Filósofo y campesino

El Heidegger de George Steiner

El Heidegger de George Steiner, a tres decenios de haberse escrito, continúa siendo vigente. A diferencia de sus tratados más ambiciosos Steiner acomete una simple y llana introducción, realizada por un crítico literario y de la cultura, no precisamente un filósofo profesional, en torno del pensamiento del filósofo alemán.

George Steiner

Aparecido en Londres en 1978, el volumen titulado Heidegger, de George Steiner, a tres decenios de haberse escrito, continúa siendo vigente. A diferencia de sus tratados más ambiciosos Steiner acomete una simple y llana introducción, realizada por un crítico literario y de la cultura, no precisamente un filósofo profesional, en torno del pensamiento de Martin Heidegger (1889-1976), una de las figuras más influyentes en las ciencias humanas del siglo XX. El proyecto que en principio integraba una serie de libros acerca de los principales protagonistas del pensamiento contemporáneo fue rechazado por varios profesores de filosofía. Como se sabe, en el mundo anglosajón, tras las duras críticas de Carnap y Ayer, la filosofía de Heidegger es vista como una complicación innecesaria del lenguaje, prácticamente un sinsentido. Era natural entonces que un historiador de la cultura o algún especialista en letras se ocupara de revalorar y evaluar, a la luz del cuestionable pasado político del filósofo, sus aportaciones en el campo de la cultura contemporánea.

Es obvio que un mismo clima moral, de desolación y búsqueda de la luz, animaba el espíritu de la época. Las coincidencias entre el pensamiento de Heidegger y el nacionalsocialismo son más profundas de lo que hasta ahora se había señalado.

El resultado de la tentativa, por parte de Steiner, tanto desde el punto de vista del estilo como de la mesura en la apreciación histórica, es impresionante. No por ser judío Steiner mordió el anzuelo del antisemitismo de Heidegger, como tampoco lo hicieron sin más Hanna Arendt (discípula y amante), Karl Löwith (discípulo algo renegado) ni Karl Jaspers (cuya esposa era hebrea). Fueron los libros, más bien de carácter periodístico, de Hugo Ott y Víctor Farías, publicados entre 1984 y 1987, los que hicieron célebre el caso Heidegger, particularmente desde su elección como rector de la Universidad de Friburgo, cargo que ocupara entre abril de 1933 y febrero de 1934, la prohibición de docencia en el clima de la desnazificación entre 1945 y 1951, y el ulterior silencio del filósofo sobre el Holocausto y el horror nazi.

Martin Heidegger

Para entender el impacto de Sein und Zeit (1927) Steiner lo compara con otros libros aparecidos en la devastada Alemania de entreguerras como Geist der Utopie (1918) de Ernst Bloch, el primer volumen de La decadencia de Occidente, “Gestalt und Wirklichkeit” (1918) de Oswald Spengler, el Comentario a la epístola a los romanos (1919) de Karl Barth y Stern der Erlösung (1921) de Franz Rosenzweig. Curioso el hecho cómo en esta lista se mezclan los apellidos de autores “arios” y judíos, filósofos y pensadores religiosos, todos ellos empeñados en fincar en el ser humano sus esperanzas para el renacimiento de Alemania reducida a cenizas, un empeño donde el espíritu objetivo de Hegel y la voluntad de poder de Nietzsche ejercerían una inspiración decisiva.

Otro libro aparecido entre 1925 y 1927 fue Mein Kampf de Adolf Hitler. Es obvio que un mismo clima moral, de desolación y búsqueda de la luz, animaba el espíritu de la época. Las coincidencias entre el pensamiento de Heidegger y el nacionalsocialismo son más profundas de lo que hasta ahora se había señalado. Steiner hace hincapié en que tanto Hitler como Heidegger eran Bauernsöhne o vástagos de familias campesinas (para más señas asentadas en regiones montañosas). En su afán de desembarazar a la metafísica de antiguas nociones Heidegger propugnaba un regreso hacia formas de expresión verbal más simples y castizas (desde luego en alemán) que englobaran, en cierto modo, la experiencia del hombre común. La exaltación hitleriana del Volk y la simplicidad de vida heideggeriana se confundirían más tarde, sobre todo en la afiebraba mente del filósofo quien, contra todas las críticas y censuras de sus colaboradores más cercanos (entre ellos Hans-Georg Gadamer), suscribió discursos públicos inflamados de nacionalismo, curiosa mezcolanza entre ramplonería oficial y profundidad de pensamiento.

Con este libro, y sus obras de mayor aliento, el crítico literario se pone al nivel de un verdadero historiador de la cultura, eso que la tradición de los antiguos no habría tenido empacho en designar como auténtico humanista.

Steiner tiene suficiente cuidado para separar en su análisis estos aspectos, más bien secundarios, del verdadero meollo de la doctrina de Heidegger, un pensador religioso en sus inicios, cuya tesis doctoral llevaba por título La teoría de las categorías y de la significación en Duns Escoto (1916), quien iría avanzando hacia una teoría general del ser del hombre o antropología ontológica, jamás ajena a cierta inspiración mística, donde san Agustín, el maestro Eckhart, Pascal y Kierkegaard dejarían oír sus voces. El Heidegger de El ser y el tiempo y el de los últimos escritos se distinguen por la tendencia de este último hacia los problemas del lenguaje y la estética. Sófocles con su Antígona, Hölderlin, Rilke, Trakl y George serán objeto constante de examen, con los que aderezará sus últimas conferencias y lecciones. A su vez la influencia de Heidegger se deja sentir en Paul Celan, autor de aquel hermético y casi místico poema Todtnauberg, el sitio donde el filósofo se había construido su Hütte, su famosa cabaña o refugio, y hasta en franceses como el poeta René Char, quien junto con el pintor Georges Braque organizaron en Provenza algunos seminarios privados, a los que asistió el maestro. Esos viajes y otro que hizo, hacia el final de sus días, a Grecia, más el periodo en Marburgo, fueron sus únicas salidas. Hecho en el que algunos han querido ver cierto paralelismo con la vida de Immanuel Kant, fuertemente arraigada en su nativa Königsberg.

A vuela pájaro, si bien sin falsificaciones, es posible afirmar que Steiner pasa revista a una serie de conceptos heideggerianos tan esenciales como el de ser-ahí, ser-a-la-mano, el se, el ser-para-la-muerte, los existenciarios, el ser-en-el-mundo, el estado de yecto y de resuelto, en uno de los ensayos más nítidos, bien escritos y organizados que hayan salido de su copiosa pluma. Con este libro, y sus obras de mayor aliento, el crítico literario se pone al nivel de un verdadero historiador de la cultura, eso que la tradición de los antiguos no habría tenido empacho en designar como auténtico humanista. La lucha denodada por hacer entender al lector común y a muchos de sus colegas académicos, científicos especializados en una parcela de la realidad pero que ignoran todo acerca del resto, los límites entre civilización y barbarie, por qué razón el rock, por ejemplo, no es parangonable con la música de Bach, ni publicar libros a granel, en producción en masa como ahora se estila, constituye un progreso sino más bien una pérdida casi definitiva de los altos raseros editoriales que privaban en el pasado. Son tan numerosos y tan variados los temas y autores que se abordan en las obras de Steiner que nadie puede quedarse impertérrito, tanto el filósofo como el escritor, el lingüista y el traductor, el escrupuloso de la edición (especie prácticamente extinta) y el hombre de ciencia, hallarán alguna curiosidad que desconocían, la cual puede darles un buen norte en sus lecturas o pesquisas personales. Leer a George Steiner es confrontarse con la síntesis posmoderna de un gran maestro, la cual, aun estando vivo él, dada su universalidad, aspira a ser clásica. ®

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Publicado en: Libros y autores, Septiembre 2010


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