otra cosa que adoctrinamiento (“éste es el teatro chilango, sobre él, a su imagen y semejanza levantarás tus escenas”). No existe tampoco reflexión sobre el contexto social en el cual la ciudad o el estado sede recibe la Muestra, ni sobre sus políticas culturales, ni siquiera sobre la necesidades de los teatristas locales.

El ejemplo de éxito ya existe en México y se llama Festival de Monólogos A Una Sola Voz. Esa guía es fundamental para entender la dinámica teatral en el siglo presente (como sucede en Europa y otras partes del mundo), que podría expandirse por ejemplo a la iniciativa privada, instituciones educativas públicas y privadas y en general a cualquier persona o institución que reúna las condiciones técnicas para ser parte del circuito (por ejemplo, un foro o espacio abierto, la convocatoria de un público específico, el pago total o parcial de honorarios o la transportación desde y hasta la ciudad próxima). Imagino a universidades privadas o asociaciones civiles tomando parte como receptores de los espectáculos provenientes de este circuito nacional semestral. Es decir, evitar que el circuito sea patrimonio exclusivo de las instancias de cultura; abrirlo a otras expresiones de la sociedad.

Imagino una empresa que quiera ofrecer mensualmente a sus empleados el mejor teatro para niños de México, o cierta universidad que se involucra en el circuito para entregar a sus estudiantes el mejor teatro para jóvenes del país; adaptan en un pequeño espacio escénico y, cumpliendo con una serie de reglas de operación y condiciones técnicas, tienen acceso a una programación de calidad y que está parcialmente subvencionada por el dinero que antes se concentraba en la Muestra. ¿No sería más democrático y estimulante para los grupos?

Con la llegada del internet a la vida cotidiana y las redes sociales como detonante de interacción profesional, la Muestra Nacional de Teatro vive en el siglo XX, refugiada en la coraza de la longevidad de las políticas públicas imperantes y de la ingenuidad de los funcionarios de la cultura.

La MNT es indefendible a la luz de las nuevas tecnologías: ya no hace falta asistir a ella para conocer a un director, actor o dramaturgo que nos resulta de interés. Basta con enviar un e-mail o visitar su perfil en Facebook. El diseño de la MNT estaba en función de la interacción como punto nodal de la arenga pública: “Es un espacio de reunión”, se decía. Bienvenidos al siglo XXI: las reuniones también son virtuales y le cuestan menos dinero al erario.

Quizá la oferta pedagógica durante la Muestra sí sea un espacio de reunión y también las cantinas y los hoteles y los antros de mala muerte donde se gestan las mejores discusiones y los más apasionados amores a la luz de un evento federal extraordinario (¿existe una Muestra Nacional de Literatura? ¿Muestra Nacional de Pintura o de Cerámica? ¿Muestra Nacional de Circo?); sin embargo, en las circunstancias actuales la realidad teatral y social requiere de un activismo a favor del trabajo escénico en las comisuras de la república y no los diez días de fiesta, abrazos y críticas soterradas: turismo teatral, uno de los vestigios de la política cultural priista que mi generación aún no ha podido sacudirse.

Por si fuera poco, es imposible que una comisión artística, por más disciplinada, amplia y ausente de prejuicios que sea, logre examinar la cantidad inmensa de propuestas que reciben anualmente. Es tan amplio el espectro que los estados que no tienen muestra estatal de teatro (paso previo a la nacional), prácticamente no tienen lugar en la programación final. Es decir, la MNT también premia a la discriminación: un derroche de vanguardia.

Las obras dedicadas a públicos específicos siempre tienen menor cabida que las obras “para adultos”; primero, porque en las comisiones artísticas existen pocos especialistas de teatro para niños y jóvenes y segundo porque no genera tanto prestigio (o amistades) programar algo que no está dirigido al público objetivo de la MNT: los propios hacedores de teatro (endogamia al por mayor).

En mi experiencia, con varias obras escritas que han llegado a la MNT (casi una por año), ninguna puesta en escena ha obtenido una gira, múltiples presentaciones, una reseña crítica amplia —más allá de las menciones habituales— ni mayor prestigio. Al contrario, desde hace unos años soy el autor con más obras propuestas a la MNT, pero en muchos casos la comisión artística —al tratarse de montajes en el interior del país y en especial en estados pequeños— no puede juzgarlas más allá del video. Por si fuera poco, las obras dedicadas a públicos específicos siempre tienen menor cabida que las obras “para adultos”; primero, porque en las comisiones artísticas existen pocos especialistas de teatro para niños y jóvenes y segundo porque no genera tanto prestigio (o amistades) programar algo que no está dirigido al público objetivo de la MNT: los propios hacedores de teatro (endogamia al por mayor). Es curioso que en el mejor momento histórico del teatro para niños y jóvenes la programación de la MNT apenas nos toma en cuenta.

Cartel para la obra Hazme un hijo, de Olmos de Ita.

Cartel para la obra Hazme un hijo, de Olmos de Ita.

La Muestra Nacional de Teatro parece un descuido institucional, una rémora que ha sobrevivido a múltiples directores de la Coordinación Nacional de Teatro; gasto indiscriminado, la necesidad de cierta parte del gremio para asistir a un modelo de interacción rebasado, centralista, ausente de pluralidad y rigor.

Y ojo: lo digo siendo actual beneficiario —mejor dicho, obras de teatro escritas por mí—, que la MNT es vivir en el siglo XX teatral. Abran los ojos, ya murieron De la Madrid, López Portillo, Echeverría…

Elogio

Turismo cultural. Gracias a la Muestra Nacional de Teatro he conocido ciertas carreteras, gasolineras, hoteles y algunas calles de ciudades del país que no estaban en mi ruta de viaje. Es indudable que en ciertos momentos la MNT es un espacio de convivencia inédito; una explanada de coexistencia que resulta fructífera, especialmente para quienes, en sus ciudades, no tienen acceso a teatro de calidad y en una semana puedan asistir a buena parte de lo mejor que se realiza en varios puntos del país. ®

Cuadro MNT Olmos

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Publicado en: Octubre 2013, Purodrama


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  • Laura Madrid

    Totalmente de acuerdo estimado Enrique. Excelente tu artículo y tus propuestas. Ciertamente más que ingenuidad me parece comodidad las de los funcionarios culturales de no arriesgar con otro tipo de modalidades para ampliar la oferta de teatro nacional.No solamente la MNT sino el destino de las políticas culturales a partir de la era cibernética, deben replantearse. Excelente momento para generar propuestas y cambiar modelos ineficientes e e inoperantes.

  • Marissa Vallejo

    En mis 34 años de carrera teatral, he participado como directora solamente en una Muestra Nacional de Teatro (Xalapa 2002)
    todavía había muestras Regionales para seleccionar lo mejor de cada lugar.
    Nacional es todo el país, no solo el D.F. Monterrey Veracruz y Guadalajara.
    Antes se mostraba la realidad del teatro en México. En Coahuila (mi Estado) era, y sigue siendo, como sacarse la lotería si eligen tu obra para una MNL.
    Hay que seguir mostrando la realidad del teatro en México, en los Estados y Municipios!
    Discriminación total a los grupos y compañias que hacen bien su trabajo!!!!!!!!!!!!