FUTBOL Y FASCISMO

De publicidad y patriotismo irracional

El futbol es la manifestación de un fascismo que permite destruir, ser vandálico, agredir, adueñarse de espacios públicos en nombre de una raza o de un equipo. Boskov afirmó que el futbol es futbol. No es así, es un arma política, es un asunto de Estado, es una estética que resalta valores raciales, es fascismo, dice la autora.

Foto © Mauro Zárate

Max Bekcmann es considerado el epítome del expresionismo, un pintor alemán transgresor cuando pertenecer al partido nazi o ser fascista era el único camino a seguir, el destino de las naciones. Odiado por Hitler, fue incluido en la honrosa lista de los artistas inmorales. La inmoralidad de la Historia es aplastante frente a la nobleza del arte.

Gran estudioso de Rembrandt y de la anatomía humana, retrataba en sus obras a personajes que eran la imagen fatalista y absoluta de una época de guerra y canibalismo, drogas y desamparo. Oníricas en su crueldad y brutalidad, llevaba el desnudo a límites que oscilaban entre la satisfacción, el hedonismo, la desolación y la miseria. Sus temas eran, en el sentido de su momento, temas modernos; retrataba lo que veía, lo que vivía. Entre sus obras tiene unas pinturas de jugadores de futbol, que a pesar de la soberbia anatomía y el dinamismo de la imagen, Beckmann los representa en colores grises y contrastes de luz. Hay en estas imágenes un sentido de desilusión, de mal augurio de lo que sucedería con ese deporte y con la imagen atlética que fundaran los artistas griegos de la Antigüedad. Es un aviso sombrío del futbol como símbolo del fascismo, del totalitarismo, de los patriotismos irracionales y el racismo.

Durante siglos los griegos y los romanos alabaron y fomentaron el deporte como una forma de ser semidioses. Los deportistas que vencían en los juegos olímpicos tenían derecho a poseer esclavos, se coronaban con laureles y eran amantes de emperadores. La disciplina y la belleza los hacía merecedores de admiración y placeres. Esto se convirtió en una causa para los cristianos, pues su labor de proselitismo y su misión de reformar al mundo incluía un acentuado desprecio por el cuerpo, la negación de la belleza física, de la desnudez de las estatuas. Los baños —centro de reunión de filósofos, poetas, políticos y deportistas— fueron cancelados. Bañarse es un acto de lascivia y vanidad. Los santos viven en su inmundicia porque eso demuestra su humildad. San Agustín ordena mutilar las estatuas griegas y romanas, les rompen genitales, senos y surgen portentos maléficos: las mujeres afirman quedar embarazadas con la contemplación de una escultura de Apolo desnudo.

Pasaron siglos para que el ideal del cuerpo fuera un símbolo de la sociedad, para que la excelencia en el deporte fuera una meta de una raza. Fue con los nazis, fue con los fascistas. Que cambiaron el ideal del cuerpo, la mística hedonista del placer, por el concepto de raza. Pervirtiendo la gran herencia filosófica de la Antigüedad en una obra criminal de propaganda. Las esculturas de Arno Breker, que son el enaltecimiento de la raza que tenía derecho superior sobre el resto, la raza que los nuevos dioses amaban. Desposeídas de la nobleza de la Antigüedad estas esculturas son superhéroes colosales que podían destruir, que inspiraban miedo, más que idealismo y devoción.

Arno Breker

Breker, el artista oficial de los nazis, era la antítesis del arte degenerado al que perteneció Beckmann. La idealización racial es la raíz de todas las diferencias y es el deporte de competencia el que más permite estas manifestaciones. Las imágenes creadas por la directora de cine del partido nazi, Leni Riefenstahl, que filmaba las orgías y fiestas nazis que el Marqués de Sade en su infinita sabiduría y premonición describió en las 120 Jornadas como la cumbre del abuso del poder, hizo con sus películas la gran obra de propaganda racista de nuestra época. Sus planos están diseñados para enaltecer una raza y forzar una estructura física a los ideales de una plataforma política que destruía a los que no eran como ellos. El deporte que obliga a países a enfrentarse unos contra otros hace de la raza la ganadora del certamen, hace de la estructura genética —que es una arbitrariedad de la naturaleza— parte de la competencia. Las imágenes que crearon Leni Riefenstahl y Arno Breker en un servicio al partido nazi son las mismas que hoy se explotan en la publicidad avasalladora de los campeonatos de futbol. La actitud de los modelos, que son los futbolistas, son las mismas de las estatuas de Breker, las imágenes que los directores de cine imitan son las que inventó Riefenstahl para el placer de Hitler. La actitud y devoción que demuestran los fanáticos en los anuncios es la misma de las multitudes en los mítines fascistas o nazis.

Los Estados se involucran en los partidos como lo hiciera Mussolini, que llegó a intervenir en el desarrollo de la Copa Mundial de 1934 y Hitler en los Juegos Olímpicos y la Copa de 1938. El futbol fue parte de la estrategia de propaganda del Generalísimo Franco, que amaba y promovía al Real Madrid como símbolo de la unidad de la España que forjó matando a cientos de miles de republicanos. Esto podría ser historia si no fuera porque los patrones se repiten en cada jornada de futbol nacional o mundial. El racismo es el tema de los partidos, el racismo es el tema de los anuncios publicitarios, la explotación de un patriotismo irracional surge en el amor por un país que podemos odiar pero que, si se enfrenta a otro, lo defendemos. Porque esa es la excusa perfecta para definir quién es diferente, quién es el otro. En nuestra sociedad, con perpetuo síndrome de inferioridad, el futbol es el detonador para crear un concepto de raza que en otras circunstancias no existe, para definir quiénes somos. La sociedad mexicana, eminentemente racista, en donde las clases sociales y el aspecto son una razón más que suficiente para humillar e insultar, donde la apariencia indígena es motivo de burla e insulto nacional, donde las preferencias sexuales son denigradas, llega el futbol y crea una raza superior: la de los fanáticos. Que se ampara por una estética fascista y nazi, una estética kitsch, exacerbada y demencial que incita a odiar al que no participa de este rito salvaje. Vemos anuncios de cerveza en donde miles de personas cantan con el puño levantado y ondean banderas; el Estado se entrega sin pudor a este orgasmo colectivo para enaltecer la desvergüenza de no pensar. Los símbolos y las actitudes que en otras circunstancias se condenan y multan, merecedores de cárcel por incitar al odio racial y la xenofobia, en el futbol son parte de la pasión por el deporte. El futbol es la manifestación de un fascismo que permite destruir, ser vandálico, agredir, adueñarse de espacios públicos en nombre de una raza o de un equipo. Boskov afirmó que el futbol es futbol. No es así, es un arma política, es un asunto de Estado, es una estética que resalta valores raciales, es fascismo. ®

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Publicado en: El lado oscuro del balón, Junio 2010


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  • luciano

    si bien comparto mucho de lo que se dice, no llego a entender el objetivo, ya que esta perspectiva no va cambiar en nada mi amor y fidelidad hacia este deporte

  • Que no hay réplica? Ya leíste todos los comentarios a este artículo?

  • Fernado

    Por fin leo algo sobre el futbol que no sea una oda a las expresiones bandálicas de amor a la camiseta y al deporte, aunque a los inchas les moleste, y es normal, el secretario de turismo en Sudafrica puso el ejemplo de cómo defendía su camiseta, ofendía a los argentinos y demostraba su orgullo nacional.

  • Stringbubu

    Lo más triste de este artículo es que no hay Réplica, curiosamente en la revista “Replicante”

  • Omar

    articulo chafa, no menciona a Di Canio, ni a su equipo ( el Lazio italiano ), a las hinchadas rusas ( las mas racistas de Europa ), a las hinchadas antifascistas de izquierda, quien quiera que vea futbol regularmente sabe que por alguna razon ciertos equipos atraen o terminan encarnando por alguna razon a la derecha, pero es no es algo inherente al deporte.

  • dani

    Sin objetividad, sin bases, muy mal artículo

  • Ángel Romero

    El racismo y el elitismo también están en el arte y la cultura. No es patrimonio de las mayorías el desprecio al otro… Más seguido se haya en el snobismo.
    Y hay quienes usan las ideologías genocidas de losw dictadores como un tolete para amedrentar, amenazar, o descalificar, a quienes piensan distinto y tienen gustos diferentes.
    Los comunistas y los fascistas usaban acusar a sus disidentes llamándoles comunistas o fascistas según de quien viniera. Y la mata sigue dando: los Amlos dicen que Calderón es fascista y los panistas dicen lo mismo del Peje.

    Civilización es una palabra ausente en el vocabulario de personas así.

  • Verónica de Santos

    Atina Lesper en resaltar la persistencia de los desprecios prejuiciosos: el racismo, el elitismo… Pero ya es ir demasiado lejos intentar(y fallar) asociarlos con sistemas político sociales por demás superados: el fascismo, el nazismo; pues las exaltadas manifestaciones de entusiasmo por un equipo u otro no son de ningún modo adhesiones ideológicas, toda vez que los clubes deportivos no administran ni las normas ni los bienes sociales, ese es trabajo del Estado.

    Me parece que la autora se confunde debido a que los sistemas absolutistas que menciona comparten con el fenómeno del fútbol el éxito en la conglomeración de masas en torno a un símbolo que les otorga cierta identidad. La diferencia que se le escapa, sin embargo, son las consecuencias de cada caso. Unos usaron este fanatismo masivo para instalar una ideología que validara y sustentara un régimen de gobierno y un orden social, los otros lo usan con fines de explotación comercial y de enriquecimiento.

    Criticables ambos propósitos, cierto, pero hay que guardar las proporciones: entre el genocidio y el vandalismo hay mucho trecho.

    Y en todo caso, no sólo en el futbol salen a relucir el racismo y el elitismo, que permean innúmeros aspectos de la vida social en México y muchos otros países.

  • Strand Beltrán

    Carta abierta a Alberto, Ángel, Cristian y etcétera ¿Cuándo has visto un saludo sindicalista en el estadio? NUNCA. No hay hooligans comunistas. Entre los ofendidos abajo firmantes acusan a Lésper de ser mujer, clasista, anti-nacionalista y el peor de los insultos: hasta socióloga. Lésper, con su frío corazón de teflón, nos niega este momento en que necesitamos estar unidos (no dije hundidos, como por cierto, sí estamos) tomándonos de las manos y como el anuncio de Corona -bien fría- haciendo el anuncio fascista en playas, pueblos, caminos, escuelas y aviones presidenciales para apoyar nuestra escencia verde. Si como dice el maestro Villoro, Dios es una pelota de fut, Avelina ya se condenó.

  • Ángel Romero Z.

    Un comentario, que espero no sea ofensivo. Este desprecio al futbol se escuda en los más burdos manuales de la estética fascista. Lo que aquel gobierno hizo en 10 años, los comunistas lo hicieron durante 70. Y si conociera su historia, y sus prácticas sociales dirigidas por el Estado, habría dicho que ese deporte es “comunista”. Y así sucesivamente para el capitalismo, si leyera a fondo a Foucault.
    Quizás no sabe que las democracias más afirmadas del norte europeo tienen más fans y rating que México. Que el fenómeno es mucho más complejo.
    Molesta el provicianismo que pretende reducir el futbol al racismo mexicano y a los complejos de inferioridad nacionales (y salvo que la autora sea extranjera, se pega un tiro en la pata).
    El futbol es un fenómeno de la cultura contemporánea, que debe ser analizado desde múltiples aristas, y si es un gran negocio por las dimensiones de sus consumidores, apenas es una consecuencia. Como la televisión o el cine de entretenimiento.
    Los usos políticos que se han hecho del futbol también se han montado en el fenómeno no son su origen. Los nazis no lo inventaron, ni tampoco la dictadura argentina en tiempos de Pasarella.
    Y vale aclarar que los negocios, los grandes negocios, siempre han sido protegidos por los Estados. Lo hicieron los fascistas hasta su desaparición, y los comunistas. También las dictaduras militares. Pero quienes lo han desarrollado son las “democracias occidentales”. Holanda sufrió la muerte de más de 300 mil personas a manos de los nazis, y Londres fue arrasado. Y allá, donde la gente murió luchando contra el fascismo, el futbol no le llega ni a los talones a México, en todas sus expresiones.

    El texto huele a snobismo, rancio y trillado, de quien mira a la sociedad por encima del hombro. Quien ve con alarma cualquier expresión masiva. La cerveza, los cuates frente a la televisión, la evasión de las angustias diarias de la fregada condición de “las masas”, dan asco. Son machistas, acomplejados, consumistas. Kitch del bueno.
    ¿Por qué no leen a Joyce o a Thomas Mann en vez de ir con la Perra Brava? ¿Por qué vivir en Neza si Coyoacán es más padre?
    Si la apología del mal gusto es nefasta, más lo es la ignorancia que delata este sociologismo barato.

    ¿Si el futbol fuese una práctica de élite sería fascista? L

  • Ricardo Mendoza

    Zinedine Zidane se despidió del fútbol defendiéndose de un futbolista fascista de la selección italiana. Y es en España donde a los jugadores negros les gritan micos y se burlan de ellos, al grado que han amenazado con suspender los juegos. Aquí acaban de suspender las cápsulas animadas de Diego Luna para Televisa porque eran chistes racistas contra negros. El fascismo no inventó nada, adoptó un juego en el que es propicio ejercer el racismo. Si los comentaristas se niegan a ver racismo y fascismo en el futbol, dentro de las ya conocidas manifestaciones de violencia que hay en los estadios, de la manipulación política evidente que hacen los gobiernos del deporte, con nuestro ejemplo a la cabeza en el que el presidente deja al país envuelto en sangre y se va a gritar gol al otro lado del mundo, es porque obviamente pertenecen a la raza de los fanáticos, que si es un termino ideológico inventado justamente por aquellos que son fascistas. Es de una increíble ceguera que no vean la relación que existe en este deporte y las manifestaciones de grupos políticos. Si no lo quieren aceptar no hay problema, existen millones de fanáticos como ustedes que son carne de caños del marketing y la idolología. No es una salida fácil criticar al futbol, ya lo ven, la mayoría piensa como ustedes, fácil es estar con la masa que aúlla en los estadios.

  • Cristian Zermeño

    Como opinión le faltan fundamentos. No queda claro qué tienen que ver (realmente) los deportistas griegos con los futbolistas en la actualidad. En general es una pose seudointelectual criticar al futbol, es un facilismo, vamos. Ser tan maniqueo como para decir que a los nazis les gustaba el futbol y por ende, el futbol es nazi, es como decir que porque Ezra Pound llegó a apoyar desde la radio algunas medidas de Mussolini, todos los Cantares son propaganda fascista, siendo que aún hoy esta obra es considerada La divina comedia del siglo XX. Además, el futbol es bastante anterior al fascismo, se oficializa en Londres en 1863, y por cierto, sus reglas se pusieron por escrito en una taberna, es decir en un pub (¿Existe acaso un lugar menos fascista que éste?).
    Cuando la autora habla además de guerra entre naciones, le faltó añadir que no es una guerra física ni mucho menos armada, es una “guerra simbólica”, como las canicas, vamos (que pueden hasta ser más fascistas, más de algún niño ha de haber perdido un ojo por ellas).
    Para concluir, sólo añadiría que el futbol y el arte (de lo que se supone es experta la autora) no están tan separados. El mismo Eduardo Chillida (tal vez el mejor escultor del siglo XX) fue portero de la Real Sociedad, en San Sebastián, España. Era tan bueno que llegó a ser pretendido por el Real Madrid (franquista y por supuesto fascista) y el Barcelona (catalán y muy poco franquista), pero una grave lesión de meniscos lo alejó de las canchas y lo “orilló” al arte. ¿Quien ganó y quién perdió? Se ganó un creador universal y se perdió un buen arquero; mejor ecuación ésta que la de Hitler, quien fue un frustrado artista y terminó como un fascista de los buenos… y por lo que se sabe también, nunca fue un buen futbolista.

  • Alberto Spiller

    ¿Llega el futbol y crea una raza superior: el fanático? Leo esta frase, y todo este texto, y no logro entender donde está la conexión entre el futbol y el fascismo. ¿Qué Mussolini intervino en el mundial del ’34? ¿Que haya fascistas entre las barras y los hinchas?
    Si se me explicara por ejemplo cuando el futbol “creó” una raza superior, tal vez podría entenderlo. Me parece una afirmación sin fundamento y además capciosa. El futbol es un deporte y un juego, y en cuanto tal, su objetivo es enfrentar dos bandos que, siguiendo unas reglas, tiene que ganar un partido, tanto como el ajedrez. Si alguien creó algo, seguramente no fue él.
    Además el futbol nació muchos años antes que el fascismo y el nazismo, entonces, ¿cómo es posible que el fanático ”se ampare por una estética fascista y nazi”? Es más, el fanático, por definición, es el “que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas y políticas”.
    Si leyera esto mi abuela, que vivió el fascismo, y que tuvo a fuerza que adoptar una estética fascista, y a la que le gusta el futbol, probablemente le daría un infarto.
    Me parece entonces que en este texto hay una confusión de términos, entre quien creó quien, entre crear y adoptar. Si como dice la autora la sociedad mexicana es fundamentalmente racista, ¿cómo es posible que sea el futbol el causante de todo esto?, como maliciosamente quiere hacer creer. ¡Afortunadamente en México antes existían deporte democráticos y apolíticos como la pelota!
    Me parece además que hay un uso ideológico del término “raza”. Primero ningún estudio científico ha probado que existan las razas, pero no es esto. Si fuera de verdad como dice la autora, entonces en Sudáfrica sería afirmar la supremacía de la raza negra, en Alemania la blanca, en México la mestiza, etc. ¿Qué sentido tiene? ¿De dónde viene esta necesidad de ideologizarlo todo? Qué, ¿acaso Italia contra España o Chile contra Argentina es una competencia de raza?
    Los niños que juegan en la esquina de su barrio, ¿están fomentando un enfrentamiento entre razas?
    Probablemente son textos como este que hacen más daño al verdadero espíritu del futbol – y del deporte en general, porque por las características que citó la autora no encuentro ninguna diferencia con los demás deportes -que un grupo de hinchas borrachos viendo un partido, que intentan olvidar durante un rato las verdaderas problemáticas sociales, económicas y políticas que los afligen.
    Si se critica al futbol porque “no hace pensar”, tal vez esto es mejor que forzarse a pensar para intentar escribir algo “inteligente”.

  • Mario A. Carrillo R.-Valenzuela

    Te amo.